Antoine Holleville (¿¿¿-1787)

Mitxel OlabuénagaBiografías de Misioneros PaúlesLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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   De 1749 a 1759, el Sr. Holleville fue superior del seminario mayor de Sens, y de 1759 a 1762 superior del seminario de Toul y visitador de la provincia de Champaña. En 1763, fue nombrado asistente del Superior general.

Cuando murió, el Sr. Pertuisot, entonces vicario general  de la Congregación después del fallecimiento del Sr. Jacquier, en la circular del 1º de enero de 1788, hizo del Sr. Holleville este elogio:

» Hemos visto caer al Sr. Antoine Holleville, segundo asistente de la Congregación. Desde hacía algunos años, su temperamento se había debilitado mucho, sus enfermedades se habían vuelto casi habituales; no obstante no se relajaba nada en los ejercicios más penosos. Siempre duro y áspero para sí mismo, nunca se permitió descanso, ya hasta que estuvo fuera de combate por completo, se le vio constantemente levantarse a las cuatro de la mañana, hacer las repeticiones de oración y entregarse por entero a todos los detalles y a la vigilancia asidua que exige esta casa numerosa,  de la que estaba encargado desde hacía veinticinco años. La enfermedad le llevó a la tumba tras cuatro meses de sufrimientos y de la resignación más perfecta.

«El Sr. Holleville era un hombre de un gran carácter, capaz en los asuntos, inflexible en sus resoluciones, firme en sus proyectos, porque una religión iluminada presidía siempre su formación, celoso por la observancia de las reglas y el mantenimiento de la disciplina, persiguiendo la relajación y los abusos con tanta mayor fuerza y éxito que no pedía nunca nada de lo que no diera ejemplo. En sus discursos naturales y sencillos, pero siempre llenos de energía y de fuerza, se preocupaba poco del adorno y de las gracias; pero dominaba, entretenía por una superioridad de razón a la que era imposible resistirse. Su entorno presentaba, a primera vista,  algo grave y austero;  pero su franqueza imperturbable, ese aire, ese tono de verdad que no engañaba nunca, le ganaban la confianza de todos los que tenían que tratar con él. Empleado sucesivamente en varios asuntos importantes, ha dejado por todas partes una reputación merecida de santidad y de virtud «. –Circulares, t. II, p. 187.

Una nota manuscrita de los archivos del secretariado  completa este elogio. Se lee en él:

«El Sr. Holleville acaba de morir; era superior de esta inmensa casa de San Lázaro, que no puede consolarse por haberle perdido. Jamás hombre alguno fue más incorruptible en sus principios, más austero en su virtud, más franco y más ingenuo en sus discursos, más alegre en su trato y más indulgente para con los demás. Su lugar era el más esclavo, el más importuno y el más laborioso de toda la comunidad. Decir que ha cumplido en la extensión y la continuidad de los deberes que impone desde las cuatro de la mañana hasta las nueve de la noche, sin que la ecuanimidad y la serenidad de su carácter dejaran nunca entrever la más ligera alteración, es completar el elogio que es debido a un excelente hombre y a un verdadero santo».

 

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