«En esto conocerán que sois discípulos míos: en que os amáis unos a otros». (Jn 13,35).
«Para que sirva de ayuda a nuestro apostolado, nos esforzaremos, sobre todo mediante la práctica de las cinco virtudes, en llevar una vida comunitaria animada por la caridad, de manera que llegue a ser para el mundo signo de la novedad de la vida evangélica». (C 24).
El texto de San Juan induce a San Vicente de Paúl a pensar que la caridad fraterna, que ha de reinar en la comunidad de Misioneros, es una señal de predestinación; está, además, del todo convencido que la Congregación de la Misión durará en la tierra mientras reine en ella la caridad. El espíritu que distingue a la Compañía, extraído de las cinco virtudes propias del Misionero, emane ele la caridad. Por eso, esta virtud teologal ha de informar y animar todas las manifestaciones de la vida comunitaria.
1. «¿Cómo daremos a los demás caridad, si no la tenemos nosotros?».
San Vicente prefería la caridad entre nosotros a toda clase de actividad apostólica. En efecto, el primer ejemplo que ha de dar el Misionero es el del amor a sus hermanos de comunidad:
«En la hora de la muerte veremos lo mucho que hemos perdido sin remedio, si no todos, al menos los que no tienen ni practican como es debido esta caridad fraterna. ¿Cómo se la daremos a los demás, si no la tenemos entre nosotros? Observemos bien si existe, no ya en general, sino en cada uno dentro de sí, y si ha alcanzado el grado que debía; pues si no es ardiente, si no nos amamos mutuamente como nos amó Jesucristo y no producimos actos semejantes a los suyos, ¿cómo vamos a esperar que podremos llevar este amor por todo el mundo? No se puede dar lo que no se tiene. ¿Cómo la Congregación, que no tiene ese amor, podrá inflamar los corazones con la verdadera caridad?». (XI 554).
En la misma dirección de pensamiento explica el Santo a los primeros compañeros de la Misión cómo la caridad, vivida dentro de la comunidad, produce caridad con los de fuera:
«Cada cosa produce una especie de imagen de sí misma, lo mismo que el cristal de un espejo que representa los objetos tal y como son: un rostro feo se ve allí feo, uno hermoso aparece hermoso. Del mismo modo, las buenas o las malas cualidades se manifiestan por fuera; y sobre todo la caridad, que es de suyo comunicativa, produce también caridad. Un corazón verdaderamente abrasado y animado de esta virtud hace sentir su ardor. Y todo lo que hay en un hombre caritativo respira y predica caridad». (XI 767).
2. «Es un amor por Dios, en Dios y según Dios».
La naturaleza de la caridad fraterna y las notas que la acompañan quedan descritas por San Vicente de esta manera:
«El amor cristiano que se ha formado en los corazones por la caridad, no sólo está por encima del amor de inclinación y del que es producido por el apetito sensitivo, que ordinariamente trae más daños que beneficios, sino incluso por encima del amor razonable. Ese amor cristiano es un amor que hace que nos amemos mutuamente por el mismo fin por el que Dios ama a los hombres, que es para hacerlos santos en este mundo Y bien aventurados en el otro: es un amor por el que se aman unos por otros en Dios, por Dios y según Dios. Por eso, el amor hace que miremos a Dios y no miremos más que a Dios en cada uno de los que amamos». (XI 768-769).
3. «Dispuesto a aliviar a los hermanos».
Como todos sabernos, la caridad ha de manifestarse en frutos de buenas obras, sobre todo cuando las palabras resultan insuficientes; de ahí, la exhortación del Santo Fundador a los Misioneros:
«Los Misioneros no deben amarse entre sí sólo por un santo afecto interior y manifestarlo simplemente con sus palabras, sino que han de demostrar su amor con obras y efectivamente, ayudándose mutuamente con ese espíritu en sus tareas y estando siempre dispuestos a aliviar a sus hermanos». (XI 769).
- Quienes me ven ¿pueden reconocerme como discípulo del Señor, por el amor que practico en la comunidad?
- ¿Contribuyo con la caridad fraterna a hacer de la comunidad un cielo, según la expresión de San Vicente?
- ¿Procuro esforzarme en el afecto a los hermanos demostrando con obras el amor que les profeso por dentro?
Oración:
«¡Oh Salvador! ¡Qué feliz soy por estar en un estado de amor al prójimo, en un estado que de suyo te habla, te suplica y te presenta incesantemente lo que hago en favor de él! Concédeme la gracia de conocer mi dicha y de querer mucho este estado bendito, para que contribuya de este modo a que esta virtud de la caridad aparezca en la Compañía ahora, mañana y siempre. Amén». (XI 564).






