«Esforzaos por mantener la unidad que crea el Espíritu, estrechándola con la paz. Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una es también la esperanza que os abrió su llamamiento». (Ef 4,3-4).
«Enseñen fielmente a clérigos y laicos a trabajar en equipo y ayudarse mutuamente en el proceso de la comunidad cristiana». (C 15).
La unidad entre todos los fieles de Cristo, jerarquía y laicado, constituye el bien supremo de la Iglesia. Por esta unidad rogó Jesús ante su Padre, a fin de que todos fuéramos «uno». Signo de la unidad de fe y amor es el trabajo en equipo entre clérigos y seglares por la causa común de la Iglesia. San Vicente puso un gran empeño en el logro de la unidad entre todos los cristianos, trabajando en las diócesis bajo las órdenes de sus Obispos, de suerte que nada hizo en ellas en contra de sus mandatos. Esta fue además la consigna que dio a los Misioneros.
1. «Un testimonio vivo y firme de Cristo».
La ayuda mutua entre clérigos y seglares obedece a un deseo explícito de la Iglesia de nuestro tiempo. Consideradas las responsabilidades de cada uno, los Misioneros no pueden eludir la tarea reconciliadora y forma-dora de clérigos y laicos en provecho de la caridad:
«Los ministros de la Iglesia han de apreciar grandemente el apostolado activo de los seglares. Fórmenlos vara que, como miembros de Cristo, sean conscientes de su responsabilidad en favor de todos los hombres; instrúyanlos profundamente en el misterio de Cristo. Inícienlos en métodos prácticos y asístanles en las dificultades… Observando, pues, las funciones y responsabilidades propias de los pastores y de los seglares, dé toda la Iglesia joven un testimonio vivo y firme de Cristo, para convertirse en señal brillante de la salvación, que nos llega con Cristo». (AG 21).
2. «Trato familiar entre laicos y pastores».
Los frutos de la colaboración y ayuda mutuas entre clérigos y laicos no se hacen esperar. Buena parte de estos frutos corresponde a los agentes de unidad entre unos y otros. La Constitución dogmática sobre la Iglesia destaca los siguientes buenos resultados:
«Del trato familiar entre laicos y pastores son de esperar muchos bienes para la Iglesia; porque así se robustece en los seglares el sentido de su propia responsabilidad, se fomenta el entusiasmo y se asocian con mayor facilidad las fuerzas de los fieles a la obra de los pastores. Pues estos últimos, ayudados por la experiencia de los laicos, pueden juzgar con mayor precisión y aptitud los mismos asuntos espirituales que los temporales, de suerte que la Iglesia entera, favorecida por todos sus miembros, pueda cumplir con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo». (LG 37).
3. «Al servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta».
Aunque los ministerios de los clérigos y de los laicos sean diversos y distintos en la Iglesia, se impone, sin embargo, cierto criterio de unidad en la obra de la evangelización, criterio que han de favorecer los Misioneros:
«No hay que pasar por alto u olvidar otra dimensión de la presencia activa de los seglares en medio de las realidades temporales: los seglares también pueden sentirse llamados o ser llamados a colaborar con sus pastores en el servicio de la comunidad eclesial, para el crecimiento y la vida de ésta, ejerciendo ministerios muy diversos según la gracia y los carismas que el Señor quiera concederles. No sin experimentar íntimamente un gozo, vemos cómo una legión de pastores religiosos y seglares, enamorados de su misión evangelizadora, buscan formas cada vez más adaptadas de anunciar eficazmente el Evangelio, y alentamos la apertura que, en esta línea y con este afán, la Iglesia está llevando a cabo hoy en día. Apertura a la reflexión en primer lugar, luego a los ministerios eclesiales capaces de rejuvenecer y de reforzar su propio dinamismo evangelizador». (EN 73).
- ¿Formo y animo a clérigos y laicos a trabajar en equipo por la causa común del Reino de Dios?
- ¿Soy causa de unión o de dispersión de fuerzas apostólicas?
- ¿Colaboro con pastores y laicos en el servicio de la comunidad eclesial?
Oración:
«Te pedimos, Señor, que renueves en tu Iglesia la gracia de santificación que Tú nos diste, y haz que cuantos se glorían de llamarse cristianos, te sirvan en la unidad de una misma fe. Por Jesucristo nuestro Señor».
(Mro, Votiva para la unidad de los cristianos).






