Abiertos al diálogo ecuménico

Francisco Javier Fernández ChentoEspiritualidad vicencianaLeave a Comment

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Author: Flores-Orcajo · Year of first publication: 1983 · Source: CEME.
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«Hay un solo cuerpo un solo Espíritu, como una es tam­bién la esperanza que os abrió su llamamiento; un Se­ñor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, que está sobre todos, entre to­dos y en todos». (Ef 4,4-6).

«Los misioneros fomentarán el diálogo ecuménico y par­ticiparán activamente con los demás, sean o no cristianos, en la religioso, social y cul­tural». (E 4).

Pope Francis and Ecumenical Patriarch Bartholomew attend ecumenical celebration in Church of the Holy SepulcherTrabajar por el restablecimiento de la unidad de los cristianos es tarea de toda la Iglesia: de los fieles, de los pastores y afecta a cada uno según su propia situación (UR 5). Por tanto, el ecumenismo no debe estar mar­ginado en el apostolado de la Congregación de la Mi­sión. Dentro de ella, algunos de sus miembros pueden servir de modelo en el apostolado ecuménico, como son San Justino de Jacobis y el P. Fernando Portal, uno de los pioneros del movimiento ecuménico.

1. «Que todos sean uno».

Todos los cristianos son conscientes de la voluntad de Jesús: de llegar a la plenitud de la unidad. Como respuesta, ha nacido dentro de la Iglesia el llamado movimiento ecuménico. Este consiste:

«en desarrollar actividades e iniciativas para fomen­tar la unidad entre los cristianos, según las diversas ne­cesidades de la Iglesia y las diversas circunstancias tem­porales, a saber: en primer lugar, todos los esfuerzos para eliminar palabras, juicios y obras que no respon­dan en justicia y verdad a la condición de los hermanos separados y que, por tanto, hacen más difíciles las mu­tuas relaciones entre ellos; después el diálogo entabla­do entre expertos debidamente formados, en reuniones de cristianos de diversas Iglesias y comunidades, celebradas con espíritu religioso. En este diálogo, cada uno explica más a fondo la doctrina de su Comunión y da a conocer con precisión sus características; así adquieren todos un conocimiento más objetivo de la doctrina y de la vida de cada Comunión y se forman un juicio más exacto». (UR 4).

2. «La cooperación es expresión de la unión».

Muchos son los medios para conseguir la unión en­tre los cristianos: la renovación de la Iglesia, la con­versión del corazón, la oración, el mutuo conocimiento, la formación ecuménica, la forma de expresar la fe (UR 6-11). Y además la colaboración, tal como se pide en el Estatuto 4.

«En nuestros tiempos se organiza amplísimamente la cooperación en lo social, y por eso se requiere la co­laboración de todos sin excepción, con mayor razón la de los que creen en Dios, y sobre todo los cristianos, que se honran en el nombre de Cristo. La cooperación de todos los cristianos es expresión viva de la unión que ya los vincula y presenta bajo una luz más plena el rostro de Cristo Siervo. Esta cooperación, ya instau­rada en no pocas naciones, conviene que se vaya perfeccionando cada vez más, especialmente en las regiones en las que está en marcha la evolución social y técnica; cooperación para una estimación recta de la dignidad de la persona humana, para la promoción del bien y de la paz y la progresiva aplicación social del evangelio… para el empleo de los más variados remedios contra los infortunios de nuestro tiempo, como son el hambre y las calamidades, el analfabetismo y la miseria, la escasez de viviendas y la inicua distribución de la riqueza… Por medio de esta cooperación, todos los que creen en Cris­to pueden aprender fácilmente la manera de llegar a conocerse mejor y estimarse más mutuamente, y allanar el camino de la unidad de los cristianos». (UR 12).

3. «La mansedumbre, la humildad y la paciencia son el alma de este bien».

San Vicente también nos orienta en el delicado tra­bajo ecuménico. Al P. Du Coudray le dice que ha con­vertido a tres personas y que las virtudes de la manse­dumbre, humildad y paciencia han sido el alma (I, 130). A otro Padre le dice que la marcha de la misión es ex­celente con relación a los hugonotes. No se discute con ellos. Por eso están contentos (I 470). Pero oigamos los consejos que da el Superior de Sedán:

«Cuando el Rey le envió a Sedán, fue con la condi­ción de no discutir nunca con los herejes, ni desde el púlpito, ni en particular, sabiendo que esto sirve de poco y que muchas veces es más el ruido que el fruto. La vida buena y el buen olor de las virtudes cristianas llevadas a la práctica atraen a los desviados al camino recto y confirma en él a los católicos. Así es cómo la Compañía podrá hacer algo en Sedán, añadiendo a los buenos ejemplos los ejercicios de nuestras funciones… Es en lo que principalmente Vds. tienen que trabajar. Y si desean hablar sobre algunos puntos controvertidos, no lo hagan, a no ser que les lleve a ello el evangelio del día. Entonces podrán Vds. sostener y probar las verdades que combaten los herejes, e incluso responder a sus razones, pero sin nombrarlos para nada y sin hablar de ellos». (II 366-367).

  • ¿Me he interesado por el movimiento ecuméni­co? ¿Qué es lo que puedo aducir como prueba de mi interés?
  • En mi ministerio ¿tengo experiencia de alguna colaboración con los que profesan otra fe dis­tinta de la mía?

Oración:

«¡Oh Dios!, que de todas las partes de la tierra reúnes a los hombres para que alaben tu nombre, concédenos el querer y el poder cumplir lo que mandas, para que el pue­blo cristiano llamado a tu reino, sea animado de la única fe y exprese mediante las obras el mismo amor. Por nues­tro Señor Jesucristo. Amén».

(Mro, Votiva segunda para la unión de los cristianos).

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