«Hay un solo cuerpo un solo Espíritu, como una es también la esperanza que os abrió su llamamiento; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, que está sobre todos, entre todos y en todos». (Ef 4,4-6).
«Los misioneros fomentarán el diálogo ecuménico y participarán activamente con los demás, sean o no cristianos, en la religioso, social y cultural». (E 4).
Trabajar por el restablecimiento de la unidad de los cristianos es tarea de toda la Iglesia: de los fieles, de los pastores y afecta a cada uno según su propia situación (UR 5). Por tanto, el ecumenismo no debe estar marginado en el apostolado de la Congregación de la Misión. Dentro de ella, algunos de sus miembros pueden servir de modelo en el apostolado ecuménico, como son San Justino de Jacobis y el P. Fernando Portal, uno de los pioneros del movimiento ecuménico.
1. «Que todos sean uno».
Todos los cristianos son conscientes de la voluntad de Jesús: de llegar a la plenitud de la unidad. Como respuesta, ha nacido dentro de la Iglesia el llamado movimiento ecuménico. Este consiste:
«en desarrollar actividades e iniciativas para fomentar la unidad entre los cristianos, según las diversas necesidades de la Iglesia y las diversas circunstancias temporales, a saber: en primer lugar, todos los esfuerzos para eliminar palabras, juicios y obras que no respondan en justicia y verdad a la condición de los hermanos separados y que, por tanto, hacen más difíciles las mutuas relaciones entre ellos; después el diálogo entablado entre expertos debidamente formados, en reuniones de cristianos de diversas Iglesias y comunidades, celebradas con espíritu religioso. En este diálogo, cada uno explica más a fondo la doctrina de su Comunión y da a conocer con precisión sus características; así adquieren todos un conocimiento más objetivo de la doctrina y de la vida de cada Comunión y se forman un juicio más exacto». (UR 4).
2. «La cooperación es expresión de la unión».
Muchos son los medios para conseguir la unión entre los cristianos: la renovación de la Iglesia, la conversión del corazón, la oración, el mutuo conocimiento, la formación ecuménica, la forma de expresar la fe (UR 6-11). Y además la colaboración, tal como se pide en el Estatuto 4.
«En nuestros tiempos se organiza amplísimamente la cooperación en lo social, y por eso se requiere la colaboración de todos sin excepción, con mayor razón la de los que creen en Dios, y sobre todo los cristianos, que se honran en el nombre de Cristo. La cooperación de todos los cristianos es expresión viva de la unión que ya los vincula y presenta bajo una luz más plena el rostro de Cristo Siervo. Esta cooperación, ya instaurada en no pocas naciones, conviene que se vaya perfeccionando cada vez más, especialmente en las regiones en las que está en marcha la evolución social y técnica; cooperación para una estimación recta de la dignidad de la persona humana, para la promoción del bien y de la paz y la progresiva aplicación social del evangelio… para el empleo de los más variados remedios contra los infortunios de nuestro tiempo, como son el hambre y las calamidades, el analfabetismo y la miseria, la escasez de viviendas y la inicua distribución de la riqueza… Por medio de esta cooperación, todos los que creen en Cristo pueden aprender fácilmente la manera de llegar a conocerse mejor y estimarse más mutuamente, y allanar el camino de la unidad de los cristianos». (UR 12).
3. «La mansedumbre, la humildad y la paciencia son el alma de este bien».
San Vicente también nos orienta en el delicado trabajo ecuménico. Al P. Du Coudray le dice que ha convertido a tres personas y que las virtudes de la mansedumbre, humildad y paciencia han sido el alma (I, 130). A otro Padre le dice que la marcha de la misión es excelente con relación a los hugonotes. No se discute con ellos. Por eso están contentos (I 470). Pero oigamos los consejos que da el Superior de Sedán:
«Cuando el Rey le envió a Sedán, fue con la condición de no discutir nunca con los herejes, ni desde el púlpito, ni en particular, sabiendo que esto sirve de poco y que muchas veces es más el ruido que el fruto. La vida buena y el buen olor de las virtudes cristianas llevadas a la práctica atraen a los desviados al camino recto y confirma en él a los católicos. Así es cómo la Compañía podrá hacer algo en Sedán, añadiendo a los buenos ejemplos los ejercicios de nuestras funciones… Es en lo que principalmente Vds. tienen que trabajar. Y si desean hablar sobre algunos puntos controvertidos, no lo hagan, a no ser que les lleve a ello el evangelio del día. Entonces podrán Vds. sostener y probar las verdades que combaten los herejes, e incluso responder a sus razones, pero sin nombrarlos para nada y sin hablar de ellos». (II 366-367).
- ¿Me he interesado por el movimiento ecuménico? ¿Qué es lo que puedo aducir como prueba de mi interés?
- En mi ministerio ¿tengo experiencia de alguna colaboración con los que profesan otra fe distinta de la mía?
Oración:
«¡Oh Dios!, que de todas las partes de la tierra reúnes a los hombres para que alaben tu nombre, concédenos el querer y el poder cumplir lo que mandas, para que el pueblo cristiano llamado a tu reino, sea animado de la única fe y exprese mediante las obras el mismo amor. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén».
(Mro, Votiva segunda para la unión de los cristianos).






