6º Domingo de Pascua (reflexión de Antonio Elduayen, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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Author: Antonio Elduayen, C.M. .
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Queridos amigos y amigas,

Los dos mayores regalos que Jesús nos hizo son: dársenos Él mismo, en persona, en la eucaristía y enviarnos desde el Padre al Espíritu Santo (Jn 6,51; 14,16). Nos lo dice el evangelista Juan en el evangelio de hoy (Jn 14, 15-21), al mismo tiempo que nos da la primicia de que el Espíritu Santo se quedará para siempre con nosotros. Hasta este momento el Espíritu Santo fue mencionado en los evangelios eventualmente, si bien en forma decisiva (por ejem.: Mt 1,18; 3,11; Lc 3,22; 4,1). Desde este momento sabemos, por haberlo dicho Jesús, que cuando Él se vaya, el Espíritu Santo vendrá y se quedará con nosotros para siempre. Es lo que Juan va a confirmarnos en los capítulos 15 y 16. Hasta entonces y como anticipo, Juan nos habla de cosas muy valiosas, que se deberían al Espíritu Santo.

Las siguientes, por ejemplo: los que me aman guardan mis mandamientos (Jn 14, 15), que Jesús explicará en un dicho de Mateo (7,21-23). A quien me ama, mi Padre y yo lo amaremos…y haremos morada en él (Jn 14,23). No los dejaré huérfanos, volveré (Mt 28,20). Yo estoy con mi Padre o, como se dice en Juan 10,30: el Padre y yo somos una misma cosa. Ustedes están en mí como yo estoy en mi Padre, es decir, la unión en el amor que el Padre y el Hijo se tienen, es la que Jesús quiere tener con nosotros. Es un deseo que repetirá en la llamada oración sacerdotal (Jn 17,21).

Es gracias al Espíritu Santo que podemos tener de nuevo a Jesús entre nosotros, pues fue el Espíritu quien lo resucitó (Rom 8,11); y que podemos amarlo y guardar sus mandamientos; Digamos que el Padre y Jesús nos dieron el Espíritu Santo para que, con su ayuda, lleguemos a conocerlos de verdad, amarlos de corazón y ponernos por entero a su disposición, continuando su obra en este mundo. Es a lo que Él se comprometió por amor al Padre y al Hijo. Al Espíritu Santo Jesús lo llama Paráclito, palabra griega que en castellano significa “abogado”, en su sentido etimológico de ad vocatus, es decir, la persona que se pone al lado de otra para auxiliarla, asesorarla, defenderla.

Es justamente lo que hace la tercera Divina Persona, que discretamente viene en nuestra ayuda con sus inspiraciones, sus dones y sus carismas. Jesús lo llama también Espíritu de la verdad, porque, como intérprete del Padre y de Jesucristo, nos enseña todas las cosas y nos recuerda cuanto Jesús nos enseñó (Jn 14, 26). Desde Jesús como fuente y modelo nos ayudará a transformarnos en Él, para ser cristianos de verdad. Lamentablemente el mundo de la triple concupiscencia (1 Jn 2, 15ss) no lo recibirá. Y será tarea del Espíritu y nuestra, dar testimonio de Cristo haciendo ver al mundo su pecado, su injusticia y su necesidad de conversión (Jn 16, 8-11).

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