5º Domingo de Pascua (Rosalino Dizon Reyes)

Ross Reyes DizonHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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Despedida vivificadora y animadora

En la noche de despedida, alienta Jesús a sus discípulos, revelándoseles el camino y la verdad y la vida.

Sabe Jesús que su despedida desconcierta a los suyos.  Por eso, les dice:  «Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí».

Queda destacada en la despedida la suma importancia de la fe.  Creyendo en Dios y en el que revela los designios de Dios para nosotros, permaneceremos tranquilos.  La fe nos guiará.  Por tanto, daremos la despedida a las tinieblas de la ignorancia, del error y de la muerte.

Esto es decir básicamente que Jesús es el camino y la verdad y la vida.  Con esa revelación, nos resulta alentadora su despedida.

Jesús, en primer lugar, es el camino.  Sin él, vagaremos sin sentido por el país, como los antiguos profetas y sacerdotes.  O, como ovejas sin pastor, acabaremos abandonados.

En segundo lugar, Jesús es la verdad, proporcionándonos certeza en medio de las incertidumbres desquiciadoras.  Dios-con-nosotros que es, nos liderará según los planes de convivencia que Dios tiene para nosotros.  Él es la Palabra acampada entre nosotros, inequívoca, que nos guarde de los mentirosos y fabricadores de noticias falsas.

Y será Jesús nuestro guía incluso durante su ausencia temporal.  Para no dejar huérfanos a los suyos, les da promesa de otro defensor, el Espíritu de la verdad.  Dice:  «Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo».  Y el mismo Espíritu los llevará hasta la plena verdad, hasta las enseñanzas que aún no pueden sobrellevar.

A causa, pues, del que sigue viviendo, veremos la verdad.  Y viviremos también.  En tercer lugar, entonces, Jesús es la vida.  Se pone él en medio de nosotros, en vivo y en directo mediante el Espiritu.  No, no se revela como la letra muerta de los preceptos.  Él es el ejemplo vivo para los que procuran la observancia estricta sin descuidar la justicia, la misericordia, la fidelidad.

Jesús, sí, nos da ejemplo del amor infinitamente inventivo hasta el extremo (cf. SV.ES XI:65).  Quiere que hagamos lo que él, para que donde está él, estemos también nosotros.

¿Qué más da, pues, si los cristianos somos diáconos, presbíteros u obispos?  Lo decisivo es que demos la despedida al egoísmo.

Los verdaderos creyentes sirven a la medida del don de Cristo.  Hasta están listos para dar su vida por los demás.  Les basta con ser una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada.  Como su Maestro, se convierten en esclavos, despojándose de sus rangos, puestos honoríficos y lucrativos, órdenes sagradas.

Señor Jesús, concédenos creer en Dios y en ti, que tú eres el camino y la verdad y la vida.

14 Mayo 2017
5º Domingo de Pascua (A)
Hech 6, 1-7; 1 Pt 2, 4-9; Jn 14, 1-12

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