3º Domingo de T.O. (reflexión de Antonio Elduayen, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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Author: Antonio Elduayen, C.M. .
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antonio_elduayenQueridos amigos,

El evangelio de hoy (Mc 1, 14-20) nos habla de “Jesús y el Reino de Dios”, de lo que el Reino de Dios significó para Él y de cómo empezó a establecerlo. Proyecto de Dios sobre todo lo visible y lo invisible, Gran Plan de Dios sobre todo lo creado, Jesús nunca quiso darnos una definición del Reino de Dios. Prefirió hablarnos de él en parábolas o comparaciones comprometedoras, como las 7 que nos trae Mateo en su evangelio (c. 13). La expresión Reino de Dios o de los cielos aparece hasta 59 veces en los sinópticos, sin contar las que aparece en Juan como Vida Eterna. Digamos que Jesús vino, vivió y murió para anunciar y establecer el Reino de Dios.

“Se ha cumplido el plazo; el Reino de Dios está a la vista; conviértanse y crean en el evangelio”. Según Marcos (Mc 1,15), así empezó Jesús su Vida Pública o Ministerial de Rabbí o Maestro. Analizar cada una de las 4 frases y el conjunto llenaría un libro, digamos solamente que, 1, fiel a su Palabra, Dios Trinidad ha cumplido su promesa (Gen 3,15); 2, el Reino de Dios es ya una realidad, aunque todavía no plena; 3. sus ciudadanos son los que cambian su manera de vivir, 4, y acogen la Buena Nueva de Jesús, su persona y su enseñanza. Ciertamente cada frase es importantísima, pero no pueden hacernos perder de vista el Reino de Dios, que es lo prioritario en la vida de Jesús y de su evangelio..

Debió ser impresionante ver a Jesús desplazándose rápido y sudoroso y proclamando a voz en grito el Reino de Dios, al mismo tiempo que acompañaba las palabras con hechos milagrosos: ciegos que ven, leprosos que son curados, etc. Unos días antes de todo esto y pensando en quiénes podrían ayudar a construir el Reino, siendo al mismo tiempo parte del mismo, había conversado con algunos de los discípulos del Bautista (Jn 1, 35-42). Ellos le habían asegurado que estaban listos para dejarlo todo y seguirle y que podría encontrarlos en Betsaida, pues eran pescadores. Y allí se fue Jesús. Eran los hermanos Andrés y Simón Pedro, Juan y su hermano Santiago. Vengan conmigo, les dijo, y les haré “pescadores de hombres”. Ellos, dejándolo todo, le siguieron.

El llamado de Jesús a los apóstoles (y en ellos a nosotros) para construir el Reino de Dios, es de la máxima importancia. Los llamó y nos llama no tanto porque su construcción desborde su capacidad, sino por cuanto el Reino es de todos y a todos nos toca construirlo. Cada uno según el estado de vida al que Dios lo llamó (laico, consagrado, sacerdote) y según los talentos que le dio. Como los apóstoles, ¿respondemos con rapidez, generosidad y eficiencia? Es hora de preguntarnos qué estamos haciendo por el Reino de Dios.

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