3º Domingo de Pascua (reflexión de Mario Yépez, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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Author: Mario Yépez, C.M. .
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La importancia de la comunidad lara la fe personal

Pedro anuncia la Buena Noticia de la salvación como efecto del derramamiento del Espíritu Santo sobre él y sus compañeros (Hch 2). Esta primera predicación es la presentación de Jesús como el exaltado por Dios a su derecha con lo cual se abre la era de la Iglesia con el signo de la efusión del Espíritu Santo, cumpliendo así la promesa que recoge la profecía de Joel. De este modo, los peregrinos de Jerusalén, son testigos y escuchan las “maravillas de Dios” anunciadas por los apóstoles en la diversidad de lenguas. Jesús, el “nazoraio” (título con el que se conocerán tiempo después a los seguidores de Jesús), es el centro de la predicación, es el acreditado por Dios para obrar los signos y prodigios ante los judíos y es quien ha sido destinado desde antes para experimentar la prueba del padecimiento y de la muerte. Y a éste mismo Jesús, Dios los resucitó, con lo cual se hace manifiesto el plan misterioso de la salvación Para Lucas, es Dios quien ha obrado su salvación por mediación de la acción redentora de su Hijo, quien es exaltado por tan grande misión, ya que ha superado incluso la expectativa mesiánica alrededor de la figura de David. Cristo ha vencido a la muerte y no sufrió la corrupción como sí lo experimentó el patriarca David, y de esto Pedro y sus compañeros se presentan como testigos. Se abre así el tiempo del Espíritu que acompaña a la Iglesia releyendo las Escrituras y comprendiendo así el plan salvífico que empezó a manifestarse en el AT y que encuentra su plenitud en Cristo. Así, el Espíritu Sano sale en auxilio a la humanidad para que comprenda el misterio de la salvación de Dios.

La primera epístola de Pedro que proclamamos en este domingo nos recuerda la condición especial que experimentamos a partir del sacrificio redentor de Cristo que ya se empieza a entender también por medio de un lenguaje cultual. La oración es muy importante y nos ayuda a conducirnos por esta vida entendida como un peregrinaje de extranjero que nos conducirá a la tierra de promisión. También la exhortación recoge el misterio de la salvación de Dios que se ha manifestado en Cristo que ha derramado su sangre, sangre pura y eficaz para quienes creemos en su triunfo sobre la muerte.

Lucas nos manifiesta un relato de aparición de Cristo Resucitado a dos discípulos que deciden apartarse de la comunidad y regresan a su aldea en Emaús. La pluma de Lucas revela el sentir de una comunidad que está sumida en la desesperanza y que manifiesta una desunión y la pérdida del verdadero sentido de la muerte de Cristo. Justamente esta desesperanza y, hasta podríamos llamar decepción, de estos dos discípulos son condicionantes para que no puedan reconocer al misterioso caminante que supuestamente no sabía de lo acontecido en Jerusalén. Esta ceguera hace que se introduzca el parecer de estos discípulos acerca de lo vivido y revela la frustración que sienten porque, el tal Jesús, no respondió a sus expectativas de liberación. De pronto, aquel “forastero”, se atribuye una autoridad que sorprende a los caminantes y relee con ellos las promesas del AT puesta en boca de Moisés y los profetas, acerca del padecimiento de Cristo, no sin antes echarles en cara su necedad. Es un extraordinario ejercicio de relectura bíblica y que prepara para el encuentro definitivo de revelación que sucede al caer la tarde y sentados a la mesa. El partir el pan es el evento que desencadena la alegría pascual y tal aparición desvela los sentimientos interiores que ya se iban dando en el camino en los corazones de ambos discípulos. Recién allí, pueden entender que lo que han experimentado no puede quedarse en Emaús, sus hermanos están en Jerusalén y necesitan escuchar este suceso y regresan a la ciudad santa.

Hoy también nuestros corazones están desesperanzados, ponemos nuestra confianza en expectativas demasiado terrenales, y nos cuesta releer los acontecimientos del pasado, revelación de Dios, en todo momento de nuestra historia. Necesitamos ser hombres y mujeres de fe, pero para ello necesitamos confiar más en la comunidad que sostiene nuestra fe. Este es el paso fundamental para luego entender la necesidad de anunciar a este Cristo Salvador sin temor como lo hizo Pedro. La Escritura es también un medio importantísimo en el conocimiento del amor de Dios y su plan de salvación. También hoy arde nuestro corazón cuando escuchamos no solo su Palabra sino cuando somos capaces de interpretarla y entenderla, no como una sabiduría estática, sino como una sabiduría que compromete a hacerla vida. Es verdad lo que nos dice la segunda lectura: estamos como extranjeros en esta tierra caminando hacia nuestro destino final que es Dios. Pero caminamos seguros, no estamos perdidos, pues alguien nos ha preparado el camino: Jesús. Hoy también el Señor sale a tu encuentro y te invita a releer la Escritura, las promesas de Dios, y se sienta a partir el pan contigo revelándose como el Resucitado. También ahora te toca partir hacia la comunidad y comparte tu experiencia de encuentro con tu salvador. Esa experiencia personal adquiere un matiz comunitario de acción de gracias y por eso el salmista tiene mucha razón cuando dice: “Por eso se me alegra el corazón y se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena; porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción”. Motivos para compartir hay, solo basta la decisión de “regresar” a Jerusalén. ¡Ponte en camino!

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