Ex 20, 1-17; Sal 19, 8-11; 1 Cor 1, 22-25; Jn 2, 13-25
–¿No sabes lo que ha pasado? ¿No sabes lo que hoy hizo Jesús de Nazaret en el santo Templo?
Aquel día en Jerusalén no se hablaba de otra cosa. Unos se extrañaban indecisos, otros se alegraban, otros más se enfurecían. ¿Quién se ha creído que es?, decían.
Jesús entró en el sacro sistema y lo echó por tierra con vehemencia “y tiró el dinero de los que cambiaban monedas y volcó las mesas”. ¡Convierten la casa de mi Padre en un mercado!
Y la “casa de mi Padre” eres tú, y puedes estar llena de mercaderes. ¿No necesitas que entre Jesús con vehemencia y los expulse? Pídeselo. Y la “casa de mi Padre” es la Iglesia que nosotros formamos, y los mercaderes de puestos y apariencias se apoderan de ella. Y hacen en ella su triste mercado.
¿No hace falta una revolución de santidad que acabe con tantos enredos e importancias?. El pasado 3 de noviembre nos preguntaba el Papa Francisco: “¿Y cuántas veces, en nuestras instituciones, en la Iglesia, en la parroquia, por ejemplo, en las escuelas, nos encontramos con esto? La rivalidad, buscar que nos vean, la vanagloria”.
Ven, Señor Jesús, limpia nuestra casa, ayúdanos a no ser mercaderes, ni sirvientes de mercaderes.







