21º Domingo de Tiempo Ordinario (reflexión de Mario Yépez, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año BLeave a Comment

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Author: Mario Yépez, C.M. .
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El libro de Josué nos narra un episodio fundamental. La tradición veterotestamentaria ha entendido el proceso de asentamiento de las tribus de Israel en la tierra prometida como una lucha constante contra los pueblos paganos de la región y el fortalecimiento de la confianza de que Dios, que se reveló en el pasado, sigue acompañándoles en la consecución de sus promesas. Esta convocatoria de Josué a todo el pueblo junto con sus líderes intenta asegurar la fidelidad da parte de Israel a puertas de inaugurar esta nueva etapa en su vida, donde ya no hay más camino por recorrer sino que más bien se vislumbra ya la estabilidad y con ello la necesidad de organizarse para no perder de vista lo fundamental: el reinado de Dios sobre el pueblo. El camino por el desierto no fue fácil. Muchas crisis se suscitaron en el itinerario del desierto pero allí se fue consolidando la fe en el Dios providentísimo, en el Dios fiel a sus promesas (Jos 24,17). Josué sabe que ante la seguridad de lo estable se puede correr el riesgo de renunciar a Dios, pues pareciera que ya no lo necesitarían. La voz unánime del pueblo que decide hacer lo mismo que Josué y su casa (Jos 24,15), evidencia que seguirá confiando en el Dios que se manifestó en el pasado y que seguirá manifestándose en sus días (Jos 24,18b).

El eje central de esta intervención de Pablo no tiene como finalidad una opinión ante el matrimonio cristiano o cómo debe vivirse (aunque puede notarse cierta apreciación al respecto) sino cómo comprender la relación entre Cristo y la Iglesia (Ef 5,32). La nueva vida en Cristo, que está llamada la Iglesia a manifestarla, tiene la seguridad de hacerla bien si la vive de acuerdo a la sumisión en el temor de Cristo (Ef 5,21). Pablo es heredero de la tradición judía sobre el «temor de Dios» y ve necesario reorientarlo hacia Cristo dándole la seriedad debida a la opción de vida que asumieron los creyentes desde su bautismo. La nueva condición nos reviste de limpieza y pureza (Ef 5,26-27), lo que nos invita a amar esta condición y esforzarnos por mantenernos en ella (Ef 5,28-29). Es este misterio de íntima relación entre Cristo y su Iglesia que Pablo intenta prefigurarlo desde la creación en el mandato de la unión matrimonial (Ef 5,31). Está claro, que el fundamento de la vida matrimonial es el amor y que en ella toda sumisión, entendida como orden y respeto, no tiene sentido si no es desde el amor. Así el sentido esponsal, siempre insistente en el Antiguo testamento, pasa a ser el referente para hablar de la relación entre Cristo y su Iglesia.

La crisis galilea irrumpe en medio del largo discurso de Jesús, donde se ha presentado como el pan de vida. Lo que supuestamente está dado para la unidad, provoca división. No se está escuchando con fe, y entonces se suscita mucha confusión en sus propios seguidores (Jn 6,62-63). Hay mucha incredulidad en los corazones de algunos de sus seguidores (Jn 6,64). No están preparados para escuchar esta «palabra», porque no se han dejado motivar por el Padre; están pensando que basta con una decisión personal sin ninguna implicancia de parte de Dios (Jn 6,65). Es como creer que la fe es una especie de voluntarismo práctico: esfuerzo personal de seguir o no.

El episodio se vuelve dramático. Ya no siguen a Jesús, siguen a sus pasos hacia atrás. Ya no acompañan al Maestro (Jn 6,66). Parece que los Doce perplejos no se han movido ante lo sucedido. Jesús toma la iniciativa y lanza una pregunta trascendental: «¿Acaso también vosotros queréis irse?». El evangelista introduce aquí la confesión de Pedro (Jn 6,68-69) sintonizando con el suceso de la crisis galilea. Los Doce reconocen que es difícil comprender esta palabra, pero confían que no hay otro camino por andar. Ellos creen y reconocen que solo las palabras de Jesús pueden conceder vida para siempre por lo que no abandonan a Jesús. Creen y quieren creer.

Hay momentos en nuestra vida donde solo se nos pide creer. Josué pide a sus líderes y al pueblo entero que acepten al Dios liberador de la opresión de Egipto como su rey y que no lo cambien por otros dioses; Pablo entiende que el misterio de la relación de Cristo con la Iglesia tiene su prefiguración en la unión matrimonial desde la Creación y pide que confiemos en esta imagen para seguir dando un testimonio firme de la fe cristiana en medio del mundo pagano;

Jesús insta a sus discípulos a creer en él como el Pan de vida y confiar que aunque el camino sea largo y duro, hay un banquete que nos espera que no solamente nos saciará del hambre terrenal. Hoy nos toca responder como el pueblo de Israel y como Pedro; hoy nos toca testimoniar nuestra unión (adhesión) a Cristo como Iglesia que somos; hoy es tiempo de confiar. Hoy quiero creer que «aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor, el cuida de todos los huesos y ni uno sólo se quebrará». El Dios de nuestros padres que se ha manifestado en el pasado, se manifestará también a nosotros y a quienes vengan detrás. Hagamos de esto una confesión de fe. Hoy nos toca la responsabilidad: ¡No abandonemos al Señor! ¿A dónde podríamos ir?

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