21º Domingo de Tiempo Ordinario (reflexión de Rosalino Dizon Reyes)

Ross Reyes DizonHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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Conocimiento servicial cristiano

El conocimiento de Cristo es lo que cuenta sobre todo.  A cuantos lo conocen se les confí­a la autoridad para servir a los demás fiel y solícitamente.

A la gente sencilla da el Padre, Señor de cielo y tierra, el conocimiento que esconde a los sabios.  De esa gente forma parte Pedro.  De lo contrario, no conocería ni confesaría a Jesús como el Mesías y el Hijo de Dios vivo.

El apóstol acierta, pues, en su conocimiento y su confesión por la gracia de Dios.  Pero la gracia no prescinde de la naturaleza.

Reconociéndose de poco conocimiento cual los pequeños, Pedro no se cierra a lo que dicen de Jesús las personas entendidas.  En primer lugar, pues, ¿no será por su actitud abierta que quede predispuesto el apóstol a la gracia reveladora de Dios?

En segundo lugar, la promesa de Jesús indica que la gracia divina supone la cooperación humana.  Promete, sí, a Pedro:  «Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia».  Así se le confirma a Pedro su nombre y se le desarrolla además el sentido más pleno de su nombre.

Pero la promesa al que acaba de afirmar la identidad verdadera de Jesús no se cumple fácilmente.  Quedará claro, más adelante, que al confesor correcto aún se le requiere la cooperación.  Debe mantenerse con una mente abierta y atenta a las instrucciones del Maestro para conseguir el conocimiento necesario.

Sin el conocimiento del verdadero Jesús, nos convertimos en piedras de tropiezo.

No tarda la piedra fundacional en hacerse piedra de tropiezo.  Así­ de fácil podemos acabar también poniendo en duda nuestro conocimiento y nuestra confesión como convocados por Jesús.  Y no difí­cilmente nos pasará esto si, ignorando los santos Evangelios, ignoramos a Cristo.

Entre otras cosas, pues, es preciso que nos imbuyamos del conocimiento del verdadero Cristo de los Evangelios.  El conocimiento del verdadero Jesús nos impulsará a conformarnos a él y a las máximas evangélicas.  Nos llevará también a dar todo por basura en comparación con Jesús y su Buena Noticia.

Además, su ejemplo y sus enseñanzas nunca engañarán y nos harán tan firmes como la roca (RCCM II:1).  Nos dejarán convencidos asimismo de que la autoridad cristiana no consiste en ser servido sino en servir.  Por tanto, nos acreditaremos conocedores y seguidores de Jesús mediante nuestro servicio fiel y solícito de los demás.

Señor Jesús, concédenos a los favorecidos con conocimiento de ti ser fieles y solí­citos dispensadores de los misterios del reino.  Así­ te ceñirás un día, nos harás sentar a la mesa y nos irás sirviendo.

27 Agosto 2017
21º Domingo de T.O. (A)
Is 22, 19-23; Rom 11, 33-36; Mt 16, 13-20

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