Hay que reponer las fuerzas para el camino
No sé si has escuchado hablar a los campesinos o a los montañeros antes de iniciar una jornada. Hablan de la fuerza que necesitan para el día, y esa fuerza se adquiere con la alimentación. Van al campo o la escalada con provisiones para mantener las fuerzas necesarias para realizar la tarea.
Del mismo modo, leemos en la Biblia, actúan los profetas y actuará Jesús con sus discípulos. ¿Recuerdas el pasaje de Elías huyendo de los perseguidores y hambriento hasta ya no poder más? Piensa en morir, pero Dios lo resguarda para algo grande. Por eso, un ángel lo despierta bajo el tamarindo y le hace comer. Vuelve a dormirse, y de nuevo el ángel le dice: “Levántate y come, porque te falta un camino largo que recorrer”. Así estuvo luego Elías tres días caminando.
Hoy iniciamos la lectura del cap. VI de Juan que empieza con el alimento material y seguirá en los próximos domingos con el alimento de la Eucaristía. En el pasaje de hoy me cae muy simpático el niño que entrega sus cinco panecitos y los dos pescaditos para que coman los cinco mil hombres. ¿Qué sabe el niño de cantidades y estadísticas? El solo sabe amar y tener compasión de los que pasan hambre. Jesús también se emociona ante el hecho y hace el resto: Que puedan comer los cinco mil hombres hasta saciarse y aún quedar comida de sobra.
No sé si el milagro fue multiplicar los panes y pescados o multiplicar el amor entre las personas que estaban ansiosas por escuchar a Jesús. Mayor milagro es para mí abrir los corazones que multiplicar los panes. Mayor milagro es mirar alrededor para ver el rostro hambriento del hermano y abrir las loncheras que acrecentar los panes. Multiplicar los panes es obra directa de Dios, pero acrecentar el amor supone la participación libre del hombre. ¡Qué gran milagro es éste! Al terminar de comer, no tengo duda, aquella gente estaba más unida y conversadora, era más comunidad y estaban más abiertos a la palabra de Jesús.
Pero así y todo, se fijan en el liderazgo de Jesús y quieren hacerle rey. No han entendido nada lo que ha hecho Jesús. Piensan según el mundo, no según Dios. Por eso se retira solo al monte para orar, para pedir al Padre que abra los corazones de aquellos que han comido, para que puedan aceptar el reino de Dios.
Más adelante iremos viendo que les resulta muy difícil aceptar el “pan del cielo, el pan que da la vida”. Lo dejarán a Jesús. Sólo pueden entender lo tangible o aquello que afecta a sus necesidades materiales. Pueden aceptarlo como ministro de agricultura que facilita alimentos materiales, pero lo ven loco cuando les quiere aportar el alimento espiritual.
Cómo tendremos que ir luchando para abrirnos al misterio de Dios, al misterio de su proyecto y plan de vida para nosotros. Entendemos de políticas alimentarias, no entendemos la providencia de Dios. Sabemos exigir y no sabemos aceptar a Dios. ¿No creen que deberemos retirarnos a lugares y tiempos en soledad para templar nuestros corazones y abrir nuestra mente a la voluntad de Dios? Mientras tanto, ofrezcamos nuestros panecitos y pescaditos para acallar el hambre de los hermanos.







