París, vigilia de la Asunción [1646]
Señorita:
La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.
Todavía no he recibido carta de usted, y no acabo de convencerme de que no me haya escrito. Puede usted imaginarse cuál no sería nuestra preocupación si no nos hubieran llegado por otro lado noticias suyas. La madre cesante de la Visitación de Orleans, al pasar por aquí camino de Dieppe, nos ha dicho que la había visto, y el señor abad de Vaux ha escrito desde Angers que usted había estado por allí y que había marchado con buena salud: esto nos ha consolado un poco y nos hace esperar que se encuentre ahora en Nantes. Quiera Dios que sea con las fuerzas convenientes para trabajar en esa fundación, para la que le pido a su divina misericordia que le haga participar ampliamente de su espíritu, para podérselo comunicar a sus queridas hijas y esparcir junto con ellas el buen olor de la devoción entre las almas.
No le digo nada concreto de lo que tiene que hacer con esos señores, pues confío que Nuestro Señor le dará luz y consejo suficiente para ello; sólo él sabe con cuánto afecto le encomiendo todos los días su alma y su viaje, y cuán grandes bendiciones le pido para usted y para su pequeña tropa, a quien saludo en espíritu con todo el cariño que me es posible.
No he podido ver más que una vez a sus asistentes de aquí. Hoy volveré a verlas, si Dios quiere. Todo va bastante bien, a no ser cierto malhumor que aparece en algunas; pero la presencia de usted lo arreglará todo, y quizás también la conferencia que me propongo darles la semana que viene.
Su hijo se encuentra enfermo y está guardando cama en casa de su médico. Le he ofrecido nuestra casa y todo lo que podamos hacer por él, para que se alivie pronto, o bien dos hermanas que le atiendan, en el caso de que quiera quedarse donde está. El ha preferido la ayuda de las hermanas, que ya llevan varios días con él. El señor Brin acaba de verlo ahora mismo; me dice que está mejor y que no hay nada que temer. Por eso, le ruego que no se preocupe y que procure tranquilizarme usted a mí en lo que se refiere a las damas de la Caridad del Hôtel-Dieu, que continuamente me están echando en cara que le haya dejado partir a usted, sobre todo la señora de Nesmond. Si vuelve usted con perfecta salud, como espero de la bondad de Dios, haremos las paces. Le ruego, pues, que se cuide todo cuanto pueda.
No tenga prisas y tarde todo el tiempo que sea necesario, y no se preocupe de la vuelta. Nuestro Señor lo aprobará todo, ya que trabaja usted por su amor.
En ese mismo amor, señorita, quedo verdaderamente de usted muy humilde y querido servidor.
VICENTE DEPAUL, de la Misión
Después de escribir la presente, he recibido su carta de Angers, que contiene dos cosas principales: una, la dificultad de sor Petra, y la otra, relativa al confesor de las hermanas de Nantes. De lo primero, habrá que ver si cambia, y hacer lo que usted indica. De lo segundo, me encuentro un poco desconcertado; sin embargo, pensando y considerando bien las cosas, creo que será mejor atenerse a la decisión que aquí tomamos, por tratarse de un comienzo y porque se está pensando en emplearlo en otra parte dentro de algún tiempo; entonces podrá usted acudir al padre espiritual de la Visitación, a no ser que crea usted más conveniente, al ver cómo están por allí las cosas, obrar de otra manera; eso es lo que le ruego que haga.
Acabo de saber ahora mismo que su hijo está ya casi curado. Le indicaré a sus asistentes que vengan por aquí cuanto antes, después de comer, para tratar con ellas de lo que hay que hacer.
Le suplico que cuide de su salud y que ruegue a Dios por el mayor pecador del mundo, que es s. s.
V. D.
Le ruego expresamente que siga el pensamiento que le dé Nuestro Señor sobre el confesor de las hermanas.
Dirección: A la señorita Le Gras, superiora de las Hijas de la Caridad, en casa de los señores directores del hospital de Nantes, en Nantes.







