Lunes, a las diez [1640]
Acabo de recibir ahora mismo la que usted escribe al señor abad de Vaux y me parece bien, pero creo que se le debería haber dicho también que, si dichos señores desean la cláusula de despido, también es justo que se ponga la de cambiar a las hermanas, cuando se crea conveniente.
Es curioso cómo en todas partes se quejan de que toman ellas lo que se destina a los pobres. Será necesario hacer una regla de que no podrán, bajo ningún pretexto que sea, comer nada de lo que vaya destinado a los pobres.
Me hubiera dado usted un gran consuelo si hubiese presentado mis saludos y excusas al buen señor de Vaux por no haberle escrito, y si le hubiese dicho que lo haré en el próximo viaje.
Adiós, señorita. Soy s. s.
V. D.
¿Ha recibido usted una carta que le envié de nuestras hermanas de Richelieu, donde le dicen, como también me indica el padre Lamberto, que hay allí dos buenas jóvenes que se presentan para ser de la Caridad?







