París, 22 de julio de 1640
Padre:
¡La gracia de nuestro Señor sea siempre con nosotros!
Recibí ayer la suya, con fecha que he olvidado, junto con las que me enviaba del Padre Guissot y con el acta de la visita a La Rose. ¡Ay, padre! ¡Cuánto siento el choque de esas dos personas! ¿Qué podremos hacer? ¿No será conveniente que les dé a conocer a ambos su falta, especialmente al padre Benito, aprovechando entonces la ocasión para tener una conferencia sobre el tema de la importancia que tiene no hablar nunca fuera de las personas y de las cosas que ocurren dentro? Esa ha sido la causa de todo lo que ha pasado en La Rose. El señor vicario general, por lo que me ha dicho el señor Savinier, y esos pequeños recursos que ha utilizado para insinuarse en los espíritus y para establecerse y hacerse necesario para ellos, ha hecho que él obrara de ese modo y que las cosas hayan llegado al extremo en que ahora están. No; nunca hay que hablar fuera de las cosas que ocurren dentro. ¿No será conveniente que al final de la conferencia obtenga usted una promesa pública de toda la compañía y que se entregue a Dios para obrar de esa manera?
Está por aquí el buen señor Savinier; lo he acogido de la mejor manera posible. Estaba muy deseoso de llegar a su país de origen y de pasar por allí; le dije los inconvenientes que había y se ha mantenido en su opinión; ya veremos. Entretanto, ¿qué es lo que podemos hacer por ese lugar? Me doy cuenta perfectamente de que se necesita otro superior y un sacerdote en lugar del padre Gautier. Tenemos un sacerdote apropiado para ello. ¿Qué le parece si ponemos en ese sitio al padre Guissot como director y al padre Chiroye en Luçon? Me cuesta mucho obrar de otro modo. Haga el favor de decirme unas palabras sobre lo que piensa. Aquí hay que tener en cuenta dos cosas: 1.° si el padre Chiroye tiene cualidades para director; 2.° si el padre Thibault se someterá a él; actualmente se muestra muy sumiso con el padre Cuissot y está contento y satisfecho con él. Le ruego que me diga su opinión lo antes posible. En ese caso, el padre Benito volvería a Richelieu, o le enviaría yo a usted algún otro.
Le escribo al padre Cuissot que tome cien libras para comprar muebles y que los pagaremos aquí a la vista. ¿Qué le parece a usted que necesitarán los tres? ¿Es el mismo el pastor Pedro Rogue que estuvo aquí, el que está en Richelieu? Me gustaría mucho que quisiera quedarse y me parece que lo necesita, ya que las personas con que se va ahora le mantendrán en esa pequeña vanidad de su espíritu; usted verá.
El señor obispo de Tours se me ha quejado de que se ha predicado en favor de unas personas que dicen que hay posesas en Chinon, pero que él asegura que no lo están y que no le parece bien que se las trate como tales, No he sabido qué decirle, a no ser que me enteraría de lo que ha pasado. Le ruego que me lo diga y que aconseje a la compañía que no diga ni haga nada en contra del juicio que él ha dado. Efectivamente, el juicio sobre estos asuntos le corresponde a él, y nadie puede usar los exorcismos en una diócesis sin permiso del obispo.
Sobre esa buena muchacha, todo lo que me han dicho me hace desconfiar de su espíritu. Siento mucho que esté en Richelieu, y si ella no tiene lugar de residencia en Chinon ni parientes que se quieran hace cargo de ella, in nomine Domini, pienso que habrá que enviarla acá.
A la señorita Le Gras le gustaría que fuese usted a dar una vuelta por Angers para visitar a sus hijas de la Caridad en forma de visita. Puede usted utilizar como pretexto nuestros asuntos de Pont-de-Cé y las rentas o ayudas que allí se nos deben. Puede ir a ver al señor abad de Vaux, que es un gran siervo de Dios y que tiene una caridad incomparable para con esas hermanas; es e] vicario general. Puede usted hablar con cada una en particular y luego tener una plática general, sin que esto se note; quizás baste por ahora, sin embargo, que vea a cada una en particular. Me han dicho que los administradores del hospital les han hecho ropas de tela mejor que la ordinaria. Véalo usted y si es conveniente poner a la hermana Bárbara en Angers como directora y hacer que vuelva a París la señora Turgis, y a sor Isabel, que es la superiora de las jóvenes, continuamente enferma, a Richelieu, donde quizás pueda restablecerse con aquellos aires Esto es lo que piensa la señora Le Gras, mientras que yo pienso que le quiero a usted un millón de veces más que a mí mismo y que soy, en el amor de nuestro Señor, su muy humilde servidor.
VICENTE DEPAUL
El padre Dehorgny ha regresado hoy de su visita a la compañía de Lorena. Dios ha bendecido mucho su viaje y ha encontrado las cosas en buena situación, gracias a Dios, excepto en Toul, donde el padre [Colée] sigue todavía probando la paciencia del buen padre du Coudray. ¡Ay, padre! ¡Cuánta necesidad tiene la compañía de humillarse, de alabar a Dios por esta ocupación, y de pedirle gracias para usarla bien! Procuraré hacer que copien las cartas que me ha escrito el padre Dehorgny y que se las envíen a usted.
Nuestro Señor protege a nuestro hermano Mateo con una protección especial, mientras que permite que en aquel país le roben a casi todo el mundo, incluso delante de sus ojos, a pesar de que todos los meses lleva para allá 2.500 libras; el mes pasado tenía doce mil, siendo la diferencia para los socorros de los religiosos y las religiosas que se están muriendo de hambre por aquellas tierras.
Desde hace dos o tres meses Dios nos ha concedido la gracia de reunir a algunas personas distinguidas de esta ciudad para ayudar a la nobleza de allí. Su providencia nos proporciona seis mil libras y algo más todos los meses para socorrerles. En nombre de Dios, padre, recemos y humillémonos como es debido; le suplico que ayude a este pobre gascón para que también lo haga.
Dirección: Al padre Lamberto, superior de los sacerdotes de la congregación de la Misión de Richelieu, en Richelieu.







