Transformados por la paz de Cristo resucitado

Francisco Javier Fernández ChentoFormación CristianaLeave a Comment

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Author: Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias · Year of first publication: 2012.
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Lecturas

  • Ml 4,5-6 Cambiar el corazón de los padres a favor de los hijos, y el corazón de los hijos a favor de los padres
  • Sal 133 ¡Qué agradable es que los hermanos vivan juntos!
  • Ef 2,14-20 Él ha reconciliado con Dios a ambos pueblos por medio de la cruz
  • Jn 20,19-23 Se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con vosotros»

Comentario

El último libro del antiguo Testamento transmite la promesa de que Dios enviará a su elegido para instaurar la armonía y el respeto en todos los hogares. Normalmente tememos los conflictos o agresiones inesperadas entre las naciones. Pero el profeta Malaquías llama la atención sobre uno de los conflictos más difíciles y perdurables: el desamor en las relaciones entre los padres y los hijos. La restauración de la unidad entre padres e hijos no es posible sin la ayuda de Dios: es el enviado de Dios el que realiza el milagro de transformar los corazones y las relaciones entre las personas.

El Salmo muestra qué gran alegría puede traer esa unidad entre las personas. El ser humano ni fue creado para estar solo ni puede vivir con tranquilidad en un ambiente hostil. La felicidad consiste en vivir en una comunidad humana con armonía, paz, confianza y comprensión. Las buenas relaciones entre personas son como el rocío que se posa en la tierra seca y el aceite fragante que promueve la salud y el placer. El Salmo se refiere a la bondad de vivir juntos como una bendición y un don de Dios, como el rocío. La vida común en la unidad no se limita a los miembros de la familia, sino a experimentar la cercanía entre todos los que aceptan la paz de Dios.

La Epístola nos habla de lo que anunciaba el profeta Malaquías. Jesús trae la unidad, porque en su cuerpo ha demolido el muro de separación entre las personas. Generalmente, la victoria de uno implica la caída y la vergüenza del grupo de los vencidos, que prefieren retirarse. Jesús no rechaza, no destruye y no humilla a nadie; pone fin a toda alienación, transforma, sana y reúne a todos los seres humanos para hacerlos miembros de la familia de Dios.

El Evangelio recuerda el don que el Señor resucitado ha dado a sus discípulos dubitativos y temerosos. La paz sea con vosotros es el saludo de Cristo y también su don. También es una invitación a buscar la paz con Dios y establecer relaciones nuevas y duraderas dentro de la familia humana y de toda la creación. Jesús ha pisoteado la muerte y ha vencido el pecado. Por el don del Espíritu Santo, el Señor resucitado invita a sus discípulos a entrar en su propia misión: llevar la paz, la curación y el perdón a todo el mundo. Mientras los cristianos sigamos divididos, el mundo no estará convencido de la plenitud de la verdad del mensaje del Evangelio traído por Cristo a una humanidad nueva. La paz y la unidad caracterizan esta transformación. Él hace que las Iglesias reciban estos dones y los realicen, como miembros de la única familia de Dios, edificada sobre el sólido fundamento del que Jesús es la piedra angular.

Oración

Dios del amor y de la misericordia, enséñanos la alegría que se muestra compartiendo tu paz. Llénanos de tu Espíritu Santo para que podamos derribar los muros de hostilidad que nos separan. Que Cristo resucitado, que es nuestra paz, nos ayude a superar toda división y nos una como miembros de su familia. Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo, que contigo y con el Espíritu Santo recibe todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos. Amén.

Preguntas para la reflexión

  1. ¿Cuáles son las formas de violencia de nuestra sociedad que podemos afrontar juntos como cristianos?
  2. ¿Cómo experimentamos las ocultas hostilidades que afectan nuestras relaciones mutuas entre comunidades cristianas?
  3. ¿Cómo podemos aprender acogernos unos a otros como el mismo Cristo nos acoge?

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