Transformados por el Siervo doliente

Francisco Javier Fernández ChentoFormación CristianaLeave a Comment

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Author: Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias · Year of first publication: 2012.
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Lecturas

  • Is 53,3-11 Varón de dolores, acostumbrado al sufrimiento
  • Sal 22,12-24 No te separes de mí, que la angustia está cerca
  • 1 Pe 2,21-25 Cristo padeció por nosotros
  • Lc 24,25-27 ¿No tenía que sufrir el Mesías todo esto?

Comentario

La paradoja divina es que Dios puede cambiar los desastres y la tragedia en victoria. Él transforma todos nuestros sufrimientos y desgracias, y el increíble sufrimiento de la historia, en una resurrección que abarca a todo el mundo. Cuando parece derrotado, sin embargo, es la verdadera victoria que nadie y nada pueden superar.

La emocionante profecía de Isaías sobre el Siervo doliente se cumplió totalmente en Cristo. Después de sufrir una terrible agonía, el Varón de dolores ve su descendencia. Somos nosotros mismos esta descendencia, nacida del sufrimiento del Salvador. De esta manera nos hacemos una familia en él.

Se puede decir que el Salmo 22 no habla sólo de Jesús, sino también para Jesús. El Salvador mismo oró este salmo en la Cruz, cuando utilizó palabras fuertes de desolación: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Sin embargo, en la segunda parte del Salmo, la lamentación, la súplica llena de dolor, se convierte en alabanza a Dios por sus obras.

El apóstol Pedro es un testigo de la pasión de Cristo (1 Pt 5.1), que nos da un ejemplo: estamos llamados a esta forma de sufrimiento por amor. Jesús no maldijo a Dios, pero se remite al justo Juez. Sus heridas nos han curado y nos han hecho regresar al único pastor.

Sólo a la luz de la presencia del Señor y de su palabra se revela el propósito divino de los sufrimientos del Mesías. Igual que para los discípulos en el camino de Emaús, Jesús nos acompaña constantemente en el pedregoso camino de la vida, volviendo nuestros corazones ardientes y abriéndonos los ojos ante el plan misterioso de salvación.

Los cristianos experimentamos que el sufrimiento resulta de la frágil condición de la humanidad; reconocemos este sufrimiento en la injusticia social y en las situaciones de persecución. El poder de la Cruz nos lleva a la unidad. El sufrimiento de Cristo se nos muestra como fuente de misericordia y de solidaridad con toda la familia humana. Como afirma un teólogo contemporáneo: cuanto más nos acercamos a la Cruz de Cristo, más nos acercamos unos a otros. El testimonio que damos juntos los cristianos en situaciones de sufrimiento adquiere una gran credibilidad. Siendo solidarios con todos los que sufren, aprendemos del Servidor sufriente y crucificado a vaciarnos de nosotros mismos, a abandonarnos y ofrecernos en sacrificio. Estos son los dones que esperamos recibir de su Espíritu en nuestro camino a la unidad en él.

Oración

Dios del consuelo, que has transformado la vergüenza de la Cruz en un signo de victoria. Concédenos que podamos estar unidos alrededor de la Cruz de tu Hijo y celebrar la misericordia que nos ofrece por su sufrimiento. Que el Espíritu Santo abra nuestros ojos y nuestros corazones, para que podamos ayudar a los que sufren a experimentar tu cercanía. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén

Preguntas para la reflexión

  1. ¿Cómo nuestra fe nos puede ayudar a dar una respuesta al sufrimiento de larga duración?
  2. ¿Qué aspectos del sufrimiento humano son hoy ignorados o desapercibidos?
  3. ¿Cómo pueden los cristianos testimoniar juntos el poder de la Cruz?

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