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Duración: 59 minutos
Esquema de la Charla
1. EN UN RÉGIMEN CONFESIONALMENTE CATÓLICO —COMO FUE EL RÉGIMEN DE FRANCO— LAS LEYES CIVILES SE INSPIRARÁN EN LA MORAL CRISTIANA.
1.1. El segundo de los principios de la Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958) decía así: «La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento de la Ley de Dios, según la Doctrina de la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación».
1.2. En este modelo no caben, en principio, discrepancias entre las leyes civiles y la moral cristiana. A pesar de ello hubo algunos conflictos, pero tanto la Iglesia como el Estado procuraron que la sangre no llegara al río.
2. EN UN ESTADO LAICO, LAS LEYES CIVILES NO SE INSPIRAN YA EN LA MORAL CRISTIANA.
2.1. De hecho, los conflictos en España han sido frecuentes y han ido in crescendo.
2.2. En un Estado laico caben tres posibilidades:
2.2.1. El positivismo jurídico, que hace depender la validez de las leyes civiles únicamente de su adecuada promulgación, de acuerdo con la legalidad vigente en cada país.
2.2.2. El iusnaturalismo (derecho natural), que exige a las leyes civiles conformidad con las exigencias de la naturaleza humana.
2.2.2.1. «Toda ley positiva humana en tanto tiene fuerza de ley en cuanto deriva de la ley natural. Y si en algo está en desacuerdo con la ley natural, ya no es ley, sino corrupción de la ley» (TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologica).
2.2.2.2. Pero existen hoy varios modelos de iusnaturalismo y la Iglesia no puede pretender que un Estado no confesional se inspire precisamente en el que ella propone.
2.2.3. Sólo cabe que la legislación tome como referencia la ética civil, o ética de mínimos, identificada con el patrimonio ético compartido por las diferentes éticas de máximos (ética marxista, ética cristiana, ética liberal…).
2.2.3.1. «No pretendemos que los gobernantes se sometan a los criterios de la moral católica, pero sí al conjunto de los valores morales vigentes en nuestra sociedad, vista con respeto y realismo, como resultado de la contribución de los diversos agentes sociales. Cada sociedad y cada grupo que forma parte de ella tienen derecho a ser dirigidos en la vida pública de acuerdo con un denominador común de la moral socialmente vigente fundada en la recta razón y en la experiencia histórica de cada pueblo» [CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Orientaciones morales ante la situación actual de España (23 de noviembre de 2006) , 10].
2.2.3.2. Ese patrimonio ético compartido no está fijado de una vez por todas. Puede evolucionar, y de hecho lo hace.
2.3. No todas las exigencias éticas deben ser exigidas coactivamente por las leyes civiles. Las exigencias de la ética civil deben pasar dos «filtros» para poder convertirse en leyes civiles:
2.3.1. La ley humana no puede prohibir todo lo que es contrario a la virtud, sino que es suficiente que prohíba lo que destruya la convivencia social» (TOMÁS DE AQUINO, Summa Theologica).
2.3.2. «La Iglesia no se opone a la tolerancia por parte de los poderes públicos de algunas situaciones contrarias a la verdad y a la justicia para evitar un mal mayor o para adquirir o conservar un mayor bien. Dios mismo, en su providencia, aun siendo infinitamente bueno y todopoderoso, permite, sin embargo, la existencia de algunos males en el mundo, en parte para no impedir mayores bienes y en parte para que no se sigan mayores males. Justo es imitar en el gobierno político a quien gobierna el mundo» [LEÓN XIII, Libertas praestantissimum (20 de junio de 1888), núm. 23].
2.4. Actitud de los católicos ante las leyes aprobadas democráticamente que consideramos injustas.
2.4.1. Mientras estén vigentes no tenemos derecho a cuestionar su aplicación.
2.4.2. Pero debemos procurar mejorarlas, para lo cual existen dos caminos:
2.4.2.1. Que la Iglesia actúe como grupo de presión.
2.4.2.2. Tratar de enriquecer la ética civil.
2.4.3. El primer camino aconseja una voz única mientras que el segundo pide una presencia pública generalizada de los creyentes.
2.4.4. Actuar como grupo de presión sin el respaldo que supone el enriquecimiento de la ética civil sólo puede provocar agresividad.
2.4.5. Mientras estén vigentes leyes que consideramos injustas debemos saber que «es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hech 5, 29).
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