Esquema a seguir
- Invocación al Señor y a la Virgen Milagrosa:
- En el «nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
- ¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti! .
- Ambientación: lectura de un párrafo de la «Marialis Cultus» de Pablo VI. Se da la posibilidad de usar el método de la «Lectio Divina» para aquellos que quieran hacer una meditación más «extensa».
«El culto a la Virgen en la liturgia Romana restaurada»: «La reforma de la Liturgia romana presuponía una atenta revisión de su Calendario General. Este, ordenado a poner en su debido relieve la celebración de la obra de la salvación en días determinados, distribuyendo a lo largo del ciclo anual todo el misterio de Cristo desde la Encarnación hasta la espera de su venida gloriosa, ha permitido incluir de manera más orgánica y con más estrecha cohesión la memoria de la Madre dentro del ciclo anual de los misterios del Hijo». ( MC nº 2) - A continuación el Tema 2º sobre «La FE»
- Lectura del contenido;
- y reflexión-coloquio con algunas preguntas o interrogantes.
- Peticiones:
- Para que la Iglesia, cumpliendo fielmente como María la voluntad del padre, engendre nuevos apóstoles para extensión de la Buena Nueva….
- Por los enfermos para que sientan reconfortados con el afecto maternal de María y el nuestro…
- Que el Espíritu Santo fortalezca y acreciente nuestra fe….
- Padre nuestro, Ave Maria y gloria.
- Oración final y canto a Maria («Ven con nosotros al caminar»)
Señor Dios nuestro, que hiciste de la Virgen María el modelo de quien acoge tu Palabra y la pone en práctica, abre nuestro corazón a la bienaventuranza de la escucha, y con la fuerza de tu Espíritu haz que también nosotros nos convirtamos en lugar santo en el que se cumple hoy tu Palabra de salvación.
Carta Apostólica de S.S. Benedicto XVI.
nº 1. ¿Qué es eso de la «puerta de la fe«?
El Papa Benedicto nos dice textualmente que » la puerta de la fe»,(cf He 14,27):
- que introducen en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia,
- está siempre abierta.
¿Cuándo se cruza ese umbral?. Dos condiciones:
- cuando la Palabra de Dios se anuncia
- y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma.
¿Qué supone atravesar esa puerta?
- Supone emprender un camino que dura toda la vida.
- Este empieza con el bautismo (cf Rom 6,4),
- Y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna.
Según eso, profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo- equivale a creer en un solo Dios que es Amor ( cf 1Jn 4,8):
- El Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación;
- Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo;
- Y el Espíritu Santo , que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor.
nº 2. El Papa Benedicto XVI nos muestra «su preocupación«.
Por eso no tiene reparos en afirmar que «desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homilía de la santa misa de inicio del Pontificado decía:»la Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, «como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud».Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas.
Luego, la afirmación de que el Papa estaba «preocupado» es una realidad evidente» y va a dar un paso más: de la preocupación pasa a «ocuparse» dando unas pautas concretas y necesarias para «remontar» o «afrontar» la situación actual un tanto «precaria».
nº 3. El cristiano no sólo ha de tener fe y vivirla; ha de proclamarla también a otros.
Por eso toma unas palabras del evangelista san Mateo y nos dice que «no podemos dejar que la sal se vuelva sosa o la luz permanezca oculta». Debemos descubrir de nuevo:
- el gusto a alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia;
- y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos.
- ¿Qué tenemos que hacer para realizarlas obras de Dios?. » Que creáis en el que él ha enviado«.
Nº 4. La convocatoria
A la luz de todo esto, he decidido convocar un AÑO DE LA FE:
- Comenzará el 11 de Octubre del 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. En la fecha del 11 de Octubre del 2012, se celebrará también los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por mi Predecesor, el beato papa Juan Pablo II, con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y la belleza de la Fe. Y precisamente he convocado la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre del 2012, sobre el tema de La Nueva Evangelización para la transmisión de la fe.
- No es la primera vez que la Iglesia está llamada a celebrar un AÑO de la FE. Mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, proclamó uno parecido en 1967, para conmemorar el martirio de los Apóstoles Pedro y Pablo en el decimonoveno centenario de su supremo testimonio.
- Lo concibió como un momento solemne para que en toda la Iglesia se diese «una auténtica y sincera profesión de la misma fe«; además, quiso que esta fuera confirmada de manera «individual y colectiva, libre y consciente, interior y exterior, humilde y franca». Pensaba que de esa manera todo la Iglesia podría adquirir una exacta conciencia de su fe, para reanimarla, para purificarla, para confirmarla y para confesarla«. Esta concluyó con la Profesión de FE del Pueblo de Dios, para testimoniar cómo los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio en condiciones históricas distintas del pasado.
nº 5. El Año de la fe y el Vaticano II
- He pensado que iniciar el año de la fe, coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II, puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres Conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia..Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza. Yo también deseo reafirmar con fuerza lo que dije a propósito del Concilio pocos meses después de mi elección como Sucesor de Pedro: «si los leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria para la Iglesia».
Nº 6. La renovación de la Iglesia pasa también por el testimonio.
La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. Precisamente el Concilio, en la constitución dogmática Lumen Gentium, afirmaba: «Mientras Cristo, «santo, inocente, sin mancha, no conoció el pecado, sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo, la Iglesia es a la vez santa y siempre necesitada de purificación y busca sin cesar la conversión y la renovación».La Iglesia se siente fortalecida con la fuerza del Señor resucitado para poder superar con paciencia y amor todos los sufrimientos y dificultades y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque bajo sombras, sin embargo, con fidelidad hasta que al final se manifieste a plena luz.






