Hoy, 10 de enero de 16571
Señor:
Espero que su bondad sabrá perdonarme por el largo tiempo que he dejado transcurrir sin tener el honor de darle humildemente las gracias, como lo hago hoy, por la continua caridad que ejerce con nuestras Hermanas y por las noticias que acerca de ellas se ha tomado la molestia de darnos. Sí, es verdad, señor, que nuestra Sor María2 no parece tener todavía suficiente capacidad para ocupar el puesto de nuestra Sor Cecilia;3 pero con tal de que sus disposiciones no sean contradictorias, que tenga suficiente discreción y buen juicio, con un fondo de virtud, es posible que la experiencia y el ejemplo de nuestra Hermana a quien verá de continuo, lleguen a formar su espíritu para el gobierno. Creo, sin embargo, que tiene que pasar tiempo para poder apreciar todo esto.
Alabo a Dios, señor, por su completa curación; bien sabe su Providencia la necesidad que tiene la Iglesia de su salud y lo que quiere hacer por su medio en la obra propuesta, sobre la que espero muchas bendiciones si su caridad, con su acostumbrada confianza, se resuelve a vencer todas las dificultades. Quizá me he adelantado al hablar a nuestras Hermanas de una Conferencia que nos ha dado el señor Vicente el día de Reyes, por habérseme ocurrido que una semejante les haría mucho bien.4 Creo, señor, que van a importunarle a usted con ello y si no temiera ser inconsiderada con las muchas ocupaciones que sé pesan sobre su caridad, uniría mi súplica a la de ellas. Le pido perdón por esta libertad y que crea soy, con el respeto que le debo en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidora.







