Hoy, 8 de julio (1656)1
Señor:
No he querido permitirme el honor de escribirle antes de haber comunicado al señor Vicente la carta que se ha tomado usted la molestia de enviarme; él le saluda a usted respetuosamente y me encarga le suplique se sirva probar bien la vocación de esa buena joven,2 por la seguridad que tiene de que la elección y discernimiento que usted haga no podrán por menos de ser buenos.
Por lo que se refiere a los confesores, es de desear, señor, que, para las necesidades ordinarias de la pequeña comunidad, no haya más que uno, ya que la experiencia nos ha hecho ver que el hecho de que sean varios sirve para dividir los espíritus; en cuanto a la necesidad de nuestra buena Sor Cecilia,3 al primero de los señores de la Misión4 que vaya por Angers se le advertirá que se presente a usted para recibir sus órdenes y poder efectuar ese cambio que a mí me parece, señor, es muy necesario.
Ya no me extraña el desorden de Nantes, puesto que no han tenido a nadie que cuidara de su dirección. Esto no hace sino aumentar la gran deuda de gratitud que tenemos con usted, cuyo alcance sólo Dios puede pagar. Es lo que le suplico con todo mi corazón y con el mismo afecto deseo la asistencia de sus santas oraciones para alcanzarme misericordia así como el honor de que me crea, en el amor de Nuestro Señor, su muy humilde y obediente servidora.







