29 de abril de 16561
Señor;
Hay tantas cosas que tener en cuenta al buscar una Hermana Sirviente para Angers, que me he visto muy atada para proponer una al señor Vicente, por no encontrar ninguna que no fuera muy necesaria en el lugar donde al presente se halla, lo que es una dificultad a la hora de retirarla de allí. De todas formas, señor, después de considerar todas las advertencias que su caridad nos ha hecho, no vemos otra más adecuada que Sor María Marta2 que como sabe usted ha estado ya ahí y los señores estaban contentos con ella, según me parece. Pero no nos hemos resuelto del todo a enviarla sin saber antes el parecer de usted, a quien suplico humildemente nos lo dé a conocer lo más pronto que pueda, para así poder enviar a las Hermanas sin más dilación. Tenga usted en cuenta, por favor, que esto presupone para nosotros sacar de ahí a Sor Cecilia,3 lo que nos será menos difícil por estar otra ya al corriente de la manera de servir a los enfermos y de cómo dar satisfacción a esos buenos señores.
Si hubiera tenido el honor de ver a su señor sobrino, le habría suplicado que le asegurara a usted que nuestras Hermanas le llevarán los métodos que ha pedido usted al señor Vicente, quien tan pronto como supo su deseo, mandó le sacaran copias. No duda usted, señor, del cariño que ha puesto en darle esa satisfacción como tampoco de su gratitud por la caridad que tiene usted con nuestras queridas Hermanas, de la que sólo Nuestro Señor puede ser su recompensa; y nosotras estamos obligadas a pedirle continúe derramando sus santas gracias sobre todos los trabajos que desempeña usted, a mayor gloria suya y cumplimiento de sus santos designios sobre su apreciada persona, de quien soy, en su santísimo amor, señor, muy humilde y obediente hija y servidora.
P D. Si dispusiera de un poco más de tiempo, escribiría al señor Ratier para manifestarle mi humilde gratitud.







