Hoy, 27 de diciembre (1654)1
Señor:
Si no me vale su caridad ante el Sr. Obispo de Angers, tengo muchos motivos para temer que esté descontento por nuestra tardanza en complacer su deseo acerca del hospital de los pobres Recluidos. Es verdad que no me he comprometido a enviar hermanas sino lo más pronto que nos fuera posible, pero sin embargo tengo gran disgusto de estar difiriéndolo tanto debido a circunstancias que no podíamos prever. Hágame el favor, señor, de asegurarle que sólo una completa imposibilidad está causando este retraso y que de buena gana faltaría yo a compromisos con otras muchas personas para prestarle a él el deber de mi obediencia.
Tenemos mucha dificultad, después de las guerras, en encontrar jóvenes que puedan servir para nuestros ministerios, y se ha dado el caso de varias que, después de haberse formado, se dejan llevar de su propio interés y salen de la Compañía para tener más libertad. Hace ya unos años que esto nos ha creado una gran necesidad, habiendo aumentado las peticiones que se hacen a la Compañía por habérseles renovado el recuerdo a varias personas con las que hace ya mucho nos habíamos comprometido. Puedo asegurarle, señor, que al presente no quedan en casa más que tres antiguas para ayudar a la formación y que todas las demás son nuevas o muy delicadas de salud. No hace mucho hemos enterrado a dos. Juzgue usted, señor, lo que podemos hacer y permítame que agradezca humildemente a su caridad el que continúe ejercitándose con nuestras Hermanas.
Me parece sería muy necesario que nuestra Sor Cecilia2 se olvidase de sus satisfacciones para proporcionar cuantas más pudiera a nuestras Hermanas. Por lo que se refiere al confesor de éstas, creo, señor, que ella le deja entera libertad para la elección que su caridad tenga a bien hacer, sabiendo que tiene usted suficiente bondad como para escuchar sus razones si tuviera alguna que exponerle. Lo que me mueve a hablarle de esta forma, señor, es que creo que la pequeña desavenencia de nuestra Sor Isabel3 procedía de ahí. Me parece, sin embargo, que después de haber hecho los Ejercicios, la dificultad entre una y otra ha disminuido, a lo que no ha contribuido poco el señor Ratier. Ruego a Nuestro Señor se haga El mismo nuestro agradecimiento, y en su santísimo amor, soy, señor, su muy humilde y obediente servidora.







