Hija de la Caridad, sierva de los Pobres enfermos
Nantes
Hoy, 1 a de junio (1649)1
Mi querida hermana:
He leído su carta y visto el consejo que ha pedido usted al señor Abad de Vaux acerca de la incertidumbre en que se encontraba. Ya sabe que no debe usted faltar nunca en seguir las órdenes de nuestro muy Honorable Padre; sea firme y constante en ello y no se deje convencer por el atractivo de la satisfacción que pueda sentir el espíritu en hacer lo contrario. No me dice usted a quién había entregado sus reglamentos, lo que ha hecho imposible dárselos al señor Obispo de Nantes, quien ya había visto en otra ocasión la vivienda de nuestras Hermanas a la que encontraba objeciones que hacer; aunque no así a la forma de vida y de dirección de nuestro establecimiento, que conocía, y de la que habíamos dado total conocimiento a su Vicario General. Siento no haber dado total conocimiento a los señores Padres antes de la llegada de nuestras hermanas.2 Me alegro de que se hayan detenido en Ponts-de-Cé. Supongo habrá hecho marchar ya a la joven de Saint Méen,3 pero si así no fuere, le ruego que no sea carga para nadie. Si no tuviera dinero, pida usted prestado y nosotros lo devolveremos aquí o en otra parte. Salude en mi nombre a todas nuestras Hermanas y dígales que les recomiendo se acuerden siempre de las enseñanzas del señor Vicente, sobre todo, la tolerancia y la cordialidad para honrar la unidad de la divinidad en la diversidad de personas de la Santísima Trinidad, en cuyo amor, querida hermana, soy su muy humilde y obediente servidora.







