Angers
Hoy, 12 de junio (1647)
Señor:
Espero que la divina Providencia haya permitido lleguen nuestras dos Hermanas1 con el tiempo necesario para hacer (ver) a las culpables que el señor Vicente las mandaba venir. Suplico a su divina bondad haya llevado felizmente a término este asunto.2 Sentiría, señor, honda pena por el trabajo que nuestras pobres Hermanas le ocasionan y por las pocas satisfacciones que recibe usted a cambio de tanta bondad como ha puesto siempre para su adelanto en la virtud, si no fuera porque me parece tan evidente que es Dios quien le ha encomendado ese trabajo, que no me atrevo ni a pedirle excusas.¿Qué habríamos hecho si las disposiciones de Dios no hubieran permitido que llegara usted tan a tiempo? Su santo Nombre sea bendito por siempre, así como por haberle inspirado que retrasara la partida de las dos Hermanas,3 a las que deseo ver pronto de vuelta. Espero de la bondad de Dios que haga conocer a las demás la falta que han cometido al resistir.a las órdenes de usted, y por ello pido a usted perdón. Necesitan una buena humillación. ¿No es de temer, señor, que sean recelosas y desconfiadas e indiscretas hasta dejar ver esos sentimientos a aquellas de quienes sospechen, y que causaría un mal mayor? Porque si bien no llego a admitir que Sor Petrita4 esté exenta de las faltas de que se la acusa, no obstante me cuesta trabajo creer que su intención haya sido la de abrir brecha, por poco que sea, en su reputación. Es muy enojoso que existan en la casa personas a las que haya que temer.
Le agradezco humildemente, señor, el aviso que se ha servido darme del retraso de la partida de nuestras Hermanas, por la que estaba muy preocupada, puesto que Sor Magdalena nos había dicho que habían salido ya. Me figuraba que su severidad había contribuido a ese rápido retorno. Es para mí una gran tranquilidad y un gran consuelo saber que Dios volverá todo al orden por medio de su caridad, de quien soy, en su santísimo amor, señor, su muy obediente y humilde servidora.
- Probablemente, llegada de Margarita Moreau (ver C. 317 n. 3) y Nicolasa.
- La lectura de la carta anterior y de ésta permite deducir que el señor Abad de Vaux hizo retrasar la marcha de las dos Hermanas que, parte por voluntad propia. parte por decisión poco ponderada de Sor Magdalena Mongert–probablemente cansada por la conducta de dichas Hermanas y acaso empujada por las demás– disponíanse a regresar a París. La llegada, entre tanto, de las otras dos enviadas por los Superiores hacía posible transmitir la orden del señor Vicente, con lo que el asunto no aparecía como una desobediencia consumada (N.d.l.T.).
- La partida de Petra, de Sedan, y de María Marta Trumeau (ver C. 72 n. 4).
- Petra, de Sedan, que había llegado a Angers en julio de 1646. Regresaba a París, como vemos, en junio de 1647, dejó la Compañía en julio siguiente (véase SVP, lll, 212; Síg. lll, 190).







