Luisa de Marillac, Carta 0180: Al señor Abad de Vaux

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Author: Luisa de Marillac .
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Hoy, 27 de noviembre de 1646

Señor:

Estoy segura de que el señor Vicente no dejará de atender el deseo de esos señores Padres1 en todo lo que pueda. Ya conoce usted su caridad; en cuanto a mi, me vería muy atada si tuviera que actuar en este asunto que me parece de gran importancia; todo lo que podría decir a los que tienen en él algún poder sería que es necesario realizarlo con madura deliberación. Es cierto que ese señor, uno de los Padres que se encuentra aquí, me ha hecho el honor de hablarme de ello, y para decirle la verdad, me parece que va por buen camino habiéndome (manifestado) que no quieren buscar en todo esto más que la voluntad de Dios, y que para reconocerla, habían empezado por orar y pedir oraciones con tal intención. Esto es todo lo que me ha dicho y yo nada más, porque me parece que no debo de ningún modo inmiscuirme; y por lo que se refiere a interés de usted, no lo veo en manera alguna, pero aunque hubiera de verlo, creo que con la ayuda de Dios no diría otra cosa.

Le agradezco muy humildemente, señor, que continúe usted sus bondades con nosotras. Las considero como otros tantos favores de la divina Providencia hacia nosotras, y en ella tengo puesta toda nuestra seguridad. Me han dicho de Nantes que el buen señor Dom Morisse está pasando mucho por haber decidido vivir en el hospital, y temo que los respetos humanos impidan su perseverancia. Nuestras pobres Hermanas saldrían perdiendo mucho con ello; algunas ya me han escrito su gran satisfacción (por tenerlo allí). También nuestra Sor Magdalena2 me ha hablado de algunas dificultades de una de nuestras Hermanas, que podía resultar de mal ejemplo para las demás y hasta contagiarse; además, parece que demuestra deseos de volver a su tierra, que no está lejos. Le he dicho a Sor Magdalena que le hable a usted, señor, y que le diga que el parecer del señor Vicente es de que se retire, con las condiciones que digo a dicha hermana y que ella le comunicará. Quizá este ejemplo sirva a las demás. De todas nuestras Hermanas procedentes de Angers, no ha salido más que Sor Petrita, que habló con usted en su último viaje aquí, y ésta está haciendo todo lo que puede para volver a ingresar, hasta estaría dispuesta, según dice, a ir a arrojarse a los pies de la Reina. De las tres últimas venidas, ha salido una llamada Juana, que ha querido retirarse a causa de sus enfermedades, sin que yo haya podido disuadirla. Ya ha servido en dos o tres sitios, y nuestras Hermanas la atienden. Otra3 que había venido con la primera que salió, ha fallecido hace poco en el hospital de San Dionisio; las demás están bastante bien, excepto la última que está pagando su tributo a la atmósfera de los enfermos y de París con una fiebre que espero no sea de importancia. Mucho me gustaría que la señorita Gonain4 se quedara conforme con lo que usted le diga, y deseo de todo corazón que Dios bendiga los avisos que su caridad dé a las jóvenes que deseen entregarse a su servicio entre nosotras. En su santo Amor, soy, señor, su muy obediente y humilde hija.

  1. Los Administradores del Hospital.
  2. Magdalena Mongert (ver C. 42, n. 1).
  3. Maturina (ver carta anterior).
  4. María Gonain. Se decidió su readmisión en el Consejo de 25 de octubre de 1646 (SVP, Xlll, 618; Síg., X, 754). Parece que se quedó por su tierra, sirviendo a los Pobres enfermos.

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