Hoy, 19 de julio (1646)
Señor:
Le agradezco rendidamente las buenas noticias que se ha tomado usted la molestia de darme de nuestras Hermanas. Mucho desearía que pudiéramos atender su Hospital de «Recluidos»; pero no puedo señor darle todavía ninguna contestación ya que no he podido hablar de ello con el señor Vicente. Hasta ayer no supe que el asunto del beneficio1 sobre el que me ha hecho usted el honor de escribirme, no está todavía concluido a causa del gran número de asuntos que se han acumulado porque hace cerca de un mes que no se celebra el consejo. De todas formas, no sé si la adjunta carta que acabo de recibir le dará a usted otras noticias.
Alabo a Dios con todo mi corazón por el mejor estado de salud en que se encuentra la señorita María; quizá la divina Providencia la destina para servir a Dios dando buen ejemplo en su tierra natal.2 Si tiene el mismo designio sobre usted, como será para algo extraordinario, espero que continuará otorgándole las gracias extraordinarias de que hasta aquí le ha colmado. Suplico por ello a su bondad, señor, que le haga conocer verdaderamente su santísima Voluntad, y le ruego a usted me dé parte en sus santas oraciones y sacrificios, teniéndome, en el amor de Jesús Crucificado, por su muy obediente v humilde servidora.







