Hoy, 28 de octubre de 1645
Señor:
Aunque tengo motivos para creer que no se encuentra usted en Angers o que, de estar, sus santas ocupaciones le tienen más embebido que de ordinario dado que no he tenido el honor de recibir noticias suyas desde su partida de París, no dejaré de suplicarle muy humildemente se digne seguir prestándonos los caritativos cuidados de los que ya sabe tenemos gran necesidad, no sólo por lo que a mí en particular se refiere, sino también a nuestras hermanas del Hospital. A cada correo recibo noticias de ellas diciéndome siempre que hay alguna enferma y algún reproche de los Padres Administradores; lo que me hace pensar que no están contentos con ellas.
Le suplico humildemente se tome la molestia de decirme si tiene usted conocimiento de ello y de pensar en los medios de poner orden. Escribo a esos señores, sin hablarles sin embargo de este contratiempo, sino con el fin de darles ocasión de que me dirijan sus quejas si las tienen. Me parece, señor, que la región de Anjou va a tenerle a usted más tiempo que París, a lo que no tengo nada que objetar si considero el interés de la gloria de Dios; pero, por amor suyo, hágame la caridad de pedirle misericordia para mí y para una persona1 que me toca de cerca, respecto a la cual tengo muy grande aflicción por una serie de motivos humanos y más aún por temor de su salvación; y como, en apariencia al menos, se trata de un mal irremediable, es necesario que sea el poder de Dios quien opere la curación; por eso es por lo que recurro a su caridad, de la que soy en su santo amor su humilde hija v obediente servidora.







