Luisa de Marillac, Carta 0124: A mi querida Sor Magdalena

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Luisa de MarillacLeave a Comment

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Hija de la Caridad sierva de los pobres enfermos en el Hospital de Angers

Hoy, 16 de marzo de 1645

Mi querida Hermana:

Estamos muy preocupados por el estado de Sor Francisca Clara1 que, según ha dicho el señor Ratier al señor Abad de Vaux, se halla en peligro ce muerte. ¡Dios mío!, querida Hermana, se la recomiendo con todo mi corazón; consuélela y ayúdela a hacer buen uso de la gracia que Dios le depara de poder sufrir algo por su amor y servicio. También le suplico, querida Hermana, que advierta a todas nuestras Hermanas que han de trabajar por deshacerse de todo sentimentalismo espiritual, y para ello tienen que saber superarse cuando a veces Dios quiere probarlas, por ejemplo permitiendo que la tentación se apodere de su debilidad y timidez haciendo que encuentren dificultades en comunicarse con la persona que tienen la suerte de tener por Director. Asegúreles que cuando hayan logrado vencerse una o dos veces en este punto, esa pequeña lucha les atraerá muchas gracias de Dios con miras a su perfección.

No es que no puedan de vez en cuando pedir un confesor extraordinario, pero más bien raras veces, con poca frecuencia en el año. Nuestro muy Honorable Padre nos advirtió en su última conferencia el peligro que hay en dar oídos a esos pasatiempos2. Le he hablado del deseo de esos buenos señores de tener Hermanas en Beaufort. Le aseguro, Hermana, que por el momento no podemos, y no creo que hubiera bastante con dos para todo el trabajo que allí tendrían. En poco tiempo hemos tenido que dar seis Hermanas a tres pueblos, y hay que enviar otras tres o cuatro a un Hospital3 próximo de aquí, en el que no creo pasen nunca de diez los enfermos.

Me parece que sería necesario que Sor Cecilia4 se purgase. Le recomiendo, a usted y a todas nuestras Hermanas, la cordialidad y la tolerancia, tan necesarias para vivir en la unión de las perfectas Hijas de la Caridad, la dulzura y santo afecto con sus pobres y la modestia y reserva en todas sus acciones, la obediencia a los señores Administradores. Ruego a Dios con todo mi corazón les dé su más preciadas bendiciones y soy en su santísimo amor, de todas mis queridas Hermanas, su muy humilde hermana y servidora.

P. D. Todas nuestras Hermanas las saludan; gracias a Dios, todas estamos con bastante buena salud.

Una de nuestras Hermanas venida de Sedan para formar parte de nuestra Compañía, ha fallecido momentos después de recibir la Extremaunción: es Sor María, la alta; y nuestra Sor María Gonain5 ha estado muy grave, aún le quedan algunas reliquias enojosas; ésta es aquella buena señorita que trajo consigo Sor Turgis; la encomiendo a sus oraciones. Si Sor Cecilia se resiente del mal de piedra, le vendrá bien el agua un poco fuerte. Adiós, queridas Hermanas.

  1. Francisca Clara (ver C. 119 n. 5).
  2. Esta conferencia se ha perdido porque se conservan, de 1645, sólo dos conferencias anteriores a la fecha de esta carta y en ninguna de ellas se encuentran esas palabras de San Vicente (Nota del P Castañares a esta carta).
  3. En Saint-Denis.
  4. Cecilia Angiboust (ver C. 36 n. 2).
  5. María Gonain (ver C. 134 n. 2).

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