Hermana de la Caridad que sirve a los pobres enfermos en el Hospital de San Juan, de Angers1
(hacia junio de 1642)2
Muy querida Hermana:
La compadezco en la pena que sé sufre usted con sus decaimientos de espíritu y su tristeza; espero que interiormente hará buen uso de ellos y le pido a Dios de todo corazón le conceda esa gracia. Quisiera, querida Hermana, que pudiera usted comunicármelos así como los pensamientos que suscitan en usted, y trataría de ayudarla porque quizá tenga yo iguales trabajos. Le ruego intente distraerse de ellos más bien que fomentarlos; nuestro enemigo mortal, que es el diablo, aprovecha con frecuencia esas ocasiones para sugerirnos esos desdichados pensamientos y su fin principal es el de desalentarnos, sin que lo sospechemos, en el servicio de Dios, más especialmente para impedirnos que perseveremos en nuestras buenas resoluciones y su maldad llega hasta procurar hacernos perder nuestra vocación, que es lo que más tenemos que temer y lo más peligroso para nuestra salvación. Por eso, querida Hermana, le aconsejo que se esfuerce lo más que pueda en superar tan enojosa tentación pidiendo al Espíritu Santo el gozo, que es uno de sus siete dones, estando lo más ocupada que pueda, dedicándose a la práctica exacta de sus reglas, y, sobre todo, teniendo una confianza grande y cordial en los consejos de nuestro buen señor Abad3 y en nuestra buena Sor Magdalena4, a la que no escribo en esta ocasión, pero sí la saludo de corazón, juntamente con todas nuestras Hermanas.
Les ruego que se amen ustedes unas a otras y que tengan gran cuidado tanto de los enfermos del hospital como de ustedes mismas en particular. Compadezco a nuestra buena Sor María Marta5 y espero que se enardezca en el amor de Dios con el ardor de la fiebre, y a mi buena sor Clemencia6, a quien escribiré el próximo día. Buenos días, queridas Hermanas, soy toda de ustedes, en el amor de Jesús Crucificado. Su afectísima hermana y servidora.
P.D. Todas ustedes, queridas Hermanas, den gracias a Dios por nosotras por la merced que nos ha concedido de preservarnos en la víspera de Pentecostés, cuando el piso de nuestra habitación7 se hundió y tuvimos Justo el tiempo de alejarnos a unos cuatro pasos.
- Claudia Brígida, (ver C. 65, n. 1). La expresión «primera» tiene por objeto distinguir a las diversas Hermanas del mismo nombre (Claudia). Luisa de Marillac suele emplear poco los apellidos.
- C. 72 Rc 3 It 102. Carta autógrafa.
- El Abad de Vaux, (ver C. 16, n. 1).
- Magdalena Mongert, Hermana Sirviente, (ver C. 42, n. 1).
- María Marta Trumeau, llegada a Angers en marzo de 1640; regresó a París en junio de 1647; en 1648, la encontramos sirviendo a los pobres en la Parroquia de San Pablo; en 1653, es nombrada Hermana Sirviente de la Comunidad de Nantes, en donde permaneció dos años. El 31 de julio de 1656 es enviada a misión a La Fere. En septiembre de 1658, Luisa de Marillac la llama para el establecimiento de Cahors.
- Clemencia Perré (ver C. 40, n. 1).
- Se rompió una viga. Luisa de Marillac quedó muy impresionada por este accidente. Ver carta n.° 128, y Sig, IX, I, p. 87; Conf. Esp. n. 133.







