Casa de Expósitos1, 3 de octubre de 1640
Señor:
Me ha contrariado mucho que Sor Turgis haya dejado ahí a esa joven. Yo le había dicho que no se detuviera por los gastos del viaje si no había más inconveniente que ese. Si se presenta ocasión de enviarla, la recibiremos con gusto, como igualmente a la otra de quien su caridad me hace el honor de hablarme. El Bienaventurado Monseñor de Sales no prohibió a esas pobres criaturas la entrada en su Orden, me refiero a la de sus amadas Hijas; por eso, estaríamos nosotros en un error al no recibirlas. Siento mucho haber tardado tanto tiempo en enviar el reloj, pero me parece, señor, que lo había dejado por completo a su voluntad si quería usted disponer de él, como también de todo cuanto se refiera a la dirección de las Hermanas, que tanto tienen que agradecerle, y yo con ellas, por todo lo que su caridad ha beneficiado a mi miseria. Es usted, señor, quien con su caritativa solicitud, las conduce, con la gracia de Dios, a la práctica del desprendimiento que ha podido usted apreciar en ellas con motivo de esta separación. Ya ve usted, señor, la necesidad que tienen de su ayuda para cumplir la santísima voluntad de Dios, la cual parece ser que Sor Isabel2 permanezca en Angers, ya que su bondad le ha devuelto la salud, y sólo por ese motivo le proponíamos sacarla de ahí.
Empezaba yo a temer que estuviese usted enfermo y me había decidido a escribir a su señora hermana3 para tener noticias más seguras de usted. ¡Dios sea bendito de que éstas sean buenas! y El nos conceda la gracia de conservarle para su gloria y amor, en el que soy, señor, su muy obediente hija y servidora.







