La carta Encíclica de Benedicto XVI “Deus Caritas Est” y su recepción en África

Francisco Javier Fernández ChentoFormación CristianaLeave a Comment

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Author: Yosief Zeracristos, C.M. · Translator: Rubén Torres Jr.. · Year of first publication: 2006 · Source: Vincentiana, Enero-Abril 2006.
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Premisa

Todos sabemos quién era Juan Pablo II y conocemos su impacto e influencia sobre el camino de la fe de mucha gente: laicos y religio­sos, creyentes y no creyentes. Él era una figura sorprendente, un padre atractivo y amable. Un padre para todos los hombres y muje­res, y especialmente, un padre y líder para la juventud.

Desde la elección del Papa Benedicto XVI, el 19 de abril de 2005, muchos individuos y grupos se han estado cuestionando ¿qué va a pasar y cómo va a ser su papado? ¿Qué va a significar para nosotros, como individuos y grupos? ¿Qué influencia e impacto tendrá este reconocido y brillante teólogo, tímido, humilde hombre de Dios Józef Ratzinger, ahora Papa Benedicto XVI en nuestra Iglesia y en la socie­dad del mundo entero? Estas eran las inquietudes de muchas perso­nas, al menos eso creo. La mayoría de estas inquietudes destacan sobre el telón de fondo del legado que dejó el Papa Juan Pablo II. Interpretando el sentir de muchos africanos, cuando todas las cere­monias habían terminado, millones de ellos estaban esperando que un Papa de raza negra apareciera por el balcón de la Basílica de San Pedro. Pero simplemente no pasó porque el tiempo todavía no lo permite o no es la voluntad de Dios, cabe mencionar que los africa­nos no están descontentos por la elección de Benedicto XVI, al con­trario consideran que Él es el designado (Providencia de Dios). Lo que viene del Señor siempre es bueno para la Iglesia y para nuestra sociedad.

I. Esperanzas y deseos de los africanos hacia el Papado de Benedicto XVI

¿Cuáles son las esperanzas de nosotros los africanos en referen­cia al papado de Benedicto XVI?1 ¿Y qué relación tiene la primera carta Encíclica de Benedicto XVI con nuestras esperanzas y deseos? ¿Cómo comprender esta carta Encíclica, sencilla y teológicamente profunda?

Primero que nada, déjenme clarificar que la verdadera preocupa­ción o el reto, no es lo que el papado de Benedicto hará en favor de nuestro continente, sino qué forma va a tomar la guía de la Iglesia Católica en África para crear las condiciones necesarias para un cam­bio modélico en todos los frentes. Todos recordamos que cuando el Papa Juan Pablo II llegó a la sede de San Pedro, Roma simbólica­mente derrumbó el muro de Berlín. Después de tanto tiempo de con­flictos y divisiones, el comunismo y el apartheid, gracias a Dios, se acabaron.

El común de los ciudadanos africanos y buenos cristianos sue­ñan, aún con ojos abiertos, en ver erradicadas de su continente amado todas estas desgracias: la pobreza causada principalmente por el hombre a causa de la guerra, la parcial o totalidad dependencia de otros (o también los problemas de la auto-dependencia), la dictadura, la corrupción, las deudas inacabables, los conflictos entre tribus, la falta de respeto por la vida humana y la discriminación sexual (espe­cialmente contra las mujeres), etc. África necesita asimilar los valores cristianos para así poder transformar los suyos propios. Para poder hacer esto, necesita la voz moral de sus hijos e hijas unida a la del Papa Benedicto XVI.

Por otra parte, la Iglesia Católica africana necesita de la voz pro­vocadora y fuerte del Papa, de su apoyo y de su inspiración para lograr: fortaleza y una cultura integrada a la fe en Cristo; modificar la cultura africana a través de la persona de Cristo; tener un clero muy bien formado, con un comportamiento moral sólido, unido a un firme testimonio de vida. Lo que necesita nuestra Iglesia, creo yo, es tener una clara conciencia de Cristo y una aceptación radical de sus enseñanzas. En muchos de los casos nos damos cuenta de que no es fe católica la que guía nuestro comportamiento moral sino la tradi­ción y costumbres de nuestros ancestros. Por eso, la Iglesia de África y especialmente su clero, necesitan definir claramente su vocación, su identidad cristiana y sus formas de vida como cristianos. La amistad radical con Jesús, por tanto, es necesaria para la Iglesia de África, sin ninguna sombra de duda, en cuanto a su vida de fe, celi­bato o tribalismo (ésta última, una estrecha y muy limitada manera de ver las cosas). La Iglesia africana y su clero necesitan luchar con­tra estas limitaciones, tratando de superarlas, con la ayuda de Dios, y el apoyo explícito del Vicario de Cristo, Benedicto XVI.

II. ¿Responde la «Deus Caritas est» a las expectativas y los retos de la Iglesia en África?

El Papa Benedicto XVI quiere recordarnos que Dios es Amor, así como Juan el evangelista lo hizo. Juan presenta a Dios como amor en un mundo lleno de conflictos; esto mismo hace el Santo Padre. Yo diría que el Papa ha elegido un titulo significativo en el corazón de la fe católica: Dios es Amor. Él cree que la revolución más poderosa es creer en el Amor-Poder de Dios, como los apóstoles hicieron. Si noso­tros creemos en el Amor, ésta es la respuesta a nuestros interrogantes y, definitivamente podremos enfrentar los retos. Como resultado, yo personalmente tengo una clara impresión de que la carta Encíclica es la respuesta perfecta a todas nuestras expectativas. La segunda parte de esta Encíclica se refiere al amor efectivo. Es un recordatorio y una clara indicación del camino que la Iglesia Católica debe tomar. «Dios es Amor», la Iglesia es la familia de Dios, y por esa razón, comunión en el Amor. San Agustín lo expresó claramente: «Si ves la caridad, entonces ves a la Trinidad» (cf., DCE, 19). Amor y caridad hacia todos como en la parábola del Buen Samaritano, dice el Papa, pero también a nuestros hermanos en la fe (Gal 6,10). Cada uno de los fieles y la comunidad eclesial en su totalidad, cada cual a su nivel, tiene la responsabilidad de amar a su prójimo. Siguiendo las huellas de San Vicente, el Santo Padre nos recuerda que el amor debe de ser organizado si ha de ser un servicio a la comunidad. El Papa justa­mente nos recuerda que la naturaleza de la iglesia se expresa en el hecho de ser koinonia, kerigma/liturgia y diaconia.

La Iglesia es la familia de Dios en la tierra. Y esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero, al mismo tiempo, la caritas-ágape supera los confines de la Igle­sia; la parábola del Buen Samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se di­rige hacia el necesitado encontrado «casualmente» (Lc. 10,31), quienquiera que sea… (DCE, 25).

Esta carta Encíclica nos exhorta, como lo hace la Iglesia Católica universal, a estar comprometidos y trabajar por la justicia:

«… el empeño por el orden justo del Estado y la sociedad, por un lado, y, por otro, la actividad caritativa organizada. Ya se ha dicho que el establecimiento de estructuras justas no es un cometido inmediato de la Iglesia, sino que pertenece a la esfera de la política, es decir, de la razón auto responsable. En esto, la tarea de la Iglesia es mediata, ya que le corresponde contri­buir a la purificación de la razón y reavivar las fuerzas mora­les, sin lo cual no se instauran estructuras justas, ni éstas pueden ser operativas a largo plazo» (DCE, 29).

El Papa nos advierte que la actividad caritativa debe ser indepen­diente de partidos e ideologías. La segunda parte de la carta Encí­clica trata de diversos aspectos que yo considero retos para nuestro modo de llevar a cabo la acción caritativa. Es obvio que esto no está dirigido directa o particularmente a la Iglesia africana, pero sí es un reto mayor para nosotros que para todas las demás. Para el Santo Padre, el amor verdadero, basado en el himno de Pablo a la Caridad/ Amor en 1 Corintios 13, el cual él mismo considera una síntesis de su Encíclica, transforma igualmente a los individuos y a la sociedad. Si los africanos creyeran en un Dios-Amor y actuaran en conformidad con esto, no habría:

  • pobreza causada por la guerra, o un orden social injusto y falta de respeto a la vida;
  • abusos o el uso indebido de la autoridad o dictaduras, gran enfermedad de tantas naciones africanas, a cuyos gobernantes los ciega el dinero y el poder;
  • corrupción, bajo amor propio (amor propre); − conflictos entre tribus y discriminación;
  • abusos sexuales o discriminación, especialmente contra la mujer, y muchos temas más.

«Deus Caritase est» es también un reto a la Iglesia africana a ser:

  • eficiente y transparente: el Papa aboga por transparencia y efectividad en las actividades de caridad. Él nos recuer­da servir a los pobres fielmente, así como Vicente nos hubiera dicho hoy en día, como la Familia Vicentina;
  • Motivado por un amor y servicio cristianos para enfrentar al paganismo: el Santo Padre menciona a Juliano el após­tata para decirnos una simple pero gran verdad: el amor y el servicio cristiano verdaderos son siempre desafíos a un mundo secular o pagano y son las mejores formas de evangelizar. La Iglesia africana, como la universal, está llamada a mantener un equilibrio entre el activismo y des­aliento ante las difíciles tareas que tiene que desempeñar, y la vida de oración. El mensaje más importante del Santo Padre parece ser: ¡Queridos fieles y clero de África, per­manezcan en al amor, porque el amor y el servicio a Cristo es su verdadera vocación!

Todo el mundo sabe que África está llena de tantos y enormes problemas que sería difícil enumerarlos todos. Pero el Papa nos ofrece una clave a nuestros desafíos: Amor. «El amor de Cristo nos apremia» (2 Cor 5,14). Todos sabemos que el amor nunca falla. Por tanto, como nos dice el Papa, tenemos que creer seriamente y estar siempre unidos al Dios-Amor, orar fervientemente como María la Madre de Dios lo hizo.

  1. Recapacitando yo mismo como africano, será difícil hablar por todos ellos. Después de todo, África no es un pueblito, tampoco un país, sino un extenso continente con variedad de esperanzas y expectativas. Por eso, el lector de este artículo debe estar advertido de sus limitaciones. Yo soy un vicentino eritreo y, hablando de mis compatriotas africanos, no tengo nin­guna pretensión, sino simplemente pongo mis pensamientos personales aquí y no represento a ninguno de mis compatriotas africanos.

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