OBJETIVO: Realizar un estudio de la situación actual de la familia, para conocer su realidad y así poder incidir más efectivamente desde las pastorales parroquiales.
1.- Introducción
Con este trabajo pretendo hacer un acercamiento para analizar la realidad familiar de nuestras parroquias, con el ánimo de buscar líneas de actuación y respuestas a las necesidades que estamos viendo que tienen las familias de nuestro alrededor.
En el ánimo de todos los que estamos en esta tarea está colaborar para, por una parte paliar los daños que algunas situaciones familiares están provocando en sus miembros, tanto adultos como jóvenes o por otra prevenir dichas situaciones.
La realidad actual de las familias que nos rodean es muy compleja y necesita de agentes preparados con programas muy especializados y que no siempre consiguen los objetivos que pretenden.
Me he ayudado para confeccionar este documento entre otros de la revista nº 228 (marzo – abril 2009) «avivir» que publica el Teléfono de la Esperanza, donde artículos de Herminio Otero, Alejandro Rocamora Bonilla y José Luis Rozalén, hacen un estudio muy realista de la situación actual.
2.- Breve historia de la institución familiar
El hombre es un ser social por naturaleza, prueba de ello es que a lo largo de la historia nunca ha vivido solo, siempre ha pertenecido a algún tipo de comunidad. Esta organización social no ha permanecido estable a lo largo de los tiempos.
Desde la prehistórica hasta nuestros días la familia no ha desaparecido en ninguna ocasión, si ha ido experimentando diversas transformaciones, lo que nos viene a demostrar que ésta institución es indispensable para el desarrollo humano aunque su estructura ha ido cambiando para adaptarse a los tiempos y a la complejidad de la sociedad.
Desde tiempos remotos el hombre ha tenido que agruparse para satisfacer sus necesidades vitales: alimento, protección. El trabajo colectivo servía para repartir responsabilidades, de esa manera facilitaban sus tareas, además de las ventajas que tenía compartir espacios mutuos.
Y así ha habido diversas formas de organización: Horda, clanes, tribus, familia poligámica, familia monogámica, matriarcado, etc.
Para concluir podríamos decir que «Las normas de la familia pueden ser distintas en cada caso, y los valores, diferentes, lo mismo que las estructuras sociales que la sustenten, pero la organización de la sociedad en familias es prácticamente universal.
3.- Concepto de familia
Según los expertos la familia es un grupo de personas unidas por vínculos afectivos, de sangre, legales, económicos y de convivencia. Este grupo cumple una serie de funciones fundamentales para la supervivencia de sus miembros y de la sociedad.
Centrándonos en nuestra cultura europeo-mediterránea de principios del siglo XXI se considera familia al núcleo formado por una pareja estable o por un adulto que conviven con sus hijos y que se configura por lazos fundamentalmente afectivos y de convivencia.
El artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1949) establece que «la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del estado». O sea, que todo el mundo tiene derecho a tener y formar una familia.
4.- ¿La familia, en crisis?
Los últimos 30 años han estado marcados por una visión cada vez más catastrofista de la realidad familiar, sometida a una crisis, que según algunos expertos y algunos medios de comunicación la llevará a la destrucción. Frente a estas ideas surgen otras más positivas: La familia actual vive una fase de replanteamiento y adaptación de los modelos familiares, de la que puede salir fortalecida y renovada, como ha sucedido en otras ocasiones a lo largo de la historia y de las diversas culturas.
Viendo a diversos autores podríamos analizar los factores que han provocado estos cambios a los que se está viendo sometida la institución familiar:
- Emigración que ha habido desde las zonas rurales hacia las grandes ciudades o centros urbanos de la época industrial.
- Si en Europa los cambios se produjeron progresivamente tras las II Guerra Mundial. En España tuvo lugar a raíz de los cambios políticos, económicos y sociales que hubieron en la transición democrática y que según la profesora Ana Berástegui fueron:
- Cambios legislativos derivados de la Constitución: Igualdad de hombre y mujer, igualdad de todos los hijos frente a la ley, la despenalización sexual (adulterio, Ley del divorcio, homosexualidad…) permitieron regular muchas situaciones de hecho, pero se creó un ambiente de fragilidad. Salieron a la luz diversos colectivos sociales que reclamaron el derecho de ser legitimados como familia.
- Secularización de la sociedad: La familia católica dejó de ser la única legal y moralmente aceptable y se convirtió en una más de las formas de ser familia.
- Cambio en el valor de la sexualidad: Desaparición del concepto sexo-matrimonio-procreación.
- Influencia de los avances científicos:
- La revolución de los electrodomésticos cambió la forma y el tiempo dedicados al trabajo doméstico.
- Los avances médicos aumentan la esperanza de vida y proporcionaron el acceso a los métodos anticonceptivos y de reproducción artificial.
- Desarrollo del estado del bienestar: La familia deja de ser una necesidad de supervivencia y se convierte en una necesidad de identidad y autorrealización.
- Cambio en los modelos económicos y de trabajo: La mujer fue entrando en el mercado laboral, a la vez que se retardaba la entrada de los jóvenes, con los consiguientes cambios en la estructura familiar:
- Ausencia de la madre.
- Permanencia de los hijos en el hogar familiar.
- El aumento de la inmigración y la progresiva apertura de nuestras leyes a la reagrupación familiar nos hace convivir con modelos familiares basados en otros valores y otras culturas, además de la pluralidad que se ha ido importando de los modelos europeos de familia, a los que tratamos de equipararnos.
- Influencia de los medios de comunicación:
- En las teleseries de máxima audiencia se alientan modelos de «familia feliz tipo» a la vez que se reflejan todo tipo de nuevas situaciones familiares, generalizándolas como si fueran comunes.
- Planteamiento de imágenes de crisis recalcando los macabros entresijos de familias desestructuradas (violencia de género, abandono de ancianos, maltrato a los niños), o amplificando situaciones particulares (confesiones televisivas de las relaciones personales) sin plantear que no son realidades comunes o necesariamente gestadas por nuestra sociedad y nuestra familia actual.
Todos estos cambios han llevado poco a poco a configurar un nuevo mapa de las familias, entendiéndose ésta en la actualidad como «toda convivencia bajo el mismo techo con ánimo de permanencia y ámbito de privacidad, sin considerar sexos, edades o existencia de parentesco legal».
Algunos datos sobre la familia:
|
CATEGORIAS |
1970 |
1991 |
2001-2003 |
| Tamaño medio de la familia |
3.8 |
3.2 |
2.9 |
| Edad media de las mujeres al primer matrimonio. |
19.7 |
23.9 |
28.6 |
| Edad media de las madres al nacimiento del primer hijo. |
20.8 |
25.3 |
29.7 |
| Porcentaje de mujeres casadas con empleo. |
21.2% |
24.4% |
36% |
| Nacimientos fuera del matrimonio. |
10.7% |
21.4% |
Según datos del Instituto Andaluz de Estadística de 2006, el 48% de los hogares malagueños estaba formado por parejas de hecho, divorciados, matrimonios homosexuales o madres solteras, lo que ya no responde a la estructura clásica de matrimonio con hijos.
En la actualidad, el concepto de familia no sólo se separa del de matrimonio, sino que se desconecta de lo que ha sido el fundamento de la institución familiar en todas las culturas: la heterosexualidad.
Con todo, la familia sigue siendo la institución social más valorada en España, donde se ha dado el paso de la «familia para sobrevivir» a la «familia para ser feliz». Nos encontramos con una familia algo desorientada que subsiste en las nuevas generaciones y trata de reorganizarse, de adaptarse a la realidad concreta en la se enmarca.
5.- Nuevos modelos de familia
Según lo anterior y lo que observamos a nuestro alrededor, nos vemos en la necesidad de ampliar el concepto, llamémosle tradicional de familia, para incluir y tener en cuenta las nuevos modelos familiares cada vez más habituales, que se consideran normales aunque no ya tradicionales:
| Familias nucleares: | Hombre y mujer, unidos en matrimonio y sus hijos. Es el más frecuente en Europa. |
| Familias nucleares simples: | Pareja unida en matrimonio, sin hijos. |
| Familias en cohabitación: | Pareja unida por lazos afectivos, pero sin vínculo legal del matrimonio. Son las «parejas de hecho», cada vez más frecuentes entre los jóvenes. |
| Hogares unipersonales: | Formados por una sola persona: soltera, separada, divorciada, viuda. |
| Familias monoparentales: | Padre o madre que no vive en pareja y al menos un hijo menor de 18 años. Puede vivir o no con otras personas (abuelos, hermanos, amigos..). En España el 7% de los hogares son monoparentales, de ellos el 90% son mujeres. |
| Familias reconstituidas: | Familia rota, después de un divorcio, se rehace con el padre o madre, que tienen a su cargo los hijos y su nuevo conyuge, que también puede tener hijos. Es ya el tercer tipo de famila más frecuente en la Unión Europea. |
| Familias con hijos adoptivos: | Son familias con hijos naturales o sin ellos, que han adoptado uno o más hijos. Pueden ser cualquiera de los tipos anteriores. |
| Familias biparentales: | Parejas del mismo sexo, que conviven solos o con hijos propios o adoptados, o concebidos a partir de métodos de fecundación artificial. |
| Familias polinucleares: | Padres o madres de familia que deben atender económicamente, además de su actual hogar, algún hogar dejado tras el divorcio o la separación, o a hijos tenidos fuera del matrimonio. |
| Familias extensas: | Abarcan tres o más generaciones y están formadas por los abuelos, los tíos y los primos. Aún existen sobretodo en ambientes rurales y perdiendo progresivamente relevancia en contextos urbanos. |
| Familias extensas amplias o familias compuestas: | Integrada por una pareja o uno de los miembros de ésta, con uno o más hijos, y por otros miembros parientes o no parientes. |
Indistintamente de los cambios importantes que ha sufrido la definición de la familia moderna, el nucleo familiar aún sigue siendo la unidad social más común y básica de cualquier sociedad.
6.- Funciones de la familia
Buceemos un poco en las funciones que se esperan de la familia, para ello veamos algunos cambios que se han ido produciendo:
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AHORA |
ANTES |
| ¿Casarse o irse a vivir juntos? | No se podía convivir antes del matrimonio |
| ¿Casarse por la Iglesia o por lo civil? | Se casaban por la Iglesia. |
| ¿Si queda embarazada antes de casarse, abortar o no? | Había que tener el niño y casarse. |
| ¿Tener hijos o no? | Esto no dependía de la voluntad de los padres |
| ¿Cuántos niños vamos a tener? | Los que Dios quiera. |
| Familia donde predomina la democracia y la libertad y donde el «dejar hacer» es la base de la convivencia.La autoridad con los hijos está más repartida entre el padre y la madre y se tiene que ganar a pulso.«Hablaré con papá/mamá y ya decidiremos lo que hacemos» | La autoridad superior, que administraba bienes, dictaba normas y proponía metas y objetivos a los hijos, era el padre.«Se lo diré a tu padre» |
| Familias lineales, hogares hotel. | Familias circulares |
Para intentar desgranar las funciones de la familia y teniendo en cuenta todos los cambios que en esta institución se están produciendo vamos a basarnos en Virginia Satir, que dice: «La familia nutridora, sana, se caracteriza porque sus miembros tienen una autoestima alta, la comunicación es directa, clara, específica y sincera, las normas son flexibles y se acomodan a la propia evolución de cada familia y por último mantiene un vínculo abierto y confiado con la sociedad que le rodea». De aquí podemos deducir que la familia:
- Es la base fundamental para el crecimiento y desarrollo personal de los individuos que la integran: Las familias estructuras producen individuos estructurados por el contrario las familias desestructuradas producen individuos desestructurados.
- Es la portadora y transmisora de valores que van a ayudar a la persona tanto a integrarse en la sociedad de una forma coherente y funcional como a colaborar en el desarrollo positivo de la misma: Alegría, generosidad, respeto, justicia, responsabilidad, esfuerzo, lealtad, solidaridad, etc.
- Está llamada a dar estabilidad emocional a los individuos que la integran, propiciando la expresión y canalización de los sentimientos con total libertad.
- Es el lugar idóneo para dar y recibir afectividad, cariño, amor en forma tanto de caricias físicas como verbales.
- Es escuela de comunicación, donde se desarrollan destrezas tan importantes, como la escucha, el diálogo, el silencio, el respeto por las ideas del otro.
- Pone normas y limites, corrige comportamientos y prepara para una vida en sociedad: A los hijos que no corrigen los padres desde el amor, cuando son niños; los corregirá la sociedad y la justicia con frialdad, cuando sean adultos.
- Propicia el desarrollo autónomo de sus miembros: repartiendo y asumiendo responsabilidades, dejando aprender haciendo, equivocándose y levantándose, ayudándose mutuamente pero anulando al otro, dejando desarrollar las potencialidades de cada uno.
- Da más importancia al «Ser» que al «Tener». Anteponiendo la persona, su desarrollo y su felicidad por encima del mero materialismo consumista.
- Es transmisora de la fe, lugar ideal para impulsar en el individuo la trascendencia, el sentido de la vida, el compartir con los más necesitados y a celebrar junto con otras familias el amor de Dios que nos lleva a la entrega personal para conseguir un mundo mejor.
La familia sana psíquicamente no es sinónimo de ausencia de problemas, sino que el bienestar familiar se produce cuando se ha conseguido armonizar a todos sus elementos, respetando sus posibilidades y también sus limitaciones, pero sin olvidar las exigencias del propio grupo. Es en este difícil equilibrio entre las necesidades del individuo y del colectivo donde puede florecer la salud mental de todos los componentes de la familia.
La familia no será feliz si no consigue crear un clima de amor y seguridad, que posibilite crecer a los pequeños y robustecer las estructuras más sanas de los padres.
Algunas claves que pueden ayudar a crear un clima de felicidad en las familias, siempre y cuando estén cubiertas las necesidades primarias, podrían ser:
- Saber escuchar: Padres e hijos deben saber escuchar. La familia sana es aquella que permite decir todo lo que siente y está preparada para recibir, sin descalificaciones, las opiniones de los demás. No hablamos de saber escuchar solamente los mensajes orales de todos sus miembros, sino también saber escuchar los sentimientos y percibir los estados de ánimo de cada uno de ellos.
El niño debe vivir en un ambiente donde todo se pueda decir y expresar aunque sea negativo: el rencor, el odio, la envidia, etc. Lo patológico no es tener esos sentimientos, sino el no poder expresarlos: sentir no es malo; lo malo es tener que ocultar o reprimir esos sentimientos. - Dialogar casi siempre va unido a negociar: Hay que renunciar a algo para que los demás ofrezcan algo.
- Saber adaptarse a las nuevas situaciones familiares: La familia como tal es una unidad dinámica y cambiante (salen y entran nuevos miembros, crecen unos, envejecen otros…), por lo tanto todos sus miembros (padres e hijos) deberán hacer un esfuerzo para adaptarse a las nuevas situaciones. Algunos conflictos familiares se generan por la tendencia de algunas familias a permanecer en el pasado.
- Admitir las limitaciones del resto de los componentes familiares: Cada miembros de la familia debe exigir a los demás según sus posibilidades reales y no su fantasía, o como forma de satisfacer deseos o sueños no realizados. A veces algunos miembros ponen el listón demasiado alto o demasiado bajo y esto provoca confrontaciones. Una de las consecuencias de esta actitud es que los padres aceptan las posibilidades y limitaciones de los hijos: no los comparan, no ponen etiquetas, ni tan siquiera se ponen ellos como modelos. Lo importantes es que cada uno desarrolle al máximo sus posibilidades, este es el verdadero éxito y en ello pone su empeño una familia sana.
- Generar un clima de amor y seguridad: El verdadero amor consiste en valorar al otro por lo que es, no por lo que tiene o consigue. Una familia que camina hacía la felicidad, será aquella que cree este clima: soy valioso para los míos. Además se crea un ambiente de seguridad donde se facilita hasta el reconocimiento de los propios errores.
7.- Cuando la familia se rompe
En cierta ocasión oí decir a un sacerdote en una homilía más o menos el siguiente comentario: Un matrimonio que se separa es un proyecto fracasado, porque cuando se emprende una vida en familia es para buscar la felicidad y si esto no se lleva a buen puerto, no se ha conseguido el objetivo que se marco al principio.
Veamos algunos ejemplos:
- «Mi mujer y yo llevamos un cierto tiempo haciendo un ejercicio que nos va muy bien: por la noche, apagamos la tele y hablamos «de todo lo humano y lo divino». Conversamos sobre el día, nos reímos mucho, nos sentimos «cómplices» y de esa forma nuestros hijos van aprendiendo a pensar, a hablar, a intercambiar sus opiniones con orden, respeto, sinceridad…».
- Joven de 18 años: «Como mis padres están separados (yo vivo con mi madre), echo en falta una comunicación con mi padre más larga y continua; apenas lo veo, y cuando estamos juntos, solemos tener una conversación breve y superficial; me echa la bronca, si no le gustan las notas, tira puntadas continuamente contra mi madre, y poco más; me gustaría contarle mis inquietudes, mis penas, mis proyectos, mis alegrías, pero nada; estoy deshecho y desconcertado. ¡Cuánto me gustaría poder hablar con los dos a la vez, tranquilamente, sentir que me quieren y poderles contar todo lo que me pasa!».
- «Nos gusta que nuestros pares se quieran y nos quieran; aunque a veces sean exigentes con nosotros, no importa, si lo que mandan no es algo caprichoso, sino algo razonado y dialogado; nos gusta estar mucho tiempo con ellos, hablar de todo lo que pasa en el mundo y de los que nos pasa a nosotros; ver que nos quieren, que se preocupan de nosotros, que no buscan ganar mucho dinero ni tener muchos lujos, sino que intentan que vivamos como una familia unida y feliz».
Los tres, en el fondo, piden lo mismo: amor, comprensión, atención, educación, pautas claras de comportamiento… Pero ¿cumple hoy día esas funciones la familia?
Aunque la vida en pareja puede llegar a ser muy gratificante y humanizadora, sin embargo no es tarea fácil. «El entusiasmo inicial de quienes se proponen compartir la existencia tiende a desinflarse cuando los primeros nubarrones oscurecen los soles del enamoramiento originario, cuando surgen los primeros problemas y no se tienen recursos para superar los conflictos; entonces la comunicación entre los cónyuges, que parecía tan sin problemas, se puede ir empobreciendo, estancando, muriendo poco a poco». (José María Jiménez Ruiz. «Vivir en familia»).
La pareja, desde el enamoramiento apasionado hasta la plenitud de la vejez, tiene que recorrer un largo camino, en donde pueden surgir momentos difíciles, incomprensiones, miedos, cansancios, dudas, choques de caracteres… Sin embargo si se saben conducir y superar con inteligencia y entrega mutua estos posibles obstáculos, desembocarán, sin duda, en un amor maduro, hondo y sereno, fuente de toda clase de alegrías y satisfacciones.
Sin embargo, los tiempos que corren no son muy esperanzadores en este aspecto. Los matrimonios se rompen con una tremenda frivolidad y ligereza, dice el doctor Castell: «El divorcio es una verdadera epidemia que pagan los hijos… La mayoría de ellos no superan los efectos de la separación de sus padres. Nunca hasta ahora había habido una sociedad con tantas fracturas matrimoniales. Por supuesto que en algunos casos, en que la convivencia es un verdadero infierno, es mejor separarse, pero un gran número de matrimonios se podrían salvar con inteligencia y serenidad, con buena voluntad y amor, con más capacidad de aguante y madurez, evitando así la catástrofe mental y emocional que se producirá con toda seguridad en sus hijos».
Según recientes estudios, sigue siendo el ámbito familiar tradicional el preferido por nuestros jóvenes, en el que si todo funciona bien, se encuentran acogidos y queridos, educados y atendidos, escuchados y amados, por encima de otros ámbitos sociales.
Cerca de 1.500.000 jóvenes-adolescentes españoles han sufrido en sus carnes la separación o el divorcio de sus padres. Cuando ocurre una ruptura de los padres entre los 13 y 18 años, estos chicos suelen presentar fuertes conflictos interiores entre el amor que sienten por padre y por su madre y la desaprobación de su conducta; se encuentran en una situación verdaderamente angustiosa; no suelen entender porque se produce esa tremenda y dolorosa situación que los sitúa en medio de un fuego cruzado. «Cuando un matrimonio se quiebra no sólo se pierde a quien ha sido compañero o compañera durante varios años de su vida… Se pierde, sobre todo ese «nosotros» que se había construido a lo largo de un vida en común y que había llegado a formar parte de la propia identidad» (Luis Rojas Marcos). Y eso deja una honda huella, tanto en los cónyuges como en los hijos.
Cuando los matrimonios se derrumban, los hijos pueden quedarse bajo los «escombros» si no se les «rescata» con grandes dosis de amor.
Tras una separación los hijos se sienten desolados y desorientados, sufrirán estrés, mostrarán falta de interés por la escuela, por los amigos, por la vida, dormirán poco, no tendrán apetito, estarán distraídos y tristes… Y en algunos casos más graves, los hijos ya un poco mayores pueden reaccionar de forma agresiva, violenta y peligrosa; la adicción a las drogas, al alcohol, los actos vandálicos, el resentimiento, las peleas y ataques frecuentes a los compañeros, la inmadurez emocional, el comportamiento anti-social, el no asistir a clase, las actitudes destructivas en la Escuela y fuera de ella… son peligros latentes que acechan a estos chicos y chicas.
Según datos recientes de la provincia de Málaga los nuevos modelos de familias, las monoparentales y las reconstituidas son las que más acuden a los servicios sociales del Ayuntamiento de la capital reclamando ayuda para atajar la conflictividad de sus hijos.
8.- Etapas del ciclo vital de la familia
Etapa I: Constitución de la pareja
La primera crisis puede aparecer al poco tiempo de empezar a vivir en pareja estable debido a la necesidad de tener que negociar un gran número de cuestiones: tareas domésticas, economía, amistades, diversión, relación sexual, contactos con las familias de origen respectivas, etc.
Al principio la pareja intentará evitar discusiones para no entrar en conflicto, por el deseo de que la relación marche bien. Pero poco a poco cada miembro descubre, consciente o inconscientemente, que el otro no es como lo había creado en su mente y, entonces, aparecen las primeras decepciones y los primeros conflictos. Esta es una oportunidad para que la pareja, gracias a la crisis, pueda empezar a evolucionar para ir creando entre los dos la relación.
La pareja debe aprender a marcar límites claros con respecto a las familias de origen. A su vez, los padres deben aprender a saber tratar de forma diferente a los hijos cuando ya viven en pareja. Si esto ocurre la pareja tendrá conflictos graves.
Por último no hay que olvidar que los conflictos que la pareja no aborda quedan enquistados y que muchos años más tarde, cuando los hijos se emancipan y la pareja se vuelve a quedar sola, pueden reaparecer.
Etapa II: Convertirse en padres.
El nacimiento del primer hijo ocasiona en la pareja un impacto importante ya que determina un cambio significativo en la estructura de la familia. Pasar de ser dos a ser tres exige una reorganización muy significativa en cuanto a multitud de tareas y situaciones.
Algunas parejas que mantenían una relación considerablemente satisfactoria antes de la venida del hijo, al pasar a esta nueva etapa entran en grave crisis haciendo tambalear la relación de pareja.
Además de los momentos agradables y satisfactorios que proporciona un niño pequeño, no hay que olvidar que estos van acompañados con muchos otros momentos de tensión a causa de la sobrecarga que representa dormir poco y mal, la falta de tiempo para llegar a todo, las rabietas del niño, etc.
Habitualmente, la vivencia que tiene cada miembro de la pareja en relación a la venida del hijo es diferente. Mientras la madre lo experimenta como algo «suyo», y en ese sentido «suma», es decir, antes tenia un marido, y ahora tiene un marido más un hijo, el padre, al contrario, puede vivir la venida del hijo como «resta», es decir, ahora tengo menos «esposa».
Etapa III: Periodo intermedio
Esta etapa comienza cuando los hijos entran en la adolescencia y los padres están en la década de los cuarenta a los cincuenta años aproximadamente.
Éste es un periodo muy difícil para, prácticamente, todas las familias, ya que el intervalo de los, aproximadamente, cinco años que dura la adolescencia está marcado por tensiones y emociones intensas, tanto para el adolescente como para los padres. El hijo se siente mayor de la edad que tiene y los padres le siguen viendo más pequeño, por lo que, las posibilidades de acuerdos se hacen extremadamente difícil.
Un hecho evidente es que los hijos adolescentes tienden a pasar menos tiempo con sus padres y desean estar más horas fuera de casa, lo que permite a la pareja volver a reencontrarse y disponer de más tiempo de ellos. Sin embargo, si la pareja no supo afrontar los conflictos en su relación y más bien los enquistó, ahora disponen de más espacio y tiempo para, tal vez, darse cuenta de la existencia de un cierto vacío en su relación de pareja.
Etapa IV: Emancipación de los hijos.
La cuarta etapa comienza cuando el primer hijo se va de casa; habitualmente porque contrae matrimonio o establece una relación de pareja. Ésta es una etapa difícil para todas las familias ya que el hogar se va quedando vacío. Empieza lo que ha venido a denominarse el síndrome del nido vacío.
Generalmente para los padres es un orgullo y una satisfacción ver que sus hijos son capaces de formar su propia familia.
Sin embargo, en aquellas familias en las que el matrimonio funciono mas como padres que como pareja, esta es una dura etapa ya que con la marcha del último hijo se quedan solos, frente a frente, con poco o nada que decirse. Si un hijo desarrolla un síntoma grave esto hará que sigan ejerciendo de padres a perpetuidad quedando el hijo atrapado en el sistema familiar.
Para otras familias esta etapa ofrece un panorama atractivo ya que se dispone de más tiempo para retomar aficiones dejadas años atrás o poner en práctica intereses nuevos que uno siempre había querido hacer.
La relación entre padres e hijos emancipados debe cambiar sustancialmente en esta etapa.
Es saludable que hijos y padres sigan manteniendo el vínculo afectivo y de relación, pero teniendo muy claro por parte de los padres que el hijo o hija ha constituido una familia nueva y eso merece respeto.
Etapa V: Retiro de la vida activa
La última etapa tiene que ver con la jubilación y la posibilidad, en la mayoría de los casos, de ser abuelos. Ésta, también, es una etapa de difícil encaje debido a que, al estar jubilados, están mucho más tiempo en casa, teniendo que elaborar nuevas reglas de convivencia. La jubilación puede hacer sentirse a una persona inútil, que ya no es necesario para nadie. Ahora, tal vez, se encuentre sin horarios, ocioso y sin motivación. Pueden aparecer, fácilmente, episodios depresivos en esta etapa.
Los matrimonios no envejecen ambos al mismo tiempo; siempre hay uno que envejece antes que otro. Aparecen crisis de desvalimiento y ambos se necesitan. Por eso, en esta etapa final de la vida es muy poco frecuente que un cónyuge deje al otro.
9.- Pastoral familiar
Teniendo en cuenta todo lo anterior, las pastorales familiares deben realizar un análisis de su realidad para así, con su trabajo, dar una respuesta coherente a su entorno y realizar su trabajo con eficacia.
Igualmente nos podríamos plantear que quizás sea necesario dar respuestas, a la vez globales y específicas, por lo tanto es necesaria una buena coordinación entre las distintas pastorales, ya que los problemas que plantea la familia abarca más de una pastoral: Catequesis de niños y adolescentes, trabajo con matrimonios, pastoral de la salud, Cáritas, etc. ya que podemos encontrar que en una misma familia haya que intervenir desde distintos aspectos.
No se pueden dar recetas pues cada realidad es distinta, si podemos, en cambio, ver algunas líneas de actuación común:
- Salir fuera, acercamiento: Creo que no podemos quedarnos en los salones parroquiales, ni en los templos esperando que vengan las familias a pedirnos ayuda. Son las pastorales las que tienen que proponer, las que tienen que salir fuera y acercarse a sus realidades. El contacto humano con el otro, interesándonos por sus problemas puede ayudar mucho en este mundo tan deshumanizado.
- Aprovechar los momentos en los que las familias se acercan a la parroquia a solicitar algún servicio: Sacramentos, certificados, para proponerles y ofrecerles nuestra colaboración.
- Acogida y no discriminación: Acoger a todos tanto a los que vienen, como a los alejados, sin echar en cara viejas rencillas, sin prejuicios «Hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por cien justos». Igualmente no discriminar a nadie por ningún tipo de razón, miremos ante todo a la persona.
- Crear espacios de intervención:
- Prematrimoniales.
- Prebautismales.
- Grupos de matrimonios.
- Bodas de plata y oro´.
- Escuelas de padres.
- Misas familiares.
- Mesas redondas sobre problemáticas familiares.
- Puntos de encuentro de personas con situaciones similares (Separados/as, madres solteras…).
- Volver a humanizar, nuestro mundo necesita de personas, de recuperar humanidad, de pensar en positivo, de expresión de sentimientos., de recuperar escalas de valores que nos hagan más felices.
- Ser muy respetuosos con todos. Los vecinos del barrio tienen que ver en las personas que estamos en las pastorales a gente normal, cercana, sencilla y respetuosa y no a gente distante «meapilas» y tapaderas que impiden el acercamiento con sus actitudes de soberbia y prepotencia.
- Los agentes de pastoral tienen que formar auténticos grupos, no solo de trabajo, sino también de vida donde se expresen y se compartan sentimientos.
- Las parroquias no pueden ser «islas», habría que aunar esfuerzo, organizarnos por grupos de parroquias «arciprestazgo» donde poder compartir experiencias, crear momentos de formación para los agentes de pastoral y por qué no ofertar servicios comunes como prebautismales, prematrimoniales, escuelas de padres, orientación familiar, etc.
- Los agentes de pastoral familiar, como otros agentes pastorales necesitan estar formados para la labor que están desempeñando, la problemática social que nos rodea necesita gente preparada para dar respuestas coherentes y eficaces, el corazón y la buena voluntad son necesarios pero no son suficientes.
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