Thèodore Groiselle (1721-1765)

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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   El Sr. Groiselle nació en la parroquia de Saint-Firmin, à Amiens, el 5 de octubre de 1721. Entró en el seminario interno de la Congregación de la Misión en París, el 13 de diciembre de 1742. Acompañó al Sr. Bossu nombrado vicario apostólico de los reinos de Argel y de Túnez, con el Sr. Donaullt y el hermano Lelong; fue el 3 de agosto  de 1746 cuando desembarcaron en Berbería. Su docilidad y su entrega a su superior no tenían límites, se mostró siempre dispuesto a prestarse  a todos sus deseos y a secundarle en todos sus proyectos. Su aplicación al estudio de las lenguas le puso pronto a punto de ser útil con los esclavos para los catecismos, con las instrucciones que les daba y su asiduidad para oír confesiones. Durante la peste de 1752 y 1753 se dedicó, siguiendo el ejemplo del Sr. Bossu, su superior a llevar a los enfermos las ayudas de la religión; conformándose exactamente a las prescripciones indicadas, no experimentó los efectos del mal contagioso. Monhammed  Codja, dey de Argel, una vez derribada en 1754 la mazmorra de las Galeras, como insuficiente y malsana,  para reemplazarla por nuevas construcciones, la capilla desapareció con la vieja construcción. El vicario apostólico envió a Francia al Sr. Groiselle para recolectar en pro de la reconstrucción de una capilla. El Sr. Debras, Superior general,  en su circular del 1º de enero de 1755, hizo mención del celo infatigable con el que este misionero se empleó en solicitar las ayudas que necesitaba para procurar al Señor un santuario conveniente, en que los pobres esclavos pudieran reunirse para escuchar la palabra de Dios y participar en los sacramentos.

Damos aquí algunas líneas  de la circular que el Sr. Groiselle publicó, con un gran número de ejemplares, en París y en provincias, con el fin de provocar la caridad de los fieles en favor de su obra.

 

«MESSIEURS et DAMES,

 

«Unas lluvias abundantes caídas en Argel, el pasado enero, han causado tan graves desperfectos  que la cárcel de Beylic, lugar donde se halla encerrada la mayor parte de los esclavos, amenazando una próxima ruina total, el dey ha ordenado que se derribe, para construir una nueva, muy amplia, bastante grande para encerrar a todos los esclavos. Por esta demolición, los esclavos cristianos han perdido su iglesia donde se reunían, antes y después del trabajo, para los ejercicios de la religión y el uso de los sacramentos.

» Pues bien, se trata ahora, Señores, de hacer entrar en el plan de la nueva mazmorra el de una iglesia bastante grande para practicar cómoda y decentemente los ejercicios de nuestra santa religión ; lo que supone grandes gastos : 1º para el permiso, ya que no se conseguirán oficiales mahometanos sino a fuerza de regalos;  2º para tener un emplazamiento ; 3º para construir luego la iglesia y adornarla decentemente. Es evidente que los argelinos no están a favor de construir una iglesia para los cristianos, con sus gastos y expensas ; los cristianos que están en cadenas no disponen ciertamente medios de hacer frente a un gasto tan elevado ; y con todo, es de una necesidad indispensable, tanto para los intereses de la fe, como para el consuelo de tanta gente desdichada que gimen encadenados, y para impedir incluso su apostasía, construir otra iglesia donde puedan ir a expansionar sus almas ante el Señor, después de los trabajos que los han agobiado por el día, y reunirse para asistir al santo sacrificio de la misa, para oír la palabra de Dios, para recibir los sacramentos, en una palabra, para cumplir todos los ejercicios de un verdadero cristiano.

Ay, cómo necesitan  vuestra caridad y compasión  y qué dignos son de ello. Hay, entre los esclavos personas de todo estado y condición. Hemos visto en Argel a canónigos, a sacerdotes, a religiosos, a ingenieros, a oficiales del ejército, a comerciantes, a soldados, a capitanes de navío, a marineros, a ancianos, a algunas jóvenes, a mujeres de oficiales, a niños, todos en cadenas, abrumados de miserias sin que hayan hecho nada malo.

» A todos estos motivos, se puede añadir uno, que es de los más urgentes; es que si la mazmorra logra  terminarse sin que se haya hecho el plan de la nueva iglesia, no será posible lograrlo por más dinero que se pueda ofrecer. Los mahometanos no toleran las iglesias cristianas más que cuando son antiguas, o las reconstruyen en el mismo instante  en que las que han precedido acaban de ser destruidas; y no permiten nunca que se levanten nuevas, cuando se ha dejado pasar algún periodo de tiempo después de la demolición  de las que existían anteriormente.

Por eso, conociendo cuál es la grandeza de vuestro celo, en todo lo que interesa a la gloria de Dios y la salvación de tantos pobres esclavos de todas las naciones, quienes a falta de iglesia, no se verían ni consolados, ni ayudados, ni sostenidos, os suplicamos que contribuyáis con vuestras limosnas a edificarles una, a dar al verdadero Dios una morada, en medio mismo de los enemigos de la verdad y de la religión.

De regreso a Argel en mayo de 1755, con los primeros auxilios recogidos, mandó poner manos a la obra y tuvo el consuelo, en menos de dos años, de conducir  a buen fin una obra que interesaba tan poderosamente a la gloria de Dios y la salud de las almas.

Vuelve la peste en  1756 con más violencia que en los años 1752 y 1753, y el Sr. Groiselle dio pruebas admirables de celo y de valor mientras duró la plaga, es decir desde primeros del año  hasta septiembre.

El cónsul de Francia en Argel era entonces un Sr. Pérou. A pesar de su buena voluntad  y los sacrificios pecuniarios que imponía, el Sr. Pérou no tardó en ser víctima del mal querer de las potencias  argelinas. Los malos tratos infligidos a las tripulaciones, los vuelos de que eran objeto, y toda clase de vejaciones  a las que estaban expuestos diariamente los barcos de comercio y  los chebec-postes, denunciados al cónsul, por la corte de Francia, le ponían  en la necesidad de presentarse con frecuencia  ante el dey y sostener los intereses  de la nación. Fatigado de tan numerosas reclamaciones, el jefe de gobierno tomó el partido de conducir al cónsul, so pretexto de que daba pasa-portes a enemigos de la regencia, pero los verdaderos motivos del despido del cónsul,  según el Sr. Groiselley de la nación residente en Argel, han sido desembarazarse de las reclamaciones importunas del Sr. Pérou en el tema de la piraterías  continuas de los corsarios, y la esperanza de presentes más numerosos y más ricos a la instalación del nuevo cónsul. Sorpresa de la determinación del dey, la corte de Versalles se limitó a escribir el 30 de julio de 1760 al Sr. Groiselle, vicario apostólico, para rogarle que siguiera gestionando el consulado, y al jefe del gobierno argelino para anunciarle esta noticia.

Los trámites del Sr. Groiselle ante el dey para reintegrar  al Sr. Pérou no teniendo el éxito deseado, el ministro de Francia no insistió más, «sintiendo, escribe,  el 7 de noviembre de 1760, que habría inconvenientes en volver a este  artículo contra el parecer y las intenciones de dey; lo que interesa más es que no se podrá acometerlo más que como un asunto puramente personal del Sr. Pérou».   El Sr. Groiselle viéndose definitivamente cónsul, hizo regalos que se elevaron a 1 400 libras. Pero no cesó a partir de entonces de dar pasos para ser descargado  de este empleo.

Los dos años que debió representar a Francia, el Sr. Groiselle no cesó de hacer las misma instancias con una especie de importunidad penosa al ministro que estaba a punto de apreciar su  celo por los intereses de Francia y su prudencia en llevar a buen fin los asuntos más difíciles. El misionero doó también pruebas de su solicitud compasiva con ocasión de la afrenta que tuvieron que sufrir los religiosos que atendían el hospital, y ello siempre sobre falsos informes respecto de los malos tratos de los que eran objeto los esclavos turcos en la cristiandad. Los misioneros mismos no lograron, el mes de agosto de 1761, convertirse en las víctimas de las iras del dey.

» Nos enteramos, dice el Sr. Jacquier, el 1º de enero de 1762, de que por la simple sospecha que los esclavos turcos eran maltratados en Cartajena por los españoles, el dey entrando en furor, queriendo usar de represalias y no ceder en crudeza, había hecho encadenar de dos en dos a los Padres Trinitarios del hospital, los demás sacerdotes, los oficiales, los capitanes tanto españoles como napolitanos y portugueses, y que los ha dedicado a los trabajos públicos, que los hace viajar cuatro veces al día, arrastrando hasta la Marina fuertes carretas cargadas con piedras ; que para no dejar un solo momento de descanso a estas inocentes víctimas, cuando estaban en la cantera, se les obligaba a transportar tierra hasta que las carretas estuviesen  de nuevo cargadas ; que, si bien, como franceses, nuestros cohermanos no debieran tener ninguna parte en esta afrenta, el dey había no obstante mandado venir al Sr. Groiselle : le había dicho que como cónsul de Francia le perdonaba la cadena, pero que quería que él y sus cohermanos cerraran la puerta de sus casa y de su iglesia, y que se fueran a vivir a otra parte, no queriendo que los esclavos cristianos fueran allí a oír la misa y recibir la limosna. No se puede dispensar de obedecer primero a estas órdenes bárbaras; pero cuatro días después, nuestros cohermanos llenos de celo, de resignación y de confianza volvieron a su misión, y quince días después, reanudaron el ejercicio del ministerio que no habían interrumpido en las mazmorras «.

Después de una dificultad venía otra. El Sr. Groiselle, el 23 de febrero de 1763, tuvo el consuelo de anunciar al ministro de la marina la reapertura del hospital y de las iglesias de las mazmorras, en los términos siguientes : «Como hacía seis meses que la iglesia del hospital y las de las cuatro mazmorras de los esclavos estaban cerradas y que más de tres mil cristianos se encontraban en la desolación de verse privados de todo culto exterior de su religión, para volver a poner las cosas como antes y tener libertad de ir a las mazmorras como anteriormente para celebrar allí la santa misa y ejercer todas las funciones, he juzgado conveniente hacer los últimos esfuerzos ante el dey, a quien ya he mandado a decir que mi petición era ajusta pues estaba fundada sobre el tratado que teníamos con la Regencia; que no debía tener remordimientos en conceder a Argel lo que teníamos en Constantinopla. Dios me hizo la gracia de conseguirlo. Mi ruego ha sido escuchado, no por las razones que yo alegaba, sino con el pretexto que se habían recibido noticias de España que los esclavos turco estaban mejor tratados allí que entes».

Al dar sus cuidados a los asuntos que venían del consulado, el vicario apostólico no perdía de vista la misión  que la divina Providencia le había confiado: el número siempre creciente de los esclavos que las carreras frecuentes traían, absorbían principalmente su tiempo y eran objeto de su más viva solicitud; las personas más abandonadas y las más expuestas tenían un derecho especial a su afectuosa conmiseración. «Hay en Argel, escribía, el 22 de junio de 1752, al Sr. Superior general (circular del 1º de enero de 1763) más de cien jóvenes cristianas esclavas». Añadía que para las que señalaban su distinción o su belleza, existía un peligro especial de que naufragaran en la fe. » Yo lamenté continuamente por la suerte de dos a quienes no pudimos preservar de la mordedura venenosa de la serpiente; ellas han renunciado a la religión y están en poder del bey de Constantina. Otra de catorce o quince años de edad que estaba en la casa consular de Francia, en calidad de esclava, corre el mismo riesgo. Me contento con recomendarla a vuestras oraciones, no atreviéndome a comprometeros a socorrerla procurando su rescate. Y sé que por vos mismo no podéis realizar esta buena obra y que, en estos tiempos calamitosos de guerra, es difícil hallar personas que puedan o quieran sacrificar la suma considerable necesaria para esta obra de caridad «.

En un informe  dirigido a la Congregación de la Propaganda en Roma, en 1673, el Sr. Groiselle daba sobre la misión de Argelia algunos informe generales que dan a conocer la situación. Aquí van algunas indicaciones. El vicariato apostólico, decía, se extiende por dos reinos, Argel y Tunez. El de Argel tiene tres provincias gobernadas  por beys sometidos al dominio del dey.

 

1° La provincia de Constantina o del este  es la que tiene más cristianos, porque hay una ciudad llamada La Calle donde la Compañía real de Francia mantiene a quinientos franceses católicos. La Compañía francesa tiene en La Calle a dos capellanes seculares que son enviados por el superior de la casa de los Misioneros de Marsella, con la presentación del certificado del superior de Marsella el vicario apostólico  les da  los poderes en esta residencia.

Bône. –Convendría que se estableciera  de una manera estable un sacerdote para las seis o siete familias  que allí residen, y como es un lugar de relajación para un buen número de barcos; un capellán no va más que en Pascua.

Constantina. –No hay más que una treintena de esclavos cristianos de dieciocho a veinticinco años, que el bey compra en Argel para su servicio; estos desdichados no ven al sacerdote cada dos o tres años, cuando el bey va a Argel. El abandono en el que están los lleva con demasiada frecuencia a apostatar, sería bueno rescatar de vez en cuando a algunos para dar la esperanza a los demás e impedirles así abandonar la fe ; los misioneros no pueden más que escribirles  alguna vez para animarlos.

2º Provincia del Sur o Titeri. –La misma advertencia que para la de Constatina.

3º Provincia del Oeste o de Mascara. –Hay un mayor número de cristianos, pues encontrándose las posesiones españolas en esta provincia, se escapa siempre un cierto número de cristianos de los lugares españoles. . Los cristianos de esta provincia, como los de la precedente están sin socorro alguno.

Argel. –Los cristianos de Argel son de ordinario unos tres mil : unos pertenecen al gobierno, y los demás a los particulares.

Hay seis iglesias: cuatro en las mazmorras y las dos del cónsul de Francia y de los Misioneros. Las rentas de estas iglesias  no tienen nada fijo, están mantenidas  por las limosnas de los esclavos. El vicariato tiene casi 6 000 francos de renta, y 3 000 francos de limosnas, estos ingresos se emplean en mantener a los misioneros, y el resto en aliviar a los esclavos. Hay una iglesia griega  y cuatro cónsules protestantes, que son los de Inglaterra, de Suecia, de Dinamarca y de Holanda. El cónsul de Inglaterra tiene consigo a un ministro al que le dan 100 libras esterlinas ; como sus criados son católicos, el vicario apostólico se ve obligado a mantener relaciones  con ellos para el bien de sus criados y facilitarles la práctica de los deberes religiosos ; no pudo logran que hicieran abstinencia porque habría ocasionado a los cónsules doble gasto. A la muerte de uno de estos cónsules, los católicos asisten al séquito y acompañan al difunto hasta el cementerio; pero en el momento en que el ministro protestante comienza las oraciones, los católicos se retiran un centenar de pasos para indicar que ellos no comunican in divinis.

En cuanto a los que, después de abrazar el mahometismo, querrían volver al catolicismo, los misioneros no pueden más que aconsejarles que se escapen. Los inconvenientes inseparables de  la conversión de los Moros y de los Judíos son tales que los misioneros no pueden  ocuparse de ello, estas conversiones, por otra parte, no se harían más que para tener parte en las limosnas.

Cuando el saqueo de Túnez por los argelinos, los niños y niñas esclavos cristianos de Tabarque, fueron transportados a Argel. El vicario apostólico encargó a un sacerdote esclavo dar la instrucción a los muchachos y confío las niñas a cuatro mujeres cristianas. Estos cuidados no fueron inútiles; estos niños resistieron a toda clase de seducciones a las que fueron sometidos por los turcos y los principales de la Regencia; se vio a una joven quedarse tres días y tres noches con su camisa sola, antes que ponerse  la ropa de las mujeres moriscas, temiendo que fuera una señal de apostasía revestirse así. Ella no cedió más que a las instancias de su padre quien le dijo que el hábito no hace al monje.

Los Padres del hospital tenían aún muchas dificultades en reconocer la jurisdicción del vicario apostólico, era raro que algunos se sometiesen.

El dey tenía a su servicio un centenar de jóvenes cristianos y a otros en gran número; la libertad no se les da más que dos veces al año. El Sr. Bossu había solicitado la facultad de ponerse en relación con ellos y de erigir un altar portátil; estas peticiones fueron rechazadas, debió limitarse a escribirles. Habiendo establecido una escuela el dey para sus jóvenes esclavos, el misionero obtuvo del esclavo que les era propuesto que les mandara hacer las oraciones y hasta recitar en alta voz el rosario.

Cuando el misionero se reunía con los esclavos de los particulares, no dejaba escapar la ocasión de serles útil bien animándolos, bien dándoles alguna ayuda y administrándoles el sacramento de la penitencia.

Cuando un esclavo era condenado a muerte, el acceso de las prisiones era imposible a los misioneros; estos enviaban entonces a un esclavo cristiano para hacer que el paciente se excitara al dolor de sus faltas y convenir en una señal que le indicaría el momento en el que el sacerdote le daría la absolución a su paso, cuando se dirigiría al lugar de la ejecución.

Cuando el culpable era conducido a la mazmorra para ser empalado en la puerta, teníamos entonces más libertad de hablar; pero esto no se hacía sin recibir muchas bofetadas  y bastonazos por parte de los verdugos.

Tal era, en resumen, según el informe del Sr. Groiselle, el estado de la misión de Argelia en 1763. El Sr. Groiselle insistía ante el ministro para que el gobierno francés enviara a un nuevo cónsul. Por último, la elección del ministro se había fijado en el Sr. Vallière, empleado durante varios años en el Levante. El Sr. Superior general deseaba igualmente, desde hacía tiempo, ver a los misioneros exclusivamente ocupados en sus obras de caridad y, para acelerar este momento, había enviado  a partir de primeros de año al Sr. Besacier a Argel para hacer más fácil la llamada del Sr. Groiselle, por miedo a que los asuntos numerosos y delicados que tenía que tratar con la Regencia no le hubieran comprometido frente al dey, y con él a la misión. El dey mismo aspiraba ardientemente a un nuevo cónsul desde la partida del Sr. Pérou, para tener ocasión de recibir algunos presentes considerables de su mano. El 30 de marzo de 1761, el ministro de Francia escribía a Groiselle: «Que sabía bien por qué motivo el dey ponía tanto calor en esta petición «. Por último,  el Sr. Vallière llegó a Argel, el 21 de mayo de 1763.

Aprovechando la partida de una fragata holandesa que iba a Mahon, el Sr, Groiselle salió de Argel el 5 de setiembre de 1763, sin recibir del Superior general el aviso de volver a Francia. Dejó sus poderes de vicario apostólico a su cohermano, el Sr. Lapie de Savigny. Durante los tres años de su consulado supo mantenerse en buenas relaciones con el dey; pero el «casnadgy» (jefe del tesoro)  le veía con muy mal ojo.

El Sr. Groiselle dijo al Sr. Ferrand que tenía un presentimiento de alguna desgracia cercana y que era lo que le determinaba a salir sin diferir más. Llegado a Mahon, escribió al Sr. Ferrand para saber si no había ocurrido  algún accidente desagradable a la misión, indicándole que sentía en este caso vivas inquietudes. Al llegar su carta a Argel, el cónsul y los misioneros estaban ya encadenados. El casnadgy al no ver al Sr. Groiselle con los misioneros que los ujieres habían traído, preguntó por qué el Papas grande no estaba  allí. Le respondieron  que se había marchado. «Ah, dijo, yo le habría matado a bastonazos». El Sr. Groiselle había estado bien inspirado y su presentimiento le sirvió a punto.

El Sr. Groiselle, de vuelta a Francia, murió en casa de los Agustinos de Montmorillon, el 27 de setiembre de 1765. Había ido a ver a un hermano que era superior de esta comunidad. – Mémoires de la Congrégation de la Mission ; Algérie, t. II, p. 276 et suiv.

 

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