Resumen histórico de la Provincia de las Antillas

Mitxel OlabuénagaHistoria de las Hijas de la CaridadLeave a Comment

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El Ilmo. Sr. Obispo de la Habana, Dr. D. Francisco Fleix y Solans, deseaba se cumpliese la Real orden de S. M. la Reina de España, Doña Isabel II, en que se dispo­nía se estableciese una Casa de Misioneros de San Vicente de Paúl en la ciudad de la Habana; y habiendo pasado por dicha ciudad el Sr. D. Jerónimo Viladás, Misionero de la Congregación, éste visitó al Prelado, y la circunstancia de ser ambos naturales de Cataluña fue causa de que se co­municaran con más franqueza, y le presentó al Capitán ge­neral do la Isla, contrayendo relaciones muy cordiales en­tre los tres.

El Sr. Obispo propuso al Sr. Viladás que viese cuál de los extinguidos conventos con sus iglesias le podía ser­vir para los fines de la Congregación de la Misión. El se­ñor Viladás, después de haber visto los diferentes conven­tos e iglesias, optó por el de Nuestra Señora de la Merced. El Gobierno español hizo bastantes reparaciones para ha­bilitar y proporcionar habitación decente a los Misione­ros. Preparadas ya las cosas, el 5 de Junio de 1863 tomó posesión el Sr. Viladás; la Comunidad se formó interina­mente de Misioneros mejicanos que estaban de paso, y tam­bién de otros de los Estados Unidos, quienes permanecie­ron hasta que llegaron los de la Provincia de España, que fue el 17 de Noviembre de 1863.

Apenas fueron ordenadas las cosas, el Sr. Viladás, que estaba lleno del espíritu de San Vicente, empezó a levan­tar el culto, que estaba decaído, en dicho templo de la Merced. La predicación de la divina palabra todos los do­mingos y días festivos; la gravedad de las ceremonias, y sobre todo la unción en el púlpito que tenía el Sr. Viladás (primer Superior), acompañado del buen ejemplo, hizo que se ganase la confianza del Clero y pueblo, de los pobres y de los ricos, lo que le sirvió para hacer las grandes obras que llevó a cabo en pocos años, sin pedir ayuda de so­corros al Gobierno.

No hay para qué decir que lo primero que hizo fue que se limpiase bien el interior del Templo, y que la Casa del Señor fuese decentemente adornada: la asistencia de los fie­les iba en aumento; ellos se le ofrecieron a  ayudarle en sus empresas; el pavimento, que era de cocó, o sea cal y tierra, una especie de mal. cemento, que causaba mala impresión a  la vista, fue sustituído por losas de mármol, combinadas de tal suerte, que todos los que visitan el Templo quedan admirados. Durante este tiempo el Sr. Viladás dió una mi­sión, que produjo muy buenos resultados.

La iglesia de la Merced no estaba concluida; convenía que se hiciese el crucero, cúpula y Altar Mayor; había lo­cal para edificar y concluir la obra que los RR. PP. de la Merced empezaron unos 150 años antes y sin duda los gran­des gastos les hicieron suspender las obras. Los gastos ha­bían de ser tan grandes, que no obstante que personas ricas decían al Sr. Viladás que emprendiese las obras, el humilde hijo de San Vicente no se atrevía.

El virtuoso Conde de Cañongo animó al Sr. Viladás, y le decía:

—Yo conozco a  mis paisanos, empiece usted, y la obra se hará

—Pero, ¡señor Condef  —decía el señor Viladás.

—Yo—respondía el Conde—con tales y tales amigos,

– le daremos mil pesos cada uno para poder principiar la obra.

Consultados varios arquitectos y hechos los presupues­tos, éstos eran tan subidos, que el Conde Cañongo invitó a  su maestro de obras, D. José Cerdá, para que hiciese un presupuesto más moderado, a  fin de que la obra no tuviese que suspenderse. En fin, para concluir las obras y adornos correspondientes se gastaron más de trescientos mil pe­sos, obtenidos de la piedad de los fieles.

En las fiestas que se hicieron después de concluídas las obras tomaron parte, no sólo las autoridades eclesiásticas, sino también las civiles; el Gobernador civil de la Habana con el Ayuntamiento en pleno, el Cabildo Catedral con el M. I. Sr. Vicario general en ausencia del Prelado, los Párro­cos y muchos Sacerdotes, y lo más elegido de la ciudad. Los Sres. Concejales se convinieron a contribuir con cierta y determinada cantidad cada uno como tales, por más que ya habían contribuido como individuos particulares.

Es tal la belleza de la Iglesia de la Merced de la Haba­na, que las personas que han visitado los grandes templos de Europa no cesan de admirarla, y los mismos america­nos, católicos ó protestantes, tienen empeño, al ir a la Ha­bana, en ver la iglesia de la Merced.

Pero todas las cosas tienen su fin. El Sr. Viladás tendría sesenta y tres años de edad cuando, presidiendo como Superior los Ejercicios espirituales de la Comunidad, tuvo un principio de ataque cerebral, al cual no se dió, ni él mismo, la menor importancia. A los dos o tres meses fue a dar Ejercicios a  las Hijas de la Caridad de Santiago de Cuba le repitió más fuerte el ataque cerebral; regresó a  la Habana bastante delicado, y los médicos dijeron que debía descansar, y manifestaron que convenía saliese de la Habana; salió para Méjico a  mediados de Mayo, donde estuvo cuatro meses escasos; creyendo hallarse bien, predicó el 15 de Agosto y dijo al hermano que le acompañaba: «Volvamos a  casa para honrar a  la Señora—así llamaba a  la Virgen,—ya que se acercan las fiestas y son pocos los Pa­dres.»

Al ir de la ciudad de Veracruz al vapor, se sintió mo­lestado de un grano en la cabeza, que era un carbunclo, y llegó a la Habana en un estado fatal; se acostó para no volverse a levantar. Visitado por un médico muy amigo, se supo que el ataque cerebral había empezado y que podía perder el conocimiento: el confesor ordinario del Sr. Viladás se le acercó para manifestarle que debía prepararse para recibir los Santos Sacramentos, y, sin dar lugar a es­to, el Sr. Viladás le dijo:—¿no sería bueno que me confe­sase? — Sí, señor. — Y se confesó inmediatamente. Debo advertir que, antes de ir a Méjico, el Sr. Viladás quiso hacer una confesión general de toda su vida, y la hizo, por lo que pudiese ocurrir y estar preparado para morir bien.

El Sr. Viladás falleció a los dos días de haber regresado de Méjico, el 23 de Agosto de 1883, a  las cuatro de la mañana; no recibió el Santo Viático porque el médico no manifestó la gravedad de la enfermedad, y la Comunidad no la com­prendió, pero sí que recibió los Santos Oleos.

Apenas se supo el fallecimiento del P. Viladás, una pro­cesión continua de fieles de todas clases fueron a rogar por el alma del difunto delante su cadáver, que estuvo ex­puesto veinticuatro horas y al llevarlo al Cementerio, Ma­gistrados, Condes, Marqueses, etc., etc., se disputaban el honor de llevarlo en hombros; el Capitán general envió su representante; toda la gente decía: ha muerto el Santo.

Desde el 23 de Agosto hasta el 29 de Noviembre de 1884 quedó encargado de la Comunidad el Asistente Sr. Güell. Sucedió al Sr. Viladás el Sr. Antonio Santonja desde últimos de Noviembre de 1884 a 15 de Enero de 1887, había sido Superior de una casa de Filipinas, y fue llamado a  Es­paña por el Visitador Sr. Maller.

Sucedió al Sr. Santonja el Sr. Güell, que estaba en Santiago de Cuba de Superior, a  quien el Sr. Maller encar­gó la Comunidad de la Merced, con el de representante de España en lo referente a  las Hijas de la Caridad, como los demás señores arriba indicados. Por cuestiones que pre­sentaba el Obispo contra el dicho Sr. Güell, éste, creyendo que serían personales, escribió al Sr. Maller diciendole, mitte me in ntre, y el día 29 de Diciembre de 1889 se dirigía a  Santiago de Cuba, de donde había salido para ir a  la Habaua.

El día 28 de Diciembre de 1889, el Sr. Félix García se hizo cargo de la Comunidad de la Merced e Hijas de la Caridad. No hay necesidad de recordar las vejaciones que tuvo que sufrir de parte de la Autoridad eclesiástica de la Habana, y el triunfo que la Congregación obtuvo en la causa que se llevó a  Roma.

Al poco tiempo de regresar de Roma el Sr. García se hizo la nueva Provincia de las Antillas, que contaba con las casas de San Juan de Puerto Rico y de Ponce en dicha isla; además las casas de Santiago de Cuba, Matanzas y La Merced en la isla de Cuba.

El Sr. Félix García fue el primer Visitador de las Anti­llas, quien a  los pocos meses renunció el oficio y fue nom­brado para sustituirle el Sr. Ramón Güell, que llegó a  la Habana el 7 de Noviembre de 1897.

De la casa de la Merced de la Habana se formaron las otras a  medida que se recibía personal de España. Prime­ramente la residencia de San Juan de Puerto Rico, para atender al cuidado de las Hijas de la Caridad, y estuvie­ron en ella como Capellanes de la Beneficencia de Puerto Rico hasta 1878 los Sres. García y Mejia: habiendo éste sido trasladado a  la Habana, fue a  ocupar su puesto ya uno, ya otro, en especial el Sr. Campos. Dicha residencia era ya considerada como casa antes de la Asamblea de 1884, y el Sr. García fue el primer Superior. En el año de 1885 la Provincia de España envió cuatro Sres. Sacerdotes y dos Hermanos Coadjutores, y pasaron a  vivir pro­piamente en comunidad. El Sr. Obispo les encargó la Iglesia de San José; alquilaron una casa contigua, y en San José se ha dado y da culto al Señor, habiéndose renovado los altares y hecho nuevo el Altar Mayor; proporcionando hermosos bancos, instalando las cofradías de Hijas de Ma­ría, San José, Virgen del Rosario y Sagrado Corazón de Jesús, siendo numerosa la asistencia de los fieles. Los Mi­sioneros dieron ejercicios a las Hijas de María, a  las Hijas de la Caridad y a  las niñas de sus establecimientos.

El Sr. Obispo de Puerto Rico encargó el Seminario a  la Congregación, pero la mudanza de Soberanía Nacional fue causa que cesase el Seminario, y el actual Obispo en­vía a  los Estados Unidos los pocos jóvenes que le inspiran confianza de que serán Sacerdotes. Fueron Superiores y Rectores del Seminario los Sres. Daniel Mejía, Juan José Soriano, Victoriano Muniain, Leonardo G, Villanueva y Guillermo Vila.

En el año 1891 se hizo la fundación de la casa Misión, que es Parroquia, en Ponce, en Puesto Rico, siendo su pri­mer Superior el Sr. Lorenzo Roura, que tomó posesión de la Parroquia con cuatro Sres. Sacerdotes, que edificaron con su conducta ejemplar a  los ponceños promovieron el culto, que antes estaba abandonado, establecieron las Aso­ciaciones de Hijas de María, Corazón de Jesús, Adoración continua de día al Santísimo Sacramento, un Centro Cató­lico de Caballeros; además han adornado la iglesia y predi­can con mucha frecuencia. En una palabra, la población, que estaba fría como el mármol, entró en el buen camino, y todos miraron al Sr. Roura como a  un varón de Dibs, y los mismos malos, aunque no le amaban, le respetaban. Por razón de salud el Sr. Roura fue a  Madrid, donde murió en el año de 1899.

El segundo Superior fue el Sr. D. Leonardo Villanueva; y como había antes Colegio, con la ocupación americana fue decayendo, hasta ser necesario suspenderlo, y en la Parroquia no hubo cosa particular, fuera de que antes los

del campo llamaban a  los Padres para administrar los San­tos Sacramentos; pero en el año 1899 sucedió el cambio de nacionalidad , y la política hizo que se resintiese la parte religiosa.

El tercer Superior fue el Sr. Francisco Vicario, quien ha tenido que luchar con los que deseaban apoderarse de la iglesia de Ponce, cuya cuestión se cree se resolverá pronto en favor de la Iglesia Católica. Entre tanto era una necesi­dad que los católicos tuviesen un Cementerio propio, y el señor Francisco Vicario buscó los medios para comprar unos terrenos a  propósito, los cuales están cerrados con muralla de mampostería en parte y lo restante con alambres de púas, para evitar el que fuesen profanados los cadáveres de los fieles; así es que los católicos tienen Cementerio propio y no tienen necesidad de ser enterrados en el Ce­menterio civil, que está a  cargo de las Autoridades civiles.

En la Habana, en el año 1879, el Ilmo. Sr. Vicario Ca­pitular obligó al Superior de la Merded a  que la Congre­gación se encargase del Seminario Conciliar de la Habana, que se sostuvo hasta el año 1891, en que nuestros Misione­ros se retiraron a  causa de ciertas exigencias que quería el Prelado. El Sr. Viladás, después de haber tomado posesión del Seminario, sin dejar de ser Superior de la Merced, es­cribió al Sr. Visitador de España para que enviase al señor Cipriano Rojas en calidad de Rector, pues el Prelado le había conocido en España y lo había deseado; este señor estuvo hasta el año 1888. Al Sr. Rojas le sucedió el señor Juan Madrid, que estuvo hasta fines de 1889, y le sucedió el Sr. Guillermo Vila, que estuvo hasta 1891, en que la Con­gregación se desentendió por cuestiones que se suscitaron.

La casa de Santiago de Cuba se fundó en el convento de San Francisco el 5 de Diciembre de 1884, y el primer Superior fue el Sr. Ramón Güell, en compañía del señor Manuel Campos. Este señor era sencillo, humilde, fervo­roso, celoso de la salvación de las almas, tenido en mucha estima del Prelado y pueblo; todos le miraban como un varón de Dios, y su muerte fue muy sentida y edificante. Aunque no poseía grandes conocimientos, era sumamente amante del trabajo y acompañó, ya solo, ya más tarde con otro Misionero, al Prelado en su pastoral Visita. Dicho se­ñor Campos iba a  la cárcel y hospitales a  consolar y ani­mar a  los pobres, y no perdía un instante de tiempo; falleció. en 1888.

El segundo Superior fue el Sr. Jenaro Alonso, que de la Merced. fue destinado a  Cuba para sustituir al Sr. Güell, que en Enero del año 1887 fue a  hacerse cargo de la Co­munidad de la Merced é Hijas de la Caridad. La salud del Sr. Alonso se resintió del mucho trabajo que había tenido en la Habana, donde misionó con grande celo y fervor: su salud no mejoró en Santiago de Cuba; hizo un viaje a  la Habana para reponerse, pero fue inútil; conoció la grave­dad de su enfermedad, se preparó con una confesión ge­neral para disponerse, y a  los diez días acabó santamente su vida en un pueblo cerca de la Habana, Bejucal, donde vivía un tío suyo Sacerdote, habiendo pedido y obtenido el permiso al Superior de la Habana, por razón que un mé­dico de dicha población le había curado y salvado la vida cuando era el dicho Sr. Alonso seglar. Por fin murió el 3o de Mayo de 1889 é hizo antes confesión general.

Como ya antes se indicó, el Sr. Güell regresó a  Santiago de Cuba en Diciembre de 1889 y permaneció hasta el mes de Noviembre de 1897, y regresó a  la Habana para hacerse cargo de la Provincia de las Antillas, en virtud de la renun­cia que había hecho el Sr. Félix García.

El tercer Superior de Santiago de Cuba fue el Sr. Antolín Martínez, desde 1897 hasta el mes de Agosto de 1898, en que los americanos se apoderaron de dicha ciudad y se rindió la plaza después del sitio y bombardeo. Se creyó imposible la permanencia de los Misioneros é Hijas de la Caridad, según opinión del Prelado, y se embarcaron para España.

A los pocos meses de la salida de tuba de los Misioneros se creyó podría restablecerse la Comunidad de los Padres y de las Hijas de la Caridad, y así se verificó. fue enviado en calidad de Superior, y es el cuarto, el Sr. Sa­turnino Pérez Ibáñez. La Congregación ocupa el mismo local que antes, cuidando de promover el culto en la igle­sia de San Francisco, donde hay las asociaciones de Hijas de María, Apostolado de la Oración, Escuelas Dominicales y Sabatinas, que dirigen nuestros Padres, quienes cuidan además de atender a  las Hijas de la Caridad, que tienen tres casas, y a  la dirección espiritual de las niñas. Además dirigen a  las Siervas de María, Hermanitas de los pobres y Monjas de la Enseñanza, al Seminario, dando Ejercicios espirituales a  dichas Comunidades y a  algunos ejercitantes, y misiones, acompañando al Prelado en la pastoral Visita.

La casa de Matanzas, que tiene Colegio de primera ense­ñanza, y tuvieron también la segunda, pero las circuns­tancias hicieron desistir de la segunda enseñanza, por la opinión marcada contra las Comunidades. Ahora se les prepara para ingresar en los Institutos, y para el comercio.

Los Padres cuidan de atender a  las Hijas de la Caridad y a  las niñas de las dos casas que hay en Matanzas.

El primer Superior fue el Sr. G. Villanueva; el segundo

el Sr. Juan José Soriano, y el tercero el Sr. Pedro Pastor,

que lo es actualmente. El Colegio, por término regular, ha tenido 16o discípulos, y dos de ellos han entrado en la Con­gregación y son Hermanos Estudiantes en la Casa central de Madrid.

A bordo del Vapor Montevideo, a  24 de Mayo de 1905.

RAMÓN GÜELL, i. S. C. M.

ANALES 1905

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