Los milagros de san Vicente de Paúl desde la historia de su beatificación (1729) y de su canonización (1737)

Francisco Javier Fernández ChentoFormación Vicenciana1 Comment

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Author: Giuseppe Guerra, C.M. · Translator: Josico Cañavate, C.M.. · Year of first publication: 2014.
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Pedro Coste, en el tercer volumen de su biografía sobre «El gran santo del siglo»1, ha dedicado un extenso capítulo a la beatificación y a la canonización de san Vicente de Paúl2. Aquí encontramos que de los veintiún milagros3 que se recogieron se seleccionaron y presentaron sólo ocho: cuatro para la beatificación, tres finalmente por tratarse de un fundador y otros siete para la canonización, de los que se utilizaron nada más que dos.

Basándonos en los procesos de beatificación y canonización de nuestro fundador, que se encuentran guardados en el archivo de la actual Congregación de los Santos (anteriormente formaba parte de la Congregación de los Ritos4) podemos hacer una descripción más detallada que la que presenta Coste.

Estos milagros se explican por medio del comentario del famoso grabado que se unió a la serie de los once considerados «de la canonización»5 y que muestran la vida, la muerte y la gloria de san Vicente. Mientras estos fueron realizados antes de la canonización del 1737 (se habla del beato Vicente) el que muestra los milagros se realizó a finales del S. XVIII (ya se habla de san Vicente). Como ya se sabe todos estos grabados están basados en diversas pinturas sobre el santo que en buena parte se han perdido. De otro modo, a partir de estos grabados se realizaron nuevas pinturas6

Una lectura profunda nos puede ayudar a comprender el significado teológico de los milagros y el motivo de porqué la Iglesia los ve necesarios para las beatificaciones y las canonizaciones.

1. Listado de gracias recibidas

En el proceso de la beatificación se encuentra un apéndice7 dedicado a una lista más amplia y general sobre las gracias y curaciones obtenidas en los años sucesivos a la muerte de san Vicente. Están recogidas 56 de las cuales presentamos algunas a modo de ejemplo8:

  • Un alumno del seminario San Carlos de París (XXXI de la lista) pocos meses después de la muerte de Vicente se cura de una arteria obstruida al aplicarle la reliquia de la sangre del santo. En el grabado el milagro se representa en la parte derecha: una imagen se coloca en la cabeza del paciente.
  • Juan Bonnet9 (VI de la lista) Mientras era superior en Chatres recibe en el 1697 la circular por la que el padre Nicolás Pierron anuncia la decisión de la Asamblea General de iniciar el proceso de beatificación del fundador, sabiendo esto, eleva sus oraciones al fundador y se cura de la hernia que sufría. En el grabado se encuentra con el sobrepelliz a los pies de la urna de san Vicente.
  • Junto al anterior caso, se encuentran también a los pies de la urna, Des Croisilles: un sacerdote enviado por Vicente a Tulh, enfermo de una inmovilidad completa que lo impedía, después de la muerte del santo lo invocó y recuperó la salud10, y la Señorita Robe; representada en el centro debajo de la urna, curada de una enfermedad del hígado que había sido diagnosticada como incurable11.

2. Los cuatro milagros aprobados (de los ocho presentados en el proceso)

2.1 Claudio José Compion (I de la lista)

Recupera la vista. Con diez años, a causa de una «fluxión», se le cerraron los párpados, siente un gran dolor y se queda ciego durante un año y medio. Su madre Ana Junehomme, aconsejada por una viuda (Juliana Henaut) que había conocido a san Vicente, realizó una novena sobre el sepulcro del santo en París. En el primer día de la novena, el niño recuperó la vista distinguiendo una señora vestida de rojo que rezaba al lado de él. Su madre continuó la novena en acción de gracias y su hijo, curado para siempre, trabajó como fabricante de cintas.

Sus padres y la señora Luisa Barbier, la cual trabajaba cerca de la familia, testimoniaron que se trataba de un milagro, ya que estaban convencidos de que de la ceguera no se podía curar.

Domingo María Vaccario, abogado de la causa y Genaro Iannelli, perito médico, citan los textos antiguos donde se afirma la imposibilidad de curarse de la ceguera. El abogado del diablo (promotor de la fe) era Prospero Lambertino, futuro papa Benedicto XIV, que ese mismo año fue nombrado arzobispo de Ancona. Buscó, como era su trabajo, presentar cualquier objeción, es decir, llegó a decir que no se trataba de una ceguera de nacimiento y que la curación se produce durante la novena y no instantáneamente al inicio. Sin embargo las respuestas a las objeciones y el sucesivo parecer del otro perito Marco Ángel de Marcangelis confirmaron el milagro.

Se encuentra a la izquierda del grabado arrodillado debajo de la urna.

2.2 Ana Lhullier (II de la lista)

Recuperó el habla y el movimiento. Perteneciente a la parroquia de san Lorenzo de París. Hasta los ocho años no caminó ni habló. Habiéndose iniciado el proceso de beatificación de san Vicente y con ello la difusión de la fama de los milagros y las gracias, su madre Quintana María, acogiendo el consejo de una amiga inicia una novena en la tumba del siervo de Dios y al final de la misma la niña recupera la fuerza de las piernas y anduvo; su madre hizo otra novena para conseguir el habla de su hija, milagro que obtiene ahora antes de terminar la plegaria.

Todos los testimonios escuchados, sobretodo el de los propios padres declararon a favor del milagro.

Su figura se encuentra a la derecha del grabado sentada en el suelo.

2.3 Sor Maturina Guerin 1628-1704 (número 5 de la lista)

Fue una de las primeras discípulas de Vicente. Entró en la Compañía de las Hijas de la Caridad en 1648, secretaria de santa Luisa y elegida como segunda asistente y ecónoma en 1653. Madre general en cuatro ocasiones 1667-1673, 1676-1682, 1685-1691 y 1694-1697. Sufre en 1695, con 67 años, una gran y ulcerosa hinchazón en la pierna, diagnosticada como cancerígena, después de haber sido curada sin éxito por el decano de la facultad de medicina de París abandonó todos los remedios e inició una novena a san Vicente. Al ir pasando los días de la plegaria, mejoró hasta la curación completa y animó a otra hermana hidrópica a rezar de igual manera.

Representada con la corneta característica de las Hijas de la Caridad está sentada en el centro del estampado.

2.4 Alejandro Felipe Le Gran (número 8 de la lista)

A este niño expósito del Hospital del Niño Jesús de París se le dio este nombre por causa de la ausencia de sus padres. Aunque se le entregó a una enfermera, con tres años, volvió lisiado al Hospital.

Después de cuatro o cinco años de visitas médicas e hipótesis varias, su enfermedad fue declarada como incurable. Las hermanas, y sobre todo la hermana sirviente Sor Isabel Bourdois, expresaron su confianza en san Vicente, fundador de la obra.

En junio de 1699 organizaron una novena cerca del sepulcro del santo, y para que el niño participara lo llevaron, con la ayuda del jardinero de la casa de las hermanas, cerca de la tumba del fundador. Cada día el niño repetía su propia oración: «Señor Vicente, mi buen padre, dame la salud». Al cuarto día el niño comenzó a caminar y al final de la plegaria el niño estaba perfectamente cuidado. El médico del hospital dijo que no creía fácilmente en los milagros pero que a la curación del niño se la podía declarar milagrosa. Los administradores añadieron que no se dudaba que el Señor Vicente hacía milagros porque su propia vida había sido un milagro continuo.

Este niño se encuentra debajo del rostro de una Hija de la Caridad en el centro de la composición.

Estos tres últimos milagros también fueron aprobados con los mismos procesos que para el primer milagro y con los mismos peritos. De esta misma manera el abogado del diablo intentó poner en duda la sobrenaturalidad e inmediatez del suceso. A las objeciones fue fácil responder con las afirmaciones de los testimonios de visu y el parecer de los médicos del tiempo que no podían explicar la extraordinariedad de la curación.

2.5 Los otros cuatro milagros

Antonio Greffier (número 3 de la lista)

Bebé de seis meses, epiléptico, sordo y ciego durante cinco meses, recupera la salud en el mismo día en que la madre lo lleva al sepulcro de san Vicente. Está en el centro acostado en el suelo.

Genoveva Catalina Maquette (número 4 de la lista)

Niña de cuatro años, paralítica de nacimiento, una señora ha rezado por ella cerca de la tumba del santo y al terminar la novena la curación se realizó. Está simbolizada en brazos de su madre.

Santiago Grou (número 6 de la lista)

Hombre de 39 años que escupe sangre durante tres años a causa de una hemorragia, inicia una oración en la tumba de san Vicente, aconsejado por una Hija de la Caridad que servía a los pobres en la parroquia de san Nicolás des Champs. Al segundo día comenzó a sentirse mejor y al tercer día el flujo cesó, mejorando poco a poco con el tiempo. En la representación se encuentra sostenido por una mujer y un bastón.

Miguel Lepiné (número 7 de la lista)

Hombre de cuarenta años enfermo de una úlcera al hígado, declarado incurable. Cada vez peor, fue a recibir la unción de los enfermos. Al final, decide ir al sepulcro del Siervo de Dios a orar durante nueve días, de este modo se curó. Se visualiza cerca del p. Bonnet que está a los pies de la urna.

El 12 de julio de 1729 se tuvo la reunión general de la Sagrada Congregación de los Ritos, con la presencia del Santo Padre Benedicto XIII, siendo el ponente el cardenal De Polignac. El decreto de beatificación se leyó en san Pedro el 21 de agosto del mismo año.

3. Los dos milagros aprobados para la canonización (entre los siete presentados)

Dos años después de la beatificación comienza en Roma el proceso de la canonización con los respectivos milagros. Fueron presentados siente milagros (seis finalmente porque los dos primeros se cuentan como uno). Se tuvieron en cuenta los milagros número uno y tres en la declaración final.

Entre 1735 y 1736 se celebraron las congregaciones antepreparatoria y preparatoria que fueron la antesala a la congregación general del 31 de enero de 1736 y a la canonización en san Juan de Letrán el 16 de junio de 1737.

3.1 Sor María Teresa de San Basilio (I y II)

A esta benedictina del monasterio de Montmirel (diócesis de Soissons) corresponden dos curaciones. Enferma de hemiplejia en 1708 y en 1720 de hidropesía. Durante el triduo solemne por el nuevo beato Vicente de Paúl en 1730, se le aplicó a su cuerpo una reliquia del beato y la religiosa se curó de la hidropesía y unos pocos meses después de la parálisis. La aprobación se centró en la primera curación y de este modo los dos milagros se concentraron en uno mismo. Se puede visualizar en el centro debajo de la urna de san Vicente.

3.2 Francisco Richer (III)

Famoso mercante de París, enfermo de una hernia gravísima desde 1705 hasta 1729, el 25 de septiembre de ese año fue a los pies de la tumba del beato Vicente y se recomendó a su intercesión y se curó misteriosamente. En el grabado está a los pies de la urna entre Lepinè y Bonnet.

3.3 Los otros cuatro milagros

Los otros cuatro milagros fueron calificados como verdaderos por los peritos pero no se introdujeron dentro de la congregación general conclusiva del 31 de enero de 1736. Por eso no es exacto decir que se realizó una selección progresiva según afirma Coste.

Catalina Jean

Paralítica de setenta años aproximadamente recuperó la salud y el movimiento en la tumba del beato donde había sido acompañada para rezar. La podemos encontrar a la derecha bajo el pie del ángel donde muestra el suyo.

Pedro Grurex

Atacado de muchas enfermedades desde los nueve meses hasta los dos años y medio, recupera la salud y el movimiento en la tumba de san Vicente.

Juan Lemaitre

Siempre enfermo con pústulas, a los setenta años se agrava tanto que parece un leproso, sin embargo, se cura en la tumba del fundador de la misión.

Luisa Isabel de Sakville

En 1730, a los veintitrés años, sufre una grave enfermedad en la pierna derecha (colgante). El 28 de diciembre de 1732 al final de la novena en honor del beato fue llevada a la tumba y recupera la salud y el movimiento. En la pintura se encuentra a los pies de la urna del santo con las muletas.

4. El significado teológico del milagro

Como se ha subrayado muchas veces en el evangelio en referencia a los milagros de Jesús, los evangelistas adoptaron la palabra «signo», es decir, no se subraya el acto exterior, extraordinario y excepcional del hecho sino su significado, es decir, el aspecto extraordinario es en función al mensaje que el hecho «milagroso» quiere mostrar. Los milagros «No pretenden satisfacer la curiosidad ni los deseos mágicos.»12 Tanto es cierto que Jesús no realiza los milagros sino hay fe (Mc. 6,4), es decir, la actitud se apoya en la escucha y la comprensión del mensaje. Los milagros del evangelio lejos de ser una prueba de fe son el fruto.

Ya se sabe que en los primeros siglos del cristianismo, el culto a los santos siempre estaba acompañado, no sólo de una fama de santidad, sino también de una serie de milagros obtenidos por su intercesión. Poco a poco la normativa sobre el culto de los santos se va desarrollando. Siempre se ha pedido la garantía de credibilidad por medio del signo, la mano de Dios. La normativa se consolidó con el breve de Urbano VIII Caelestis Hierusalem cives del 5 de julio de 1634 y con el trabajo de Porpero Lambertini, futuro Benedicto XIV.

En nuestra época contemporánea encontramos la Sanctitas Clarior del 19 de marzo de 1969 y la instrucción Sancturoum Mater de Benedicto XVI de 2007 donde se reafirman en la necesidad del milagro para proceder a la beatificación, excepto en el caso de martirio, y de otro para la canonización. Siempre hablando en una perspectiva teológica.

Es del todo erróneo mirar el milagro como una prueba científica propiamente, ya que sería decir que Dios para mostrarnos sus signos debe ponerse bajo las imposiciones de los límites científicos.

Pío XII instituyó en 1948 una comisión de médicos que en 1959 se convirtió en la consulta médica llamada a pronunciarse sobre la «inexplicabilidad» de los casos legados a las Congregación de los santos. Lo científico no debe, y no puede pronunciarse, en cuanto científico, sobre lo que trasciende la esfera natural y científica, es decir, del milagro en cuanto tal. Pero los médicos deben limitarse a explicar su parecer sobre la «inexplicabilidad» de algunos prodigios, teniendo en cuenta los conocimientos científicos actuales.

El valor simbólico del hecho, vistas las coincidencias con la oración y la invocación al Siervo de Dios, debe ser valorado por los teólogos. Desde este punto de vista, sería mejor que la consulta médica fuese contemporánea, y no anterior, al congreso de teólogos. De otro modo, el riesgo es caer en una visión positivista y científica que es propiamente contraria a la fe. «Si no vieseis señales y prodigios, no creeríais» (Jn. 4, 48).

5. Conclusión

Considerando los milagros de san Vicente desde el punto de vista de la medicina contemporánea y de sus potentes medios diagnósticos y terapéuticos, aunque forman parte de curaciones providenciales, no tienen nada de espectacular y sorprendente como podía parecer en el 700. Por este mismo caso fueron para los destinatarios y testigos un signo de Dios, debido a su costumbre de ver a Dios en todas las cosas, lo vieron sobretodo en esas curaciones en las que los médicos del tiempo no supieron y no pudieron explicar.

  1. P. Coste, Le grand saint du grand siècle Monsieur Vincent. 3º volumen, París, 1931.
  2. Coste (pág. 460, n.2) se sirve de la «Relation de ce que j’ai fait pour la beatification et la canonisation du Venérable Serviteur de Dieu Vincent de Paul» escrita por el postulador p. Couty. La relación se para el 8 de julio de 1713,es decir, se frena el proceso de validez sobre el proceso de las virtudes.
  3. P. Collet, La vie de Saint Vincent de Paul, 2º volumen, Nancy, 1748. Habla de 64, que corresponden a los 56 del apéndice de la Responsio ad animadversiones, más los 8 de los que hablamos.
  4. Ref. reforma de la curia en Divinus Perfectionis Magister del 25 de enero de 1983.
  5. Las dos firmas son de Jacques Antoie Beaufort (1721-1784) y de Nicolás De Launay (1739-1792). Los originales se eucntran en la casa madre de París (Rue du Sèvres).
  6. Para una descripción más detallada de estos grabados y de la historia de los cuadros en los cuales se inspiraron, se pude consultar Jean Parrang Iconographie de Saint Vincent De Paul (Les tableaux de la canonisation, 1737) en Annales de la Congrègation de la Mission et de la Compagnie des Filles de la Charité 102 (1937) págs. 491-504. En el artículo se explica que de los antiguos cuadros; conservados en la iglesia de santa Margarita de París los que se refieren a san Francisco de Sales, los niños expósitos, el Hospital del Nombre de Jesús y a los soldados y el de la apoteosis de san Vicente en la iglesia de Bourg-la-reine en París; se sacaron los grabados. Cfr. También Alfred Milon, Iconogaphie de Saint Vincent De Paul en Annales de la Congrègation de la Mission et de la Compagnie des Filles de la Charité75 (1910) págs. 628-637.
  7. Pág. 77 de la Responsio ad animadversiones: elenchus quorumdam aliorum miracolorum quae in vriis Galliae Provinciis ad intercessionem Ven. Vicentii a Paulo patravit Altissimus, ut desumitur ex Proccessibus Caussae.
  8. Cfr. «Risttretto cronologico della vita, virtù e miracoli del beato Vincenzo di Paoli fondatore della Congregazione della Missione, e delle serve dei poveri dette le Figlie della Carità» (1729), II edición, Roma 1837 en el centenario de la canonización.
  9. Superior general desde 1711 a 1735, gobernó la Congregación en el tiempo de la beatificación (1729). En la canonización (1737) era el Superior General Juan Couty (1736-1746), que como postulador había trabajado por la causa hasta 170.
  10. Pedro Collet.
  11. Pedro Collet.
  12. Catecismo de la Iglesia católica, 548.

One Comment on “Los milagros de san Vicente de Paúl desde la historia de su beatificación (1729) y de su canonización (1737)”

  1. Hola ,Este santo hace Muchos Milagros y bien sustentados cada uno,yo no sabia nada sobre este santo y de repente me entro la inquietud de conocer mas sobre el,estoy integrada a un grupo de caridad y yo sin saber nada de el dije que san Vicente de Paúl era mi patrono y al investigar sobre este santo descubrí que realmente el es el patrono de la caridad,Gracias por la información es muy completa.

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