Después de la expedición militar que colocó a Tunicia bajo el protectorado francés, en 1881, se dejó sentir la necesidad de crear en aquel país una serie de obras caritativas que fuesen una ayuda para las inmensas necesidades de las poblaciones desheredadas.¿Podrían los hijos de san Vicente encontrarse más en su sitio que en aquella tierra santificada por los sufrimientos de su padre Vicente de Paúl y los trabajos de uno de sus hijos más ilustres, Juan Le Vacher? De ahí surgió el pensamiento de introducir en Tunicia a los Sacerdotes de la Misión y a la Hijas de la Caridad. Estas fueron las primeras en llegar en 1896:
- La Obra de la Cuna fue fundada en Túnez en 1887 por la Residente General de Francia, señora Massicault, en un lugar reducido que no permitía recibir a más de veinticinco niños. Era una obra llevada por seglares.
En 1894, la señora Renée Millet, que había sustituido a la señora Massicault como Residente General de Francia, comprendió que para poder prestar mejores servicios, era necesario ampliar la obra e instalarla en un lugar más sano. El gobierno tunecino puso a su disposición un terreno situado en los altos de Túnez, en el barrio de la Casbah. Allí se construyó un inmueble espacioso y bien aireado, y la señora Millet quiso confiar el nuevo establecimiento’ a las Hijas de la Caridad. Después de múltiples gestiones y gracias a la intervención de monseñor Combes, arzobispo de Cartago y primado de África, ante el Superior General P. Antonio Fiat, las negociaciones tuvieron éxito. Se destinaron a Túnez tres Hijas de la Caridad, que llegaron el 16 de marzo de 1896.
Se suscribió un contrato entre la Residente de Francia y los Superiores de las Hermanas de san Vicente de Paúl para determinar las condiciones en las que se les confiaba la obra. La Cuna de Bab Menara pasaba a ser Cuna San Vicente de Paúl. Después, se estableció un obrador para confeccionar ropas que se repartían por Navidad y canastillas que se ponían a disposición de las madres jóvenes que las necesitaban. El trabajo del obrador lo desempeñaban señoras de la ciudad que iban a trabajar en él, contribuyendo también a la obra de la Cuna. Esta se desarrolló rápidamente en 1897-1898. Se construyeron dos pabellones: uno dedicado a Escuela-Guardería y otro a Escuela Maternal, que se anexionaron sucesivamente a la primera construcción.
A medida que las Hermanas tomaban contacto con el pueblo, iban comprendiendo mejor que su beneficiosa influencia no debía limitarse sólo a los «chiquitines», sino que era preciso extenderla también a las niñas y aun en las jóvenes. Así, las obras siguieron desarrollándose: Catequesis en 1897, Asociación de Hijas de María en 1898 —hoy las llamaríamos «Juventudes Marianas»— Dispensario en 1909.
Gracias a las diversas ampliaciones que se fueron haciendo, tanto en el dispensario como en las obras de protección a la primera edad, se pudieron organizar todos los servicios de medicina, cirujía, etc. Y en aquella época el Dispensario de la Cuna era uno de los más importantes de Túnez.
En 1914-1918 se enviaron a Tunicia heridos y enfermos del cuerpo expedicionario de Oriente. Y en la Cuna San Vicente de Paúl se estableció un hospital «benévolo». La cosa duró dos años. Entre las dos guerras, las obras se extendieron al ámbito de Obras parroquiales y Visita a los pobres.
En 1939, las relaciones políticas entre Francia e Italia se hicieron muy tensas, y el Residente General juzgó necesario instalar un puesto de Defensa pasiva en los locales de la Cuna. Las obras languidecieron más o menos hasta el armisticio, después del cual se remprendieron activamente, no sólo en favor de la población católica, sino también de los musulmanes, muy numerosos en el barrio.
En el año 1955, Tunicia accede a la autonomía interna, y el 20 de marzo de 1956, Francia reconoce solemnemente su independencia. La república se proclama el año siguiente y Burguiba es su primer presidente. El nuevo Estado se da una constitución. La vida de algunas de nuestras casas va a quedar profundamente modificada. La que más se resienta de ello será la Cuna S. Vicente de Paúl del Bulevar BabMenara. El 15 de septiembre de 1956, las Hermanas reciben la orden de evacuar los locales antes del 1 de octubre. No es cuestión de abandonar las obras, ni menos a los niños del barrio, que es el más pobre de Túnez en aquella época.
Sor Angela Labbe pide a sus hermanos y hermanas que le cedan la casa familiar, la hermosa villa de Montfleury. En ella se instalan la Cuna y el Jardín de Infancia lo mejor que pueden. También el Dispensario tuvo que dejar libre el local. Las Hermanitas de la Asunción cedieron el suyo situado en la misma calle, y así los pobres pudieron seguir recibiendo los cuidados que necesitaban.
En 1967, la Comunidad de Montfleury se fusionó con la del pasaje San José. Y las Hermanas siguieron ocupándose de la Cuna y del Jardín de Infancia hasta 1980, año en que se hizo cargo de la Cuna una directora tunecina. El Dispensario ya había tenido que pasar a depender del Ministerio de Sanidad.
La Cuna San Vicente de Paúl duró exactamente ochenta y cuatro años.
- La otra fundación, más antigua, que todavía existe, es la Casa de San José’, en Túnez.
En 1903, sor Tournier fue enviada a dicha ciudad para establecer la visita a los pobres. Con ella se dio origen a la «Cocina de los pobres». Había que empezar por encontrar un local. Monseñor Combes quiso encargarse de alojar la nueva obra en la casa rectoral de la iglesia Santa Cruz. Allí se preparaban comidas para los pobres, que se llevaban también a los enfermos, juntamente con las medicinas.
A pesar de todos los obstáculos, la «Cocina» marchaba bien. Se estableció un comedor para los ancianos, con distribución de bonos. La Obra prosiguió en el humilde y reducido local de Santa Cruz, y todos los días señoras de la más alta sociedad tunecina iban a ayudar a las Hermanas a servir las comidas a los pobres.
La pequeña comunidad incipiente se alojó al principio en una casa construida por los esclavos cristianos del siglo xvii, que distaba un cuarto de hora del lugar de la Obra. Tal situación tenía que ser provisional.
Monseñor Combes pensó en proporcionarles un alojamiento más adecuado y, sobre todo, más cómodo. Con ese fin concedió un terreno de seiscientos metros cuadrados de extensión, situado en el centro de la ciudad, para construir en él una casa. Se pudo llevar a cabo la construcción mediante donativos y el 22 de mayo de 1906 se bendecía el nuevo local. En adelante, la obra quedaba sólidamente establecida y se desenvolvería con rapidez. En efecto, poco a poco se fueron agrupando en torno a la «Cocina» todas las obras propias de las Hijas de la Caridad, encaminadas al bien corporal y espiritual de los pobres.
Después de las Catequesis parroquiales se imponía otra obra en aquella gran ciudad de Túnez. En 1907-1908 fueron llegando muchachas jóvenes, especialmente muchachas de servicio, con el fin de ganarse la vida. Estas jóvenes se encontraban expuestas a toda clase de peligros. De ahí que se decidiera fundar una Sociedad para la «Protección de la joven». Después, surgió el proyecto de un Dispensario, gratuito para los indigentes; proyecto que tropezaba con un obstáculo: era necesario encontrar un local en la vecindad. El de la «Cocina» era demasiado exiguo y no se prestaba para esta otra finalidad. Después de una prueba que duró tres meses, hubo que cerrar el dispensario, que no volvió a abrirse sino unos años más tarde.
Para atender a las muchachas jóvenes se había alquilado una modesta vivienda; pero tal instalación no podía tener carácter definitivo. Una vez más, las Hermanas acudieron al arzobispo, Monseñor Combes, siempre dispuesto a favorecer las iniciativas de caridad, quien se mostró tan generoso con relación a esta última como lo había sido con la «Cocina». De nuevo concedió un terreno contiguo al primero y de unos trescientos setenta metros cuadrados de extensión para construir un inmueble.
Las Hijas de la Caridad, con la ayuda de generosos donantes, mandaron construir y, después equiparon, este segundo edificio, que fue bendecido el 19 de marzo de 1909.
La guerra mundial de 1914-1918 dio origen a otra Obra destinada a ayudar a algunas madres de familia cuyo marido estaba movilizado. Se accedió a cuidar de sus niños pequeños mientras ellas iban a trabajar para ganarse la vida. Tales fueron los humildes comienzos de la «Guardería de la Cocina».
En 1917, las peticiones de admisión en la «Protección de la joven» se hicieron cada vez más numerosas, por lo que se hizo preciso construir —gracias a la generosidad de un insigne bienhechor— otro piso que fue de gran utilidad.
En 1924 volvió a surgir la cuestión del Dispensario «de la Cocina de los pobres». A petición de monseñor Lemaitre, arzobispo de Cartago, las Hermanas habían abierto una sencilla enfermería, El Dispensario, propiamente dicho, no pudo establecerse hasta 1927-1928.
Ante el crecimiento de las Obras, sor Saubusse, Hermana Sirviente entonces, de acuerdo con el Comité de Administración y gracias a la generosidad del señor Walter, decidió, en 1928, construir otro piso en el inmueble de la «Cocina» para disponer así de más espacio.
Además de las obras mencionadas, siguen funcionando otras en provecho de los pobres. La Asistencia Social ofrece diversas variedades.
Durante la guerra de 1939-1945, el Dispensario se utilizó como puesto de defensa pasiva y como refugio. Hay que señalar que la «Kommandantur» se hallaba instalada en el hotel Majestic, muy próximo (a unos doscientos metros a vuelo de pájaro) y la aviación tenía el barrio como punto de mira, lo mismo que el puerto. Pero, aún en aquellos tiempos turbulentos, las obras de la casa siguieron funcionando, pues los pobres continuaban allí.
Como ya hemos dicho al hablar de la Cuna de Bab Menara, al terminar la guerra se perfiló un Movimiento pro-independencia, movimiento que tomó cuerpo. En la Casa San José la vida prosigue, y en 1962 volvemos a encontrar el Jardín de Infancia, la Residencia de Jóvenes, el Dispensario y la Visita a los pobres.
El Hogar o Residencia se cerrará en 1966 y en 1967 los locales vacíos se adjudicarán de nuevo a la Cuna. que ya existía antes de la segunda guerra mundial, pero que, poco a poco, había dado paso al Jardín de Infancia.
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En 1967 no quedaban más que dos Hermanas en la Casa San José, y la Visitadora de entonces decidió la fusión de las dos Casas: la de Montfleury y la de la calle de San José, aunque se mantuvieron las Obras respectivas. Con esto se llegó a una Casa de ocho Hermanas.
Los comienzos fueron un tanto difíciles. Todas las mañanas, las Hermanas marchan a Montfleury, regresando ya tarde. En 1971, dos Hermanas viven una experiencia en el barrio de la Medina, aunque siguen perteneciendo a la Casa San José.
Hasta 1976, la Comunidad estuvo formada por tres grupos: las Hermanas de la Casa de San José, las de Montfleury y las de la Medina. Ese mismo año, una Hermana aceptó un contrato en un organismo semipúblico, al servicio de niños con minusvalía auditiva, servicio que continúa hasta la fecha.
En 1977 se cierra la obra de la Medina, pero una Hermana queda inserta en un barrio alejado: Mellassine. Allí trabajará en el Dispensario público del barrio. Otra Hermana se unirá a ella para ocuparse de la formación femenina. Esto era en 1980. En 1981, Mellassine se independiza.
En San José, dos Hermanas imparten enseñanza en las Escuelas de la Prelatura. Pero el número de Hermanas disminuye. En 1990, las dos Obras de la Casa: la Cuna y el Jardín de Infancia pasan a la Prelatura con personal seglar. La Comunidad continúa. Durante más de noventa años, la Casa de San José ha conocido muchos cambios y adaptaciones; pero, continúa discretamente dando testimonio de amor y abnegación junto a los pobres, a las personas mayores, enfermos, minusválidos, niños…, etc.






