CONCLUSIÓN
La conclusión evidente y compartida por quienes se han acercado a esta relación entre Palabra de Dios y Vicente y es expresada de esta manera: En la experiencia religiosa y la enseñanza de Vicente, la Escritura tiene un doble objetivo y asegura una doble misión:
Incontestablemente, ella fue MEDIADORA, en la línea de lo que dice la carta a los Hebreos… «viva es la Palabra de Dios (traduzcamos: activa) y eficaz y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta la división de alma y espíritu, articulaciones y medulas, y discierne sentimientos y pensamientos del corazón. No hay criatura invisible para ella: todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de dar cuenta». No podremos saber jamás cómo la PALABRA DE DIOS trabajó el corazón de Vicente. Pero su vida y sus obras son elocuentes. De veras se dejó habitar por la Palabra de Dios en él y le abrió el espacio en su corazón. Sin esta descubierta, él hubiera permanecido el hombre de «reducidas periferias en un proceso sin fin de «honestas retiradas», «en un quedarse corto» decía Vicente.
Pero sobre todo la Palabra Divina le fue incesantemente ILUMINADORA de otro mundo más verdadero, más sólido, de mayor consistencia que este mundo frágil que conocemos por nuestros sentidos y por nuestra inteligencia pero que nunca lograremos poseer en totalidad y durablemente. Luz interior que le ayudó a percibir cual era su puesto en el mundo, en la Iglesia, frente a los pobres y que le llevó a traducir esa «habitación de Dios en él» en energía de peregrino en el interior de su corazón y para cuantos por la pobreza y el dolor son peregrinos solitarios y frente a los cuales nos dijo con su vida y con su ejemplo que no hay sino un gesto que valga… EL «AUN MAS» …»EL MAR ADENTRO» …» EL AMAR CON EL ESFUERZO DE LOS BRAZOS Y EL SUDOR DE LA FRENTE»… «Y CON LA ALEGRIA MAS PROFUNDA ESA DE MORIR CON LAS ARMAS EN LA MANO»… como el Maestro que aún desde la cruz… ama y perdona… y nos nuestra la ruta a seguir.
A nosotros nos pertenece recrear en nuestro camino esa trilogía de Vicente: PALABRA DE DIOS, LOS POBRES Y NUESTRA HUMILDE FE.
Una pequeña anécdota habla de una «mujer educadora y catequista en un país africano, a quien se le erigió una estatua después de su muerte para que fuera memoria viviente de su generosidad y abnegación en su trabajo. La estatua la representa con los libros de geografía, historia y matemáticas, en el brazo derecho como quien va a la escuela. Pero la mujer sostiene sobre su cabeza la Biblia, que como catequista enseñaba a sus alumnos. El porqué de esos dos gestos está en la respuesta dada cuando se le preguntó porqué llevaba en una mano los libros de ciencias profanas, como la geografía, la historia y las matemáticas, y sobre la cabeza la Biblia: «Estos libros (los de la mano derecha) los leo yo… pero este libro (la Biblia) ME LEE A MI».







