Ciclo A, Domingo 4º de Adviento (reflexión de Julio César Villalobos, C.M.)

Francisco Javier Fernández ChentoHomilías y reflexiones, Año ALeave a Comment

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Muchas veces habría oído hablar a los profetas: “la Virgen está en cinta y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros” (Is.7,10-14). Siempre se habría preguntado: ¿quién llevaría semejante regalo?, ¿a quién le tocaría semejante bendición?, ¿quién sería la elegida de Dios?

Pero llegó el día esperado, ella no se lo esperaba. El anuncio lo recibió de Gabriel (cf.Lc.1,30-31). Recibió ese anuncio grande, ¿cómo habría saltado de gozo ella?, ¿cómo se habría puesto contenta?, ¿cuántas veces lo habría contado? Pero eso no le hizo soberbia, al contrario, humilde sierva (cf.Lc.1,38) aceptó este regalo grandioso.

Le tocaba esperar. Mateo, hoy habla de: “resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo” (Mt.1,18-24). Ahora ese gozo se encaminó con la virtud de la Esperanza. Esperó la promesa del Señor. Era cierto, habría dicho, Dios se fijó en mí, no le fallaré a Dios, haré lo posible para agradarte Señor.

¿Qué haces tú, qué hago yo, qué hacemos todos cuando recibimos una buena noticia? Ya sabemos que viene Jesús, como dice San Pablo hoy “nacido, según la carne” (Rom.1,1-7). Y no viene lejano, sino cercano, o sea: Enmanuel, Dios con nosotros.
¿Qué pasa cuando no “entendemos” el plan de Dios en nosotros? Viene la duda, el rechazo, el cuestionamiento, la indiferencia. Eso le pasó a José, “que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla (separarse) en secreto”.

Dios se encargó de sanar sus dudas, por eso le regaló 2 promesas grandes a José. La 1ra de ellas, va en relación por el origen de este nacimiento: “la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”; la 2da promesa va en relación a la misión: “él salvará a su pueblo de los pecados”.

Dios también quiere sacarnos de nuestras dudas, nos dice que no tengamos miedo.

Ante tanta explosión de gracia que recibió la Virgen, y las veces en que José fue tocado por Dios, no tuvo otra salida que abrirse al amor de Dios: “Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a María como esposa”. María Santísima no se desesperó, esperó con gozo las promesas de Dios. Ella se agarró de esa promesa: “no temas María”.

Estamos en la última semana de adviento, la Virgen nos enseña a no desesperarnos. Abramos nuestra vida al paso de Dios por nosotros, y esforcémonos en hacer lo que el Señor nos pida.

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