Bienhechores

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la Misión, Formación VicencianaLeave a Comment

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Author: Desconocido · Translator: Máximo Agustín, C.M.. · Year of first publication: 1903 · Source: Notices, IV.
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Entre los personajes que destacar en el recuerdo agradecido de los hijos espirituales de san Vicente de Paúl, citaremos a los principales, al Sr. CLAUDE-CHARLES DE ROCHECHOUART DE CHANDENIER, abate de Moutier-Saint-Jean. Los dos hermano de Chandenier sobrinos del cardenal de la Rochefoucauld, compartían con él, dice Collet, el respeto profundo y la veneración que él tuvo siempre por san Vicente de Paúl. Los dos habían dado ejemplos de la más edificante piedad en Roma, en la casa de la Misión en Montecitorio (COLLET, t. I P. 148). Una noticia sobre el Sr. Louis de Chandenier, abate de Tournus, ha sido publicada anteriormente (t, II, p. 511). Fue el 18 de mayo de 1710 cuando murió  el Sr. Claude-Charles de Chandenier. El Sr. Watel, superior general escribió sobre esta muerte a toda la compañía: «Acabamos de saber con mucho dolor la muerte del Sr. abate de Moutier-Saint-Lean, uno de los mejores y más fieles amigos  del Sr. Vicente y de toda nuestra congregación, que él ha honrado con su amistad y edificado mucho todas las veces que  nos ha hecho el honor de estar con nosotros, según el privilegio muy particular que nuestro venerable Padre le había concedido, lo mismo que al abate de Tournus, su hermano. Ha muerto como vivió, es decir muy santamente, en la práctica de las virtudes cristianas. Les ruego que le concedan cuando puedan los mismos sufragios que se dan a los difuntos de nuestra congregación, aunque no haya sido más que  de corazón y de afecto, y por todas las señales  y los buenos efectos de una benevolencia muy paternal».

En esta época, el 16 de noviembre de 1704, Dios llamó a sí a Mons. Jacques-Bénigne BOSSUET, obispo de Meaux. Animado al espíritu sacerdotal por la palabra y por el ejemplo de san Vicente de Paúl. Desde sus más jóvenes años, como él mismo lo ha escrito, experimentaba al recordarlo una extrema alegría. Bossuet había asistido a las conferencias celebradas por el siervo de Dios en San Lázaro, y había conservado de ello una profunda edificación; había participado en los trabajos apostólicos de los misioneros, y lleno de veneración por el santo, no cesó de manifestársela. Estaba presente en el servicio solemne que el clero de París mandó celebrar a la muerte de Vicente, y cuando se enteró de que se daban los pasos para colocarle en los altares, escribió al papa Clemente XI para asociarse ardientemente a estas peticiones  para ver glorificar al siervo de Dios: esta carta honrosa para san Vicente de Paúl es digna de la piedad y del genio de Bossuet. (Carta de Bossuet, del 2 de agosto de 1702).

En Casale Monferrato, el canónigo François-Giordano BALY más tarde arzobispo de Mitilene, donó a los misioneros (1705) una casa y un jardín para crear un establecimiento y tener las obras  de su comunidad. Se logró así el medio de realizar la empresa concebida por un misionero el Sr. Pierre Donna, de Calliona,  quien a ello dedicó su celo y sus recursos personales.

En 1710, penetrado de la importancia que hay en formar con cuidado a los jóvenes en la vida eclesiástica, Mons. de LA POIPE DE VERTRIEU, obispo de Poitiers, fundó en esta ciudad el seminario menor de San Carlos, que confió a la Congregación de la Misión ya encargada del seminario mayor.

    En Fermo, en la marca de Ancona, Mons. el cardenal Balthazar CENCI, obispo de esta ciudad, estableció en 1703, contribuyendo con sus recursos personales, una casa de misioneros en esta ciudad para misiones  en la diócesis y para recibir durante cierto tiempo a los eclesiásticos que aspiran a las órdenes.

Mons. BELLINCINI, obispo de Reggio, quien dejó este mundo, en 1705, era considerado por los misioneros como un padre, dice una antigua nota, tanto afecto les había demostrado durante su vida. Al morir, les legó también una parte de lo que dejaba, a fin de que pudieran continuar el bien que hacían.

S. A. R. Côme III, gran duque de Toscana, demostró a la compañía su afecto queriendo tener en Florencia  un establecimiento de misioneros. Donó para ello, en 1707, un emplazamiento y mandó comenzar una vasta edificación erigida  para misiones  y un seminario externo.

Es al Sr. RABI, vicario general  de Mons. Édouard COLBERT DE VILLACERF, arzobispo de Toulouse, a quien se debe el establecimiento de una casa de la Congregación de la Misión en esta ciudad capital del Lanquedoc. Después de encontrar varias dificultades, este íntimo amigo de la Congregación, logró su proyecto. Dio sus bienes para ello. Mons. el arzobispo contribuyó con una suma de dinero e hizo un legado considerable en su muerte. Este establecimiento se hizo en 1704.

 

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