{"id":98938,"date":"2015-05-01T08:23:37","date_gmt":"2015-05-01T06:23:37","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=98938"},"modified":"2016-07-26T17:21:26","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:26","slug":"historia-de-la-canonizacion-de-san-vicente-de-paul","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/historia-de-la-canonizacion-de-san-vicente-de-paul\/","title":{"rendered":"Historia de la canonizaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/05\/san-vicente-de-paul-basilica-de-saint-sernin-toulouse-foto-r-puig.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-144177\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/05\/san-vicente-de-paul-basilica-de-saint-sernin-toulouse-foto-r-puig-300x225.jpg?resize=300%2C225\" alt=\"san-vicente-de-paul-basilica-de-saint-sernin-toulouse-foto-r-puig\" width=\"300\" height=\"225\" \/><\/a>La noticia de las virtudes de nuestro Vicente se esparci\u00f3, a pesar de las precauciones que tomaba para ocultarlas; y un escritor, que muy injustamente acusa a los hijos de haberse avergonzado de la gloria de su padre, se complace en confesar que pocas personas de su estado han tenido mayor reputaci\u00f3n. El tiempo no debilit\u00f3 a aqu\u00e9lla, tan justamente merecida, y cada a\u00f1o la confirmaban milagros de todas clases. Esto hizo, al fin, pensar en su beatificaci\u00f3n, con gran contento de todos los que amaban a la Iglesia; los reyes y pr\u00edncipes se unieron a sus vasallos para suplicar a Clemente XI que empezase a tratar este gran asunto; y en pocos a\u00f1os se vieron llegar cartas del rey de Francia, del rey y la reina de Inglaterra, del duque de Lorena, del gran duque de Toscana, del dux y la rep\u00fablica de G\u00e9nova, y de gran n\u00famero de cardenales. En cuanto a los obispos, su n\u00famero fue tan grande que me contentar\u00e9 con decir que a casi todos los del reino se juntaron los de Polonia, Espa\u00f1a, Italia, Gran Breta\u00f1a, y aun los que no siempre hab\u00edan estado de acuerdo sobre otras materias, como Bossuet, Fenelon, Montgaillard, celebraron a una voz la extraordinaria caridad del siervo de Dios. La asamblea de 1705, persuadida por el cardenal Noailles, hizo en corporaci\u00f3n lo que hab\u00edan hecho los otros prelados en sus di\u00f3cesis. Los cabildos de nuestra Se\u00f1ora de San German de Auxerre siguieron el mismo ejemplo; la ciudad de Par\u00eds, representada por su ayuntamiento, escribi\u00f3 tambi\u00e9n, y de una manera digna de ella y del hombre grande para cuya gloria trabajaba; a estas cartas se reun\u00edan las de todos los superiores de \u00f3rdenes religiosas, y de los miembros del clero.<\/p>\n<p>Y no se crea que estas cartas son un tejido de generalidades que, a fuerza de decir mucho, no dicen casi nada en particular. De todas las que nos quedan, que el Papa hizo imprimir en Roma en 1709, no hay una que no se funde sobre hechos relativos a los que las escriben. As\u00ed es que el rey de Inglaterra motiva sus instancias sobre los servicios que hizo Vicente a sus reinos de Escocia y de Irlanda en los m\u00e1s tempestuosos tiempos; y bien hubiera podido a\u00f1adir que, de los misioneros que prestaron estos importantes servicios, uno padeci\u00f3 largo tiempo en un calabozo por orden del parricida Cromwell, otro fue b\u00e1rbaramente asesinado a la vista de su madre. As\u00ed es, tambi\u00e9n, que el duque de Lorena dice que la memoria de este gran siervo de Dios est\u00e1 en grand\u00edsima veneraci\u00f3n entre los pueblos de sus estados, en agradecimiento de los socorros espirituales que recibieron de \u00e9l en los m\u00e1s calamitosos tiempos. En fin, el ayuntamiento de Par\u00eds, cuya carta es de las mejores que se han escrito sobre este asunto, despu\u00e9s de recordar las heroicas virtudes que por m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os practic\u00f3 Vicente de Pa\u00fal en esta capital, el buen olor de Jesucristo que de tantas maneras difundi\u00f3 y la reputaci\u00f3n de santidad en que muri\u00f3, contin\u00faa en estos t\u00e9rminos: \u00ab<em>\u00bfHay alguna clase de miserables, Sant\u00edsimo Padre, a cuyos males no haya puesto remedio Vicente de Pa\u00fal? Las Hijas de la Caridad, instituidas por \u00e9l, que tienen m\u00e1s de treinta y cinco casas en Par\u00eds y cerca de trescientas fuera del reino, instruyen a los hijos de los pobres, les prestan los m\u00e1s humillantes servicios en sus propias chozas o en los hospitales, con una caridad, modestia y destreza que tanto edifica a los ricos como instruye y alivia a los pobres. Las familias indigentes encuentran un recurso seguro en las Cofrad\u00edas fundadas por \u00e9l y establecidas en casi todas las parroquias de esta ciudad, y no solo en la mayor parte de las ciudades, sino tambi\u00e9n en casi todos los pueblos del reino. Si un incendio hace alg\u00fan estrago grande, si la esterilidad o la inundacion causan la ruina de una provincia, una junta de se\u00f1oras distinguidas por su nacimiento, y todav\u00eda m\u00e1s por su piedad, formada por la piadosa industria de este caritativo sacerdote, y dirigida por sus sucesores los superiores generales de las misiones, consagra un d\u00eda cada semana al examen y remedio de estas necesidades. \u00c9l sigue sirviendo de padre a una infinidad de ni\u00f1os exp\u00f3sitos (cuyo n\u00famero es prodigioso en esta ciudad) por la compasi\u00f3n que de ellos tuvo e inspir\u00f3 a otros. Tambi\u00e9n los infelices condenados a las galeras experimentan todos los d\u00edas los efectos de esta compasi\u00f3n. No decimos, Sant\u00edsimo Padre, sino una parte de lo que vemos, etc.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>La carta del clero de Francia era todav\u00eda m\u00e1s viva. El cardenal de Noailles, despu\u00e9s de observar que es incumbencia de la Sede Apost\u00f3lica informarse de la vida y costumbres de los que quiere poner en el n\u00famero de los santos dice, en propios t\u00e9rminos, que la asamblea general cree que la canonizaci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal se puede pedir altamente y sin miedo; <em>illumque vobis expendendum non timid\u00e9 proponimus<\/em>. A esto a\u00f1ade que la vida de este santo sacerdote ha sido un prodigio, <em>vita pro ostento fuit<\/em>, y que est\u00e1 toda la Francia tan llena de la fama de su santidad que cuesta gran trabajo impedir que los pueblos le rindan un culto que ser\u00eda culpable por ser precipitado; y concluye con estas bellas palabras, que tanto aprecio y veneraci\u00f3n indican: \u00ab<em>Dignaos, pues, Sant\u00edsimo Padre, dar o\u00eddos a nuestros votos y a los de estos pueblos, decretando los honores tan bien merecidos por Vicente. Los altares que le sean consagrados ser\u00e1n un triunfo para la Religi\u00f3n.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>Los comisarios, nombrados por Su Eminencia desde 1704, trabajaban mientras se escribian dichas cartas en el proceso informativo, trabajo que los ocup\u00f3 m\u00e1s de dieciocho meses. Aunque Vicente llevaba cuarenta y cinco a\u00f1os muerto, se encontraron ciento ochenta y ocho testigos que hicieron justicia a su memoria y estos testigos, unidos a los obispos que escrib\u00edan en su favor y que personalmente o por noticias lo hab\u00edan conocido, formaron un cuerpo de pruebas tan completo que se pod\u00eda creer que el asunto estar\u00eda concluido a poco de haberse comenzado. Pero no es la precipitaci\u00f3n el defecto de la corte Romana; parece que crece su vigilancia al paso que se multiplican las solicitudes y a todo responde con su prudente calma, que siempre se hace pronto lo que se hace bien.<\/p>\n<p>El a\u00f1o de 1708 fue el proceso verbal a Roma, con otro llamado <em>de non cultu<\/em>, en el cual se probaba que la Iglesia de Francia, aunque tan celosa de la beatificaci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, no hab\u00eda prevenido el juicio de la Santa Sede, y que, ni los sacerdotes de la Misi\u00f3n ni ninguna persona que tuviese alg\u00fan cargo, le hab\u00edan rendido los honores reservados a los santos canonizados. Estos dos procesos, que seg\u00fan la costumbre de la Congregaci\u00f3n de Ritos, no se deb\u00edan abrir hasta pasados diez a\u00f1os, fueron examinados aquel mismo a\u00f1o. El Santo Padre, que sin duda concedi\u00f3 esta gracia a las instancias con que tantos soberanos, cardenales y obispos le rogaban que coronara los m\u00e9ritos de uno de los m\u00e1s santos sacerdotes que ha tenido la Iglesia, a\u00f1adi\u00f3 la de nombrar por relator de la causa al cardenal de la Tremouille.<\/p>\n<p>Como los procesos verbales, extendidos por el ordinario, solo sirven para hacer saber a los romanos si la causa merece ser emprendida, luego que la Santa Sede juzg\u00f3 que se pod\u00eda trabajar en la de Vicente de Pa\u00fal mand\u00f3 expedir cartas a nombre del Soberano Pont\u00edfice, remisoriales y compulsorias dirigidas al cardenal de Noailles, a Artus de Lionne, obispo de Rosalia , y a Humberto Ancelin, antiguo obispo de Tulles. Estas cartas encargaban a los tres prelados, de los cuales dos deben trabajar siempre juntos, que instruyesen el proceso <em>in genere<\/em> en el espacio de un a\u00f1o. Aunque este proceso en general poco decide en cuanto al fondo, sirve para probar que la reputaci\u00f3n de la persona se sostiene y que, desde que se extendi\u00f3 la noticia de los primeros procedimientos, no se ha presentado nada que deba impedir su continuaci\u00f3n. Solo se oyeron catorce testigos, a cuya cabeza se hallaban C\u00e9sar de Estreas, cardenal; Francisco de Saron, obispo de Clermont; Juan Bautista Chevalier, subde\u00e1n de la gran c\u00e1mara del parlamento, etc.; y sus declaraciones, que han de ser solo generales, fueron un\u00e1nimes. Todos afirmaron con juramento que las eminentes virtudes de Vicente de Pa\u00fal le hab\u00edan conciliado el respeto de la ciudad, de la corte y de Francia entera; que la fama de sus milagros se iba esparciendo m\u00e1s y m\u00e1s, y que la concurrencia de los pueblos honraba su sepulcro.<\/p>\n<p>Por temor de ver desaparecer testigos de tanto peso como el Sr. Lamoignon, se pidi\u00f3 y obtuvo permiso del Papa para recibir declaraciones de viejos y de valetudinarios, y se les dio la comisi\u00f3n a los tres prelados de quienes se hizo menci\u00f3n. No ten\u00edan m\u00e1s que seis meses para este nuevo proceso, as\u00ed que fue necesario pedir otros tres. Se presentaron sesenta y un testigos, de entre sesenta y noventa a\u00f1os de edad, y cada uno de ellos ten\u00eda tanto bueno que decir que fue menester trabajar mucho para no pedir a la Santa Sede una nueva pr\u00f3roga.<\/p>\n<p>Habi\u00e9ndose recibido en Roma con alg\u00fan aplauso el primero de estos dos procesos, los tres prelados recibieron nueva orden para instruir en el t\u00e9rmino de un a\u00f1o el proceso <em>in specie<\/em>. Les estaba prescrito al mismo tiempo terminar sus trabajos con la apertura del sepulcro del siervo de Dios, y una exacta visita de todas las partes separadas de su cuerpo que estaban en la ciudad y di\u00f3cesis de Par\u00eds.<\/p>\n<p>El 18 de Febrero de 1712 procedi\u00f3 el cardenal de Noailles a abrir el sepulcro, despu\u00e9s de o\u00edr a cincuenta y cuatro testigos, entre los cuales estaba el arzobispo de Viena, Armando de Montmorin. El momento en que el cuerpo hab\u00eda de salir a luz se aguardaba, por supuesto, con sentimientos mezclados de temor y de esperanza. Hac\u00eda m\u00e1s de cincuenta y un a\u00f1os que estaba enterrado en una iglesia en que nunca se hab\u00edan encontrado cuerpos enteros; pod\u00eda haberlo tratado Dios como a los dem\u00e1s y bien pod\u00eda tambi\u00e9n haberlo conservado. Esta \u00faltima conjetura era la verdadera y los peritos, de los cuales uno era doctor y regente en medicina y otro cirujano de los ej\u00e9rcitos del rey, despu\u00e9s de una exact\u00edsima visita, acabaron su relaci\u00f3n jur\u00eddica con estas palabras: \u00ab<em>En fin, podemos atestiguar, y lo hacemos, que hemos hallado un cuerpo entero y sin ning\u00fan mal olor.<\/em>\u00bb Fue espect\u00e1culo que aterr\u00f3 de tal manera al Sr. Bounet, que como superior general de la Congregaeion lo presenciaba, que al momento se retir\u00f3 y solo las \u00f3rdenes del cardenal arzobispo le hicieron volver a contemplar el cuerpo de su <em>buen padre<\/em>. \u00c9ste fue el t\u00e9rmino que us\u00f3 el Sr. Noailles.<\/p>\n<p>Este prelado escribi\u00f3 al Papa, despu\u00e9s de la conclusi\u00f3n del proceso, para darle cuenta de lo que hab\u00edan hecho \u00e9l y los otros dos comisarios. Empieza afirmando, a su Santidad y a la Sagrada Congregaci\u00f3n de Ritos, que se han observado todas las reglas prescritas por Urbano VIII e Inocencio XI, y que todos los testigos que han declarado sobre la virtud y milagros del siervo de Dios son dignos de fe, en quienes ni \u00e9l ni nadie han observado nada que pueda hacerlos sospechosos. Despu\u00e9s contin\u00faa en estos t\u00e9rminos: \u00ab<em>As\u00ed, Sant\u00edsimo Padre, me tomo la confianza de dirigir estas nuevas s\u00faplicas, no contento con las que ya he presentado, al trono de vuestra Santidad en la carta que firm\u00e9 a nombre del clero de Francia. Estas son las m\u00e1s grandes, m\u00e1s vivas, m\u00e1s fuertes que pueden salir de un coraz\u00f3n que no busca en este negocio sino la gloria de Dios y la honra de sus siervos.<\/em>\u00bb<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los obispos de Tulles y de Rosalia escribieron a Clemente XI una carta que, aunque mucho m\u00e1s corta, en sustancia dice lo mismo. Los dos sub-promotores escribieron al mismo tiempo a Lambertini, promotor de la fe, que por su m\u00e9rito fue despu\u00e9s elevado a la silla de San Pedro, afirmando la probidad y religi\u00f3n de los testigos que citaron de oficio: <em>Omnes, omni exceptione majores, et pietatis ac religionis zelo conspicuos<\/em>. Todas estas cartas son del 1 de Marzo de 1742.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de examinar este proceso y las reglas que dio el santo sacerdote a los tres establecimientos que instituy\u00f3, era necesario ya pronunciar sobre la heroicidad de sus virtudes. Este punto capital se trata siempre en tres congregaciones. En la primera, que se llama anti-preparatoria, hace sus objeciones el promotor; en la siguiente, llamada preparatoria, proponen los consultores todo lo que creen conveniente y, ordinariamente, suspenden su juicio hasta que se aclaran sus dificultades; en la tercera, que es la difinitiva, es necesario ya tomar un partido decisivo. Desde la primera hasta la \u00faltima pasaron doce a\u00f1os, a pesar de las instancias del clero de Francia, que escribi\u00f3 por tercera vez, y de Luis XV y su augusta esposa, que tambi\u00e9n escribieron; y hasta entonces decidi\u00f3 Benedicto XIII que estaba probado que el venerable siervo de Dios Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda pose\u00eddo en grado heroico las virtudes teologales y cardinales, y las que le son anexas. El obispo de Cavaillon, que era uno de los consultores, confes\u00f3 que no hab\u00eda visto otro ejemplo de semejante unanimidad.<\/p>\n<p>El decreto que decide de la santidad no decide del culto p\u00fablico. Es necesario que Dios haga conocer que quiere que se tribute este culto, y se supone que lo ha de dar a conocer por milagros. Entre el gran n\u00famero de prodigios que se hab\u00edan obrado sobre el sepulcro o por intercesion de Vicente, se hab\u00edan escogido primero sesenta y cuatro de los m\u00e1s notables; pero el temor de exponerse a las interminables discusiones de un consejo que, por amor a la Iglesia, no pasa siempre por lo que habr\u00edan pasado los enemigos de ella, hizo que se contentaran con proponer ocho, que la voz p\u00fablica hab\u00eda anunciado como milagrosos. No siendo necesarios m\u00e1s que dos bien averiguados, la Santa Sede aprob\u00f3 cuatro.<\/p>\n<p>El primero se habla obrado en Claudio Jos\u00e9 Compoin que, habiendo perdido completamente la vista a la edad de diez a\u00f1os, la recibi\u00f3, en un instante, luego que comenz\u00f3 la novena sobre el sepulcro del siervo de Dios.<\/p>\n<p>El segundo se hizo en Ana Huillier, muchacha de ocho a\u00f1os, muda de nacimiento y tan paral\u00edtica de las dos piernas que, hasta entonces, no hab\u00eda podido dar un paso. Su madre, que bien o mal no hab\u00eda querido hacerle ning\u00fan remedio, hizo por ella dos novenas; el fruto de su perseverancia fue un doble milagro: la chiquita logr\u00f3 andar con firmeza y hablar con claridad.<\/p>\n<p>No menos resplandeci\u00f3 la Omnipotencia Divina en el tercer milagro, Maturina Guerin, Hija de la Caridad y de verdadero m\u00e9rito, atacada de una \u00falcera en la pierna que daba horror; pens\u00f3 al fin, despu\u00e9s de tres a\u00f1os de padecer, que si tantos extra\u00f1os encontraban alivio todos los d\u00edas en el sepulcro del santo sacerdote, era preciso que ella, hija suya, lo hallara tambi\u00e9n. Su confianza no fue vana: al noveno d\u00eda de sus oraciones se vio la pierna tan sana como si no hubiera tenido nada, y no fue porque aquellos humores se retiraran de una parte para da\u00f1ar otra, pues su restablecimiento fue completo y, en seis a\u00f1os que vivi\u00f3 todav\u00eda, continu\u00f3 en el servicio de los pobres con entera libertad.<\/p>\n<p>En fin, el \u00faltimo milagro fue el de Alejandro Felipe Legrand. Este joven que, desde su nacimiento, estaba en el hospicio de exp\u00f3sitos, qued\u00f3 tullido a la edad de siete a\u00f1os, de manera que no pod\u00eda andar ni acercar la mano a la boca. El cirujano de la casa, que era uno de los m\u00e1s h\u00e1biles de Par\u00eds, viendo que no consegu\u00eda nada con todos sus remedios, declar\u00f3 que el muchacho no pod\u00eda sanar y que era menester llevarlo al hospital general, donde hab\u00eda una sala para los incurables de su edad. Una Hija de la Caridad quiso, antes de hacerlo, probar los remedios de otra clase, e hizo comenzar una novena sobre el sepulcro de Vicente de Pa\u00fal, que aun no estaba concluida, cuando Alejandro recobr\u00f3 el movimiento que no hab\u00eda podido lograr con cuatro a\u00f1os de medicinas, y a pie y sin apoyo anduvo media legua para volver a su antiguo domicilio. Este suceso hizo la misma impresi\u00f3n en Roma que en Par\u00eds, y el milagro se sostuvo contra los ataques del promotor de la fe quien, en una corte donde frecuentemente de noventa milagros no pasa uno, tiene un protocolo de dificultades que hacer valer. En sus r\u00e9plicas no se encuentran vanas declamaciones, ni palabras amontonadas y confusas que no significan nada; tiene por principios lo que han dicho los m\u00e1s sabios m\u00e9dicos, desde Hip\u00f3crates hasta nuestros d\u00edas, sobre todas las enfermedades imaginables; invoca en su apoyo todo lo que ha obrado la naturaleza sola en casos semejantes, ya sea a juicio de los maestros del arte, ya por las relaciones de los historiadores. Se pregunta a un perito de consumada ciencia y basta que dude para decidir contra lo sobrenatural de la operaci\u00f3n; pero, si se ve precisado a reconocer en ella la mano del Todopoderoso, todav\u00eda puede ser y es con frecuencia combatida su aserci\u00f3n. Se encarga otro perito de un nuevo examen; presenta su dictamen, como el primero, ante una asamblea inteligente; y, de tantas personas respetables por su virtud y probidad, no hay una que, como el Ap\u00f3stol, no ponga a Dios por testigo, con peligro de su eterna salvaci\u00f3n, de que no ha consultado m\u00e1s reglas que las de la verdad y justicia. A\u00f1\u00e1danse a eso las oraciones, comuniones y sacrificios que se ofrecen para atraerse las luces del Esp\u00edritu Santo, y se convendr\u00e1 en que la Iglesia Romana toma todas las precauciones posibles para evitar el error.<\/p>\n<p>Benedicto XIII, despu\u00e9s de haber o\u00eddo a los cardenales y consultores, y tom\u00e1dose alg\u00fan m\u00e1s tiempo para impetrar los auxilios celestiales, el 15 de Agosto de 1729 public\u00f3 por fin el decreto que pone a Vicente de Pa\u00fal en el n\u00famero de los bienaventurados. El aplauso con que fue recibido este decreto en todas las partes del mundo hizo tanto honor al digno sacerdote como la magnificencia con que el 21 de Agosto fue celebrada su fiesta en la soberbia bas\u00edlica del Vaticano. Se hallaron en ella dieciocho cardenales de la Congregaci\u00f3n de Ritos, y veintiocho, tanto prelados como consultores, de la misma Congregaci\u00f3n. El Papa estuvo en la tarde y, despu\u00e9s de adorar al Sant\u00edsimo Sacramento, fue a ponerse de rodillas delante de la imagen del reci\u00e9n beatificado. Vicente de Pa\u00fal era tan grande a los ojos de la Religi\u00f3n en este d\u00eda de triunfo cuanto hab\u00eda sido peque\u00f1o a los suyos mientras vivi\u00f3 sobre la tierra.<\/p>\n<p>La misma fiesta se hizo en Par\u00eds, el 27 de Setiembre; y, aunque no estaba ya entero su cuerpo, no ten\u00eda ning\u00fan mal olor y estuvo desde entonces expuesto a la veneraci\u00f3n de los fieles. Celebr\u00f3 de pontifical Carlos Gaspar Guillermo, de los condes de Vintimille de Luc; la iglesia estaba decentemente adornada, pero sin magnificencia.<\/p>\n<p>Pocas di\u00f3cesis hubo en Francia, Italia y Polonia que no se pusiesen en movimiento, para darle muestras de su respeto. Prelados de todas las \u00f3rdenes se impusieron la obligaci\u00f3n de abrir la solemnidad de su culto y, muchos de ellos, de celebrar sus virtudes en los p\u00falpitos. Los reyes, pr\u00edncipes y magistrados doblaron humildemente las rodillas delante de la imagen de aquel pobre sacerdote que tantas veces las hab\u00eda inclinado delante de los pobres del pueblo. El cielo continu\u00f3 confirmando la decisi\u00f3n de la Santa Sede con nuevos prodigios, que la obligaron a decretar nuevos honores al siervo de Dios.<\/p>\n<p>Para esto, se dieron nuevas cartas remisoriales el 5 de Mayo de 1751 y los delegados, que eran el arzobispo de Par\u00eds, el obispo de Belen y el antiguo obispo de Vence, oyeron en el espacio de dos a\u00f1os a ciento treinta y cinco testigos; todos dieron sus declaraciones sobre hechos que se juzgaban superiores a las fuerzas de la naturaleza. Los tres prelados dieron cuenta a Clemente XII, que ocupaba entonces la silla de San Pedro, y a\u00f1ad\u00edan que, mientras se examinaban los primeros milagros, casi en su presencia se hab\u00edan obrado otros nuevos, sobre todo en la persona de una j\u00f3ven inglesa; y que, de los muchos que hab\u00edan sanado por la intercesi\u00f3n del Beato, ni uno hab\u00eda tenido las rid\u00edculas convulsiones que hab\u00edan hecho tanto ruido en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Aunque, para la canonizaci\u00f3n de un santo, no se necesitan m\u00e1s que dos milagros, se presentaron a la Sagrada Congregaci\u00f3n siete, de los cuales solo relatar\u00e9 uno, que tuvo mucha celebridad por haber reca\u00eddo en una persona de consideraci\u00f3n. El detalle est\u00e1 sacado, como los precedentes, de las m\u00e1s aut\u00e9nticas actas.<\/p>\n<p>Luisa Isabel Sackville, doncella inglesa y de muy buena casa, perdi\u00f3 absolutamente el uso de la pierna derecha despu\u00e9s de tres o cuatro meses de calenturas. Por poco que la apoyase en el suelo sent\u00eda en la cadera dolores tan agudos que sol\u00edan hacerla desmayar. No pudieron aliviar su mal los remedios que prescribieron los m\u00e1s sabios m\u00e9dicos de Par\u00eds, ni unos ba\u00f1os medicinales que tom\u00f3; al contrario, se encontr\u00f3 tan desfallecida despu\u00e9s de su viaje que el mismo a\u00f1o recibi\u00f3 dos veces los sacramentos. No se pod\u00eda ver, sin compasi\u00f3n, a una persona tan joven reducida al uso de las muletas, y arrastrando una pierna que pend\u00eda de su cuerpo como una rama quebrada, que ya no recibe del \u00e1rbol vida ni movimiento.<\/p>\n<p>Dos religiosas de la comunidad de Santo Tom\u00e1s de Villanueva le dijeron que una de sus hermanas hab\u00eda sanado, poco tiempo antes, de una enfermedad semejante por intercesi\u00f3n de Vicente, y ella se determin\u00f3 a comenzar una novena. El camino era muy penoso para la enferma; la llevaban y la bajaban del coche casi como un cuerpo inanimado. Para llegar hasta el sitio donde o\u00eda la misa necesitaba el auxilio de dos criados, porque no le bastaban sus muletas. Un sacerdote de la casa, que supo que con la novena no hab\u00eda tenido ning\u00fan alivio, le dio a besar el relicario en que estaba encerrado el coraz\u00f3n del Santo y le hizo una exhortaci\u00f3n a la perseverancia.<\/p>\n<p>No estaba tan lejos como cre\u00eda el tiempo se\u00f1alado para que resplandeciese sobre ella la misericordia de Dios. Desde el d\u00eda siguiente sinti\u00f3 que su pierna, que estaba fr\u00eda como m\u00e1rmol, recobraba su calor natural y, al instante, le dijo a su hermana que se cre\u00eda en estado de poder andar sin apoyo. Lo hizo, en efecto, y anduvo con la misma facilidad que antes de enfermarse. La joven de Sackville, fuera de s\u00ed, dio la noticia r\u00e1pidamente a las criadas de la casa, quienes acudieron y, al ver tan asombrosa revoluci\u00f3n, derramaron muchas l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Las dos hermanas viv\u00edan en casa de la se\u00f1ora Hayes, que era de la religi\u00f3n que se da el nombre de reformada y, al momento, empezaron a tratar de c\u00f3mo le anunciarian un suceso que, para ella, deb\u00eda ser doblemente admirable. Le mandaron un recado suplic\u00e1ndole que pasara a su cuarto, porque ten\u00edan una buena noticia que darle. Pero es dificil moderar los primeros movimientos de un gran regocijo: Isabel Sackville se hizo bastante violencia para no levantarse a encontrar a la se\u00f1ora, y la recibi\u00f3 sentada como acostumbraba; pero, pregunt\u00e1ndole cu\u00e1l era la buena noticia que ten\u00eda que dar, respondi\u00f3 prontamente: <em>Se\u00f1ora, hice una novena al Beato Vicente de Pa\u00fal; he sanado y puedo andar<\/em>; y al momento se levant\u00f3 y anduvo como una persona que no ha padecido nada. La sorpresa de la se\u00f1ora Hayes fue mayor de lo que se esperaba, y no la dej\u00f3 gozar de aquel espect\u00e1culo, pues se desmay\u00f3 de manera que, con trabajo, la hicieron volver en s\u00ed al cabo de una hora.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s hablaba del milagro como hubiera podido hablar un celoso cat\u00f3lico, y lo atestigu\u00f3 con un certificado escrito por ella misma, dando licencia a su amiga para hacer de \u00e9l el uso que creyese conveniente. Su marido, que trataba a todas las personas distinguidas de la corte y de la ciudad, olvid\u00f3 entonces que era de una secta acostumbrada a tratar de f\u00e1bulas los milagros de la Iglesia Romana. Siempre contaba la curaci\u00f3n como superior a las fuerzas de la naturaleza, y en este sentido habl\u00f3 de ella al cardenal Fleury.<\/p>\n<p>Tal fue el prodigio que, aunque separado de todos los accidentes que pudieran oscurecerlo, pareci\u00f3 d\u00e9bil a los ojos de la Congregaci\u00f3n de Ritos, que es una nueva prueba de lo que ya otros han dicho antes: que hay m\u00e1s rigor en los ex\u00e1menes de la Santa Sede que en los de sus m\u00e1s declarados enemigos. Para convencerse de eso basta comparar el juicio de Roma con el de la se\u00f1ora Hayes, quien despu\u00e9s de afirmar delante de Dios que no habla sino para dar testimonio de la verdad, declara que \u00ab<em>la se\u00f1orita L. Isabel Sackville cay\u00f3 gravemente mala en su casa por el mes de marzo de 1750, y que entre los accidentes de su enfermedad, qued\u00f3 enteramente paral\u00edtica de la pierna derecha, que se puso fr\u00eda como hielo. Tambi\u00e9n afirmo<\/em> \u2014prosigue ella\u2014, <em>que cosa de tres a\u00f1os la vi arrastrar su pierna sin poder servirse de ella de ninguna manera y que, el 23 de Diciembre de 1752, aunque hac\u00eda mucho tiempo que no se hac\u00eda ning\u00fan remedio, porque el Sr. Chirac y todos los que la hab\u00edan visto la cre\u00edan incurable, en un momento recobr\u00f3 el uso de ella, de modo que solo a Dios se puede atribuir una curaci\u00f3n tan pronta y tan perfecta. Tanto me sorprendi\u00f3 esto que, habi\u00e9ndome mandado llamar la dicha Sackville como para darme una buena noticia, me desmay\u00e9 al verla andar y tard\u00e9 largo tiempo en volver en m\u00ed. Pas\u00e9 la mayor parte de la noche sin dormir, y queriendo asegurarme de la solidez de la curaci\u00f3n, me levant\u00e9 por la ma\u00f1ana por ver si, para ir al sepulcro del Beato Vicente de Pa\u00fal, a quien se hab\u00eda encomendado, bajaba c\u00f3modamente la escalera y sub\u00eda al coche sin apoyo. Yo misma vi que as\u00ed lo hizo y le record\u00e9 mandara que con un criado sus muletas al sepulcro del Beato. Adem\u00e1s, afirmo que ha continuado andando con tanta facilidad como cualquiera otra persoua, sin haber tenido crisis, ni sudor, ni haberse hecho ning\u00fan remedio, ni antes ni despu\u00e9s de su curaci\u00f3n. Par\u00eds, 3 de Febrero de 1755. Firmado. Catarina Soracole Hayes<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal es, tal vez, el \u00fanico a quien nuestros hermanos separados han dado el nombre de Santo, adem\u00e1s del Ap\u00f3stol de las Indias. Los que siguen tan de cerca las huellas de los grandes hombres tienen alg\u00fan derecho a sus prerrogativas.<\/p>\n<p>El 24 de Junio de 1736 aprob\u00f3 Clemente XII dos de los milagros que le presentaron, y el 16 de Junio del a\u00f1o siguiente dio la bula de la canonizaci\u00f3n. No hablar\u00e9 del ligero disturbio que excit\u00f3; pero s\u00ed dir\u00e9 que, cuando Pedro Gilberto de Voisins pidi\u00f3 su supresi\u00f3n, habl\u00f3 de Vicente de Pa\u00fal en los mismos t\u00e9rminos que los Mol\u00e9, Lamoignon, Lepelletier y tantos otros magistrados ilustres: es decir, que promulg\u00f3 la nueva canonizaci\u00f3n como de un santo tanto m\u00e1s digno de veneraci\u00f3n en aquel reino, que despu\u00e9s de haberlo edificado con sus ejemplos, ha dejado en \u00e9l monumentos eternos de su piedad y celo. El parlamento declar\u00f3 tambi\u00e9n en sus representaciones al rey, que no era su intento tocar a la veneraci\u00f3n que ten\u00eda toda la Francia al santo sacerdote, y que no faltaba, para autorizar su culto, m\u00e1s que la bula estuviese revestida de las f\u00f3rmulas acostumbradas en el estado.<\/p>\n<p>Mientras duraban estas agitaciones continuaba el Santo haciendo milagros de todas clases y su fiesta se celebraba en Europa, \u00c1frica, Am\u00e9rica y hasta las estremidades de Asia, con todas las solemnidades posibles. Roma comenz\u00f3, seg\u00fan la costumbre, y la ceremonia se hizo en la bas\u00edlica de Letran con magnilicos adornos, solo inferiores a aqu\u00e9llos que se hacen a expensas de los soberanos. Los costos hubieran sido excesivos para un cuerpo particular si no hubiera servido la misma pompa para Francisco R\u00e9gis, Juli\u00e1n de Falconeli y Catarina Fieschi, a quienes hab\u00eda puesto el Papa poco antes en el n\u00famero de los santos.<\/p>\n<p>En Francia se hizo lo mejor que se pod\u00eda desear. El arzobispo de Par\u00eds comenz\u00f3 la solemnidad de la octava a la cabeza de su metr\u00f3poli y de las cuatro iglesias que tienen costumbre de acompa\u00f1arlo, y el cardenal de Polignac la concluy\u00f3. Las m\u00e1s sabias comunidades enviaron sus diputados, y el duque de Richelieu, que fue de Fontainebleau expresamente para asistir el \u00faltimo d\u00eda, tuvo la satisfacci\u00f3n de ver, en presencia de una hermosa y numerosa asamblea, que no se puede hacer bien el elogio de la caridad de Vicente de Pa\u00fal sin hacer tambi\u00e9n el de las inmensas liberalidades de la duquesa de Aiguillon.<\/p>\n<p>Todas las provincias del reino siguieron prontamente el ejemplo de la capital: habi\u00e9ndose celebrado la fiesta en Fontainebleau mientras el rey estaba all\u00ed, este pr\u00edncipe dio orden para que la parroquia que sirven los misioneros fuese adornada con las m\u00e1s bellas tapicer\u00edas de la corona. Sus majestades fueron all\u00ed a presentar sus homenajes al nuevo Santo, cuyo ejemplo siguieron aun los m\u00e1s grandes de la corte y la reina, que edificaba en todas partes, se enterneci\u00f3 al ver la devoci\u00f3n de una ni\u00f1a de nueve a\u00f1os que, por intercesi\u00f3n de Vicente, hab\u00eda sanado de par\u00e1lisis en su infancia, y que aprovech\u00f3 la nueva solemnidad para dar a su bienhechor las gracias que por su poca edad no hab\u00eda dado.<\/p>\n<p>Los se\u00f1ores condes de Lejon, con la mira de honrar a un hombre que hizo tanto honor a la elecci\u00f3n de sus predecesores, se ofrecieron a prestar una de sus tres iglesias para la ceremonia y, en presencia de su arzobispo que por su avanzada edad no pod\u00eda celebrar, hicieron la funci\u00f3n del primer d\u00eda con la antigua majestad que causa admiraci\u00f3n a todos los extranjeros. M\u00e1s de ciento veinte curas de la di\u00f3cesis fueron en procesi\u00f3n a ofrecer sus respetos a un sacerdote que hab\u00eda sido, al mismo tiempo, su colega y su modelo y, en fin, m\u00e1s de seis mil comuniones que se hicieron durante la octava dieron idea del fervor que Vicente hab\u00eda comunicado en otro tiempo a su pueblo de Ch\u00e2tillon.<\/p>\n<p>Este pueblo, cuya veneraci\u00f3n a la memoria de Vicente de Pa\u00fal era igual al amor que Vicente le hab\u00eda tenido, merece un segundo lugar en la historia de su antiguo pastor, por el tierno respeto que le profesaba. Luego que esta ciudad supo que se hab\u00eda realizado su predicci\u00f3n de que alg\u00fan d\u00eda ser\u00eda colocado en el n\u00famero de los santos, su regocijo se convirti\u00f3 en triunfo. Se recibieron all\u00ed a los religiosos del siervo de Dios como hubiera sido recibido \u00e9l mismo si en persona hubiera ido a visitar de nuevo su reba\u00f1o. Todos lo miraban como un nuevo protector, dispuesto a hacer por ellos lo que Jerem\u00edas hac\u00eda despu\u00e9s de su muerte por el pueblo de Dios. Estas justas expresiones no han sido desmentidas y los muchos milagros colgados en la capilla prueban igualmente la ternura que conserva por sus ovejas y su gran poder para con Dios.<\/p>\n<p>Pero, m\u00e1s que en ninguna otra parte, triunf\u00f3 el nuevo santo en la di\u00f3cesis donde naci\u00f3. Luego que Luis Mar\u00eda Suarez de Aulan, digno obispo de Dax, anunci\u00f3 a su pueblo la fiesta de San Vicente de Pa\u00fal, sacerdote y confesor, nativo de la parroquia de Pouy, en una pastoral llena de dignidad y sabidur\u00eda (del 10 de Junio de 1758), todo se puso en movimiento hasta el Bearn y la baja Navarra. La concurrencia fue tan numerosa que, no obstante las precauciones tomadas por la polic\u00eda, hubo gran n\u00famero de gentes obligadas a comer pan de centeno. Los confesores no tuvieron un momento de tregua durante toda la octava, y todos los d\u00edas daban las cuatro de la tarde, y a veces las seis, sin haber acabado de dar la comuni\u00f3n; todas las autoridades y comunidades compitieron en hacer honores a su santo compatriota. La familia de Vicente de Pa\u00fal, siempre pobre pero virtuosa, no se distingui\u00f3 m\u00e1s que por su modestia e inocencia de costumbres.<\/p>\n<p>El espect\u00e1culo que present\u00f3 la ciudad de Burdeos fue m\u00e1s grandioso y no menos edificante. Una procesi\u00f3n muy bien ordenada pas\u00f3 de la catedral al hospital donde deb\u00eda celebrarse la fiesta, y a su cabeza iban los ni\u00f1os exp\u00f3sit\u00f3s, inocente enjambre, que en cualquier parte que est\u00e9 debe mucho al siervo de Dios, pues el celo que tuvo por ellos en Par\u00eds ha servido de regla a las provincias. El joven de Savignac, hijo y hermano de magistrados de primer orden iba, con un cirio en la mano, entre las dos banderas que preced\u00edan al clero del seminario y de la catedral. En el bautismo le hab\u00edan puesto el nombre de Vicente de Pa\u00fal, porque naci\u00f3 mientras se celebraba la fiesta de la beatificaci\u00f3n y su virtuosa madre dispuso que desde su infancia honrase as\u00ed a su santo patr\u00f3n, para que aprendiese desde temprano a seguir sus ejemplos. El arzobispo primado de Arquitania cerraba la marcha de su numeroso clero y detr\u00e1s el parlamento con todo el cuerpo judicial y los empleados del gobierno.<\/p>\n<p>Todas estas pruebas de respeto y devoci\u00f3n a San Vicente dio una ciudad en cuyo favor no tuvo ocasi\u00f3n de hacer ni la mil\u00e9sima parte de lo que hizo por otras. No menos las dio de fervor y piedad la iglesia donde se hizo la fiesta; estuvo llena de gente toda la octava, y cada d\u00eda se dio la comunion a m\u00e1s de novecientas personas, mostr\u00e1ndose la nobleza tan rica en fe como el pueblo. Los ocho paneg\u00edricos que se hicieron, como en otros varios lugares, fueron justamente aplaudidos, y tanto m\u00e1s gustaron cuanto m\u00e1s desterrado de ellos estaba el fausto y la elocuencia. As\u00ed en Par\u00eds como en las provincias se confes\u00f3 que, en un elogio tan abundante como el de Vicente de Pa\u00fal, para ser orador, basta ser historiador.<\/p>\n<p>No solo en Francia fue celebrado el nombre de nuestro Santo: la Saboga, el Piamonte, la Toscana, la rep\u00fablica de G\u00e9nova, el reino de N\u00e1poles, Polonia y otros muchos estados lo honraron con una especie de emulaci\u00f3n. Lisboa no cedi\u00f3 en este punto a ninguna parte del mundo cristiano; decir que el seren\u00edsimo rey de Portugal D. Juan V hizo los gastos de la solemnidad es lo mismo que decir que se hizo con la mayor magnificencia.<\/p>\n<p>Una cosa bastante singular es que tal vez no hay di\u00f3cesis en que sea m\u00e1s conocida la virtud de nuestro Santo, su nombre m\u00e1s amado y su culto m\u00e1s extendido, que en la Iglesia de Ipres. Hemos visto a gentes de distinci\u00f3n de esta ciudad ir a Par\u00eds para tener la felicidad de invocarlo sobre su sepulcro; volverse inmediatamente a su pa\u00eds sin ver nada de lo que llama la atenci\u00f3n de los extranjeros en esa hermosa capital y decir, con una sencillez llena de religi\u00f3n, que cre\u00edan haber visto todo con ver los preciosos restos de un hombre tan poderoso en hechos como en palabras. De Ipres pas\u00f3 su culto a Lovayna, cuya universidad sabe aliar tan perfectamente la erudici\u00f3n con la virtud.<\/p>\n<p>Desde el decreto de la Santa Sede se ha extendido mucho el culto de este hombre de Dios. Am\u00e9rica Septentrional lo ha a\u00f1adido a sus otros santos protectores, y la primera parroquia que se ha edificado all\u00ed despu\u00e9s de su canonizaci\u00f3n ha tomado su nombre. De tantos lugares en que se ha celebrado su fiesta, tal vez no hay uno en que no se haya visto alg\u00fan milagro, y en muchos han sido varios; pero, aunque es grande la idea que dan del Santo estas maravillas, es menester confesar que la santidad de su vida ser\u00e1 siempre el mayor de sus milagros. Si se repasa ligeramente lo que hemos relatado, \u00bfd\u00f3nde se encontrar\u00e1 \u00ab<em>m\u00e1s inocencia de costumbres, m\u00e1s tierna piedad, m\u00e1s viva fe, m\u00e1s firme esperanza, m\u00e1s ardiente caridad, pr\u00e1ctica de virtudes m\u00e1s heroica, celo m\u00e1s eficaz, conducta m\u00e1s \u00abprudente, desinter\u00e9s m\u00e1s absoluto y m\u00e1s profunda humildad?<\/em>\u00bb (Pastoral del obispo de Rodez, Octubre 5 de 1738)<\/p>\n<p>Mientras subsista la Iglesia de Jesucristo, y ha de subsistir hasta el fin de los siglos a pesar de todos los esfuerzos del infierno, se alabar\u00e1 en todas partes del mundo \u00ab<em>el sacrificio continuo que hizo de su cuerpo y de sus sentidos, su dulzura, su igualdad de car\u00e1cter, su angelical pureza, su respeto a los prelados de la Iglesia, su pronta y sincera obediencia a las determinaciones de \u00e9stos, su trabajo infatigable en instruir a los pueblos en las verdades de la salvaci\u00f3n, su celo y esmero en prevenir los nuevos errores, en aniquilarlos desde su nacimiento si hubiera podido, y en alejarlos de las compa\u00f1\u00edas que hab\u00eda fundado, o cuya direcci\u00f3n le hab\u00eda dado la Providencia.<\/em>\u00bb (Pastoral del obispo de Angers, 12 de Abril.)<\/p>\n<p>Los que quieran seguir los pasos de Vicente, quien sigui\u00f3 los de Jesucristo, deben tener presente que el culto de los santos consiste esencialmente en imitarlos en la tierra, y que la vida de San Vicente de Pa\u00fal fue el Evangelio, o m\u00e1s bien, la perfecci\u00f3n del Evangelio puesta en pr\u00e1ctica, mediante la fe que obra por la caridad. Su ejemplo debe convencer, a quien quiera imitarlo, de la necesidad que tiene de caminar siguiendo sus huellas; porque ha pose\u00eddo con tal plenitud todas las virtudes que, para cualquier estado de la vida, se encuentra mucho que imitar en la conducta de nuestro gran Santo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La noticia de las virtudes de nuestro Vicente se esparci\u00f3, a pesar de las precauciones que tomaba para ocultarlas; y un escritor, que muy injustamente acusa a los hijos de haberse avergonzado de la gloria &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/historia-de-la-canonizacion-de-san-vicente-de-paul\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":144177,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[173,152,117,129],"class_list":["post-98938","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-chatillon-les-dombes","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-pouy","tag-urbano-viii"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Historia de la canonizaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/historia-de-la-canonizacion-de-san-vicente-de-paul\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Historia de la canonizaci\u00f3n de San Vicente de Pa\u00fal - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"La noticia de las virtudes de nuestro Vicente se esparci\u00f3, a pesar de las precauciones que tomaba para ocultarlas; y un escritor, que muy injustamente acusa a los hijos de haberse avergonzado de la gloria ... 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