{"id":9749,"date":"2015-06-18T03:37:18","date_gmt":"2015-06-18T01:37:18","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/15\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-14\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:09","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:09","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-14","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-14\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 14"},"content":{"rendered":"<h1>Cap\u00edtulo XIV: Oraciones y actitudes morales<\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>Con la difusi\u00f3n del humanismo, el pensamiento franc\u00e9s, al desprenderse de las grandes cosmogon\u00edas medievales, se orienta cada vez m\u00e1s hacia el estudio sicol\u00f3gico y moral. La devoci\u00f3n misma se individualiza: el director espiritual se convierte en un personaje esencial de la vida cristiana.\u00a0 Su papel es el de sondear los repliegues secretos del coraz\u00f3n humano, pero a su vez orientar la meditaci\u00f3n o la oraci\u00f3n hacia formas personalizadas; m\u00e1s todav\u00eda resolver \u00abcasos de conciencia\u00bb y ayudar de esta forma a cada fiel a adaptarse en sus comportamientos a una sociedad en v\u00edas de cambio. Una devoci\u00f3n as\u00ed es sensible a la vez en las formas de la oraci\u00f3n y en la problem\u00e1tica moral.<\/p>\n<h2>I \u2013 Hacia una oraci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica<\/h2>\n<h3>1 \u2013 Oraci\u00f3n y espiritualidad<\/h3>\n<p>Los manuales de teolog\u00eda o de espiritualidad disciernen generalmente en la oraci\u00f3n un doble movimiento: una elevaci\u00f3n del alma hacia Dios, el deseo de recibir cosas necesarias para la vida. La primera f\u00f3rmula pone el acento en la pura oraci\u00f3n, la segunda en la oraci\u00f3n de petici\u00f3n. Con todo sea cual sea la finalidad, la oraci\u00f3n tiene su inspiraci\u00f3n profunda en el alma de cada individuo: ella escapa por este mero hecho a la observaci\u00f3n. Pero se expresa tambi\u00e9n bajo formas literarias, en ritmos musicales, en preparaciones esc\u00e9nicas o en composiciones iconogr\u00e1ficas. Adopta a menudo un aspecto colectivo, traduciendo as\u00ed las aspiraciones de una comunidad: por esta raz\u00f3n, influye en la historia social.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n constituye pues un aspecto particular de la devoci\u00f3n. Ha suscitado no obstante en algunos moralistas o directores espirituales reservas y hasta una hostilidad declarada. Algunos \u2013jesuitas, pero tambi\u00e9n jansenistas como Nicole- denuncian el peligro de ver que la oraci\u00f3n conduce a la \u00abm\u00edstica\u00bb, es decir a una especia de pasividad o de quietud inactiva, cuando el cristiano debe enriquecer su inteligencia y formar su voluntad. Este intelectualismo anti-m\u00edstico no es raro en grandes moralistas como Bourdaloue que se alza contra los \u00ababusos de la oraci\u00f3n\u00bb y la \u00aboraci\u00f3n quim\u00e9rica\u00bb. Otros expresan una cr\u00edtica de diferente orden: censuran el abuso de las f\u00f3rmulas que los devotos repiten literalmente y que corren el riesgo de llevar al farise\u00edsmo o a la creencia m\u00e1gica. En la Frecuente comuni\u00f3n Antoine Arnauld condena los abusos de semejante m\u00e9todo: pone en guardia particularmente contra el automatismo que va unido al \u00abacto de contrici\u00f3n\u00bb, y por analog\u00eda a los actos de fe, esperanza y de caridad los cuales, con s\u00f3lo recitarlos, procurar\u00edan la purificaci\u00f3n y con ello la salvaci\u00f3n. \u00abNo creo, escribe, que haya nada m\u00e1s pernicioso para las almas que la confianza que se les infunde en estos actos imaginarios de contrici\u00f3n y de amor de Dios que creen con toda seguridad haber hecho,\u00a0 cuando han recitado ciertas oraciones que se componen a este efecto\u00bb.<\/p>\n<p>Pero m\u00e1s que la propia oraci\u00f3n, son en suma sus excesos y sus desviaciones los que son condenados por cada uno de estos censores. En su mayor\u00eda, los grandes espirituales del siglo no s\u00f3lo la recomiendan sino que subrayan su necesidad: as\u00ed Francisco de Sales y B\u00e9rulle ambos ense\u00f1an la superioridad de la oraci\u00f3n sobre la ascesis o la formaci\u00f3n moral; por ello su espiritualidad es calificada de teoc\u00e9ntrica.<\/p>\n<h3>2- La oraci\u00f3n lit\u00fargica<\/h3>\n<p>La liturgia conoci\u00f3 en el siglo XVII un renacimiento que se manifiesta de diversas maneras: en el plan cient\u00edfico, gracias a ex\u00e9getas como dom Mabillon, dom Mart\u00e8ne, dom Luc d&#8217;Achery, empe\u00f1ados en restituir los textos a su pureza original; en el dominio de la pastoral, por la publicaci\u00f3n de rituales y de misales; por fin por la formaci\u00f3n dada a los simples fieles. \u00bfC\u00f3mo se concret\u00f3 esta formaci\u00f3n? Por la difusi\u00f3n de libros uno de los m\u00e1s importantes de los cuales fue el A\u00f1o cristiano de Nicolas Le Tourneux, comenzado en 1682: su destino era popularizar el culto, ponerlo al alcance de todos presentando traducciones de los oficios de todos los tiempos del a\u00f1o, acompa\u00f1adas de comentarios de las ep\u00edstolas y de los evangelios. Pero sus tendencias jansenistas y presbiterianas provocaron en 1695 su inclusi\u00f3n en el \u00edndice. Al cabo de un periodo de gran \u00e9xito, decay\u00f3 r\u00e1pidamente y fue reemplazado por otras obras similares, por lo general compuestas por jesuitas: la principal fue la del Padre Croiset, los Ejercicios de piedad para todos los d\u00edas del a\u00f1o&#8230;, publicada en 12 vol\u00famenes, de 1712 a 1720.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n lit\u00fargica se expresa en la misa, los oficios y en la administraci\u00f3n de los sacramentos; pero se manifiesta tambi\u00e9n de otro modo: en los himnos que conocen por entonces un auge extraordinario. Los himnos son oraciones en estrofas, conformes a la prosodia latina; se cantan en la iglesia y est\u00e1n adaptados a la solemnidad del d\u00eda: fiestas de Cristo, de la Virgen, de los santos&#8230; Su n\u00famero es extenso, algunos pertenecen al propio de una di\u00f3cesis.<\/p>\n<p>La composici\u00f3n de estos himnos latinos, que acompa\u00f1an el resurgir lit\u00fargico, comenz\u00f3 en Par\u00eds y surgi\u00f3 por la reforma realizada por el arzobispo Fran\u00e7ois de Harlay de Champvallon. Los principales compositores de estos himnos son Jean-Baptiste Santeul y un poco m\u00e1s tarde Charles Coffin. De Par\u00eda, la ola de creaci\u00f3n musical se extendi\u00f3 a provincias. Esta schola galicana, a la vez \u00abtradicional, b\u00edblica, did\u00e1ctica, popular\u00bb marc\u00f3 profundamente la piedad de antiguo r\u00e9gimen. En un an\u00e1lisis penetrante, el abate Bremond ha distinguido entre estos himnos tres corrientes l\u00edricas: un lirismo triunfal con los himnos que introducen el oficio, un lirismo dram\u00e1tico cuyo tema est\u00e1 determinado por el Evangelio, un lirismo m\u00edstico que es una meditaci\u00f3n sobre el misterio del d\u00eda.<\/p>\n<p>A los himnos se han de a\u00f1adir las letan\u00edas, forma de oraci\u00f3n lit\u00fargica muy antigua: se la encuentra en efecto en germen en el Evangelio \u2013en particular en el episodio de Cristo en el jard\u00edn de los olivos- y queda sistematizada a partir del siglo VIII. La letan\u00eda es una s\u00faplica lit\u00fargica fundada en la repetici\u00f3n de f\u00f3rmulas breves y muy ritmadas. Si bien se practic\u00f3 en todas las \u00e9pocas, llega a conocer un desarrollo considerable en tiempo de la Reforma cat\u00f3lica, puesto que letan\u00edas particulares acompa\u00f1an al renacimiento del culto a los santos, a la exaltaci\u00f3n de los misterios de la Virgen o de Cristo: desde este punto de vista, las letan\u00edas prolongan, en el orden lit\u00fargico,\u00a0 las devociones m\u00e1s florecientes de la \u00e9poca cl\u00e1sica. Son pues muy numerosas en el siglo XVII, pero las m\u00e1s notables son las Letan\u00edas sacadas de la sagrada escritura, publicadas en 1673 por F\u00e9lix Vialart, obispo de Ch\u00e2lons, y reeditadas con frecuencia. El an\u00e1lisis de esta obra pone en claro tres caracteres que se observan en diversos grados en todas las letan\u00edas contempor\u00e1neas. Son de origen b\u00edblico: emplean por sistema f\u00f3rmulas literales sacadas de la sagrada escritura; a menudo se indica la referencia al texto. Pretenden ser did\u00e1cticas: est\u00e1n efectivamente concebidas como un medio de transmitir a la masa de los fieles lo esencial de la catequesis, es decir de la doctrina; se apoyan en el di\u00e1logo y la alternancia. Vialart dice en su prefacio que la letan\u00eda es \u00abla m\u00e1s animada de las oraciones\u00bb: es una especie de catequesis l\u00edrica. Por fin, se incorporan la historia de la Iglesia: por ejemplo, en las letan\u00edas del Sant\u00edsimo Sacramento, se coloca una invocaci\u00f3n a santo Tom\u00e1s cuya \u00abexcelente doctrina\u00bb desarroll\u00f3 este culto; se citan igualmente otros santos de acci\u00f3n comparable. Esta perspectiva es rica en significaci\u00f3n: muestra que la historia de la Iglesia se concibe como una creaci\u00f3n continua; es la \u00abtradici\u00f3n\u00bb, complementaria del libro sagrado. En estos rasgos caracter\u00edsticos de la renovaci\u00f3n de las letan\u00edas en el siglo XVII, se hallan pues muchos aspectos pastorales y espirituales de la Reforma cat\u00f3lica.<\/p>\n<h3>3 \u2013 La oraci\u00f3n privada<\/h3>\n<p>Mientras que la oraci\u00f3n lit\u00fargica, constituida por actos colectivos del culto, se expresa en f\u00f3rmulas aprobadas por la Iglesia, la oraci\u00f3n privada reviste un car\u00e1cter m\u00e1s libre y personal. No obstante, a pesar d esta libertad, el siglo XVII ve la multiplicaci\u00f3n de los manuales de oraciones destinadas a conducir la meditaci\u00f3n. Conviene recordar entre los principales: los Consejos y ejercicios espirituales del Padre Jean Suffren (1642) y sobre todo las Instrucciones y oraciones cristianas para todas las personas de Antoine Godeau, obispo de Grasse (1646). Estas colecciones reflejan generalmente el pensamiento de los grandes espirituales, el de san Francisco de Sales y el de B\u00e9rulle, y m\u00e1s tarde el de F\u00e9nelon.<\/p>\n<p>En el esquema de evoluci\u00f3n de esta oraci\u00f3n privada, se han de distinguir dos periodos. Durante la primera mitad de siglo, la oraci\u00f3n se destaca a menudo por un esp\u00edritu social y una intenci\u00f3n pastoral; est\u00e1 orientada hacia problemas de moral pr\u00e1ctica: se opera en ella una \u00abparticularizaci\u00f3n\u00bb de las oraciones que tiende a adaptarlas a las condiciones propias de cada cristiano, seg\u00fan su estado, su misi\u00f3n, sus imperativos profesionales o simplemente las pruebas de su existencia. Las Instrucciones cristianas de Antoine Godeau contin\u00faan as\u00ed: la oraci\u00f3n de un comerciante, la de un sirviente, la de un ministro de Estado, la de los \u00abpadres y madres en la muerte de un hijo \u00fanico\u00bb, la de un eclesi\u00e1stico, de un juez&#8230; La de un oficial de finanzas revela, de forma conmovedora y casi dram\u00e1tica, esta s\u00faplica \u00abpersonalizada\u00bb: \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00abSe\u00f1or&#8230; qui\u00e9n ser\u00e1 el que, en medio de los tesoros, y en la ocasi\u00f3n f\u00e1cil de amontonar oro y dinero, conserve sus manos limpias&#8230; Que no me olvide nunca de que los fondos que manejo son sagrados, ya que son las finanzas del Estado&#8230; Que no me olvide de que es la sangre del pueblo que se extrae para la conservaci\u00f3n del reino; y si no puedo detener estas sangr\u00edas, que al menos yo no triunfe de la calamidad p\u00fablica mediante gastos escandalosos. Que sienta horror a darme festines, mientras que tantos, rescatados\u00a0 como yo con la sangre de vuestro Hijo,\u00a0 no tienen pan que comer&#8230;<\/p>\n<p>\u00abSobre todas las cosas,\u00a0 Se\u00f1or, iluminad mi esp\u00edritu en mis trabajos, a fin de que no me enga\u00f1e a m\u00ed mismo o que no me deje enga\u00f1ar, implic\u00e1ndome en asuntos injustos, que dan entrada a medios de rigor y violencia contra los particulares, bajo el falso pretexto de la necesidad p\u00fablica&#8230; Si hasta aqu\u00ed he adquirido bienes por medios il\u00edcitos, d\u00e1dmelo a conocer, por favor, y concededme la fuerza de imitar a Zaqueo en su restituci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La segunda mitad del siglo ve por el contrario el ascenso del quietismo: el sentido social se desdibuja en provecho de una b\u00fasqueda de perfecci\u00f3n personal; la indiferencia por el mundo se afirma m\u00e1s. La expresi\u00f3n misma se modifica: las f\u00f3rmulas son largas, a veces prolijas; la par\u00e1frasis de los textos b\u00edblicos es frecuente; la oraci\u00f3n tiende a la efusi\u00f3n, a fundirse en la meditaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n privada del siglo XVII \u2013as\u00ed como tambi\u00e9n la oraci\u00f3n lit\u00fargica- es siempre muy demostrativa, cargada de afectividad. Se acompa\u00f1a de actitudes, de gestos, de prosternaciones, de cantos y de llantos: se ejecuta en el esp\u00edritu del teatro sagrado. Refiriendo una de sus misiones por Auvergne, el Sr. Olier escribe en 1637: \u00abSe han tenido m\u00e1s de 4.000 confesiones generales; se ve a los campesinos y a sus mujeres dar la misi\u00f3n la misi\u00f3n ellos mismos en su familia, a los pastores y a los labradores cantar los mandamientos del Dios en los campos\u00bb.\u00a0 Una exuberancia verbal semejante no era\u00a0 exclusiva de los sencillos: sabios austeros no sent\u00edan reparos en afirmar su fe bajo formas muy expresivas.<\/p>\n<p>\u00abDom J. Mabillon, cuenta dom Ruinart, ten\u00eda por costumbre en sus viajes, cuando comenzaba a entrar en alguna regi\u00f3n,\u00a0 de irse a saludar enseguida a los santos tutelares&#8230; Cuando ve\u00eda la iglesia&#8230; se apeaba de ordinario del caballo y se pon\u00eda de rodillas&#8230; El d\u00eda en que deb\u00edamos llegar a Claraval, no hizo otra cosa por el camino que cantar&#8230; himnos y c\u00e1nticos&#8230; Pero cuando, al salir del bosque, llegamos a la vista de esta santa misi\u00f3n, se sinti\u00f3 transportado de una devoci\u00f3n tan extraordinaria que me qued\u00e9 muy sorprendido. Descendi\u00f3 del caballo y se prostern\u00f3 en tierra para hacer la oraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<h2>II \u2013 La vida moral.\u00a0 Permanencias y mutaciones<\/h2>\n<p>Las relaciones con Dios regulan las relaciones consigo mismo y con el pr\u00f3jimo: la espiritualidad es pues un elemento, pero no el \u00fanico, de la vida moral. \u00c9sta descansa en un complejo en el que entran en juego el pensamiento teol\u00f3gico y filos\u00f3fico, el estado pol\u00edtico de la ciudad, las fuerzas sociales y de un modo general la coyuntura hist\u00f3rica.<\/p>\n<h3>1 \u2013 Las condiciones nuevas de la vida moral<\/h3>\n<p>La \u00e9poca cl\u00e1sica ha conocida muy raramente la estabilidad y equilibrio moral que le otorga la opini\u00f3n com\u00fan: fuerzas contradictorias han chocado, a veces con violencia, cuestionando los valores tradicionales mejor implantados. A principios de siglo reina una gran libertad de costumbres y una decadencia de las observancias m\u00e1s elementales. Este estado de cosas es por lo general una consecuencia de la crisis religiosa de los decenios precedentes: en un momento en que religi\u00f3n y moras son estrechamente solidarias, un debilitamiento de la primera repercute indefectiblemente en la segunda. Este quebranto de los valores \u00e9ticos se halla una vez m\u00e1s confirmado y sostenido por el estado de guerra o simplemente por el estacionamiento de las tropas cuyo primer resultado es un extraordinario desarrollo de la prostituci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vicios y\u00a0 des\u00f3rdenes de todo g\u00e9nero alcanzan a todas las clases: el clero tampoco queda excluido. Por eso muchos de los grandes espirituales se esfuerzan ante todo por la formaci\u00f3n moral: san Vicente de Pa\u00fal estima que antes de emprender controversias con los protestantes, hay que corregir a los cat\u00f3licos de sus defectos y la conversi\u00f3n seguir\u00e1 por s\u00ed sola. B\u00e9rulle coloca \u00e9l tambi\u00e9n la santificaci\u00f3n antes de la reforma. Cantidad de comunidades han conocido, antes del gran movimiento de renovaci\u00f3n mon\u00e1stica, graves des\u00f3rdenes. El caso de Ang\u00e9lica d&#8217;Estr\u00e9es \u2013hermana de Gabriela, la amante de Enrique IV- abadesa de Maubuisson, cerca de Pontoise, ofrece un ejemplo c\u00e9lebre; hab\u00eda tenido doce hijos de padres diferentes y los educaba en medio de su propia comunidad mon\u00e1stica. De esta abadesa es de quien se convirti\u00f3 en ayudante Ang\u00e9lica Arnauld, antes de sucederla en 1602; y debido al esc\u00e1ndalo de Ang\u00e9lica d&#8217;Estr\u00e9es emprendi\u00f3 la Madre Ang\u00e9lica la reforma de Maubuisson, y m\u00e1s tarde la de Port-Royal. A trav\u00e9s de este ejemplo aparece un rasgo esencial de la vida espiritual del siglo XVII: el papel de la conversi\u00f3n. Efectivamente son a menudo gente que pasan bruscamente del estado de pecado o de indiferencia al estado de gracia los que realizan una obra de reforma institucional, moral o pastoral: la Madre Ang\u00e9lica Arnauld, Jean-Jacques Olier, Pascal, Armand de Ranc\u00e9son, entre otros muchos, ejemplos significativos. La corte no se ve\u00eda libre de esta ola de corrupci\u00f3n: \u00abNo es m\u00e1s dif\u00edcil, escrib\u00eda san Francisco de Sales, que un r\u00edo pase por el mar sin salarse que permanecer en la corte sin aprender ni practicar costumbres corrompidas\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s grave todav\u00eda que estas ca\u00eddas individuales aparece el quebrantamiento de instituciones tradicionales, fundamentos de la vida social y moral, como la familia. Numerosos son los hijos naturales que comparten vecindad en el hogar con los hijos leg\u00edtimos. Los matrimonios son poco variados, por razones de conveniencia mundana pero sobre todo debido a la mortalidad femenina, consecuencia indirecta de la mortalidad infantil: muchas mujeres agotadas desaparec\u00edan muy j\u00f3venes. De donde la frecuencia de las uniones en que las edades de los c\u00f3nyuges son discordantes, se trate ya de unas segundas nupcias\u00a0 propiamente dichas o\u00a0 de un matrimonio planeado con antelaci\u00f3n por las obligaciones militares. Las familias m\u00e1s piadosas no est\u00e1n exentas de ello y la de san Francisco de Sales es un ejemplo.. A los 37 a\u00f1os su padre pide la mano de su prima,\u00a0 de 9 a\u00f1os de edad por entonces. El matrimonio se celebra cinco a\u00f1os despu\u00e9s, en 1566: el esposo tiene 43 a\u00f1os, la esposa 14. Cuando nace Francisco de Sales, su madre tiene 15 a\u00f1os; logra reponerse con dificultad y su hijo debe ser confiado a manos mercenarias. Ella sigue triste, solitaria, extra\u00f1a a las aspiraciones y proyectos de su marido. \u00bfQu\u00e9 se podr\u00eda esperar? Este ejemplo no es una excepci\u00f3n: existen muchos hogares as\u00ed;\u00a0 de donde en muchos ni\u00f1os, traumatismos morales, estados nerviosos y rarezas que se contin\u00faan hasta la edad madura. Se hallan en todos los medios, hasta en los grandes espirituales. Se ha podido decir de Condren que no hab\u00eda tenido juventud; trastornos s\u00edquicos y una hiperneurosis se manifiestan epis\u00f3dicamente en el sr. Olier, el Padre Surin, el sr. Singlin, Saint-Cyran&#8230; es un hecho social que refleja \u2013con la indispensable esquematizaci\u00f3n esc\u00e9nica- el teatro de Moli\u00e8re: una familia numerosa con hijos abandonados a su suerte, una madre con frecuencia muy joven y del todo ignorante del universo intelectual o social de su marido, un padre extra\u00f1o a su hogar y solicitado por la aventura extra-conyugal.<\/p>\n<p>Ese es el tejido de la vida corriente. Pero de estas realidades surgen problemas nuevos, de naturaleza por lo general m\u00e1s abstracta, que se introducen luego en la conciencia moral. El siglo XVII ha conocido cambios, no violentos ni espectaculares \u2013 porque se trata de un \u00absiglo lento\u00bb- pero profundos, que exigen el estudio de soluciones nuevas. Entre ellos se sit\u00faa en primer lugar el ascenso de la naci\u00f3n que tiende a desfigurar la cristiandad: \u00bfc\u00f3mo concertar la moralidad de la Iglesia con la raz\u00f3n de Estado? \u00c9ste fue para B\u00e9rulle, para Saint-Cyran y de manera general para los defensores del partido devoto, un problema desgarrador: algunos vieron en esta crisis el origen del movimiento jansenista franc\u00e9s. En la vida econ\u00f3mica y social, el dinero tiende a jugar un papel decisivo: anta\u00f1o simple medio de intercambios, asume despu\u00e9s una funci\u00f3n especulativa. \u00bfEs esta funci\u00f3n l\u00edcita moralmente? As\u00ed se plantea en t\u00e9rminos nuevos la cuesti\u00f3n tradicional del pr\u00e9stamo a inter\u00e9s. Y de ah\u00ed que se condene todo el problema de las estructuras sociales, antes fundadas en la tierra y en adelante cada vez m\u00e1s en el dinero l\u00edquido: una sociedad estable deja paso a una sociedad m\u00e1s fluida. De un modo general todas las relaciones del cristiano con el mundo se sit\u00faan en una luz nueva.<\/p>\n<h3>2 \u2013Florecimiento de la casu\u00edstica<\/h3>\n<p>Estos cambios en los h\u00e1bitos de vida, las jerarqu\u00edas y las mentalidades tradicionales explican el auge, durante el siglo XVII, de la teolog\u00eda moral y de una de sus ciencias anejas, la casu\u00edstica. Esta palabra se deriva de casus (caso de conciencia): se trata en efecto de la teolog\u00eda moral aplicada a problemas particulares. El t\u00e9rmino de \u00abcasuista\u00bb es de fecha reciente: fue vulgarizado, con un matiz peyorativo, por Pascal en las Provinciales. Pero la casu\u00edstica misma ha existido siempre: es anterior al cristianismo, pues est\u00e1 constituida por el conjunto de los casos concretos regidos por principios \u00e9ticos, por eso mismo es indispensable a toda civilizaci\u00f3n o a todo individuo sometido a una moral. La casu\u00edstica est\u00e1 presente en Arist\u00f3teles con la \u00c9tica a Nic\u00f3maco y en S\u00e9neca en las Cartas a Lucilio.\u00a0 Aparece en varios pasajes de los evangelios, en particular a prop\u00f3sito del impuesto exigido por C\u00e9sary del descanso del s\u00e1bado. Atraviesa toda la Edad Media pero en el siglo XVII conoce una enorme recrudescencia por raz\u00f3n de las mutaciones sociales y mentales evocadas anteriormente, y tambi\u00e9n por el lugar creciente ocupado por la confesi\u00f3n en la vida cristiana. Cursos de casos de conciencia se instauran y se desarrollan en las abad\u00edas, los seminarios, los colegios universitarios; los jesuitas se destacan en esta ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>Paralelos a los cursos y por v\u00eda de consecuencia, se multiplican los tratados, las colecciones, las sumas de casos de conciencia: estos trabajos destinados a ayudar a los confesores, alcanzan un \u00e9xito inmenso; en el siglo que sigui\u00f3 al concilio de Trento, de 1564 a 1663, unos seiscientos autores trataron de la casu\u00edstica. Todos es verdad no son franceses, algunos son espa\u00f1oles o italianos; pero como por lo general escriben en lat\u00edn, se leen en toda la cristiandad. Un golpe muy dura deb\u00eda recibir la casu\u00edstica por parte de los jansenistas\u00a0 como Arnauld y m\u00e1s todav\u00eda de Pascal en las Cartitas a un provincial (1656). Los ataques de Pascal iban dirigidos sobre todo contra un jesuita espa\u00f1ol, Antonio de Escobar di Mendoza (1589-1669). \u00bfQu\u00e9 reproches fundamentales dirig\u00eda Pascal a la casu\u00edstica? En primer lugar por ser una forma de racionalismo y exigir por eso mismo a la inteligencia humana, disminuida por el pecado, determinar la regla del deber, colocando de este modo la raz\u00f3n por delante del precepto; el reproche se dirige a los jesuitas, pero indirectamente tambi\u00e9n a la escol\u00e1stica. Por otra parte la casu\u00edstica conduce a la una doble moral: la que deriv\u00e1ndose de la aplicaci\u00f3n estricta de la ley est\u00e1 reservada a las almas escogidas, y la que adapt\u00e1ndose al contexto temporal, a las jerarqu\u00edas sociales, a las comodidades al uso en el siglo, se convierte en el lote de los \u00abmundanos\u00bb. Por fin, debido a sus sutilezas y concesiones, la casu\u00edstica favorece el laxismo y con ello la corrupci\u00f3n creciente de las costumbres: el laxismo es la disposici\u00f3n de conciencia tendente a rebajar la barrera entre lo permitido y los actos prohibidos. Pascal tuvo el arte, no s\u00f3lo de atacar la casu\u00edstica, sino de ridiculizarla ante la opini\u00f3n. Fue debido a sus ataques por lo que Roma conden\u00f3 algunos excesos de los casuistas (en 1665, 1666, 1679), y la asamblea del clero de Francia de 1700 censur\u00f3 123 proposiciones\u00a0 con referencia a la \u00abmoral\u00a0 relajada\u00bb. La casu\u00edstica subsisti\u00f3, pero se hizo acompa\u00f1ar desde entonces de una nota de rigorismo que la dejar\u00e1 marcada en toda la mitad del siglo XVII.<\/p>\n<p>As\u00ed las dificultades y los des\u00f3rdenes del principio de la \u00e9poca cl\u00e1sica, asociados al desarrollo institucional de la Reforma cat\u00f3lica, tuvieron como resultado inculcar a los contempor\u00e1neos una conciencia clara de la necesidad de observar escrupulosamente la ley: toda la moral de Arnauld en particular est\u00e1 te\u00f1ida de esta voluntad de austeridad.<\/p>\n<h3>3 \u2013 El h\u00e9roe<\/h3>\n<p>Estos cambios de orden sociol\u00f3gico, ideol\u00f3gico o espiritual tienen\u00a0 como primera consecuencia la aparici\u00f3n de nuevos tipos morales: se afirman a la vez en la realidad social y en sus transposiciones literarias; estas \u00faltimas no pueden ni deben ser descuidadas por el historiador, ya que dan testimonio del ideal moral de una \u00e9poca. Durante los siglos de la Edad Media, la literatura, especialmente el teatro,\u00a0 exaltaron un modelo de h\u00e9roe cuya gloria era a la vez la raz\u00f3n de ser y el principio de acci\u00f3n. Esta noci\u00f3n tradicional de gloria es compleja: lleva consigo la bravura f\u00edsica, pero tambi\u00e9n la grandeza moral, la lealtad, la entrega; es la gloria \u00abfeudal\u00bb. A estos calificativos, el Renacimiento a\u00f1adi\u00f3 la idea del superhombre en lo que tiene de voluntad de poder, de autoridad sin l\u00edmites, de riqueza a veces, y hasta de amoralismo, componentes costumbristas de tipos sociales como el pr\u00edncipe,\u00a0 el conquistador o el condotiero.<\/p>\n<p>El siglo XVII no rechaza la idea de gloria, sino que la espiritualiza y la sublima, ya que juzga las victorias morales m\u00e1s esenciales que las haza\u00f1as f\u00edsicas. El h\u00e9roe no es ya tanto el que triunfa, sino el que, con su palabra, sus sentimientos y su acci\u00f3n, logra superar un destino amenazador. La victoria no se presenta como verdadera m\u00e1s que cuando va encaminada hacia el bien; as\u00ed en la noci\u00f3n de gloria, el sacrificio ocupa en lo sucesivo un lugar tan grande como la haza\u00f1a. El problema moral esencial, subyacente a todo el teatro de Crneille, es el de la concordancia entre la exaltaci\u00f3n del yo y la virtud: \u00abEl movimiento esencial de lo sublime corneliano, advierte Paul B\u00e9nichou, consiste en dar a esta pregunta una respuesta favorable&#8230;: el yo se afirma y se depura al mismo tiempo en el sentido del bien\u00bb. \u00bfProblema de dramatizaci\u00f3n esc\u00e9nica? Sin duda, pero desborda las fronteras del teatro y se proyecta en las discusiones morales del tiempo: la audiencia de las piezas de Corneille tiene valor de test de opini\u00f3n y revela la realidad de las mutaciones ideol\u00f3gicas. \u00c9stas no traducen solamente un cambio en la moral de clase de la aristocracia; son reflejo de un principio mayor de la Reforma cat\u00f3lica: someter todos los comportamientos reales al ideal espiritual.<\/p>\n<p>Algunos autores o ciertas familias van todav\u00eda m\u00e1s lejos que Corneille. Pasando del plano de la teolog\u00eda al de las mentalidades, el jansenismo imprime a la alta sociedad la se\u00f1al de la austeridad agustiniana: el h\u00e9roe, a\u00fan idealizado, se convierte en sospechoso; se pone el acento adrede en las contradicciones del hombre, su grandeza pero tambi\u00e9n su miseria. Este tema es objeto de exposici\u00f3n y de discusi\u00f3n en los salones afectos firmemente a Port-Royal, como el de Madame de Sabl\u00e9. Obras como las M\u00e1ximas\u00a0 de La Rochefoucauld, los Ensayos de moral de Nicole y sobre todo los Pensamientos\u00a0 de Pascal reflejan orientaciones y aspiraciones id\u00e9nticas. A medida que avanza el siglo, estas tendencias se confirman. As\u00ed la gloria, a\u00fan en el sentido corneliano del t\u00e9rmino, &#8211; es decir entendida como una fuerza creadora de bien- parece peligrosa.\u00a0 \u00bfNo es a fin de cuentas una forma de concupiscencia, m\u00e1s precisamente de esta libido dominandi, o apetito del orgullo, la m\u00e1s grave a los ojos de Pascal?\u00a0 \u00bfO tambi\u00e9n de este \u00abamor propio\u00bb que denuncia La Rochefoucauld como el peor producto del ego\u00edsmo? El hombre es en efecto el punto de encuentro de la gracia y del pecado: hasta el premio que atribuye a la gloria es el signo de su miseria profunda. Estos cambios de perspectiva aparecen a plena luz en un paralelo entre el teatro de Corneille y el de Racine: el primero muestra al hombre como vencedor de la naturaleza, el segundo como pecador presa de la concupiscencia bajo todas sus formas, a\u00fan las m\u00e1s bajas, y que no pueda vencer m\u00e1s que con la ayuda de la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Estos cambios en la expresi\u00f3n literaria son reveladores de las transformaciones sicol\u00f3gicas, espirituales y sociales: la moral del h\u00e9roe queda sustituida por la del humanismo devoto, es decir del cristiano preocupado en ordenar exactamente su conducta conforme a los imperativos religiosos.<\/p>\n<h2>III \u2013 Los comportamientos pr\u00e1cticos<\/h2>\n<h3>1 \u2013 El cristiano y el mundo<\/h3>\n<p>Estas novedades ideol\u00f3gicas no son simples ideas del esp\u00edritu, sino que se traducen en la vida de cada d\u00eda en compromisos pr\u00e1cticos. Como los valores espirituales no son ya el patrimonio del claustro, sino que se irradian por igual en el mundo, \u00e9ste no aparece m\u00e1s como el dominio exclusivo del mal; es tambi\u00e9n el lugar donde el cristiano realiza normalmente su vocaci\u00f3n; los fieles tienden as\u00ed a la perfecci\u00f3n cristiana, no por la contemplaci\u00f3n, sino por las obras. El siglo XVII fue, m\u00e1s que cualquier otro, el tiempo de las obras bajo las formas m\u00e1s diversas: pastorales, educativas, caritativas, misioneras&#8230; Y lo fue con tanta mayor raz\u00f3n cuanto \u00e9stas eran\u00a0 negadas o contestadas, en su mismo principio, por los disc\u00edpulos de Lutero y de Calvino para quienes la fe sola justifica, estando toda acci\u00f3n necesariamente manchada de pecado.<\/p>\n<p>Esta aceptaci\u00f3n del mundo se funda sin embargo en una ambivalencia: sin duda el mundo est\u00e1 transfigurado por la Encarnaci\u00f3n y por la caridad hacia el pr\u00f3jimo; no deja por ello de ser menos el dominio del mal. El cristiano va a \u00e9l, no para gozar de sus placeres, ni siquiera para mejorarlo materialmente seg\u00fan las reglas de una justicia exterior, sino para convertirlo y santificarlo. Toda obra lleva consigo una finalidad espiritual.<\/p>\n<p>De estas premisas se desprenden dos consecuencias importantes. La primera es de hacer la conducta individual conforme a los principios de la fe: es sin duda la mayor realizaci\u00f3n hist\u00f3rica de la Reforma cat\u00f3lica el haber estrechado poderosamente el lazo entre la moral y la creencia. Una transformaci\u00f3n espectacular pero poco profunda reside en la voluntad de mejorar las costumbres de los fieles. Durante el siglo XVII, la tendencia \u00abmoralizante\u00bb de los catecismos se acent\u00faa; sus prescripciones se hacen m\u00e1s severas. Con mayor celo los visitantes can\u00f3nicos tratan de descubrir en las parroquias los des\u00f3rdenes y los vicios dominantes. La formaci\u00f3n constatada en los cl\u00e9rigos se manifiesta tambi\u00e9n en los laicos, pero m\u00e1s tard\u00edamente, por lo general despu\u00e9s de 1670 o 1680: los casos de ebriedad o de adulterio se hacen m\u00e1s raros; la prostituci\u00f3n, muy combatida, est\u00e1 en retroceso.<\/p>\n<p>Otra consecuencia de la Reforma es un recelo se\u00f1alado con respecto al placer. La \u00e9poca cl\u00e1sica se cuestion\u00f3 mucho sobre la licitud del placer: algunos te\u00f3logos o fil\u00f3sofos de finales de siglo \u2013Malebranche, Bayle&#8230;, testigos de los trastornos psicol\u00f3gicos de su tiempo- lo han justificado viendo en \u00e9l el medio de hacer feliz a una criatura hecha para la felicidad. Pero tales afirmaciones, anunciadoras de la \u00abIlustraci\u00f3n\u00bb, siguen siendo la excepci\u00f3n: para la casi totalidad de los hombres de la Iglesia, la b\u00fasqueda del placer por s\u00ed mismo es una consecuencia l\u00f3gica del pecado original, constituye en efecto esta forma primera de la concupiscencia designada por la tradici\u00f3n con el nombre de libido sentiendi; la voluptuosidad no es el pecado pero lleva a \u00e9l. Los placeres de los sentidos no son admisibles m\u00e1s que en los l\u00edmites y seg\u00fan las finalidades prescritas por Dios, por ejemplo como gu\u00edas de la conservaci\u00f3n de nuestro cuerpo. Estas ideas, heredadas todas m\u00e1s o menos de san Agust\u00edn son comunes a la mayor parte de los te\u00f3logos del tiempo, pero se afirman particularmente en el m\u00e1s grande de ellos, Antoine Arnauld. Avivan una multitud de escr\u00fapulos que atraviesan la vida moral y se expresan en particular mediante estos minuciosos \u00abex\u00e1menes generales de las faltas\u00bb, practicados en la confesi\u00f3n. Alimentan un rigorismo r\u00edgido cuyos principios se hallan expuestos en tratados tales como los catecismos, los rituales, los libros de oraciones o los manuales de confesores. Esta voluntad de rectitud moral se refuerza en muchos dominios, pero en particular en el de los comportamientos sexuales y\u00a0 el de la moral del cr\u00e9dito.<\/p>\n<h3>2 \u2013 Las prohibiciones sexuales y sus consecuencias<\/h3>\n<p>Con respecto a las primeras se instaura una rigidez de costumbres hasta entonces desconocida. El rechazo de la \u00abmoral relajada\u00bb se manifiesta de m\u00faltiples maneras: primero con la lucha contra la desnudez corporal, condenada a porf\u00eda por todos los libros p\u00edos pero tambi\u00e9n por los tratados de civilidad. Los jansenistas en particular manifiestan en este dominio una intransigencia sin concesiones. Arnauld proclama que \u00abse debe ser firme para impedir los desnudos\u00bb; pero esta austeridad no es el lote exclusivo de unos te\u00f3logos, se halla en numerosas obras de moral pr\u00e1ctica y se expresa en particular en las Reglas cristianas para hacer santamente todas las acciones, libro publicado en 1700 por un disc\u00edpulo de Henri Arnauld, el abate Ambrosio Paccori. Tuvo numerosas ediciones y fue uno de los grandes tratados educativos de finales del siglo XVII y principios del XVIII. Recordando la corrupci\u00f3n de toda carne, fuente esencial del pecado, el autor ense\u00f1a que es contrario a la decencia y al pudor \u00abde dejarse ver los pies desnudos, las piernas, los brazos o cualquier otra parte del cuerpo que se debe cubrir\u00bb. Por eso las j\u00f3venes que tengan alg\u00fan temor de Dios pondr\u00e1n \u00abun cuidado particular en cubrirse bien el seno, la garganta y los brazos. Es una falta de pudor y un descaro dejar estas partes del cuerpo descubiertas, lo que no puede convenir m\u00e1s que a las comediantas y a mujeres perdidas\u00bb.\u00a0 El cristiano debe pues \u00abconcebir un alto odio a su propia carne y a la de los otros\u00bb. Estas actitudes rigoristas no fueron por otra parte, como a veces se imagina, estricto patrimonio de los jansenistas: muchas congregaciones, asociaciones piadosas en particular la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento, lucharon tambi\u00e9n contra las actitudes o las modas tenidas por indecentes.<\/p>\n<p>Es no obstante a un nivel m\u00e1s profundo donde se sit\u00faa la renovaci\u00f3n moral suscitada por la Reforma cat\u00f3lica. Por toda Europa meridional, pero especialmente por Francia, se difunde \u2013a menudo como reacci\u00f3n contra los protestantes que negaban las virtudes del celibato- un descr\u00e9dito generalizado de todo cuanto ata\u00f1e a la sexualidad no s\u00f3lo fuera del matrimonio sino tambi\u00e9n dentro de \u00e9l: contra el acto sexual tenido por impuro se ven reaparecer en ciertas regiones como las di\u00f3cesis del oeste normando, sobre todo en mayo, antiguas abstinencias peri\u00f3dicas; se ha podido hablar de \u00abmentalidad c\u00e1tara\u00bb. Por eso se desarrolla despu\u00e9s de 1670, bajo el impulso de una teolog\u00eda neoagustiniana, una ascesis religiosa desconfiada con respecto a la sexualidad, \u00absector condenado o sector abandonado a una especie de indiferencia\u00bb.<\/p>\n<p>Estas actitudes morales no son uniformes ni en la duraci\u00f3n ni en el espacio: diferencias, temporales o regionales, subsisten y se perpet\u00faan. La guerra, el paso o el estacionamiento de tropas favorecen las miserias morales y al propio tiempo no dejan que se ponga remedio: el hecho es patente en los momentos m\u00e1s dif\u00edciles de la guerra de Sucesi\u00f3n de Espa\u00f1a, en los a\u00f1os 1709-1711 que ven multiplicarse\u00a0 los abandonos de ni\u00f1os. Pero otras diferencias de un car\u00e1cter m\u00e1s hondo son de orden geogr\u00e1fico: estudios recientes descubren un contraste entre las regiones de openfield, m\u00e1s respetuosas con la moral sexual, y las de praderas y bosques, m\u00e1s laxistas, m\u00e1s acomodaticio a la libertad de las costumbres. La actitud general no es la misma con relaci\u00f3n a las j\u00f3venes-madres: y es que nos hallamos en presencia de dos tipos diferentes de nacimientos ileg\u00edtimos. En el openfield, provienen de las familiaridades excesivas que se permiten los novios o los muchachos y muchachas de la misma edad; contra estas pr\u00e1cticas\u00a0 entablan las iglesias un combate constante y con la mayor frecuencia victorioso. En\u00a0 las regiones de praderas y bosques, los nacimientos ileg\u00edtimos proceden generalmente de los derechos que los amos se arrogan sobre las sirvientas: se trata de un rasgo de permanencia de viejos h\u00e1bitos se\u00f1oriales, tolerados con indulgencia por la opini\u00f3n y hasta por la autoridad eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>El siglo XVII constituye pues un largo \u00abpar\u00e9ntesis rigorista\u00bb entre el Renacimiento y las segundas Luces. La Reforma cat\u00f3lica es, no s\u00f3lo para los selectos sino para las masas, un tiempo de ascetismo pr\u00e1ctico cuyas consecuencias se prolongan en el dominio demogr\u00e1fico. El control estricto de la libido,<\/p>\n<p>Asociado a la nupcialidad tard\u00eda, a la supermortalidad de las mujeres por los peligros del primer nacimiento, a veces tambi\u00e9n a una coyuntura desfavorable como un estancamiento econ\u00f3mico, explican el maltusianismo demogr\u00e1fico que subsistir\u00e1, con\u00a0 vaivenes regionales, en el siglo XVIII, a pesar de la tendencia generalizada a laicizarse la \u00e9tica religiosa.<\/p>\n<h3>3 \u2013 La usura<\/h3>\n<p>En un terreno muy diferente por su naturaleza de la sexualidad \u2013el de la econom\u00eda de cr\u00e9dito- la Reforma cat\u00f3lica adopta la misma actitud de reticencia y de rigor.<\/p>\n<p>La Iglesia antigua y la de la Edad Media hab\u00edan lanzado prohibiciones severas contra el pr\u00e9stamo a inter\u00e9s: en una sociedad rural o pastoral, todo pr\u00e9stamo tiende en efecto a convertirse en usura, es decir abuso, explotaci\u00f3n del pr\u00f3jimo. Apoy\u00e1ndose a la vez en la palabra b\u00edblica y en la argumentaci\u00f3n de Arist\u00f3teles, los te\u00f3logos escol\u00e1sticos hab\u00edan condenado con severidad el pr\u00e9stamo con inter\u00e9s, a\u00fan en sus formas m\u00e1s moderadas; todo lo m\u00e1s permit\u00edan el reembolso de un perjuicio a los acreedores en virtud de los \u00abt\u00edtulos extr\u00ednsecos\u00bb, es decir extra\u00f1os al pr\u00e9stamo mismo: se trataba entonces no de un verdadero \u00abinter\u00e9s\u00bb sino de \u00abda\u00f1os e intereses\u00bb. Las grandes mutaciones econ\u00f3micas del siglo XVI nacidas del descubrimiento de Am\u00e9rica, de la enorme afluencia de metales preciosos a Europa y de la constituci\u00f3n de nuevos mercados, hab\u00edan incrementado la riqueza mobiliaria y desarrollado paralelamente el esp\u00edritu mercantil fundado en la productividad del dinero. Estas transformaciones hab\u00edan tenido por efecto suavizar, a veces incluso abolir, los antiguos entredichos usureros: Calvino en particular, rechazando a la vez las prohibiciones de la Escritura y las razones de Arist\u00f3teles, hab\u00eda proclamado la licitud del pr\u00e9stamo, templando simplemente su uso por las exigencias de la caridad.<\/p>\n<p>La Reforma cat\u00f3lica marca una ruptura con esta evoluci\u00f3n liberal: sus representantes casi un\u00e1nimes hicieron en este tema alarde de un rigorismo extremo, tanto m\u00e1s estricto cuanto mayores eran los riesgos de faltas que la extensi\u00f3n del comercio, y por lo tanto la econom\u00eda de cr\u00e9dito, supon\u00eda para el cristiano ferviente y con toda una gama\u00a0 de\u00a0 \u00abcasos de conciencia\u00bb. La octava Provincial de Pascal revela la audiencia de tales cuestiones en un p\u00fablico cultivado. No hay obispo que no dedique al menos una de sus cartas pastorales al problema de la usura, ni catecismo que no recuerde, en el cap\u00edtulo sobre el octavo mandamiento, que pedir m\u00e1s de lo que se ha prestado, \u00aba causa del pr\u00e9stamo solo\u00bb, es un robo. Las grandes teolog\u00edas del tiempo, base de la ense\u00f1anza en los seminarios, como la de Fran\u00e7ois Genet, se muestran severas igualmente con el comercio del dinero. Bossuet mismo escribi\u00f3 un Tratado de la usura pensado en la l\u00ednea de la oposici\u00f3n cl\u00e1sica al cr\u00e9dito. Con sus ejemplos m\u00e1s oficiales, la Iglesia reiteraba peri\u00f3dicamente las mismas condenaciones: la Sorbona lo hizo en 1665, la facultad de teolog\u00eda de Nantes en 1713. A petici\u00f3n de Bossuet, la asamblea del clero de Francia de 1700 formulaba con solemnidad las mismas conclusiones. Del clero alto y por intermedio de los seminarios, estas tesis antiusureras penetraron en la masa de los fieles por la predicaci\u00f3n, el tribunal de la penitencia y la ense\u00f1anza catequ\u00edstica, influyendo as\u00ed, al menos de forma difusa,\u00a0 en la mentalidad de la clase media. En general, los jansenistas encabezaban en este terreno un combate de vanguardia pero sus opiniones eran a menudo compartidas, en su principio, por la mayor\u00eda de los cl\u00e9rigos.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo dar cuenta de tal rigor en la condena? \u00c9sta se explica primero por una consideraci\u00f3n de orden sociol\u00f3gico: muchos hombres de Iglesia, y especialmente obispos, originarios de la aristocracia pura o de la clase de toga, no conceb\u00edan fortuna posible o ganancia l\u00edcita m\u00e1s que basadas en la tierra o en el oficio; m\u00e1s o menos conscientemente te\u00f1\u00edan sus juicios o sus opciones con cierta mentalidad de clase. Al adoptar actitudes liberales, tem\u00edan por otro lado hacer una concesi\u00f3n, si bien aparente, al calvinismo y ser tachados de laxismo. Se inspiraban en esto en la rigidez del concilio de Trento: las prohibiciones usureras participan de esta reacci\u00f3n, por entonces com\u00fan a toda la Iglesia, contra toda forma de abandono moral.<\/p>\n<p>Este comportamiento rigorista con el cr\u00e9dito tuvo consecuencias muy importantes no s\u00f3lo de orden \u00e9tico sino tambi\u00e9n de alcance social y econ\u00f3mico. El primer efecto fue una lucha sin cuartel dirigida contra los se\u00f1ores ladrones que exprim\u00edan sin tregua a los campesinos, imponi\u00e9ndoles usuras exorbitantes. Con el apoyo del rey, los obispos los combatieron sistem\u00e1ticamente, casi siempre con \u00e9xito: esta pastoral antiusurera se extendi\u00f3 a la mayor parte de las provincias, pero con resultados particularmente positivos en el vasto bloque regional del Languedoc y de la Gascu\u00f1a constituido por las di\u00f3cesis de Alet, de Pamiers, de Comminges, de Narbonne, de Cahors, de Toulouse y de Agen. Estos logros espectaculares eran debidos sobre todo al impulso dado por prelados como Alain de Solminihac o Nicolas Pavillon. Pero se trata aqu\u00ed de una\u00a0 usura opresiva de tipo antiguo que es prolongaci\u00f3n de una tradici\u00f3n medieval.<\/p>\n<p>La eficacia fue asimismo total en lo que se refiere a formas nuevas de la econom\u00eda de cr\u00e9dito. Resulta trabajoso dar una respuesta global. Conviene con todo observar que las prescripciones de la Iglesia determinaron o inclinaron las conductas de la burgues\u00eda francesa en materia del empleo del dinero: desviaron pr\u00e9stamos comerciales en beneficio de las inversiones rurales; hasta la conclusi\u00f3n del Antiguo R\u00e9gimen, la renta consolidada y el cargo constituyen el ideal de la clase media. A veces las reglas antiusureras que sobrepasaban el estadio difuso de mentalidad se impon\u00edan en los consejos reales. El \u00e9xito del mercantilismo descansaba en gran parte en la generalizaci\u00f3n del pr\u00e9stamo de dinero. En 1678, a instigaci\u00f3n de Colbert, el consejo privado examin\u00f3 el establecimiento en las principales ciudades del reino, de \u00abcajas de pr\u00e9stamo\u00bb, destinadas a prestar a inter\u00e9s y al d\u00eda para remediar las necesidades de los comerciantes. El proyecto no suscit\u00f3 dificultades t\u00e9cnicas: se inspiraba en una instituci\u00f3n que ya era com\u00fan en Holanda; pero Luis XIV no quiso instaurarlo sin el parecer de la Sorbona. Un grupo de doctores, deliberando en presencia de un representante de Colbert, declar\u00f3 un\u00e1nimemente que,\u00a0 siendo el pr\u00e9stamo injusto en s\u00ed mismo, \u00abel rey no pod\u00eda permitirlo y que si lo autorizaba por una declaraci\u00f3n,\u00a0 los Pastores y los Predicadores se ver\u00edan obligados a predicar en contra, y los Confesores a prohibir a sus penitentes conformarse a ello\u00bb. El rey no se atrevi\u00f3 a seguir adelante y el ministro tuvo que abandonar el proyecto.<\/p>\n<p>Compromisos tan precisos en el\u00a0 gobierno de la ciudad ilustran la inserci\u00f3n profunda del catolicismo en los problemas del mundo: la Iglesia no solamente ha pretendido guiar a cada fiel en su vida privada, en sus comportamientos de todo momento, sino que se ha fijado como meta modelar la comunidad entera, orientar la acci\u00f3n pol\u00edtica, los compromisos econ\u00f3micos, las mismas reglas financieras, seg\u00fan principios religiosos. 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(Mt 18, 19-20). \u00abLa comunidad\u2026","rel":"","context":"En \u00abEspiritualidad vicenciana\u00bb","block_context":{"text":"Espiritualidad vicenciana","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/espiritualidad\/espiritualidad-vicenciana\/"},"img":{"alt_text":"asd","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2015\/03\/asd7-269x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":387141,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-apostolado-fuente-de-oracion\/","url_meta":{"origin":9749,"position":3},"title":"El apostolado fuente de oraci\u00f3n","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"01\/03\/2016","format":false,"excerpt":"\u00abOs lo aseguro: Cada vez que lo hicisteis con un her\u00admano m\u00edo de esos m\u00e1s humil\u00addes, lo hicisteis conmigo\u00bb. (Mt 25,40). \u00abEs necesario que el minis\u00adterio de la palabra, el de los sacramentos y el de la ca\u00adridad, as\u00ed como los aconte\u00adcimientos de la vida, sean para nosotros una particular\u2026","rel":"","context":"En \u00abEspiritualidad\u00bb","block_context":{"text":"Espiritualidad","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/espiritualidad\/"},"img":{"alt_text":"asd","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/asd-5.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":387803,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/jesus-ora-al-padre-movido-por-el-espiritu\/","url_meta":{"origin":9749,"position":4},"title":"Jes\u00fas ora al Padre, movido por el Esp\u00edritu","author":"Mitxel Olabu\u00e9naga","date":"08\/09\/2016","format":false,"excerpt":"Jes\u00fas de Nazaret es un trabajador fiel que hace de su vida oraci\u00f3n, y de la oraci\u00f3n compromiso de salvaci\u00f3n para los hombres. 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