{"id":9748,"date":"2015-06-17T04:37:12","date_gmt":"2015-06-17T02:37:12","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/14\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-13\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:09","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:09","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-13","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-13\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 13"},"content":{"rendered":"<h1>Cap\u00edtulo XIII: Hacia una espiritualidad cristoc\u00e9ntrica<\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>La espiritualidad compromete la vida y comportamientos del cristiano m\u00e1s profundamente y m\u00e1s totalmente que la pr\u00e1ctica o la devoci\u00f3n. \u00c9stas ocupan el primer lugar entre las formas exteriorizadas de la religi\u00f3n; la espiritualidad por el contrario regula y ordena en sus modalidades \u00edntimas las relaciones del hombre\u00a0 con Dios. Algunas de sus realidades nacen por eso mismo del dominio de la conciencia y son inaccesibles al historiador; pero otras son m\u00e1s f\u00e1cilmente perceptibles. En particular se trata de: los principios de la vida espiritual expuestos en los grandes tratados; las experiencias reveladas por algunos m\u00edsticos; y sobre todo los aspectos de la vida del alma con frecuencia expresados en la literatura, la oraci\u00f3n o las actitudes morales.<\/p>\n<p>Las formas de la espiritualidad var\u00edan seg\u00fan la coyuntura hist\u00f3rica y el medio: no son las mismas en una sociedad mon\u00e1stica, un campesinado o una poblaci\u00f3n urbana. En la Francia del siglo XVII, van se\u00f1aladas con una doble influencia[1]; en primer lugar por el movimiento general de la Reforma y en particular por la vuelta a los textos sagrados, despu\u00e9s por el ascenso burgu\u00e9s: mientras en la Edad Media, la espiritualidad tend\u00eda a encerrarse en medios clericales o conventuales, en lo sucesivo penetra en c\u00edrculos laicos reclutados primordialmente en la clase oficial.<\/p>\n<h2>I \u2013 Los caracteres generales de evoluci\u00f3n<\/h2>\n<p>Si existen varias \u00abescuelas\u00bb de espiritualidad, se derivan de una herencia com\u00fan y son tributarias de factores generales de evoluci\u00f3n, entre los cuales tres han ejercido un efecto determinante: las influencias exteriores, el auge de las fundaciones mon\u00e1sticas, el retorno generalizado a la Biblia.<\/p>\n<h3>1 \u2013 Las influencias exteriores<\/h3>\n<p>Sus or\u00edgenes son diversos. Algunas proceden del norte: de Flandes o de los pa\u00edses renanos[1].<\/p>\n<p>A finales del siglo XVI pero sobre todo a principios del XVII, los autores franceses descubren y admiran a los grandes m\u00edsticos del norte: Suso, Tauler, Ruysbroeck; varias obras de \u00e9ste \u00faltimo est\u00e1n traducidas por el cartujo Richard Beaucousin. Estas obras se difunden en la alta sociedad\u00a0 gracias al c\u00edrculo de Madame Acarie e imprimen su sello en los tratados de los grandes espirituales franceses como Francisco de Sales, B\u00e9rulle o el Padre Surin. Uno de los libros m\u00e1s usado, a\u00fan entre los laicos, es la Imitaci\u00f3n de Jesucristo: conocida por numerosas traducciones y por comentarios, contribuy\u00f3 a te\u00f1ir la piedad francesa con una nota de gravedad y de reserva. A estas influencias septentrionales se a\u00f1aden las llegadas de los pa\u00edses mediterr\u00e1neos: se trata sobre todo, en los primeros decenios del siglo, de influencias espa\u00f1olas en las que los grandes contemplativos como santa Teresa o san Juan de la Cruz ocupan un lugar esencial. Sus obras son traducidas en los c\u00edrculos piadosos y tambi\u00e9n por ermita\u00f1os, generalmente antiguos liguistas: estos tratados ocupan un puesto importante en las bibliotecas mon\u00e1sticas, especialmente en las casas franciscanas. Son los aspectos m\u00edsticos de la \u00abpreponderancia espa\u00f1ola\u00bb. Este impulso de la espiritualidad mediterr\u00e1nea depende de causas generales: de la Europa meridional procede el \u00edmpetu reformador total cat\u00f3lico, pero de una forma m\u00e1s especial el de la renovaci\u00f3n de la Iglesia regular. Adem\u00e1s, en el momento en que se trazan las l\u00edneas de fuerza de la pol\u00edtica laica de Richelieu, Espa\u00f1a y tambi\u00e9n Italia ofrecen la imagen de cristiandades unidas en las que lo espiritual inspira lo temporal, en las que la moral evang\u00e9lica suplanta a la raz\u00f3n de Estado. Su ejemplo se propone a menudo en los medios dominados por la irradiaci\u00f3n del partido devoto.<\/p>\n<h3>2 \u2013 La renovaci\u00f3n mon\u00e1stica<\/h3>\n<p>A estas influencias exteriores se a\u00f1aden los efectos del renacimiento mon\u00e1stico. En el siglo XVII, antiguas familias religiosas recobran su esp\u00edritu primigenio, aparecen nuevas \u00f3rdenes o congregaciones. Los grandes reformadores no pretenden solamente restaurar la regla en sus aspectos disciplinarios o pastorales, se empe\u00f1an en dar un nuevo impulso a la piedad, a la reflexi\u00f3n espiritual, a las pr\u00e1cticas de devoci\u00f3n, a la ciencia. Dom Laurent B\u00e9nard, colaborador de dom Didier de la Cour en la reforma de Saint-Vanne\u00a0 recuerda con elocuencia que la cultura es el fundamento de la vida espiritual:<\/p>\n<p>&#8230;\u00bbNo tem\u00e1is pues m\u00e1s, hermanos m\u00edos, exclama en sus Par\u00e9nesis cristianas, que la ciencia y la elocuencia, que salv\u00f3 a la Iglesia, arruine la religi\u00f3n, altere la piedad. Muy al contrario, es la ciencia y el conocimiento que hace la devoci\u00f3n, la que engendra la piedad, como la fe atrae a la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed nace y se desarrolla este car\u00e1cter espec\u00edfico del siglo XVII: una espiritualidad fundada en la ciencia. Concretamente, cada gran familia mon\u00e1stica se esfuerza por conocer mejor sus or\u00edgenes, por posesionarse del pensamiento de su fundador, por penetrar en la obra de los grandes espirituales que jalonan su historia. En las congregaciones nuevas \u2013oratorianos, sulpicianos, eudistas&#8230;- los superiores tienden a una finalidad parecida, pero por otros caminos: exaltando el ideal sacerdotal y presentando como un modelo de piedad la imagen del \u00abbuen sacerdote\u00bb.<\/p>\n<p>Una renovaci\u00f3n as\u00ed no se encierra sin embargo en los l\u00edmites de las abad\u00edas: muchas de ellas \u2013la Trapa, Port-Royal, Saint-Germain-des-Pr\u00e9s, los Servitas&#8230;- ejercen en los laicos, deseosos de participar, aunque s\u00f3lo fuera epis\u00f3dicamente, en los favores de la existencia mon\u00e1stica, atractivo te\u00f1ido a veces por lo dem\u00e1s de cierto esnobismo. As\u00ed se llega a operar un estudio profundo de toda gran tradici\u00f3n, sobrepasando esta renovaci\u00f3n con frecuencia el entorno inmediato de toda comunidad, con irradiaci\u00f3n de largo alcance, gracias a la predicaci\u00f3n, a las cofrad\u00edas, a la ense\u00f1anza, a la direcci\u00f3n de las conciencias. Lo dicho se observa de modo particular entre los jesuitas quienes, debido a sus colegios, sus congregaciones y sus obras, impregnan una parte importante de la sociedad francesa de espiritualidad ignaciana.<\/p>\n<p>Este rico fermento suscitado por las reformas mon\u00e1sticas no es por otro lado sino un aspecto del inter\u00e9s que se concede\u00a0 a la historia de la Iglesia entera. Henri Bremond ha recordado en p\u00e1ginas c\u00e9lebres todo cuanto ped\u00edan los humanistas cat\u00f3licos al pasado cristiano, al rev\u00e9s del luteranismo y del calvinismo, m\u00e1s individualistas por naturaleza: \u00abLa historia de la Iglesia, advierte, no es, bien entendida, m\u00e1s que la historia \u00edntima de los santos concediendo a esta palabra santo el sentido que le daban los ap\u00f3stoles\u00bb. Es la tradici\u00f3n en la acepci\u00f3n m\u00e1s elevada del t\u00e9rmino: en ella el fiel vuelve a descubrir, seg\u00fan las palabras de Enrique IV, \u00abla conformidad de nuestra creencia con la de nuestros padres de siglo en siglo\u00bb,<\/p>\n<h3>3 \u2013 La vuelta a la Biblia<\/h3>\n<p>Ahora bien este renacimiento extrae su vigor y originalidad de un conocimiento\u00a0 global de la Biblia. El fen\u00f3meno sobrepasa naturalmente el estricto dominio espiritual: el retorno sistem\u00e1tico al texto sagrado, suscitado en primer lugar por la Reforma protestante fue preconizado por el concilio de Trento m\u00e1s tarde sostenido por el desarrollo de la controversia y de la teolog\u00eda positiva. De ah\u00ed la aparici\u00f3n de m\u00faltiples traducciones, todas las cuales conocen un \u00e9xito considerable: las m\u00e1s extendidas son el Nuevo Testamento llamado de Mons (1667) y el Antiguo Testamento de Le Ma\u00eetre de Sacy (1672-1665). La Biblia se convierte as\u00ed en el elemento de piedad esencial de los cat\u00f3licos franceses del siglo XVII. Pero mientras que los protestantes acceden por lo general al texto \u00edntegro, \u00e9ste queda reservado entre los cat\u00f3licos a los cl\u00e9rigos especialmente formados, no disponiendo los laicos por lo general m\u00e1s que de una versi\u00f3n selectiva. Los libros m\u00e1s en boga son los del Nuevo testamento \u2013 B\u00e9rulle otorga un lugar predilecto a san Pablo y a san Juan \u2013y entre los textos del Antiguo testamento: los Proverbios, el Eclesiast\u00e9s, el Cantar de los Cantares, la Sabidur\u00eda, los\u00a0 Salmos, es decir los m\u00e1s propios para nutrir la vida moral.<\/p>\n<p>Esta literatura inspirada penetra tambi\u00e9n la conciencia de los fieles por otros caminos. Por la predicaci\u00f3n y la liturgia: muchos extractos b\u00edblicos entran en la composici\u00f3n de los himnos o de las letan\u00edas; el oficio es una escuela de educaci\u00f3n de la piedad. Por el arte: grandes pintores, como Georges de la Tour, Charles Le Brun o Nicolas Poussin representan con frecuencia escenas del Antiguo o del Nuevo testamento, usando por otra parte de una gran libertad en lo referente a la evocaci\u00f3n hist\u00f3rica, pero en cambio con un cuidado constante por la precisi\u00f3n teol\u00f3gica. Profusi\u00f3n de estampas adornan las ediciones de la Biblia: as\u00ed la del jesuita Pierre Frizon publicada en 1621, la del jesuita Antoine Girard intitulada Pinturas sagradas de la Biblia, aparecida por primera vez 1653 y reeditada repetidamente; este autor profesa adem\u00e1s la superioridad de la representaci\u00f3n iconogr\u00e1fica sobre el texto. Pero la m\u00e1s c\u00e9lebre y m\u00e1s difundida de estas obras ilustradas es La Historia del Viejo y del Nuevo Testamento representados por figuras y explicaciones edificantes sacadas de los Santos Padres para reglar las costumbres en toda clase de condiciones,\u00a0 m\u00e1s conocida por el nombre de Biblia de Royaumont, publicada por primera\u00a0 vez en 1670 por Nicolas Fontaine con frecuentes reediciones.<\/p>\n<p>Se forma de esta manera una atm\u00f3sfera b\u00edblica que alimenta la espiritualidad. Ahora bien todos los cristianos no piden al libro sagrado el mismo alimento:\u00a0 algunos apenas van m\u00e1s all\u00e1 de la imagen o de la an\u00e9cdota;\u00a0 otros extraen de \u00e9l elementos m\u00e1s intelectualizados. Dos tendencias esenciales siguen los verdaderos espirituales. Una tiende a considerar la Biblia como una historia colectiva al mismo tiempo que un conjunto de preceptos teol\u00f3gicos y morales; domina en la primera mitad del siglo, pero se vuelve a hallar una vez m\u00e1s en Bossuet. La otra se esfuerza por percibir en ella \u00abla aventura del alma\u00bb, sus dificultades, sus pruebas o sus aspiraciones: tal libro b\u00edblico se constituye en apoyo de una experiencia personal. As\u00ed lo sintieron y comprendieron la ursulina Marie de l&#8217;Incarnation[1], m\u00e1s tarde F\u00e9nelon y Madame Guyon.<\/p>\n<p>Todos estos elementos se combinan de forma diversa seg\u00fan las escuelas de espiritualidad.<\/p>\n<h2>II &#8211;\u00a0 La Escuela francesa de espiritualidad<\/h2>\n<p>El t\u00e9rmino de \u00abEscuela francesa\u00bb designa, sobre todo a partir de Henri Bremond, la corriente espiritual que domina la primera mitad del siglo e ilustrada en particular por los nombres de Francisco de Sales y de B\u00e9rulle.<\/p>\n<h3>I \u2013 El c\u00edrculo de Madame Acarie<\/h3>\n<p>A decir verdad, desde el siglo XVI, antes mismo de acabar las guerras de religi\u00f3n, se esboza la renovaci\u00f3n. Se encarna entonces en un grupito devoto, dominado por una mujer del mundo, Madame Acarie. Esposa de un miembro de la Liga y madre de familia quien agrupa en su hotel a personalidades muy diversas: a un cartujo, dom Beaucousin, al joven abate de B\u00e9rulle, a un jesuita, el Padre Coton, a laicos como Marillac, futuro ministro de justicia, a religiosos, a sacerdotes seculares, a universitarios, a mujeres de la alta sociedad parisiense como Madame de Saint-Beuve. Este grupo es a la vez un hogar de profundizaci\u00f3n espiritual y un centro de irradiaci\u00f3n religiosa y mon\u00e1stica. A \u00e9l se debe en particular la introducci\u00f3n en Francia de las carmelitas reformadas de santa Teresa: en 1605, a pesar de la impopularidad de Espa\u00f1a \u2013Felipe II, apoyado por la Liga, hab\u00eda sido candidato al trono de Francia- Madame Acarie consigui\u00f3 instalar en Par\u00eds a algunas carmelitas de \u00c1vila: \u00e9ste fue el primer convento franc\u00e9s de la estrecha observancia. \u00abNueva Teresa\u00bb, deb\u00eda retirarse a su vez al Carmelo: ser\u00e1 en el monasterio de Pontoise donde morir\u00e1 en 1618 con el nombre de Marie de l&#8217;Incarnation. Tres hijas suyas entrar\u00e1n igualmente en religi\u00f3n, lo mismo que seis hijas de Marillac. Algo m\u00e1s tarde, B\u00e9rulle institu\u00eda el Oratorio de Francia; la condesa de Saint-Beuve instalaba en Pa\u00eds a las ursulinas, fundadas en Italia por santa \u00c1ngela de Merici, con la misi\u00f3n particular de la educaci\u00f3n de las j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Este grupo no tuvo por funci\u00f3n \u00fanica la irradiaci\u00f3n mon\u00e1stica: fue ante todo un lugar de creaci\u00f3n espiritual. Madame Acarie contribuy\u00f3 con su vida y escritos al desarrollo de la m\u00edstica. Pero la personalidad m\u00e1s destacada de este c\u00edrculo fue un ingl\u00e9s, primero puritano luego convertido al catolicismo y miembro desde 1586 del convento de los capuchinos del barrio de Saint-Honor\u00e9, Benito de Canfield. Su trabajo como director de conciencia, en Par\u00eds y en varias ciudades de provincias, fue muy grande; su pensamiento qued\u00f3 plasmado en un libro escrito a finales de siglo XVI y publicado en 1609,\u00a0 La regla de perfecci\u00f3n con un compendio de la vida espiritual reducida a este \u00fanico punto de la voluntad de Dios. Se ha calificado a veces su espiritualidad de \u00ababstracta\u00bb porque se sit\u00faa m\u00e1s all\u00e1 de toda vida afectiva y tiende a la uni\u00f3n directa con la esencia divina: conduce a una especie de despersonalizaci\u00f3n y a la absorci\u00f3n de la voluntad del hombre en la de Dios. Este m\u00e9todo no deja de estar relacionado con el de san Juan de la Cruz. A pesar del vigor de su creaci\u00f3n, Benito de Canfield y sus disc\u00edpulos de la escuela abstracta se sit\u00faan demasiado alto para llegar a la masa de los fieles: su pensamiento se qued\u00f3 en patrimonio de los claustros.<\/p>\n<h3>2 \u2013 San Francisco de Sales y el humanismo cristiano<\/h3>\n<p>Quien hizo pasar la m\u00edstica de los monasterios al mundo fue el obispo de Ginebra, Francisco de Sales (1567-1622) que supo elevar muy alto el sentido de la responsabilidad pastoral.\u00a0 De hecho, resid\u00eda en Annecy ya que su ciudad episcopal y una parte de su di\u00f3cesis hab\u00edan sido conquistadas por el calvinismo. Esta presencia protestante no dej\u00f3 de influir en el prelado: le hizo conocer un medio sin clero, ni monjes. En el que todas las responsabilidades estaban en manos de los laicos; le hizo comprender al propio tiempo que muchas almas se sent\u00edan atra\u00eddas al calvinismo por deseos de una piedad interior, personal, fundamento de una vida moral muy estricta. De donde el deseo que tuvo el obispo de Ginebra de proponer\u00a0 una espiritualidad para laicos diferente de la de la escuela abstracta aunque hubiera conocido y frecuentado el c\u00edrculo de Madame Acarie. La expone sobre todo en la Introducci\u00f3n a la vida devota, obra publicada en 1608 que conoci\u00f3 a lo largo del siglo numerosas reediciones. Su prop\u00f3sito excluy\u00f3 toda intenci\u00f3n revolucionaria: sus ideas siguen siendo tradicionales y ha sido un error llegar a creer que \u00abla ense\u00f1anza moral de la Iglesia se haya visto considerablemente aumentada por san Francisco de Sales, pero expone sus principios bajo una luz y un lenguaje renovados. Tres grandes temas dominan la obra:<\/p>\n<p>a) La perfecci\u00f3n cristiana no es patrimonio de los claustros, ni del estado clerical: es accesible a la gente del mundo a\u00fan la m\u00e1s humilde. \u00abEs una herej\u00eda, proclama con fuerza, querer proscribir la vida devota de la compa\u00f1\u00eda de los soldados, de la tienda de los artesanos, de la corte de los pr\u00edncipes, de la pareja de casados. Dondequiera que nos encontremos podemos y debemos aspirar a la vida perfecta\u00bb. \u00bfC\u00f3mo acceder a esta perfecci\u00f3n? Reside en el amor de Dios y del pr\u00f3jimo: para lograrlo, el cumplimiento del deber de estado es una v\u00eda tan eficaz como la oraci\u00f3n: tales reglas se inscriben en una voluntad de \u00abpromoci\u00f3n del laicado\u00bb.<\/p>\n<p>b) La pr\u00e1ctica cristiana supone un compromiso total. La devoci\u00f3n no es un dominio aparte, estrictamente circunscrito, debe ser el fermento de la vida de todo hombre, irradiarse en cada sector de su actividad: la oraci\u00f3n, la conducta moral, la actividad profesional y hasta el compromiso pol\u00edtico. La vida de todos los d\u00edas no se distingue intr\u00ednsecamente de los momentos privilegiados de la oraci\u00f3n o de la contemplaci\u00f3n. Francisco de Sales es uno de los que han contribuido con la mayor eficacia a derribar toda barrera entre lo sagrado y lo profano, entre lo natural y lo sobrenatural.<\/p>\n<p>c) Tales ideas responden a una visi\u00f3n optimista de la naturaleza humana. En el gran debate que opone el agustinianismo al esp\u00edritu del Renacimiento \u2013teol\u00f3gicamente expresado en el molinismo- Francisco de Sales se inclina por el segundo: concede un gran poder al hombre en su aspiraci\u00f3n al ideal y su marcha hacia una perfecci\u00f3n cada vez mayor. De ah\u00ed su llamada a la psicolog\u00eda, a la pedagog\u00eda espiritual, a la direcci\u00f3n de conciencia, disciplinas que \u00e9l no cre\u00f3 pero que contribuy\u00f3 en gran manera a desarrollar. Esta actitud, tan diferente de las opciones metaf\u00edsicas de un Benito de Canfield, mantiene alguna relaci\u00f3n con la de san Ignacio; tanto en una como en otra se afirma la llamada a la introspecci\u00f3n y a los recursos de la voluntad. Por el m\u00e9todo y por el esp\u00edritu, ambas participan del humanismo. \u00abEl humanismo, advierte Bremond, no cree que el hombre sea despreciable. Adopta siempre y cordialmente el partido de nuestra naturaleza. Por m\u00e1s que la vea miserable e incapaz, la excusa, la defiende y la resalta. Confianza inquebrantable en la bondad esencial del hombre, toda su filosof\u00eda se aferra a estas dos palabras\u00bb. Con todo conviene justipreciar su valor y colocar en su verdadera significaci\u00f3n este humanismo de Francisco de Sales. Humanista, el obispo de Ginebra lo es menos por opci\u00f3n teol\u00f3gica que por razones pedag\u00f3gicas y casi, se ha podido decir, \u00abpor inadvertencia\u00bb: se trata para \u00e9l no de resolver de forma abstracta el problema de la salvaci\u00f3n, sino de guiar al hombre en la b\u00fasqueda del reino de Dios.<\/p>\n<p>San\u00a0 Francisco de Sales concibe adem\u00e1s que existe una forma espec\u00edfica de vida contemplativa: lo ha dejado expuesto en el Tratado del amor de Dios (1616) destinado a las religiosas de la orden de la Visitaci\u00f3n, fundada a instigaci\u00f3n suya por santa Juana de Chantal. El tratado concilia el \u00abpsicologismo\u00bb de la\u00a0 Introducci\u00f3n\u00a0 con la espiritualidad de la escuela abstracta.<\/p>\n<h3>3 \u2013 El cristocentrismo beruliano<\/h3>\n<p>Paralelo al de san Francisco de Sales, el pensamiento de Pedro de B\u00e9rulle abre al mismo tiempo perspectivas muy diferentes: se ha expresado en varias obras pero particularmente en el Discurso sobre el estado y las grandezas de Jes\u00fas (1623). Inspirada en los renano-flamencos, en el Carmelo espa\u00f1ol, pero sobre todo en los Padres de la Iglesia, esta espiritualidad se inscribe en la gran renovaci\u00f3n cristol\u00f3gica comenzada en el siglo XVI, singularmente con Lutero. Consiste esencialmente en \u00abadherirse\u00bb a Cristo. B\u00e9rulle describe largamente la manera de realizar esta \u00abadherencia\u00bb: exige de cada uno un esfuerzo constante para modelar su propia vida conforme a los \u00abestados\u00bb de Cristo, es decir a sus momentos espirituales m\u00e1s elevados. Toda la visi\u00f3n religiosa de B\u00e9rulle se circunscribe en esta \u00abadherencia\u00bb y en estos \u00abestados\u00bb: son los medios de adaptar nuestra \u00abfinitud\u00bb al infinito de Dios. Para permitirnos participar de la perfecci\u00f3n divina, brillante en el misterio de la Encarnaci\u00f3n, era preciso que se fraccionara en modalidades que hicieran posible nuestra participaci\u00f3n. Estas modalidades se concretan en una floraci\u00f3n extraordinariamente variada: por ellas, cada santo se adhiere, seg\u00fan sus carismas propios, a la vida de Cristo; y ellas son al mismo tiempo las v\u00edas de perfecci\u00f3n ofrecidas a cada cristiano. Por su teor\u00eda de los \u00abestados\u00bb, B\u00e9rulle ha reavivado las devociones tradicionales: a la Virgen, a los santos, a los \u00e1ngeles&#8230; Muy inspirado por la teolog\u00eda de san Pablo (\u00abya no vivo yo, es Cristo quien vive en m\u00ed\u00bb)[1], esta espiritualidad se centra toda ella en el misterio de la Encarnaci\u00f3n. La adherencia no se limita a una simple imitaci\u00f3n moral, sino que conduce a un verdadero anonadamiento espiritual, a la sumisi\u00f3n de nuestros propios estados a los de Cristo.<\/p>\n<p>No es dif\u00edcil medir las diferencias entre este ideal y el de san Francisco de Sales. El obispo de Ginebra considera al hombre en su totalidad, en la diversidad de sus actividades: consciente de su imperfecci\u00f3n, le lleva a regenerarse mediante un uso frecuente de los sacramentos, especialmente de la penitencia y de la eucarist\u00eda. B\u00e9rulle recuerda con mayor insistencia la grandeza de Dios ante la cual la criatura debe anonadarse. El primero pone el acento en la confianza; el segundo en la indispensable austeridad. Encuentran sus interlocutores en medios diferentes.\u00a0 B\u00e9rulle se dirige en primer t\u00e9rmino a los monjes y a los sacerdotes: su espiritualidad es sacerdotal en su principio; est\u00e1 en una fase ulterior a la que se dirigir\u00e1 a los laicos. Francisco de Sales por el contrario encuentra su mayor audiencia en la masa de los fieles; su Introducci\u00f3n a la vida devota\u00a0 fue por ello uno de los libros m\u00e1s le\u00eddos del siglo XVII: entre el momento de su publicaci\u00f3n y la canonizaci\u00f3n de su autor en 1666, fue traducida a diecisiete lenguas.<\/p>\n<p>Francisco de Sales y Pedro de B\u00e9rulle dominan la primera mitad del siglo y tienen numerosos disc\u00edpulos. Bremond ha hablado con justicia de \u00abinvasi\u00f3n m\u00edstica\u00bb y evocado la \u00abturba magna\u00bb de la visi\u00f3n apocal\u00edptica. Limitando la enumeraci\u00f3n a las personalidades esenciales, conviene citar, en la filiaci\u00f3n salesiana: a Jean-Pierre Camus, Jeanne de Chantal, a los jesuitas Louis Richeome y \u00c9tienne Binet, al capuchino Yves de Paris. En la de B\u00e9rulle: a Charles de Condren, a Guillaume Gibieuf, a san Juan Eudes, a Francisco Bourgoing, que public\u00f3 en 1644,\u00a0 con un prefacio importante, las Obras de B\u00e9rulle, contribuyendo as\u00ed a hacerlas accesibles a buen n\u00famero de laicos: Algunos jansenistas \u00abm\u00edsticos\u00bb, como Saint-Cyran o Quesnel, son incluso tributarios a la vez de Francisco de Sales y de B\u00e9rulle. Al finalizar el siglo, Bossuet afirma su fidelidad a la gran tradici\u00f3n teoc\u00e9ntrica, pero la fundamenta a la vez en el conocimiento intelectual de la ortodoxia dogm\u00e1tica y en la meditaci\u00f3n del misterio de la Iglesia, ya que \u00e9sta es la imagen viva de la Trinidad: \u00abComo el Padre engendra en s\u00ed mismo a su Hijo,\u00a0 ella engendra a los fieles incorpor\u00e1ndoselos\u00bb.<\/p>\n<p>El abate Bremond ha pensado poder reducir toda esta floraci\u00f3n a un movimiento unitario relacion\u00e1ndolo con el desarrollo del humanismo. \u00c9ste traduce la autonom\u00eda del hombre en la naturaleza, se expresa en la tradici\u00f3n antigua. El \u00abhumanismo cristiano\u00bb naci\u00f3 de la Reforma cat\u00f3lica: es esencialmente el esp\u00edritu cristiano aliado con la sabidur\u00eda griega; esta uni\u00f3n le da su tonalidad optimista: el dogma central no es pues ya el pecado original como lo ense\u00f1aban espont\u00e1neamente los reformadores del siglo XVI, sino la Redenci\u00f3n. \u00abQuien dice Redenci\u00f3n dice culpa, pero feliz culpa porque nos ha valido tal y tan grande y tan amable redentor: o felix culpa! \u00abSe comprende la originalidad de esta noci\u00f3n de humanismo cristiano: el hombre puede actuar sobre s\u00ed mismo y sobre el mundo, no ya s\u00f3lo por la gracia, sino por las solas fuerzas de su naturaleza. Sin embargo esta originalidad no carece de peligros: tiende a exaltar al individuo privilegiado con dones excepcionales, a elevarle por encima de la masa; raz\u00f3n por la que conviene sobrepasar este humanismo cristiano que sigue demasiado prisionero del mundo y alcanzar un grado m\u00e1s elevado, el del \u00abhumanismo devoto\u00bb \u00fanico capaz de aplicar los principios del humanismo cristiano a las aspiraciones interiores. Uno de los primeros representantes del humanismo devoto fue san Francisco de Sales: ha ense\u00f1ado el modo de alcanzar la perfecci\u00f3n en el \u00abesp\u00edritu de libertad\u00bb. Raz\u00f3n por la que Bremond\u00a0 ve en \u00e9l a uno de los padres de\u00a0 la civilizaci\u00f3n moderna. Una \u00faltima etapa se realiza con la ascensi\u00f3n del humanismo devoto al \u00abcristocentrismo\u00bb que consiste en volverse exclusivamente hacia Dios sin por eso renegar de la naturaleza: esto se consigue mediante una imitaci\u00f3n total de Cristo, posesion\u00e1ndose de sus \u00abestados\u00bb. Esta fusi\u00f3n se realiza plenamente con la espiritualidad de B\u00e9rulle que es un teocentrismo, es decir una contemplaci\u00f3n del mundo creado: B\u00e9rulle es comparable a Cop\u00e9rnico, ya que ha revelado una nueva espiritualidad c\u00f3smica. Esta progresi\u00f3n a trav\u00e9s de la \u00e9poca cl\u00e1sica se\u00f1ala pues la difusi\u00f3n de una interioridad creciente. Bremond opone el teocentrismo beruliano al \u00abascetismo\u00bb de los jesuitas \u2013\u00bbsimple pr\u00e1ctica\u00bb-, \u00abformaci\u00f3n moral\u00bb del hombre que desarrolla los \u00abactos\u00bb a expensas de los estados y cuyo fin es por eso mismo antropoc\u00e9ntrico.<\/p>\n<h2>III \u2013 La crisis de fin de siglo<\/h2>\n<p>Al final del reinado de Luis XIV, la espiritualidad francesa conoce desviaciones internas, degradaciones, a veces mutaciones b\u00e1sicas que afectan a medios geogr\u00e1ficos y sociales muy diversos.<\/p>\n<p>Conocido por su obra misionera en el oeste de Francia, Luis Gri\u00f1\u00f3n de Montfort es un testigo a la vez de una permanencia real de la vida espiritual y de cierta ruptura de equilibrio. Su pensamiento se alimenta de las grandes obras de la Escuela francesa, las de B\u00e9rulle, de Olier, de Surin; pero en su lenguaje, sus actos, sus actitudes, Gri\u00f1\u00f3n de Montfort se deja llevar hacia un desbordamiento de afectividad de formas a veces extra\u00f1as que ignoraban a los grandes doctores de la Escuela. Busca, al modo de los Padres del desierto, la realizaci\u00f3n asc\u00e9tica, la experiencia dolorosa: son los sufrimientos de Cristo m\u00e1s que su ense\u00f1anza los que le cautivan[1]. Mucho m\u00e1s grave fue la expansi\u00f3n del quietismo, que deb\u00eda dar origen a una crisis pesada de consecuencias para el porvenir de toda la corriente m\u00edstica.<\/p>\n<h3>1 \u2013 El quietismo<\/h3>\n<p>El quietismo es una f\u00f3rmula del puro amor, muy anterior a Molinos, a Madame Guyon y a F\u00e9nelon. Esta doctrina de la contemplaci\u00f3n perfecta opuesta a las obras ha existido siempre en la Iglesia, pero desde finales del siglo XVI y con la Reforma cat\u00f3lica conoce una renovaci\u00f3n considerable. Esta m\u00edstica se extiende particularmente por los pa\u00edses mediterr\u00e1neos: por Espa\u00f1a, especialmente en los medios franciscanos, luego\u00a0 por Italia; de all\u00ed pasa a Francia. Durante bastante tiempo atraves\u00f3 una existencia discreta, encerrada en algunos c\u00edrculos; pero en la segunda mitad del siglo XVII, deb\u00eda encontrar a un apologista y te\u00f3rico de talento en la persona de un espa\u00f1ol, Miguel Molinos (1628-1696) que pas\u00f3 la mayor parte de su vida en Roma y all\u00ed se distingui\u00f3 como director de conciencia, publicando en 1675 su obra principal La gu\u00eda espiritual cuyo \u00e9xito fue inmenso ya que conoci\u00f3 en seis a\u00f1os veinte ediciones o traducciones. El autor expon\u00eda en ella que, para alcanzar la perfecci\u00f3n cristiana, el alma deb\u00eda entrar en el reposo total en Dios: desde entonces se volv\u00eda pasiva y no experimentaba ning\u00fan inter\u00e9s por las obras y ni siquiera por su propia salvaci\u00f3n. La Gu\u00eda ense\u00f1aba que toda devoci\u00f3n era hacer de su coraz\u00f3n \u00abuna carta blanca, en la que la sabidur\u00eda divina pudiese grabar lo que tuviese a bien\u00bb. Las tentaciones se convert\u00edan entonces en se\u00f1ales de predilecci\u00f3n: \u00abla mayor de todas las tentaciones es no tenerlas\u00bb;\u00a0 conven\u00eda profesar una fe pura, \u00absin im\u00e1genes ni ideas; sencilla, sin razonamientos y universal, sin reflexi\u00f3n sobre temas distintos\u00bb. Puesta as\u00ed en presencia de Dios por un acto puro de fe el alma progresaba en una contemplaci\u00f3n adquirida.<\/p>\n<p>Estas teor\u00edas no tardaron en suscitar una viva oposici\u00f3n\u00a0 en los medios de la curia, sobre todo una vez que se tuvo conciencia de su influjo entre las religiosas de numerosas congregaciones. La Inquisici\u00f3n descubri\u00f3 22.000 cartas de Molinos a sus penitentas: ellas revelaron que algunas monjas no se confesaban ya, no recitaban ya el Rosario, se absten\u00edan de los ritos m\u00e1s elementales como la se\u00f1al de la cruz. En 1687, el breve Coelestis Pastor condenaba sesenta y ocho proposiciones atribuidas a Molinos; \u00e9ste se ve\u00eda infligir adem\u00e1s la sentencia de la c\u00e1rcel de por vida.\u00a0 Este rigor llev\u00f3 consigo la difusi\u00f3n de una violenta campa\u00f1a antim\u00edstica en la que participaron jansenistas y jesuitas, parad\u00f3jicamente unidos en el combate contra el amor puro, tachado\u00a0 a la saz\u00f3n de \u00abnaturalismo\u00bb, y hasta de estoicismo.<\/p>\n<h3>2 \u2013 Madame Guyon y F\u00e9nelon<\/h3>\n<p>A pesar del clima hostil, el quietismo iba a conocer en Francia un destino brillante cuyo art\u00edfice principal fue una mujer del mundo, Jeanne-Marie Bouvier de la Motte (1648-1717), viuda de Jacques Guyon du Chesnoy. Se consagraba con un celo sin decaimiento a las obras de piedad, pero sobre todo a las experiencias m\u00edsticas cuyos resultados expuso\u00a0 en varios libros: el m\u00e1s conocido lleva por t\u00edtulo Medio breve y muy f\u00e1cil de hacer la oraci\u00f3n (1685), de \u00e9xito considerable; compuso asimismo, un comentario espiritual de la Biblia del que s\u00f3lo se public\u00f3 en 1685 el Cantar de los cantares. Ense\u00f1aba que hay de superar la simple meditaci\u00f3n de las verdades del Evangelio o de los misterios de la vida de Cristo para llegar a la pura contemplaci\u00f3n. En esta actitud de pasividad absoluta, las obras no cuentan, ni las reglas morales, ni la virtud, ni siquiera el pecado: se tiene acceso a una indiferencia perfecta en todo. Son palabras de Madame Guyon, \u00absi una persona, cuya voluntad anduviese perdida y como abismada y transportada en Dios, se viera reducida por necesidad a hacer acciones de pecado, las har\u00eda sin pecar\u00bb. Estas ideas no est\u00e1n todas tomadas de Molinos, algunas se inspiran en san Juan de la Cruz, en santa Teresa de \u00c1vila o en la devoci\u00f3n abstracta de Benito de Canfield. El quietismo de Madame Guyon se difundi\u00f3 r\u00e1pidamente y se formaron varios grupos en algunas regiones de Francia, en Borgo\u00f1a, en Par\u00eds, particularmente en la escuela de Saint-Cyr fundada en 1685 por Luis XIV y Madame de Maintenon para la educaci\u00f3n de las j\u00f3venes nobles.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 en Saint-Cyr donde Madame Guyon conoci\u00f3 al joven abate de F\u00e9nelon sobre quien ejerci\u00f3 una influencia profunda llegando a ser su disc\u00edpulo. Salido de una familia muy antigua del P\u00e9rigord, Fran\u00e7ois de Salignac de la Mothe-F\u00e9nelon (1651-1715) se hab\u00eda distinguido, desde los a\u00f1os de formaci\u00f3n en el seminario de San Sulpicio, por su calidad de alma y brillantez de sus dones intelectuales: se hab\u00eda destacado como director de conciencia y\u00a0 educador sin igual, hasta tal punto que Luis XIV le hab\u00eda confiado, en 1689, el cargo de preceptor del duque de Borgo\u00f1a. Lleg\u00f3 a tener un irresistible ascendiente sobre este ni\u00f1o y domar su naturaleza rebelde: para \u00e9l escribi\u00f3 la c\u00e9lebre utop\u00eda del Tel\u00e9maco y so\u00f1\u00f3 con hacer de su alumno, presunto heredero de la corona, el modelo del pr\u00edncipe cristiano. Fue hacia 1688, a la edad de treinta y siete a\u00f1os, cuando el joven abate lleg\u00f3 al conocimiento de Madame Guyon: ella le ense\u00f1\u00f3 el arte de descansar en Dios, hasta el punto de perder toda voluntad propia y de llegar a hacerse indiferente a todo incluso a la salvaci\u00f3n eterna. Se trataba bajo formas renovadas de un regreso a esta \u00abinfancia espiritual\u00bb, ya exaltada por santa Teresa de \u00c1vila y luego por B\u00e9rulle. La naturaleza afectiva y el alma inquieta de F\u00e9nelon encontraban su paz en estas formas de abandono m\u00edstico.<\/p>\n<h3>3 \u2013 La crisis (1694-1699)<\/h3>\n<p>Los progresos de las ideas \u00abguyonianas\u00bb acabaron por inquietar a las autoridades eclesi\u00e1sticas: la Reforma cat\u00f3lica hab\u00eda exaltado el valor de las obras en la vida cristiana; sus art\u00edfices tem\u00edan por encima de todo los excesos del iluminismo m\u00edstico, generador de pasividad y de hedonismo espiritual. El proceso de Molinos (1687) acababa de encender estos temores a los que las formas ambiguas de Madame Guyon parec\u00eda llevar una justificaci\u00f3n suplementaria.<\/p>\n<p>F\u00e9nelon pens\u00f3 alejar las amenazas pidiendo la intervenci\u00f3n de Bossuet. Era una ilusi\u00f3n: m\u00e1s que cualquier otro, el obispo de Meaux, por sus concepciones muy intelectualistas de la vida del alma, era incapaz de comprender y a fortiori de admitir las doctrinas del puro amor. Acept\u00f3 no obstante instruir la causa: una comisi\u00f3n reunida por sus diligencias en Issy, en 1694-1695, lleg\u00f3 en marzo a la proclamaci\u00f3n de treinta y cuatro art\u00edculos que condenaban a Madame Guyon y a sus adeptos; el error esencial que se les reprochaba era considerar la perfecci\u00f3n del cristiano como un acto continuo de contemplaci\u00f3n y de amor, es decir negar el valor de las obras. Para evitar una condena m\u00e1s grave, F\u00e9nelon public\u00f3 en 1697 su Explicaci\u00f3n de las m\u00e1ximas de los santos sobre la vida interior. Bossuet replic\u00f3 un poco m\u00e1s tarde con su Instrucci\u00f3n sobre los estados de oraci\u00f3n (1697). El asunto entraba en conflicto entre dos prelados famosos. En 1698 Bossuet mandaba publicar su Relaci\u00f3n sobre el quietismo, ataque muy vivo, incluso a nivel de las personas, donde Madame Guyon era presentada como medio loca y neurast\u00e9nica. Roma dud\u00f3 mucho en tomar partido, creyendo dif\u00edcil condenar a F\u00e9nelon sin alcanzar a santa Teresa. Por fin, con el breve Cum alias del 12 de marzo de 1699, el papa conden\u00f3 veintitr\u00e9s proposiciones extra\u00eddas de las M\u00e1ximas de los santos con calificaciones muy benignas por otro lado[1]. F\u00e9nelon se someti\u00f3 inmediatamente: el 25 de marzo 1699, en su propia catedral de Cambrai, incluso antes de que la sentencia se hiciese p\u00fablica, predic\u00f3 espont\u00e1neamente sobre la obediencia debida a la Iglesia; luego public\u00f3 una orden en este mismo sentido, sin renegar expl\u00edcitamente de sus doctrinas. El papa le felicit\u00f3 por su actitud mediante un breve excepcionalmente elogioso.<\/p>\n<p>La crisis quietista parec\u00eda terminada pero sus consecuencias fueron duraderas y profundas. La oposici\u00f3n p\u00fablica de los dos prelados m\u00e1s notables del episcopado franc\u00e9s favoreci\u00f3 a los libertinos. Por otra parte la derrota de F\u00e9nelon, exiliado en adelante en su arzobispado de Cambrai, marca la de la m\u00edstica o al menos de una concepci\u00f3n de la m\u00edstica. A sus ojos, era la expansi\u00f3n de la gracia y, como tal, se ofrec\u00eda a todo cristiano. Bossuet por el contrario ve\u00eda en ella un estado privilegiado, excepcional, reservado a algunos. La posici\u00f3n muy intelectualista del obispo de Meaux, como por otra parte de la gran mayor\u00eda de sus contempor\u00e1neos, anuncia el siglo XVIII; por su orientaci\u00f3n hacia una religi\u00f3n m\u00e1s conceptual, es un aspecto de la \u00abcrisis de la conciencia europea\u00bb. Despu\u00e9s de 1699, el quietismo, y con \u00e9l la m\u00edstica entera, declinar\u00e1n r\u00e1pidamente en la Iglesia, particularmente en Francia.<\/p>\n<p>La historia de la espiritualidad en el siglo XVII es pues la de una brillante expansi\u00f3n seguida de un lento declive. El t\u00e9rmino de \u00abinvasi\u00f3n m\u00edstica\u00bb creado por Bremond se aplica en su plenitud a un movimiento de fervor cuyo apogeo se sit\u00faa hacia el final del reinado de Luis XIII y bajo la minor\u00eda de Luis XIV: fue obra de algunos hombres pero se despleg\u00f3 por un terreno preparado por las grandes reformas institucionales salidas del concilio de Trento.<\/p>\n<p>Este renacimiento, a pesar de su originalidad, evoluciona en el respeto a la tradici\u00f3n y en referencia constante a toda la historia de la Iglesia: es una repetici\u00f3n de valores antiguos ya experimentados. La decadencia del final del reinado se aceler\u00f3 por los enfrentamientos de hombres e ideas, suscitados m\u00e1s o menos directamente por la crisis quietista. Pero \u00e9sta no es la \u00fanica causa: el auge de un racionalismo de origen cartesiano, el intelectualismo inherente a la Ilustraci\u00f3n explican en gran manera la ruptura del impulso espiritual: se trata en efecto de una evoluci\u00f3n general de las mentalidades m\u00e1s que de una mutaci\u00f3n interna propia del catolicismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XIII: Hacia una espiritualidad cristoc\u00e9ntrica La espiritualidad compromete la vida y comportamientos del cristiano m\u00e1s profundamente y m\u00e1s totalmente que la pr\u00e1ctica o la devoci\u00f3n. \u00c9stas ocupan el primer lugar entre las formas exteriorizadas &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-13\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":61580,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[17],"tags":[224,161,280,140,243],"class_list":["post-9748","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-tiempos-de-vicente-de-paul","tag-berulle","tag-etienne","tag-san-juan-de-la-cruz","tag-san-sulpicio","tag-taveneaux"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. 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