{"id":9731,"date":"2015-06-15T03:21:49","date_gmt":"2015-06-15T01:21:49","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/12\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-11\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:10","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:10","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-11","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-11\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 11"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XI: Pr\u00e1ctica lit\u00fargica y vida sacramental<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>De la misma forma que la Reforma tridentina se dedic\u00f3 a hacer m\u00e1s estricta la ense\u00f1anza catequ\u00e9tica, m\u00e1s precisa, m\u00e1s conforme a los c\u00e1nones de la ortodoxia, se impuso por regla ordenarla liturgia y la distribuci\u00f3n de los sacramentos. El conjunto rico, pero un poco heter\u00f3clito, de creencias y de pr\u00e1cticas heredadas de la Edad Media, hab\u00eda conocido en el siglo XVI, al menos en algunas regiones, nuevas desviaciones o arreglos liados a la vez a las grandes rupturas de la cristiandad y al permanente estado de guerra. Los reformadores de la \u00e9poca cl\u00e1sica introdujeron en esta variedad una purificaci\u00f3n, un orden, una jerarqu\u00eda. Pero lejos de ce\u00f1irse a \u00abritualizar\u00bb, pusieron de relieve el significado profundo de las pr\u00e1cticas lit\u00fargicas o sacramentales relacion\u00e1ndolas con las fuentes de la fe.<\/p>\n<h2>I \u2013 La santificaci\u00f3n de los domingos y fiestas<\/h2>\n<h3>1 \u2013 Ritmos dominicales y festivos<\/h3>\n<p>Algunos d\u00edas de la vida cristiana son m\u00e1s sagrados que otros: la santificaci\u00f3n se reviste en ellos de una intensidad particular;\u00a0 es el caso de los domingos y fiestas. \u00bfEn qu\u00e9 se destaca el domingo? Primero por el cese de todo servicio. El descanso dominical es tambi\u00e9n de origen religioso: no es simple diversi\u00f3n, sino que se funda en la idea de que siendo el trabajo un castigo del pecado, se est\u00e1s provisionalmente liberados de esta servidumbre el d\u00eda en que se celebra al Se\u00f1or resucitado. El cristiano debe consagrarse a la oraci\u00f3n y a la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, pero dispone de momentos reservados al descanso y a la distracci\u00f3n. En principio, las manifestaciones de car\u00e1cter comercial estaban proscritas: una orden real de 1645 prohibi\u00f3 la celebraci\u00f3n de ferias y mercados; volver\u00e1 a tenerse en 1661, a\u00f1adiendo a las restricciones precedentes las de acarreos, guarda de ganado, comercio y trabajo servil en general. Se admit\u00edan con todo tolerancias cuando estas instituciones parec\u00edan\u00a0 necesarias a la vida econ\u00f3mica de una regi\u00f3n.<\/p>\n<p>De manera general, los domingos y d\u00edas de fiesta estaban, aparte de los oficios, resaltados con distracciones muy cl\u00e1sicas: juegos de bal\u00f3n, de pelota o de bolos, tiros y danzas. Ciertos d\u00edas llegaban titiriteros y se instalaban en la plaza de la aldea o del pueblo y presentaban alguna pieza o farsa de su programa. Muchos p\u00e1rrocos u obispos admit\u00edan estas diversiones, crey\u00e9ndolas placeres anodinos; algunos sin embargo ve\u00edan en ellas ocasiones de pecado y las trataban sin miramientos. Le P\u00e8re Beurrier, prior-p\u00e1rroco de Nanterre de 1637 a 1653, refiere \u00e9l mismo en sus memorias c\u00f3mo puso en fuga a una compa\u00f1\u00eda de saltimbanquis: \u00abRecuerdo, escribe, que habiendo sido avisado un d\u00eda de fiesta de que unos payasos representaban una farsa en un teatro que hab\u00edan levantado, me fui all\u00ed con algunos oficiales de justicia, me sub\u00ed al teatro, le arranqu\u00e9 la m\u00e1scara al payaso principal, agarr\u00e9 y romp\u00ed el viol\u00edn al que lo estaba tocando y les obligu\u00e9 a bajar del escenario de su teatro que hice derribar por nuestros oficiales, y desde entonces, nunca m\u00e1s ning\u00fan buf\u00f3n se ha atrevida a aparecer por Nanterre\u00bb.<\/p>\n<p>Algunas fiestas antiguas paganas segu\u00edan existiendo: as\u00ed los \u00abhachones\u00bb del primer domingo de cuaresma o los fuegos de San Juan, durante los cuales los campesinos hac\u00edan incendios campestres junto a los pueblos. Los primeros son duda restos de antiguos ritos purificadores (las Lupercales), los segundos manifestaciones para celebrar el solsticio. La Iglesia se dedic\u00f3 menos a combatir tales diversiones que a dar disposiciones sobre ellos y a conferirles una tonalidad religiosa.<\/p>\n<p>El n\u00famero de los d\u00edas inh\u00e1biles era elevado: el total ha variado durante el siglo y seg\u00fan las di\u00f3cesis, pero comprendi\u00f3 una media de cuarenta fiestas que, a\u00f1adidas a los 52 domingos, representan noventa d\u00edas de descanso; respond\u00edan a una necesidad sicol\u00f3gica \u2013la de las vacaciones- pero sobre todo a la obligaci\u00f3n de participar en la vida lit\u00fargica.<\/p>\n<h3>2 \u2013 La disposici\u00f3n tradicional de la misa<\/h3>\n<p>L asistencia a la misa dominical es, desde los primeros tiempos de la Iglesia, el acto esencial del culto. En principio, se canta una misa mayor en cada parroquia el domingo hacia las 9. Re\u00fane al conjunto de la comunidad y constituye una manifestaci\u00f3n no s\u00f3lo lit\u00fargica sino social. La disposici\u00f3n de los asistentes refleja fielmente la jerarqu\u00eda de los individuos y de los grupos: el banco se\u00f1orial se coloca en el coro o en lo alto de la nave; detr\u00e1s de \u00e9l los gentileshombres, los burgueses, los mayordomos de la parroquia; por fin la masa del pueblo que, muy frecuentemente, no dispone de asiento y est\u00e1n de pie o sentados en el suelo. Las ri\u00f1as de prelaci\u00f3n son numerosas: la gran ambici\u00f3n de toda familia con alg\u00fan t\u00edtulo es de disponer de un lugar particular en el coro y, para lograrlo, usa de autoridad y hasta de violencia. Las batallas a bastonazos en la misma iglesia, a veces durante los oficios, para reivindicar un lugar privilegiado o guardarlo no son raras. Fue para contener a las familias nobles que los invad\u00edan por lo que en el siglo XVII muchos coros de iglesias se rodean de balaustradas. Durante la misa, una serie de costumbres recuerda tambi\u00e9n las jerarqu\u00edas: as\u00ed el agua y el pan benditos deben ser presentados primero al se\u00f1or y luego son distribuidos en un orden riguroso. Los hidalgos campesinos se aferran con firmeza a estas costumbres, \u00faltimos restos de su antigua dignidad, en un tiempo en que sus funciones pol\u00edticas y sociales est\u00e1n en merma.<\/p>\n<p>El oficio se desarrolla pues raramente en un clima de academismo ritual. El ordenamiento lit\u00fargico mismo reflejaba una variedad bastante grande seg\u00fan las regiones y hasta las parroquias: exist\u00edan antes del concilio de Trento numerosas liturgias locales; con intenci\u00f3n de uniformidad, la asamblea tridentina generaliz\u00f3 el empleo de los libros romanos.\u00a0 \u00c9stos fueron adoptados por muchas di\u00f3cesis; pero al final de siglo, la reacci\u00f3n galicana favoreci\u00f3 la resurrecci\u00f3n de usos antiguos, en particular en el propio de los santos.\u00a0 Seg\u00fan la formaci\u00f3n del p\u00e1rroco, seg\u00fan los recursos de la parroquia \u2013con respecto a comprar o no libros nuevos- una u otro de las tres tendencias marcaba la pauta.<\/p>\n<p>En qu\u00e9 medida los fieles se un\u00edan a la celebraci\u00f3n. Por lo menos exteriormente, su participaci\u00f3n es muy activa: nunca se desea sustraerse a la asistencia a los oficios, muy al contrario. Las visitas can\u00f3nicas y los estatutos sinodales revelan algunas constantes en las actitudes cristianas: la primera la preocupaci\u00f3n un\u00e1nime por tener un clero muy presente y celoso en sus funciones[1]. Luego un apego exigente a las formas del culto, a su solemnidad y a la belleza de los ornamentos. Las misas mayores son preferidas a las misas rezadas: los fieles no dejan nunca de presionar a los cl\u00e9rigos a favor de las primeras. De ah\u00ed la aparici\u00f3n de corales y paralelamente la difusi\u00f3n de la educaci\u00f3n musical[1]: uno de los primeros deberes de los maestros de escuela es el de \u00abeducar a los ni\u00f1os en el canto\u00bb. El mismo sentimiento explica el amor al retablo que es un espect\u00e1culo grabado en la madera o en la piedra. Esta mentalidad devocional participa del amor al teatro tan difundido en la sociedad cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>\u00bfHubo por consiguiente en los fieles participaci\u00f3n profunda, \u00edntima, en el ceremonial de la misa? Es dif\u00edcil dar una respuesta categ\u00f3rica a tal pregunta. Exteriormente la ignorancia de la lengua \u2013el lat\u00edn- o del lenguaje, es decir del modo de expresi\u00f3n de un pensamiento, pod\u00edan presentarse como obst\u00e1culos a la comprensi\u00f3n literal, a lo que se ha de a\u00f1adir que el uso de traducciones estaba contrarrestado a menudo por las asambleas del clero: la de diciembre de 1660 por ejemplo hab\u00eda condenado la traducci\u00f3n del misal romano que acababa de publicar Joseph de Voisin con la aprobaci\u00f3n de los vicarios generales del cardenal de Retz. Los fieles no dejaban por ello de estar familiarizados con el desarrollo del oficio. Recordemos en efecto el significado de la misa en la tradici\u00f3n cat\u00f3lica: es la celebraci\u00f3n de un misterio y se expresa bajo la forma del teatro sagrado. Adem\u00e1s se hac\u00eda \u00e9nfasis en la nota esc\u00e9nica. Figuraciones relativas al misterio o al episodio de la historia sagrada evocada por la liturgia del d\u00eda eran representadas en su cuadro y con sus actores; as\u00ed en Navidad se colocaba un gran bel\u00e9n, en algunas iglesias, detr\u00e1s del altar: cl\u00e9rigos vestidos de pastores dialogaban con el celebrante, mientras que el pueblo gritaba \u00abNavidad, Navidad!\u00bb. En Pentecost\u00e9s, durante el Veni creator, se arrojaban estopas encendidas desde lo alto de las b\u00f3vedas, despu\u00e9s se soltaba en la iglesia una paloma representando al Esp\u00edritu Santo. Durante la semana santa, estas evocaciones sensibles y muy encarnadas, como el encuentro de Jes\u00fas con Nicodemo o la presencia de las santas mujeres en la tumba, se multiplicaban para reproducir cada episodio de los \u00faltimos d\u00edas de Cristo y su fin dram\u00e1tico. Todo fiel pod\u00eda as\u00ed entrar sicol\u00f3gica y espiritualmente en este juego sagrado. La liturgia se presenta pues no como una pastoral \u2013\u00e9sta se da por otras v\u00edas: el catecismo, la predicaci\u00f3n&#8230;- sino como un medio de acceder a un cierto estado de gracia. Por ello los obispos reformadores se dedican menos a la \u00abcomprensi\u00f3n\u00bb literal del texto lit\u00fargico que a su belleza y poder de emoci\u00f3n: ninguno se propuso el abandono del lat\u00edn, lengua sacra por excelencia que realza la calidad de los oficios y crea un lazo de uni\u00f3n entre las generaciones de fieles. Estos mismos prelados se dedican a proscribir de la iglesia las im\u00e1genes vulgares, a decorarla con\u00a0 ornamentos m\u00e1s prestigiosos, a hacer las ceremonias cada vez m\u00e1s perfectas y m\u00e1s grandiosas; en el mismo esp\u00edritu, los estatutos diocesanos fijan con precisi\u00f3n\u00a0 las vestiduras y cada gesto del sacerdote durante el oficio. Este movimiento que tiene por regla \u00abir a Dios por la belleza\u00bb se extiende a todo el pa\u00eds: est\u00e1 se\u00f1alado por el esp\u00edritu de la Reforma cat\u00f3lica mediterr\u00e1nea, particularmente italiana.<\/p>\n<h3>3 \u2013 La educaci\u00f3n lit\u00fargica por el libro<\/h3>\n<p>No obstante, paralelamente se dibuja en este movimiento \u00abexpresionista\u00bb otro, de estilo m\u00e1s \u00abintimista\u00bb que, bajo el impulso de la escuela francesa de espiritualidad, va ampli\u00e1ndose durante el siglo. Se afirma a la vez en el cuadro exterior del oficio y en la liturgia misma. La actitud con respecto a la Iglesia, lugar de culto, es mucho m\u00e1s respetuosa. A principios de siglo, serv\u00eda con frecuencia de granero a los curas beneficiados o a los fieles; los habitantes ocultaban en ella sus cofres en caso de amenaza de guerra y los dejaban all\u00ed, una vez pasado el peligro. La iglesia acog\u00eda tambi\u00e9n a las asambleas del pueblo: las conversaciones, las discusiones, las interpelaciones y hasta las disputas eran frecuentes; los parroquianos se paseaban por ella, se sentaban en el suelo, se acostaban a veces en los altares. A finales del siglo, la iglesia se convierta cada vez m\u00e1s en un lugar sagrado, exterior a las actividades profanas; el silencio en ella favorece la meditaci\u00f3n o el despliegue lit\u00fargico. Las ordenanzas episcopales insisten si cesar en el respeto debido al santuario. Un cambio semejante no es solamente formal; no traduce tan s\u00f3lo un deseo creciente de controlar mejor las actitudes exteriores. Es expresi\u00f3n del encuentro de dos sensibilidades religiosas: la m\u00e1s antigua, ligada a las solidaridades colectivas, a la interpenetraci\u00f3n de lo profano y de lo sagrado; la otra, referida a la meditaci\u00f3n individual, a la introspecci\u00f3n, a la relaci\u00f3n personal del hombre con Dios.<\/p>\n<p>Al propio tiempo se afirma la voluntad de hacer m\u00e1s total la participaci\u00f3n del pueblo cristiano asoci\u00e1ndole a las oraciones del sacerdote. De ah\u00ed naci\u00f3 la aparici\u00f3n de los manuales de iniciaci\u00f3n a la misa los principales de los cuales fueron: La mani\u00e8re de bien entendre la messe de paroisse, compuesto por el arzobispo de Rouen. Fran\u00e7ois Hartay de Champvallon, y reeditado en 1685 por su sobrino Fran\u00e7ois de Harlay, arzobispo de Par\u00eds, despu\u00e9s de recibir la aprobaci\u00f3n de todo el clero de Francia, y De la meilleure mani\u00e8re d&#8217;entendre la sainte messe, publicado en 1680 por Nicolas Le Tourneux. Poco a poco, se pas\u00f3, pero s\u00f3lo hacia final de siglo, a las traducciones del ordinario de la misa, se trataba de los primeros libros de misa. Por una paradoja al menos aparente, estos manuales se multiplicaron por la revocaci\u00f3n del edicto de Nantes: desde 1685, Fran\u00e7ois de Harlay, arzobispo de Par\u00eds, mand\u00f3 editar con 100 000 ejemplares un libro de piedad, las Heures catholiques pr\u00e9c\u00e9d\u00e9es de l&#8217;ordinaire de la messe avec la traduction fran\u00e7aise; poco despu\u00e9s, se publicaban otros 100 000 ejemplares del ordinario s\u00f3lo. De estos libros se esperaba ante todo un medio de conversi\u00f3n eficaz de los protestantes.<\/p>\n<p>De este modo se desarrolla una corriente de participaci\u00f3n m\u00e1s activa de los fieles en las oraciones de la misa: este movimiento de interiorizaci\u00f3n tuvo sin embargo una amplitud limitada. Porque el uso del libro de misa \u2013v\u00eda de acceso necesario para la comprensi\u00f3n literal del texto- apenas desbord\u00f3, en sus comienzos, los l\u00edmites de las ciudades.\u00a0 Y por otro lado, la autoridad eclesi\u00e1stica ve\u00eda con desconfianza a los laicos decir las mismas oraciones, realizar los mismos gestos que el sacerdote: tales iniciativas ten\u00edan en efecto el riesgo de conducir a las tesis del sacerdocio universal admitidas por los protestantes y algunos jansenistas; atentaban contra el papel eminente del sacerdote en el momento en que todos los estudios teol\u00f3gicos se dirig\u00edan a colocarlo sobre los fieles y confiarle en exclusiva las funciones del sacrificio.<\/p>\n<p>Sin embargo si todos los cristianos o casi todos van a misa, no todos frecuentan regularmente el oficio parroquial: esta presencia no era efectivamente obligatoria m\u00e1s que un domingo de cada tres.\u00a0 En esta \u00e9poca,\u00a0 las capillas se multiplican en los castillos y hasta en los palacetes burgueses. Pero son sobre todo las iglesias de los conventos las que atraen a los fieles: a veces por la calidad intelectual de la predicaci\u00f3n, otras\u00a0 porque los religiosos \u2013sobre todo los mendicantes- tienen la reputaci\u00f3n de ser m\u00e1s liberales en materia de penitencia, otras tambi\u00e9n porque estos regulares, que dirig\u00edan cofrad\u00edas, tratan de agrupar a sus miembros en sus capillas. La Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas en particular ten\u00eda en cada colegio lo que se llamaba la \u00abcongregaci\u00f3n\u00bb, con su iglesia propia, sus bienes, sus instituciones; continuaba contando con los alumnos, incluso despu\u00e9s de su salida del colegio. Como todas estas congregaciones estaban agregadas a la congregaci\u00f3n romana, se establec\u00eda una vasta red jer\u00e1rquica que se superpon\u00eda a las parroquias y tend\u00eda a privarlas de su p\u00fablico selecto. Estos hechos explican, tanto los conflictos ideol\u00f3gicos como las rivalidades entre seculares y regulares.<\/p>\n<h2>II \u2013 La frecuentaci\u00f3n de los sacramentos<\/h2>\n<p>La vida cristiana no se funda solamente en la santificaci\u00f3n de los domingos y fiestas, sino que i8mplica el recurso a los sacramentos, constituyendo \u00e9stos, a los ojos de la Iglesia, las v\u00edas ordinarias de la difusi\u00f3n de la gracia. Los sacramentos conocen en el siglo XVII una renovaci\u00f3n de fervor. Hab\u00edan sido en efecto contestados, en su mismo principio, por la Reforma protestante: por reacci\u00f3n, el catolicismo proclama su valor. El concilio de Trento hab\u00eda ya fijado las reglas precisas de su distribuci\u00f3n excluyendo todo descuido, toda fantas\u00eda\u00a0 o toda especie de interpretaci\u00f3n subjetiva.\u00a0 Este formalismo riguroso se trasmite a su vez a los rituales publicados por entonces por los obispos. Sin embargo, esta pr\u00e1ctica sacramental no se limita a estos aspectos exteriores: se alimenta en la renovaci\u00f3n b\u00edblica tenida en honor entonces por la Escuela francesa de espiritualidad.<\/p>\n<h3>1 \u2013 El bautismo y la confirmaci\u00f3n<\/h3>\n<p>El bautismo es un sacramento esencial por ser indispensable a la salvaci\u00f3n. Por eso se confiere sin dilaci\u00f3n: si es posible el d\u00eda del nacimiento y a lo m\u00e1s tardar a los tres d\u00edas. En esta \u00e9poca de gran mortandad infantil, se tem\u00eda mucho por la vida de los reci\u00e9n nacidos: un n\u00famero bastante alto de bautismos se practicaba por esto a domicilio, sea por el cirujano, seas con mayor frecuencia por la comadrona que asist\u00eda a la madre en el parto. Por ello la Iglesia daba una importancia muy grande a la elecci\u00f3n de las comadronas por raz\u00f3n de su papel espiritual. La comadrona era elegida por las mujeres de la parroquia y prestaba juramento ante el p\u00e1rroco;\u00a0 cada a\u00f1o, comparec\u00eda ante el arcediano con ocasi\u00f3n de la visita can\u00f3nica y se le preguntaba, no sobre su competencia profesional sino sobre sus conocimientos espirituales. \u00c9stos eran en efecto de sumo inter\u00e9s, ya que una comadrona ignorante pod\u00eda comprometer la salvaci\u00f3n de un ni\u00f1o cuya vida estaba amenazada. \u00bfMor\u00eda la madre, en los casos de ces\u00e1rea por ejemplo, antes del nacimiento del hijo?\u00a0 La comadrona deb\u00eda esforzarse entonces por liberar a \u00e9ste aunque s\u00f3lo fuera por un momento para darle el bautismo; y si la vida del ni\u00f1o parec\u00eda amenazada en el parto, la comadrona deb\u00eda, seg\u00fan precisan los rituales, pronunciar las palabras sacramentales sobre el primer miembro que aparec\u00eda. Mas por lo general ella bautiza despu\u00e9s del nacimiento, en presencia de dos testigos.<\/p>\n<p>Todas estas precauciones demuestran cu\u00e1nto se tem\u00eda ver morir al ni\u00f1o sin el bautismo: no s\u00f3lo no pod\u00eda acceder a la salvaci\u00f3n eterna, sino que a continuaci\u00f3n era privado de sepultura eclesi\u00e1stica, lo que socialmente se consideraba infamante.\u00a0 Los mismos problemas se presentaban con la llegada de ni\u00f1os nacidos muertos: la mayor parte de los te\u00f3logos sosten\u00edan que no se pod\u00edan salvar[1], as\u00ed que en los periodos de grandes epidemias, como las que acompa\u00f1aron a la guerra de los Treinta a\u00f1os, se ped\u00eda a la Virgen como milagro supremo que resucitara un momento a los ni\u00f1os nacidos muertos para poder conferirles el bautismo.<\/p>\n<p>En los casos habituales, el bautismo ten\u00eda lugar en la iglesia. La elecci\u00f3n de los padrinos y de las madrinas era entonces capital: deb\u00edan estar bien instruidos en las verdades de la religi\u00f3n \u2013el p\u00e1rroco los somet\u00eda a un ligero examen -, conocer las principales oraciones, no ser pecadores p\u00fablicos, no llevar una vida escandalosa. Los actos sucesivos de la ceremonia, fijados exactamente por los rituales, eran los siguientes: la presentaci\u00f3n del ni\u00f1o por el padrino y la madrina; los exorcismos; la bendici\u00f3n, la imposici\u00f3n de la sal; la profesi\u00f3n de fe; la f\u00f3rmula sacramental; las unciones con el Santo Crisma; la presentaci\u00f3n del cirio encendido; finalmente la lectura de un evangelio, generalmente el pr\u00f3logo de san Juan. La fiesta religiosa llevaba consigo, como siempre, continuaciones profanas, festejos variables seg\u00fan las regiones pero a menudo fastuosos y llenos de regocijo.<\/p>\n<p>No obstante, el siglo XVII no se limit\u00f3 a esta obra ritualista: hizo resaltar el valor espiritual del sacramento; le relacion\u00f3 con episodios b\u00edblicos, como el esp\u00edritu de Dios que aleteaba sobre las aguas, seg\u00fan se cuenta al principio del G\u00e9nesis, como el paso del mar Rojo o como el diluvio cuyas aguas regeneran el mundo. Estas figuras ense\u00f1an a despojarse del \u00abhombre viejo a favor del \u00abhombre nuevo\u00bb: esta trascendencia del rito procede directamente de la teolog\u00eda de san Pablo[1]. El recuerdo del bautismo deb\u00eda mantenerse intacto mediante una devoci\u00f3n que acompa\u00f1ara al cristiano toda su vida: se celebraba el aniversario de la ceremonia, se renovaban las promesas, se visitaba peri\u00f3dicamente la pila bautismal; el sacramento, incorporado a la vida, era de esta forma repuesto siempre en las perspectivas de perfecci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>La confirmaci\u00f3n es una prolongaci\u00f3n del bautismo, ya que consagra la gracia otorgada en la infancia, pero su recepci\u00f3n se descuidaba de hecho bastante porque no se cre\u00eda necesaria a la salvaci\u00f3n. Durante largo tiempo fue excepcional en las parroquias rurales: los fieles que deseaban confirmarse deb\u00edan ir al obispado por t\u00e9mporas; muchos campesinos se volv\u00edan atr\u00e1s antes de desplazarse. En la segunda mitad del siglo, las confirmaciones se hicieron m\u00e1s frecuentes y regulares, asoci\u00e1ndose en efecto a la llegada del obispo con ocasi\u00f3n de las visitas pastorales o misiones.<\/p>\n<h3>2 \u2013 La penitencia y la eucarist\u00eda<\/h3>\n<p>Estos dos sacramentos son uno y otro se\u00f1ales a la vez del fervor cristiano y de una regularidad en la pr\u00e1ctica. El concilio de Trento hab\u00eda ordenado fijar la primera comuni\u00f3n a la \u00abedad de discreci\u00f3n\u00bb: variaba seg\u00fan la evoluci\u00f3n sicol\u00f3gica del ni\u00f1o, mientras que la \u00abedad de raz\u00f3n\u00bb se pon\u00eda a los siete a\u00f1os. De hecho, la primera comuni\u00f3n se sit\u00faa, seg\u00fan las di\u00f3cesis, entre los diez y los catorce a\u00f1os: era tendencia frecuente apoyada por los jansenistas retrasarla bastante a fin de obtener una mejor formaci\u00f3n y evitar una comuni\u00f3n indigna. Al principio del siglo, la primera comuni\u00f3n no revest\u00eda un car\u00e1cter particular de solemnidad: fueron los misioneros lazaristas los que instituyeron la primera comuni\u00f3n solemne; esta costumbre se estableci\u00f3 primero en Par\u00eds y se extendi\u00f3 poco a poco al resto de Francia, pero no conquist\u00f3 la totalidad del reino hasta 1750.<\/p>\n<p>Al sacramento de la eucarist\u00eda va unido lo que se llama el cumplimiento pascual, es decir la obligaci\u00f3n de todo cristiano de confesarse y comulgar en su parroquia durante el tiempo de Pascua: se ten\u00eda as\u00ed una posibilidad de controle del p\u00e1rroco sobre sus parroquianos. Por razones espirituales y sociales, la pr\u00e1ctica pascual es casi un\u00e1nime: sustraerse a ella es un acto de rebeli\u00f3n abierta, es raro el caso; representa en general menos del 1% de los fieles. En 1672, de 137 parroquias del archidiaconado de Par\u00eds con un total de 50.000 comulgantes, s\u00f3lo existen 112 fuera del tiempo pascual; con frecuencia la proporci\u00f3n es a\u00fan menor. Los que no comulgan son tenidos a veces aparte de los cuadros parroquiales por sus actividades profesionales \u2013pastores, marineros, le\u00f1adores&#8230;- pero lo m\u00e1s com\u00fan es que se trate de gente que vive en situaci\u00f3n irregular (concubinato, prostituci\u00f3n, borrachera inveterada) o que rechazan la moral y la fe cristianas, manifestando as\u00ed una forma elemental de libertinaje. Se advierte, por ejemplo, en una visita can\u00f3nica del archidiaconado de Par\u00eds en 1673: \u00abEl llamado Andr\u00e9 Lesguillier, techador de paja, no ha cumplido con Pascua, se queja la gente y le acusan de blasfemar contra el santo nombre de Dios; dice que la confesi\u00f3n no sirve de nada, que todos los sacerdotes se vayan al diablo y que \u00e9l puede hacer lo mismo que ellos y toma un vaso lleno de vino y pronuncia las palabras sacramentales, burl\u00e1ndose del adorable sacrificio de la misa.\u00bb Este caso es raro; hasta los se\u00f1ores ladrones y libertinos desean escapar al oprobio de las poblaciones y conservar su puesto en las jerarqu\u00edas sociales; por ello dan importancia a cumplir, imponi\u00e9ndose por la fuerza dado el caso, con la obligaci\u00f3n pascual. As\u00ed en Jouey, di\u00f3cesis de Autun, el se\u00f1or Jean de Bourgdieu quien, durante treinta a\u00f1os, mantuvo a varias concubinas de las que tuvo diecinueve hijos conocidos, cumpli\u00f3 siempre con Pascua, y \u00abdurante todo este tiempo se confes\u00f3 en varios lugares y en particular en los capuchinos de Arnay-le-Duc\u00bb.<\/p>\n<p>A veces es el p\u00e1rroco mismo quien priva de los sacramentos a algunos pecadores escandalosos, no s\u00f3lo por pecados de adulterio, de incesto o embriaguez, sino porque quebrantan la justicia o el deber social; por ello se ve negar la absoluci\u00f3n a gente que ha robado y se niega a devolver; o tambi\u00e9n a los recaudadores de impuestos por exigir al contribuyente pagos il\u00edcitos.<\/p>\n<p>Semejantes prerrogativas daban al p\u00e1rroco un poder temible: para evitar graves abusos, un parroquiano que ten\u00eda alguna diferencia con su pastor o que sencillamente sent\u00eda hacia \u00e9l alguna incompatibilidad de car\u00e1cter pod\u00eda pedir al arcediano o al oficial la autorizaci\u00f3n de confesarse con otro p\u00e1rroco de la vecindad. Deb\u00eda entonces entregar a su propio p\u00e1rroco un certificado para demostrar que se hab\u00eda confesado efectivamente. Estas formalidades eran necesarias ya que la abstenci\u00f3n de la obligaci\u00f3n pascual llevaba consigo sanciones: \u00e9stas comenzaban por la exhortaci\u00f3n, prosegu\u00edan con una citaci\u00f3n a comparecer ante el oficial y pod\u00edan llegar hasta la excomuni\u00f3n, de la que no se libraba sino por una penitencia p\u00fablica. El siglo XVII conoci\u00f3 una renovaci\u00f3n de este proceder, considerado entonces como la barrera m\u00e1s eficaz a la moral relajada. La mayor parte de los obispos, t m\u00e1s en particular los amigos de Port-Royal, actualizaron esta antigua pr\u00e1ctica. En Alet, Nicolas Pavillon, la empleaba rode\u00e1ndola de mucha solemnidad. Al final de cada una de las visitas, ante el pueblo reunido, el promotor presentaba el cuadro de los des\u00f3rdenes de la parroquia y requer\u00eda remedios: el obispo entonces hac\u00eda que le trajeran a los culpables y les impon\u00eda una penitencia p\u00fablica. Todos estaban sometidos a ello: gentilhombres, burgueses, campesinos, artesanos. Algunos se\u00f1ores llegaban con sus vasallos a confesar sus pecados. Ordinariamente, el prelado prescrib\u00eda limosnas si el pecador estaba en condiciones de hacerlas. Las sanciones duraban seis meses, un a\u00f1o, a veces m\u00e1s seg\u00fan la gravedad de los cr\u00edmenes, a menos que el fervor de los penitentes y sus progresos en la piedad le permitieran abreviar la prueba. Semejantes penas se rodeaban siempre de un aparato impresionante: los hombres deb\u00edan ir a Alet a recibir la orden de su penitencia; a las mujeres se les dispensaba el viaje: la sentencia se la notificaba el p\u00e1rroco. Las faltas graves eran reprimidas mucho m\u00e1s severamente todav\u00eda: un pecador convicto de homicidio debi\u00f3 satisfacer un viaje a Roma, viviendo exclusivamente de limosna, caminando cada d\u00eda con los pies descalzos durante una legua, recitando el rosario y saludando al Sant\u00edsimo Sacramento a la puerta de cada una de las iglesias.<\/p>\n<p>Una especie de unanimidad medio espiritual medio sociol\u00f3gica tend\u00eda as\u00ed a realizarse en el cumplimiento del deber pascual. Pero, fuera de estos ritmos anuales, \u00bfcu\u00e1l era la frecuencia de la comuni\u00f3n? Var\u00eda con la \u00e9poca, la di\u00f3cesis, la parroquia y naturalmente el fiel, si bien se ha de excluir toda respuesta global, una evoluci\u00f3n de conjunto se observa no obstante en la actitud eucar\u00edstica. Mientras que en la edad media fue un periodo de comuni\u00f3n rara, la Reforma cat\u00f3lica en sus comienzos aceler\u00f3 notablemente su frecuencia. En los primeros decenios del siglo XVII, muchos directores de conciencia recomiendan la comuni\u00f3n semanal, y hasta diaria: la Introducci\u00f3n a la vida devota de san francisco de Sales favoreci\u00f3 mucho este movimiento; publicado en 1608, el libro fue un \u00e9xito de librer\u00eda ya que, antes de la muerte de su autor en 1622, tuvo cuarenta ediciones. Con todo, al ascenso de las ideas agustinianas, se estableci\u00f3 una contracorriente: sin desaconsejar positivamente la comuni\u00f3n frecuente, se record\u00f3 que era una coronaci\u00f3n u que deb\u00eda ir precedida por una elevaci\u00f3n espiritual y un progreso moral. Los jansenistas difundieron estas tesis y las endurecieron: la obra que, en este aspecto, ejerci\u00f3 la mayor influencia fue La frecuente comuni\u00f3n\u00a0 de Antoine Arnauld, publicada en 1643. El autor no se alza sistem\u00e1ticamente contra la comuni\u00f3n frecuente, pero impone condiciones muy severas para practicarla, recuerda en particular la regla antigua: Sancta sanctis (las cosas santas reservadas a los santos); sobre todo, exalta, sistematiz\u00e1ndolo, el m\u00e9todo preconizado por Saint-Cyran llamado de las \u00abrenovaciones\u00bb, que consiste en mantenerse alejados del mundo, incluso de los sacramentos, para operar una conversi\u00f3n y lograr una vida nueva. Pero mientras Saint-Cyran ve\u00eda en \u00e9l un simple medio psicol\u00f3gico, Arnauld le presenta como la pr\u00e1ctica de la Iglesia primitiva. Su libro cuya influencia fue grande tuvo por efecto hacer sospechosa la comuni\u00f3n demasiado frecuente. La regla adoptada en adelante fue en primer lugar fue exigir un periodo bastante largo entre la confesi\u00f3n de las faltas y la comuni\u00f3n, luego un alejamiento del pecado, incluso venial, y sobre todo de los h\u00e1bitos perniciosos. Por eso, en la segunda mitad del siglo, muchos directores espirituales y muchos rituales ponen a los fieles en guardia contra lo que ellos consideran un exceso: el Ritual de Toul, publicado en 1700 por el obispo Henri Thiard de Bissy, prescribe \u00bb que no se debe adquirir la costumbre de comulgar todos los d\u00edas como, so pretexto de devociones, hacen ciertas mujeres\u00bb. La frecuencia de la comuni\u00f3n fue, en el siglo XVII y en el XVIII inclusive, uno de los grandes temas de oposici\u00f3n entre jansenistas y molinistas.\u00a0 Seg\u00fan los diarios de p\u00e1rrocos que nos quedan, la comuni\u00f3n pascual habr\u00eda reunido, salvo en las tres grandes ciudades, la unanimidad de los cristianos; la comuni\u00f3n en las grandes fiestas \u2013es decir cuatro o cinco veces al a\u00f1o- la cuarta parte o la tercera; s\u00f3lo una baja proporci\u00f3n habr\u00eda practicado la comuni\u00f3n mensual o semanal. Estas cifras se engrosar\u00edan naturalmente cuando una cofrad\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento pon\u00eda el acento sobre la devoci\u00f3n eucar\u00edstica.<\/p>\n<h3>3 \u2013 El matrimonio<\/h3>\n<p>El matrimonio constituye, a los ojos de la Iglesia, un compromiso definitivo. El concilio de Trento luego, en el siglo XVII, los artesanos de la Reforma cat\u00f3lica, se esforzaron en purificarlo, en limpiarlo de las numerosas pr\u00e1cticas m\u00e1s o menos groseras y sensuales que lo rodeaban: en adelante es tenido como un sacramento en toda la acepci\u00f3n del t\u00e9rmino y colocado bajo el control eclesi\u00e1stico. Por lo general el matrimonio est\u00e1 precedido por esponsales, que a veces se reducen a un compromiso oral o escrito pero, en la mayor parte de las di\u00f3cesis, dan lugar a una ceremonia eclesi\u00e1stica celebrada en la iglesia parroquial de la joven: se trata de un acto sencillo en el que el p\u00e1rroco recibe el juramento que hacen los futuros esposos de prometerse el matrimonio. Este compromiso no tiene car\u00e1cter definitivo: los esponsales pueden romperse, pero la Iglesia impone en ese caso una penitencia. Si con todo se han establecido relaciones sexuales y sobre todo si existe promesa de hijo, la autoridad eclesi\u00e1stica \u2013por lo general el oficial- hace presi\u00f3n para obligar a la uni\u00f3n definitiva, pero queda siempre salvaguardado el principio del libre consentimiento. Cada vez m\u00e1s, el tiempo de los esponsales es considerado como una preparaci\u00f3n al matrimonio. Hasta mediados del siglo XVII, hab\u00eda sido un periodo de tolerancia durante el cual los prometidos comenzaban su vida com\u00fan: estas relaciones pre-conyugales eran consagradas por una serie de tradiciones locales. La Iglesia luch\u00f3 sin descanso contra estas libertades: contra ellas, los obispos multiplicaron las ordenanzas, y las llevaron a los s\u00ednodos o conferencias eclesi\u00e1sticas.<\/p>\n<p>El matrimonio ten\u00eda lugar en principio en la parroquia de la novia: para celebrarlo en otro lugar, era necesaria una raz\u00f3n grave \u2013por ejemplo un caso de concubinato- y un permiso a la vez del oficial y del p\u00e1rroco. En la ceremonia misma, el acto esencial era el intercambio solemne de las promesas entre los esposos; pero se requer\u00eda la presencia de testigos: dos, tres y a veces cuatro, seg\u00fan las prescripciones del concilio de Trento. Todas estas precauciones tend\u00edan a evitar el uso extendido de los matrimonios clandestinos, celebrados sin formalidad por cualquier capuchino de paso por los pueblos. Se encontraban j\u00f3venes casados varias veces: de donde surg\u00edan dificultades, procesos y des\u00f3rdenes de todo g\u00e9nero. La presencia del propio p\u00e1rroco y de varios testigos paliaba estos inconvenientes.<\/p>\n<p>Las tradiciones ancestrales que acompa\u00f1aban o segu\u00edan a la ceremonia subsisten por lo com\u00fan en sus formas exteriores, pero se espiritualizan. As\u00ed la bendici\u00f3n del lecho nupcial, viejo rito de fecundidad practicado despu\u00e9s del fest\u00edn de bodas, iba acompa\u00f1ada de canciones galas. Se transforma en una celebraci\u00f3n de la pureza conyugal: el ritual de Par\u00eds de 1646 dedica una parte importante del exordio a un comentario de la historia de Tobias exaltando la castidad en la vida conyugal. Las canciones \u00abdeshonestas\u00bb, con los acompa\u00f1amientos musicales, quedan desterradas. De una manera general, los prelados reformadores se alzan contra la juerga, el alboroto o las secuelas de un paganismo m\u00e1s o menos asentado. En algunas regiones, la desposada le era secuestrada a su esposo, despu\u00e9s de la ceremonia, y obligada por los j\u00f3venes del pueblo a recorrer los lugares de la comuna, campos, bosques o praderas; deb\u00eda apagar la sed en los riachuelos y charcos.\u00a0 Se trata veros\u00edmilmente de un rito de iniciaci\u00f3n de origen pagano, destinado a introducir a la joven llegada de otra parroquia en su nueva comunidad y de hacerle tomar posesi\u00f3n de un espacio de vida destinado a ser suyo. La Iglesia, por medio de los oficiales o de los arcedianos, condena esta costumbre tildada de magia. Sin embargo no rompe del todo con el universo tradicional que alimenta de maravillas la mentalidad popular: el lugar que concede a las oraciones y a los ritos de exorcismo, por ejemplo contra los echadores de cartas o de embrujos, lo ilustra con claridad.<\/p>\n<p>Como para el bautismo, hay pues progresos a la vez de ritualizaci\u00f3n y profundizaci\u00f3n espiritual. El siglo XVII cambia radicalmente el significado del \u00abestado de matrimonio\u00bb que por tanto tiempo fue tenido en menosprecio y por inferior al \u00abestado de religi\u00f3n\u00bb; por eso no exist\u00eda \u00abm\u00edstica del matrimonio\u00bb. La primera gran obra que lo exalt\u00f3, recogiendo por otra parte las prescripciones del concilio de Trento, fue de nuevo la Introducci\u00f3n a la vida devota: san Francisco de Sales dedica en ella dos cap\u00edtulos a la uni\u00f3n conyugal (Consejos para los casados; De la honestidad del lecho conyugal). Recuerda que \u00abel matrimonio es un gran sacramento honorable para todos y en todo\u00bb: para todos, \u00abpues las v\u00edrgenes mismas le deben honrar con humildad\u00bb; en todo, pues \u00absu origen, su fin, sus utilidades, su forma y su materia son santos\u00bb. Bajo la influencia de B\u00e9rulle y de sus disc\u00edpulos, los espirituales del siglo XVII profundizan en estos principios y, siguiendo a san Pablo, asimilan la uni\u00f3n de los esposos a la uni\u00f3n de Cristo y de la Iglesia. El sacramento del matrimonio entra as\u00ed en la teolog\u00eda de la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este concepto tan elevado tiene, es cierto, por corolario un rigorismo muy estricto en la vida sexual. Tal austeridad no era simple afirmaci\u00f3n de principio, sino que se concretaba en la pastoral cotidiana. Logr\u00f3 sin embargo, por una paradoja aparente, la aprobaci\u00f3n y el apoyo de la opini\u00f3n p\u00fablica: estos moralistas austeros aparecen a menudo como los defensores de las mujeres, sobre todo de las mujeres del pueblo, v\u00edctimas de los acosos y de las violencias de los se\u00f1ores. La fuerza de los obispos reformadores m\u00e1s exigentes, como Nicol\u00e1s Pavillon en Alet,\u00a0 les vino del apoyo casi un\u00e1nime de los campesinos.<\/p>\n<h2>III \u2013 El cristiano y la muerte<\/h2>\n<p>El pensamiento de la muerte ocupa en el siglo XVII un lugar primordial en el esp\u00edritu del cristiano. Se alimenta del espect\u00e1culo de las realidades cotidianas: la mortandad infantil, la hecatombe de las guerras y del hambre, pero sobre todo de los estragos de la peste[1]. La peste no s\u00f3lo tuvo consecuencias demogr\u00e1ficas: por su extensi\u00f3n, el fen\u00f3meno model\u00f3 el estado de alma colectivo creando un clima de angustia. Entre 1600 y 1670, mat\u00f3 en Francia a 2.200.000 hombres (hip\u00f3tesis corta) y quiz\u00e1s a 3.360. 000 (hip\u00f3tesis larga), o sea entre el 5 y el 7,7% de la mortandad total,\u00a0 con una frecuencia casi ininterrumpida ya que a una primera crisis, que va de 1600 a 1616, sucede inmediatamente otra muy larga, de 1617 a 1657, luego una tercera de 1663 a 1670. Estos ritmos dram\u00e1ticos se\u00f1alaron profundamente con una sicosis de inquietud, cambiada f\u00e1cilmente en terror, a todos los medios pero m\u00e1s especialmente a las ciudades, porque si los estragos de la guerra son sobre todo el sino de los campos, los de la peste golpean en primer lugar a las ciudades, peque\u00f1as o grandes: la epidemia de los a\u00f1os 1628-1632 est\u00e1 sin duda en la base de las defunciones en el medio urbano. Y mientras que la mortandad de los ni\u00f1os se acepta con calma y casi serenidad tan grande es la certeza de su salvaci\u00f3n, la peste, por lo s\u00fabita, su brutalidad, su facies horrible y por los sufrimientos que inflige, multiplica los fen\u00f3menos de religiosidad p\u00e1nica.<\/p>\n<p>Dominar la muerte, \u00abordenarla\u00bb, restituirla a una perspectiva cristiana, cambiar el espanto en esperanza, fue uno de los grandes objetivos de la Reforma, tanto protestante como cat\u00f3lica.<\/p>\n<h3>1 \u2013 La muerte \u00abordenada\u00bb<\/h3>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se prepara el cristiano para la muerte? De una manera difusa en primer lugar: por el lugar de la cruz, del calvario, de la pasi\u00f3n de Cristo en el paisaje monumental o en las estampas populares, distribuidas por los buhoneros, como la Danza macabra con su visi\u00f3n igualitaria de la muerte o el Espejo del pecador que opone en una evocaci\u00f3n realista los sufrimientos del infierno a las alegr\u00edas del para\u00edso[1]. M\u00e1s simplemente, el cristiano se prepara a su destino futuro por el espect\u00e1culo de las miserias de la vida: la pobreza, el hambre, la enfermedad. Esta no es s\u00f3lo una prueba f\u00edsica, es un aviso de Dios, una incitaci\u00f3n a la ascesis y por eso mismo una preparaci\u00f3n a la muerte. Este tiempo de sufrimiento es en efecto particularmente apto para hacer tomar conciencia de las verdades de la salvaci\u00f3n, ya que han desaparecido los obst\u00e1culos ordinarios para la escucha de la palabra de Dios: la ambici\u00f3n, la codicia, el apetito de la lujuria han dejado lugar a la meditaci\u00f3n y a la oraci\u00f3n. Por ello los obispos, los moralistas, los directores de conciencia multiplican los consejos sobre el santo uso de este tiempo de prueba. Pero esta preparaci\u00f3n a la muerte no se reserva a los azares de la existencia: no surge de la psicolog\u00eda m\u00f3rbida propia de un siglo tr\u00e1gico. Es querida y pensada por la Iglesia, integrada en la catequesis: el bien morir es efectivamente esencial para el cristiano, ya que se trata de la etapa decisiva en el camino de la salvaci\u00f3n, por eso est\u00e1 impregnada de valores doctrinales, teol\u00f3gicos y espirituales: el crucifijo ocupa un gran lugar en las misiones, pero su objeto es menos \u00abconmover\u00bb al pecador que introducirle por la meditaci\u00f3n en la econom\u00eda de la Redenci\u00f3n. Toda la vida del cristiano est\u00e1 concebida de esta forma como un ars moriendi en el que se ponen por obra todos los medios de una pedagog\u00eda progresiva, que lleva por etapas a las proximidades de la muerte.<\/p>\n<p>Esta preparaci\u00f3n comienza desde la tierna edad por la ense\u00f1anza del catecismo: todos los manuales dedican un cap\u00edtulo a los nov\u00edsimos: \u00ab\u00bfCu\u00e1l ha de ser la mayor preocupaci\u00f3n de cristiano? pregunta el catecismo de los tres Henry \u2013Debe ser prepararse bien para la muerte\u00bb. Este mismo tema se repite y orquesta en las escuelas, pero m\u00e1s a\u00fan en la predicaci\u00f3n dominical: muchas homil\u00edas se consagran al m\u00e1s all\u00e1. Raramente al cielo, es cierto, ya que pocos cristianos acceden directamente a la bienaventuranza total, sino al infierno objeto de descripciones llenas de im\u00e1genes y realistas, sin que se les perdone ninguna clase de sufrimiento: el fuego constante, la fealdad de los demonios, los vapores mef\u00edticos desprendidos por las cloacas, el hambre sin saciar, la sed inextinguible atormentan sin cesar a los condenados; m\u00e1s terribles a\u00fan son las penas espirituales, consecuencias de la privaci\u00f3n total y eterna de Dios. Todas estas evocaciones infernales renuevan un g\u00e9nero literario en auge en la Edad Media que concluye.<\/p>\n<p>M\u00e1s original y rica en espiritualidad es la meditaci\u00f3n sobre el purgatorio[1]. Este hab\u00eda sido, en la \u00e9poca patr\u00edstica y en la edad media, el objeto de una creencia a la vez generalizada y algo vaga, encerrada en el c\u00edrculo estrecho de los te\u00f3logos, pero poco \u00absentida\u00bb por la masa de los fieles. Adquiere en el siglo XVII su consistencia expl\u00edcita y dogm\u00e1tica, porque, rechazada por\u00a0 la Reforma luterana y calvinista, se convierte en el tipo mismo de los cultos de intercesi\u00f3n tan com\u00fan en la Iglesia tridentina. Ella se carga por eso mismo de valores comunitarios: realiza por eso mismo una especie de circuito de amistad entre la tierra y el m\u00e1s all\u00e1. La obsesi\u00f3n por la salvaci\u00f3n personal, tan viva en los protestantes, se expresa en los cat\u00f3licos con esta forma de comuni\u00f3n de los santos introducida mediante la imploraci\u00f3n por los difuntos. Por un movimiento de intercambios espirituales, el alma, liberada del lugar de sufrimiento, pedir\u00e1 sin tregua por su bienhechor. En el transcurso del siglo se multiplican las fundaciones: las oraciones por las almas del purgatorio llegan a ser una forma de culto popular en la Iglesia[1]. Con frecuencia se reserva incluso una capilla a esta devoci\u00f3n, que por lo general est\u00e1 sostenida por una cofrad\u00eda especializada.<\/p>\n<h3>2 \u2013 El \u00abejercicio de la muerte\u00bb<\/h3>\n<p>Esta larga catequesis dedicada a la vida futura revelar\u00eda, si fuera preciso, la idea angustiosa que acompa\u00f1a a la muerte: se la encuentra no s\u00f3lo en las naturalezas inquietas como Pascal, sino en otras como Madame S\u00e9vign\u00e9, de ordinario apegada a la alegr\u00eda de vivir. Lo que se teme en la muerte, hasta en los cristianos mejor preparados, es la incertidumbre de los \u00faltimos instantes, no por la separaci\u00f3n f\u00edsica, sino por el oscurecimiento de la conciencia que podr\u00eda impedir perseverar y acceder a la conversi\u00f3n final. Los predicadores y moralistas ponen en guardia contra los peligros de la proximidad de la muerte: \u00abLa muerte, dice Bossuet, lleva en si misma o la insensibilidad o una secreta desesperanza, o, con sus justos terrores, la imagen de una penitencia enga\u00f1adora y por fin una confusi\u00f3n fatal a la piedad\u00bb. Nicole advierte igualmente: \u00abLos hombres no est\u00e1n nunca menos en estado de pensar en la muerte que cuando m\u00e1s cerca est\u00e1n de ella\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso conviene no solo hacer de la muerte el pensamiento constante de toda su vida, sino prepararse a abordarla con lucidez someti\u00e9ndose a una especie de repeticiones. La Madre de Bl\u00e9mur, benedictina, compone a este prop\u00f3sito en 1677, para uso de las\u00a0 religiosas de su orden, un Ejercicio de la muerte conteniendo diversas pr\u00e1cticas de devoci\u00f3n muy \u00fatiles para prepararse a bien morir. Se trata de una meditaci\u00f3n pero sobre todo de una \u00abrealizaci\u00f3n dram\u00e1tica\u00bb. Es, explica la autora en su Advertencia, \u00abuna especie de retiro para tres d\u00edas, en los que se hacen las mismas preparaciones que si uno estuviera seguro de morir al final del Ejercicio.\u00bb La mayor parte de los directores aconsejan entrar as\u00ed en los actos preparatorios a la muerte, una vez al mes o al menos durante la cuaresma.<\/p>\n<p>\u00abEs bueno morir de vez en cuando, escribe el Padre Nouet, mientras est\u00e1is en vida, es decir hacer todos los deberes de un enfermo y de un agonizante, cuando ten\u00e9is todas las fuerzas del cuerpo y del esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>Y el Padre Judde:<\/p>\n<p>\u00abEjercitarse en morir es, o todos los meses, o al menos alguna vez durante el a\u00f1o, tomarse un d\u00eda en el que hagamos lo que convendr\u00e1 hacer en los \u00faltimos d\u00edas de la vida: una buena revisi\u00f3n, una comuni\u00f3n ferviente con los actos que convienen a la recepci\u00f3n del santo vi\u00e1tico; leer, en un ritual, las oraciones de la Extremaunci\u00f3n, las que la Iglesia hace por los muertos, que convienen tan bien a los moribundos, mirarse luego como estando presentes en el tribunal de Dios&#8230;; volver a sus ocupaciones como una persona a quien se ha devuelto\u00a0 graciosamente de las puertas del infierno para hacer penitencia\u00bb.<\/p>\n<p>Es el ejercicio calificado por el Padre Crasset de \u00abextremaunci\u00f3n espiritual\u00bb.<\/p>\n<p>Algunos llevan el realismo m\u00e1s lejos todav\u00eda y aconsejan asociar a cada oraci\u00f3n de la tarde un \u00abejercicio de la muerte\u00bb, aprovech\u00e1ndose de las tinieblas de la noche, del sopor de los sentidos, de las s\u00e1banas figura del sudario. Tales pr\u00e1cticas no son\u00a0 el lote de\u00a0 algunos ascetas: ellas se apoderan a veces de las mentalidades populares confundiendo en un mismo ideal de quietud el pensamiento de la muerte y el sue\u00f1o.\u00a0 Este poema del Quercy ofrece un ejemplo de\u00a0 ello:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Agua bendita \u2013yo te tomo. \u2013Si la muerte me sorprende. \u2013Que me sirva de Santo Sacramento. \u2013En un gran lecho \u2013 yo me acostar\u00e9; -A cinco \u00e1ngeles en \u00e9l honrar\u00e9, &#8211; Dos a los pies \u2013Tres a la cabeza. \u2013Nuestro Se\u00f1or que est\u00e1 en medio \u2013me ha dicho que me duerma sin temor. \u2013San Pedro por padrino, &#8211; Nuestra Se\u00f1ora por madrina \u2013me han dicho que no tenga ni temor ni miedo. &#8211; Cuatro \u00e1ngeles conducir\u00e1n \u2013a mi alma al para\u00edso\u00bb.<\/p>\n<h3>3 \u2013 Los \u00faltimos sacramentos y los funerales<\/h3>\n<p>Un ceremonial semejante refleja el precio otorgado a los \u00faltimos momentos, ya que de ellos depende\u00a0 la suerte futura del alma. Por eso, mucho antes\u00a0 de los \u00faltimos signos del ocaso, el cristiano se cuida de redactar el testamento, pero siempre con prop\u00f3sito esencialmente espiritual: se trata menos de reglar la transmisi\u00f3n de los bienes materiales que de asegurar la salvaci\u00f3n del difunto, por lo cual los puntos fuertes del discurso testamentario se refieren a los legados p\u00edos y a las fundaciones, la llamada a la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n y sobre todo las peticiones de misas, que es como una constante a lo largo de los siglos con una cima en el periodo 1650-1710[1]. Cada uno de estos pasos compromete a la Iglesia entera y pone por obra las misteriosas solidaridades de la comuni\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>La extremaunci\u00f3n, la confesi\u00f3n y la comuni\u00f3n como vi\u00e1tico, constituyen los \u00faltimos sacramentos. Su importancia para la salvaci\u00f3n eterna es sentida por todos, por ello la muerte s\u00fabita es temida por encima de todo. Desde que un enfermo se halla en peligro, se hace llamar al sacerdote: para evitar toda negligencia en este terreno, se proh\u00edbe a los m\u00e9dicos visitar m\u00e1s de tres veces a un enfermo grave que no se ha confesado; esta obligaci\u00f3n est\u00e1 formulada por los concilios provinciales, repetida por ordenanzas episcopales como la del cardenal de Noailles del 9 de marzo de 1707 y codificada en la declaraci\u00f3n real del 8 de marzo de 1712. Las mismas razones suscitan protestas contra el absentismo del p\u00e1rroco: cuando se trata por ejemplo de un monje que reside habitualmente en su abad\u00eda.<\/p>\n<p>Una solemnidad a menudo muy grande rodea la administraci\u00f3n de los \u00faltimos sacramentos: el vi\u00e1tico se lleva en procesi\u00f3n de la iglesia a la casa del enfermo. \u00c9ste formaba quiz\u00e1s parte de una cofrad\u00eda de los agonizantes cuyo fin era ayudar a los cofrades en su lecho de muerte. Cuando uno de ellos se presentaba en los \u00faltimos momentos todos eran convocados en la iglesia a toque de campana mayor: recitaban ante el altar de Nuestra Se\u00f1ora de la Piedad las oraciones de los agonizantes, despu\u00e9s, todos, con una vela encendida en la mano, acompa\u00f1aban al clero hasta el domicilio del enfermo. El c\u00e9lebre Mateo Feydeau, p\u00e1rroco de Vitry, en la di\u00f3cesis de Ch\u00e2lons, refiere que en su parroquia era com\u00fan ver al sacerdote llevando el Sant\u00edsimo Sacramento seguido de una multitud de cuatrocientas a quinientas personas.<\/p>\n<p>Un ceremonial parecido acompa\u00f1a al oficio de los funerales con una solemnidad variable, seg\u00fan la categor\u00eda del difunto, que iba de la simple misa rezada hasta las tres misas cantadas con vigilia. Pero en todos los ambientes, se desea una asistencia numerosa\u00a0 \u2013 salvo sin embargo para las exequias de un ni\u00f1o ya que \u00e9ste, llegado en el estado ang\u00e9lico, no requiere la intercesi\u00f3n de los vivos. La asistencia aporta en efecto m\u00e1s que un consuelo mundano: el auxilio de sus oraciones; se desea por encima de todo la presencia de los pobres, im\u00e1genes de Jesucristo. Con frecuencia el entierro era seguido de un gran banquete ofrecido a los m\u00e1s desheredados de la parroquia.<\/p>\n<p>Por su densidad espiritual y sus continuaciones simb\u00f3licas, un ceremonial semejante hace de la muerte m\u00e1s que una prueba individual: lleva consigo un valor educativo, entra en una pedagog\u00eda del alma. Por raz\u00f3n de sus fines edificantes, la muerte-espect\u00e1culo se integra en la pastoral. Una agon\u00eda, apunta Bremond, es entonces \u00abcomo una lecci\u00f3n de cosas, despliegue santo cuyos beneficios no se tem\u00eda extender todo lo m\u00e1s posible\u00bb. En esta sociedad tan profundamente influida por el teatro, la muerte se desarrolla como una pieza en varios actos, admirablemente montada: es a la vez un drama personal, un ejemplo y un tema literario con constantes pasajes entre la muerte real y la visi\u00f3n de la muerte ideal. Escrito u oral, el relato de la muerte se carga a menudo de intenciones pol\u00e9micas o apolog\u00e9ticas: los jansenistas por ejemplo usar\u00e1n profusamente de las cr\u00f3nicas mortuorias para exaltar a sus amigos o denigrar a sus adversarios. La aparici\u00f3n de la muerte-espect\u00e1culo es portadora de un esp\u00edritu nuevo: mientras que en la \u00e9poca del Renacimiento, se celebraba como un ejemplo la vida del desaparecido, en adelante y especialmente a finales del reinado de Luis XIII, es su muerte y m\u00e1s precisamente el relato de sus \u00ab\u00faltimos momentos\u00bb lo que adquiere valor de edificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En estas formas colectivas de la fe vivida, varios rasgos afirman el vigor de la renovaci\u00f3n. La pr\u00e1ctica religiosa se afianza con un rigor mayor, con una uniformidad creciente, con cierta juridicidad, con una voluntad de orden y de reglamentaci\u00f3n: es el esp\u00edritu tridentino que se impone progresivamente en Francia gracias a las decisiones de las asambleas del clero, a la publicaci\u00f3n de los estatutos sinodales, a la difusi\u00f3n de los libros de misa y sobre todo a la multiplicaci\u00f3n de los rituales. Se pone el acento, tanto como en la voluntad educativa, en la belleza y en la grandeza lit\u00fargicas, consideradas como los medios esenciales de penetrar el misterio cristiano: se percibe la influencia de la Reforma cat\u00f3lica en su expresi\u00f3n mediterr\u00e1nea. Por todas partes por fin, especialmente en la vida sacramental, se manifiesta una voluntad de espiritualizaci\u00f3n creciente. Sacerdotes y laicos se esfuerzan por sobrepasar el rito en sus formas verbales o gestuales para penetrar su significado profundo: esta interiorizaci\u00f3n es obra de los te\u00f3logos y sobre todo de los espirituales de la Escuela francesa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XI: Pr\u00e1ctica lit\u00fargica y vida sacramental De la misma forma que la Reforma tridentina se dedic\u00f3 a hacer m\u00e1s estricta la ense\u00f1anza catequ\u00e9tica, m\u00e1s precisa, m\u00e1s conforme a los c\u00e1nones de la ortodoxia, se &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-11\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":61580,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[17],"tags":[224,172,243],"class_list":["post-9731","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-tiempos-de-vicente-de-paul","tag-berulle","tag-pobreza","tag-taveneaux"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. 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