{"id":9730,"date":"2015-06-14T04:21:46","date_gmt":"2015-06-14T02:21:46","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/11\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-10\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:10","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:10","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-10","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-10\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 10"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo X: El jansenismo<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>El movimiento llamado \u00abjansenismo\u00bb se integra org\u00e1nicamente en el desarrollo del pensamiento religioso en la \u00e9poca cl\u00e1sica: en el sentido estricto, no es m\u00e1s que un aspecto de la Reforma cat\u00f3lica. En el pensamiento de sus fundadores, respond\u00eda a una voluntad de regreso espiritual a la Iglesia primitiva: ten\u00eda pues por objeto la purificaci\u00f3n de la fe, la intensificaci\u00f3n de la vida cristiana, la restauraci\u00f3n de la idea de Providencia. Con este t\u00edtulo act\u00faa, a veces de forma decisiva, en la teolog\u00eda, la espiritualidad, la moral, la eclesiolog\u00eda. Muy pronto sin embargo, sobrepas\u00f3 el orden estrictamente religioso para convertirse en un hecho de civilizaci\u00f3n de alcance universal: est\u00e1 presente en efecto no s\u00f3lo en el orden doctrinal, sino en los comportamientos sociales, el arte, la literatura, , y hasta la pol\u00edtica o la econom\u00eda. No es excesivo afirmar que ha dominado la vida del mundo occidental durante un siglo y medio, desde principios del reinado de Luis XIV a la Revoluci\u00f3n francesa[1].<\/p>\n<h2>I.- Origen y naturaleza del jansenismo<\/h2>\n<h3><em>1 \u2013La reacci\u00f3n antihumanista<\/em><\/h3>\n<p>En el sentido estricto y formal del t\u00e9rmino, el jansenismo es la doctrina expuesta en el Augustinus, obra del obispo de Ypres, Cornelius Jansenius. Pero en realidad es, en su naturaleza profunda, un movimiento mucho m\u00e1s complejo y anterior a Jansenius mismo: es preciso para apreciar sus componentes referirse en esp\u00edritu a la revoluci\u00f3n human\u00edstica de los siglos XV y XVI.<\/p>\n<p>Favorecido por el desarrollo econ\u00f3mico de occidente y el ascenso de la clase burguesa, el Renacimiento hab\u00eda exaltado al hombre en su autonom\u00eda, su voluntad de poder, su aspiraci\u00f3n a la felicidad terrenal. As\u00ed hab\u00eda nacido una forma de individualismo llamada a conocer un esplendor excepcional a la vez en la expresi\u00f3n literaria o art\u00edstica y en los avatares pol\u00edticos. La religi\u00f3n misma no hab\u00eda permanecido apartada de este movimiento: los Ejercicios espirituales de san Ignacio pon\u00edan el acento en el poder de la voluntad; m\u00e1s tarde la corriente humanista encontraba su expresi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s perfecta con la publicaci\u00f3n en 1588 del libro del jesuita Molina, La concordia del libre albedr\u00edo con los dones de la gracia. La tesis de la obra descansa, seg\u00fan se ha visto, en el postulado fundamental de la plena y entera libertad del hombre: implica el poder de la criatura, no s\u00f3lo de operar su salvaci\u00f3n, sino de transformar el mundo.<\/p>\n<p>El molinismo fue adoptado r\u00e1pidamente por la mayor parte de los jesuitas; se difundi\u00f3 gracias a los colegios, penetr\u00f3 en la ense\u00f1anza de la teolog\u00eda moral y se convirti\u00f3 en numerosos medios en un hecho de mentalidad.\u00a0 Pero su expansi\u00f3n no tard\u00f3 en provocar una reacci\u00f3n, difusa en un principio, luego expl\u00edcita cuya expresi\u00f3n m\u00e1s total fue dada por el Augustinus, obra de un te\u00f3logo holand\u00e9s Cornelius Jansenius, durante mucho tiempo profesor en la universidad de Lovaina,\u00a0 antes de ser obispo de Ypres en 1635. La peste deb\u00eda llev\u00e1rselo tres a\u00f1os m\u00e1s tarde pero, antes de morir, hab\u00eda podido confiar el manuscrito de su libro a dos de sus amigos quienes lo publicaron en 1640.<\/p>\n<h3>2 \u2013 Jansenismo \u00abde Lovaina\u00bb y jansenismo \u00bb de Saint Cyran\u00bb<\/h3>\n<p>Al contrario que Molina, el jansenismo ense\u00f1a la corrupci\u00f3n esencial de la naturaleza: irremediablemente marcado por la culpa de Ad\u00e1n, el hombre es arrastrado invenciblemente al mal y no puede salvarse m\u00e1s que por una gracia gratuita de Dios. Toda condici\u00f3n humana est\u00e1 necesariamente dominada o por la naturaleza corrompida o por la gracia todopoderosa: esta tesis, llamada de las dos delectaciones \u2013concupiscencia y amor- constituye la base de la doctrina janseniena. Antonio Singlin presenta en un impresionante resumen esta alternativa: \u00abToda la religi\u00f3n cristiana se basa en el estado y en la persona de dos hombres&#8230; Ad\u00e1n que es el principio del pecado, y Jesucristo que es el principio de la salvaci\u00f3n\u00bb, palabra que traer\u00e1 Pascal a uno de sus Pensamientos \u00abToda la fe, dice, consiste en Jesucristo y en Ad\u00e1n; y toda la moral en la concupiscencia y en la gracia\u00bb. A la visi\u00f3n optimista de un hombre libre, el jansenismo opone pues todo el poder divino. Sin embargo la gracia no deja a la criatura pasiva: exige la victoria del \u00abhombre nuevo\u00bb sobre el \u00abhombre viejo\u00bb, es decir una conversi\u00f3n total. El hero\u00edsmo de la perfecci\u00f3n se impone desde entonces, no ya como un simple consejo sino como un precepto imperativo.<\/p>\n<p>El jansenismo iba a conocer un \u00e9xito r\u00e1pido en gran parte de occidente. Su inserci\u00f3n en la sociedad francesa fue obra principalmente de un amigo de Jansenio, Jean Duvergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran[1] Este eclesi\u00e1stico se hallaba por entonces relacionado con las personalidades m\u00e1s representativas de la Reforma cat\u00f3lica: B\u00e9rulle, Richelieu, san Vicente de Pa\u00fal, la familia Arnauld&#8230;; fue la madre Ang\u00e9lica Arnauld quien lo introdujo en el convento de Port-Royal, reformado por su celo e hizo de \u00e9l\u00a0 el director espiritual de la comunidad. Port-Royal se convirti\u00f3 de esta manera y lo fue siempre el gran centro del jansenismo franc\u00e9s. De all\u00ed el movimiento se extendi\u00f3 a otros medios eclesi\u00e1sticos, luego a la alta sociedad parisina, m\u00e1s tarde a las ciudades de provincias. Mas por el juego mismo de esta expansi\u00f3n, el pensamiento de Jansenio se modific\u00f3, encontr\u00e1ndose en efecto con un tomismo tenido en gran estima en la ense\u00f1anza universitaria, mezcl\u00e1ndose con las ideas de B\u00e9rulle y sobre todo con los principios de la pastoral puestos en pr\u00e1ctica por la Reforma cat\u00f3lica francesa.<\/p>\n<p>El jansenismo se reviste pues de salida de dos formas diferentes: una forma doctrinal, la del Augustinus; una forma aplicada, la de Port-Royal. Esta dualidad refleja el contraste de dos hombres: Jansenio, profesor y puro intelectual, dial\u00e9ctico por temperamento, de natural inclinado a comprender y a exponer; Saint-Cyran, menos interesado en las ideas mismas que en su aplicaci\u00f3n, espont\u00e1neamente inclinado a la pastoral, las obras, la moral o reglas de vida. Traduce asimismo las aspiraciones propias de dos medios humanos: \u00abel de la universidad de Lovaina, dedicado a la estricta investigaci\u00f3n teol\u00f3gica; el de la Reforma cat\u00f3lica francesa, dedicada a la purificaci\u00f3n, al desprendimiento, al rigor de vida, a la voluntad de descubrir la existencia sin comprometimiento de los primeros cristianos. As\u00ed hab\u00edan nacido y crecido simult\u00e1neamente el jansenismo de Lovaina\u00a0 y el jansenismo de Saint-Cyran o port-royalismo, id\u00e9nticos en sus principios, diferentes en su realidad concreta, su estilo de acci\u00f3n, sus medios de penetraci\u00f3n.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, durante los siglos XVII y XVIII, iban a aparecer otras formas de jansenismo. Cuando la sospecha y luego la persecuci\u00f3n se abatieron sobre Port-Royal, Antonio Arnauld se esforz\u00f3 por resistir mediante h\u00e1biles compromisos: fue jansenismo \u00abarnaldiano\u00bb. Cuando los principios igualitarios del te\u00f3logo Edmond Richer penetraron el movimiento, se vioaparecer el jansenismo richerista, pr\u00f3ximo a la democracia clerical. Las alianzas con el parlamento dieron origen al jansenismo galicano[1]. Ser\u00eda pues falso imaginarse el jansenismo como una doctrina est\u00e1tica o monol\u00edtica: como todo pensamiento vivo, va unido a influencias diversas, a veces contradictorias. Existe en realidad no un jansenismo, sino unos jansenismos, injertados en un tronco com\u00fan \u2013la doctrina de san Agust\u00edn- pero adaptados a condiciones de vida cambiantes. Esta floraci\u00f3n ilustra la pertenencia de esta corriente espiritual a la vez a la historias de los sistemas teol\u00f3gicos y a la de las civilizaciones.<\/p>\n<h3>3 \u2013 La expansi\u00f3n del jansenismo<\/h3>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 se integr\u00f3 el jansenismo, sobrepasado el c\u00edrculo estrecho de los te\u00f3logos, tan \u00edntimamente y tan r\u00e1pidamente en la civilizaci\u00f3n cl\u00e1sica y luego en la de la Ilustraci\u00f3n? Elementos contingentes explican al menos parcialmente este proceso: el hecho por ejemplo de que el movimiento port-royalista haya tenido por apologistas y por gu\u00edas a personalidades eminentes por diversos t\u00edtulos, a Saint-Cyran, al gran Arnauld, a Pascal, a Nicole, a Pasquier Quesnel, a Felipe de Champeigne&#8230; Pero razones m\u00e1s fundamentales o m\u00e1s profundas dan cuenta de esta audiencia del jansenismo. En primer lugar su armon\u00eda con el clasicismo, entendi\u00e9ndose este t\u00e9rmino en su acepci\u00f3n m\u00e1s amplia, es decir en el sentido de un concepto del hombre y del mundo. Uno y otro van unidos al problema de la salvaci\u00f3n individual, se refieren a la introspecci\u00f3n, al an\u00e1lisis del coraz\u00f3n, de las pasiones y de los sentimientos. M\u00e1s todav\u00eda que del clasicismo, el jansenismo participa del movimiento general de la Reforma cat\u00f3lica de la que llega a ser pronto uno de los elementos motores. Este movimiento de renacimiento religioso se preocup\u00f3 en Francia menos de debates teol\u00f3gicos que de profundizaci\u00f3n espiritual, de purificaci\u00f3n moral, de obras caritativas. Estas preocupaciones las compart\u00eda plenamente el jansenismo: en este mismo esp\u00edritu public\u00f3 Antonio Arnauld en 1643 la Frecuente comuni\u00f3n y a partir de 1656 Pascal escribi\u00f3 las Provinciales para condenar, con la casu\u00edstica, la moral acomodaticia de los jesuitas.<\/p>\n<p>Pero el jansenismo se integra tambi\u00e9n en el movimiento general de la Reforma cat\u00f3lica en el plano de la pol\u00edtica. El siglo XVII es en efecto, para Francia y para Europa, la \u00e9poca de una elecci\u00f3n. La guerra, m\u00e1s tarde llamada de los \u00abTreinta A\u00f1os\u00bb acababa de abrirse, imponiendo a los Estados una temible alternativa: \u00bfiba a recobrar Europa su unidad espiritual rota en el siglo precedente? O \u00bfiba a consagrar el triunfo del cantonamiento nacional y confesional? Esta elecci\u00f3n iba a producir fisuras en la sociedad cl\u00e1sica hasta profundidades insospechadas. Teniendo las miras solamente en el inter\u00e9s de la naci\u00f3n, Richelieu hab\u00eda entrado en la guerra al lado de las potencias protestantes. Para el partido devoto y para los jansenistas, es decir para el ala activa de la Reforma cat\u00f3lica, esta alianza era un crimen contra la religi\u00f3n: la raz\u00f3n de estado aparec\u00eda en su mismo principio, como la imagen de la raz\u00f3n corrompida Esta actitud iba a llevar consigo en 1638, en lo m\u00e1s duro de la guerra, el arresto de Saint-Cyran: internado en el castillo de Vincennes, estuvo en \u00e9l cinco a\u00f1os, hasta la muerte del cardenal. El jansenismo adquiri\u00f3 as\u00ed, desde sus comienzos, una dimensi\u00f3n pol\u00edtica: fue y sigui\u00f3 si\u00e9ndolo, a lo largo de su historia, un partido de oposici\u00f3n. Por esa raz\u00f3n, en su resistencia a la opresi\u00f3n, se impuso pronto como encarnaci\u00f3n de los derechos de la conciencia alzados contra lo arbitrario del poder.<\/p>\n<h2>II \u2013 El jansenismo y la sociedad cl\u00e1sica<\/h2>\n<p>Estas implicaciones espirituales y temporales explican la audiencia del jansenismo en medios humanos muy diversos, eclesi\u00e1sticos y laicos.<\/p>\n<h3>1 \u2013 La penetraci\u00f3n en medios eclesi\u00e1sticos<\/h3>\n<p>Entre estos medios de acogida, el monasterio de Port-Royal-des-Champs ocupa un rango privilegiado. Esta gran abad\u00eda cisterciense hab\u00eda sido reformada por Jacqueline Arnauld \u2013la Madre Ang\u00e9lica- convertida en abadesa en 1602. Como la mayor parte de los monasterios del C\u00edster, Port-Royal estaba implantado en un fondo de valle; dos grandes estanques dominaban sus jardines, de manera que \u00e9stos eran invadidos, en el momento de las lluvias, por las aguas y las arenas descendidas de las colinas vecinas. Pesaba de esta forma sobre el conjunto de los edificios abaciales una humedad constante: esta situaci\u00f3n insalubre determin\u00f3, en 1625, a las superioras a trasladar durante algunos a\u00f1os la comunidad a Par\u00eds, al barrio Saint-Jacques. M\u00e1s tarde, hab\u00eda de destruirse gran parte del bosque y desecar los pantanos, pero no fue hasta 1648 cuando una fracci\u00f3n importante de las monjas se volvi\u00f3 a instalar en la vieja casa\u00a0 des Champs.<\/p>\n<p>La ocupaci\u00f3n esencial de las religiosas era, seg\u00fan la letra misma de la regla, la asistencia al oficio y la adoraci\u00f3n perpetua del Sant\u00edsimo Sacramento. Un horario severo marcaba el ritmo de la jornada: cada ma\u00f1ana, despu\u00e9s de maitines, prima y tercia, se celebraba la misa conventual; luego ven\u00eda el oficio de sexta que era seguido de la comida. Por la tarde se cantaba nona, v\u00edsperas y completas. Gran parte del tiempo se pasaba pues en la iglesia. Las horas restantes se ocupaban en la lectura, la meditaci\u00f3n y sobre todo en el trabajo manual expresamente recomendado por las constituciones: \u00abLas religiosas, podemos leer, se aficionar\u00e1n al trabajo por esp\u00edritu de penitencia, recordando que es el primer castigo del pecado, y por esp\u00edritu de pobreza para imitar a Nuestro Se\u00f1or que se rebaj\u00f3 hasta ejercer un oficio humilde&#8230; Har\u00e1n sus h\u00e1bitos, ropa, calzados, escapularios; as\u00ed como las ropas y ornamentos de la iglesia, las hostias y los cirios. Encuadernar\u00e1n\u00a0 libros, har\u00e1n las velas, las cristaleras, faroles, candeleros y otros trabajos en hojalata que se necesiten, y cosas parecidas en la casa. En cuanto a trabajos de bordar, de flores artificiales y cosas parecidas no har\u00e1n nada en absoluto. El tiempo de trabajar ser\u00e1 el comprendido en los intermedios del oficio, menos el tiempo destinado a la lectura\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo rigor presid\u00eda la frecuencia de los sacramentos y los ejercicios de piedad: habitualmente las religiosas comulgaban dos o tres veces por semana, frecuencia excepcional en esta \u00e9poca. Las austeridades o las maceraciones no eran buscadas por sistema, sin embargo se practicaba la abstinencia todo el a\u00f1o. Esta vida de recogimiento sigui\u00f3 inmutable hasta el momento en que las miserias de la Fronda, a\u00f1adidas a las de la guerra, vinieron a abatirse sobre la regi\u00f3n: a partir del a\u00f1o 1648, Port-Royal fue refugio para\u00a0 hombres, abrigo para\u00a0 animales y bienes de la tierra. Las monjas no dudaron entonces en sacrificar la mayor parte del tiempo de contemplaci\u00f3n y plegaria para dedicarse al socorro de los m\u00e1s desheredados: las privaciones y los ayunos, lote de cada d\u00eda, no fueron ya reglas de asc\u00e9tica solamente, sino que se convirtieron en medios de ayuda social.<\/p>\n<p>Como muchas abad\u00edas de esta \u00e9poca, Port-Royal conservaba en su entorno una \u00abfranja espiritual\u00bb. La compon\u00edan tres grupos: los solitarios, las escuelas primarias, los \u00abamigos y protectores\u00bb. No es f\u00e1cil definir el mundo de los solitarios: la expresi\u00f3n designa en efecto una actitud de alma m\u00e1s que una regla. Est\u00e1 constituido por una asociaci\u00f3n libre, es decir\u00a0 sin votos, de laicos y de eclesi\u00e1sticos deseosos de consagrarse totalmente a la profundizaci\u00f3n espiritual y al estudio. \u00abNo es, dice Le Ma\u00eetre, en una p\u00e1gina c\u00e9lebre, m\u00e1s que un lugar de retiro del todo voluntario y libre, al que no llega nadie que no le lleve el esp\u00edritu de Dios y en el que nadie se queda a quien el esp\u00edritu de Dios no lo retenga. Se trata de amigos que viven juntos seg\u00fan la libertad ordinaria y general, que el Rey permite a todos sus s\u00fabditos: pero amigos cristianos, a quienes la sangre de Jesucristo, derramada por todos los hombres, y la gracia de esta sangre derramada en su coraz\u00f3n por el Esp\u00edritu Santo, ha reunido en com\u00fan con una uni\u00f3n m\u00e1s estrecha, m\u00e1s firme y m\u00e1s pura de lo que puedan ser las amistades seculares m\u00e1s fuertes y m\u00e1s \u00edntimas\u00bb.<\/p>\n<p>La comunidad de los solitarios reun\u00eda pues en un esp\u00edritu de amistad estrictamente igualitario a hombres tan diversos como Antonio Le Ma\u00eetre y a sus dos hermanos\u00a0 los Srs. de S\u00e9ricourt y de Saci, Claudio Lancelot, Roberto Arnauld d&#8217;Andilly, Nicol\u00e1s Fontaine, Antonio Singlin&#8230; Los cl\u00e9rigos formaban parte en ella con los laicos y artesanos casi analfabetos, como Carlos Delacroix, sobrino de uno de los guardas de Saint-Cyran, se codeaban tambi\u00e9n aut\u00e9nticos sabios como Le Ma\u00eetre de Saci. Los solitarios \u2013especie de \u00abanacoretas del desierto\u00bb- llevaban una vida de contemplaci\u00f3n y de oraci\u00f3n, pero conced\u00edan tambi\u00e9n una gran parte a los trabajos manuales.<\/p>\n<p>Al lado de los solitarios, las \u00abescuelitas\u00bb constituyen una creaci\u00f3n original de Port-Royal. Saint-Cyran tuvo de muy temprano la voluntad de ocuparse de los ni\u00f1os; pero semejante proyecto no se inspira en ning\u00fan impulso afectivo, se funda en una visi\u00f3n teol\u00f3gica: su prop\u00f3sito es poner a las j\u00f3venes almas al abrigo de los efectos de la concupiscencia. La idea de estas escuelas deriva as\u00ed del dogma fundamental, esencial a los ojos de los jansenistas, el de la ca\u00edda. El ni\u00f1o presenta en efecto la imagen acabada de la criatura ca\u00edda: con el bautismo se entabla en la joven alma un combate sin compasi\u00f3n entre la gracia y la naturaleza. La escuela es una adjuvante de la primera. Fortifica al esp\u00edritu del bautismo con vistas a hacer pasar al ni\u00f1o del estado de gracia difusa al de gracia razonable. Tales son la grandeza y la \u00abterrible responsabilidad\u00bb de la educaci\u00f3n: ella lleva consigo las cualidades del sabio y las del santo; exige una vigilancia de cada instante.\u00a0 De estas premisas se desprenden consecuencias pr\u00e1cticas. Las escuelas ser\u00e1n dispersadas a soledades campesinas: las Granjas, el Chesney, los Troux. Los maestros ser\u00e1n personalidades eminentes por su ciencia y su virtud: as\u00ed lo fueron de hecho hombres tales como Nicole o Lancelot y, m\u00e1s epis\u00f3dicamente, Le Ma\u00eetre, Arnauld, Hanon. El efectivo escolar encomendado a cada uno de ellos era extremadamente reducido, de cinco o seis alumnos. Pero a \u00e9stos nunca se los perd\u00eda de vista, ni en los momentos de estudio, ni en sus conversaciones o sus juegos, ni siquiera durante el sue\u00f1o[1]. Las escuelitas tuvieron una existencia muy breve: apenas duraron m\u00e1s de quince a\u00f1os y nunca llegaron a tener m\u00e1s de cincuenta alumnas. Sin embargo su fama sigue siendo a la vez universal e imperecedera: se lo deben a innovaciones pedag\u00f3gicas como el desarrollo de los estudios \u00abmodernos\u00bb \u2013franc\u00e9s, historia, geograf\u00eda, ciencias positivas- pero sobre todo a las finalidades espirituales subyacentes al instituci\u00f3n entera.<\/p>\n<p>Viv\u00eda tambi\u00e9n, a la sombra de Port-Royal, un grupo m\u00e1s cambiante de amigos y protectores. Pertenec\u00edan unos a la aristocracia, como el duque de Luynes, otros a la clase alta de los togados como Pascal, o al mundo de las letras como Racine o Boileau. Un lugar particular est\u00e1 reservado a las que fueron calificadas de \u00abbuenas amigas de Port-Royal\u00bb: la princesa de Guem\u00e9n\u00e9, dirigida de Saint-Cyran; Louis-Marie de Gonzague que en 1645, por su matrimonio con Ladislao IV, lleg\u00f3 a reina de Polonia; la marquesa de Sabl\u00e9; la duquesa de Longueville, hermana del gran Cond\u00e9. Muchas de ellas estaban instaladas en peque\u00f1os apartamentos, hoteles o pabellones situados a las puertas mismas del monasterio.<\/p>\n<p>Otras comunidades mon\u00e1sticas, masculinas o femeninas, fueron influenciadas, pero con menos \u00e9xito por el jansenismo. En algunos casos se trata de casas cistercienses como Hautefontaine, en la di\u00f3cesis de Ch\u00e2lons-sur-Marne, que fue un enlace ideol\u00f3gico entre Holanda, Port-Royal y la Lorena. Pero la mayor parte pertenece a congregaciones benedictinas de Saint-Vanne y de Saint-Maur, ya que la orden de san Benito conoci\u00f3 un florecimiento brillante a la vez de la teolog\u00eda positiva y del agustinianismo. A t\u00edtulo de ejemplo, conviene citar entre ellas: en Par\u00eds, Saint-Germain-des-Pr\u00e9s y los Blancs-Manteaux (de los Servitas); en provincias, Saint-Remy,Saint-Nicaise y sobre todo Hautvillers en la di\u00f3cesis de Reims, Saint-Mihiel y Beaulieue-en Argonne en las tierras de Verdun, por fin Saint-Pierre de Ch\u00e2lons y Saint-Florent de Saumur.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de Port-Royal impregn\u00f3 tambi\u00e9n al clero secular. Lo alcanz\u00f3 con mayor frecuencia por intermedio de los obispos y de los seminarios. Tambi\u00e9n aqu\u00ed, ofrecen las di\u00f3cesis de Reims y Verdun ilustraciones significativas. La primera fue dirigida de 1671 a 1710 por Charles- Maurice Le Tellier, hermano de Louvois: \u00e9l fue quien confi\u00f3 la direcci\u00f3n del seminario Saint-Jacques y por ello la formaci\u00f3n de los cl\u00e9rigos a un te\u00f3logo jansenista, Nicolas Le Gros, esp\u00edritu brillante y profundo, quien deb\u00eda, despu\u00e9s de la muerte del prelado, su protector, retirarse a Holanda y terminar su vida junto a la Iglesia de Utrecht. Las opciones de Le Gros explican las de la mayor parte de los p\u00e1rrocos de Campa\u00f1a y de las Ardenas. Un proceso parecido se observa en Verdun y en Ch\u00e2lons donde el seminario fue confiado por los obispos Hip\u00f3lito de B\u00e9thune y Gast\u00f3n de Noailles al te\u00f3logo Louis Habert, quien a su vez form\u00f3 a los cl\u00e9rigos en el esp\u00edritu de Port-Royal. Es dif\u00edcil en el estado actual de las pesquisas dibujar una geograf\u00eda exacta del jansenismo clerical. Todo lo m\u00e1s se pueden citar entre las regiones m\u00e1s influidas: Par\u00eds y sus alrededores, La Campa\u00f1a, el Beauvesado, La Baja-Borgo\u00f1a, Lla Lorena occidental; en el Oeste, las di\u00f3cesis de Nantes y de Rennes, y en el Mediod\u00eda, las de Alet, de Pamiers, de Mirepoix.\u00bfExisti\u00f3 un \u00abestilo\u00bb o una pastoral jansenista en el gobierno de las parroquias? Aqu\u00ed tampoco se podr\u00e1 formular una respuesta absoluta; algunos rasgos espec\u00edficos pueden con todo revelarnos su existencia: un nivel intelectual elevado entre los cl\u00e9rigos, una gesti\u00f3n temporal rigurosamente llevada, un lujo estrictamente subordinado a los recursos, una austeridad muy se\u00f1alada en el terreno moral y sacramental advirti\u00e9ndose en particular en las comuniones raras, las absoluciones diferidas o las penitencias p\u00fablicas. A veces, ciertos p\u00e1rrocos, como Du Hamel en Saint-M\u00e9rry o Feydeau en Vitry-le-Fran\u00e7ois, modifican radicalmente la direcci\u00f3n y disposici\u00f3n de las obras en el sentido de una mayor igualdad social tratando de asociar con ellas a todas las clases de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>2 \u2013 Jansenismo y burgues\u00eda<\/h3>\n<p>El jansenismo penetra en la sociedad laica. Lo m\u00e1s com\u00fan por la ense\u00f1anza de los p\u00e1rrocos y por los catecismos: cuando los cl\u00e9rigos hab\u00edan recibido\u00a0 en los seminarios, durante bastante tiempo, una ense\u00f1anza jansenista, se la transmit\u00edan a sus fieles en la predicaci\u00f3n, en la pastoral sacramental \u2013particularmente en el tribunal de la penitencia- y en el catecismo. Una acci\u00f3n parecida fue llevada a cabo en Verdun y en Ch\u00e2lons por Louis Habert que fue a la vez arcediano, superior del seminario, redactor del catecismo y autor de un manual de confesor titulado la Pr\u00e1ctica de la penitencia pero a la que su austeridad hac\u00eda que se la calificase com\u00fanmente de \u00abPr\u00e1ctica impracticable\u00bb. Aquello era un jansenismo difuso expresado sobre todo por actitudes morales, escr\u00fapulos de conciencia, a veces por un respeto temeroso hacia los sacramentos, pero impropio de toda sistematizaci\u00f3n teol\u00f3gica o eclesiol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Si bien el jansenismo no fue extra\u00f1o en ning\u00fan medio, conoci\u00f3 sin embargo una audiencia particularmente amplia y profunda en la parte elevada del tercer-estado, es decir la alta burgues\u00eda de los negocios y sobre todo en la de los togados: en verdad que en un principio fue un hecho urbano, sin pasar a influir fuertemente el mundo rural hasta el siglo XVIII. Ya Saint-Beuve, en su Port-Royal, hab\u00eda notado este \u00abensayo anticipado de una especie de tercer-estado superior, que se gobernaba a s\u00ed mismo en la Iglesia\u00bb y hab\u00eda recordado los estrechos lazos entre el jansenismo y \u00abla clase media alta, la clase parlamentaria, la que bajo la Liga era m\u00e1s o menos del partido de los pol\u00edticos\u00bb. El hecho es que el jansenismo encontr\u00f3 r\u00e1pidamente un terreno abonado en las familias parisinas de togados de alto rango, los Daguesseau, los Mol\u00e9, los Berni\u00e8res, los Bignon y sobre todo los Arnauld&#8230; Una difusi\u00f3n parecida se observa en provincias: los estudios regionales \u2013raros todav\u00eda- revelan su penetraci\u00f3n en los medios de la alta judicatura, los de las cortes soberanas, de las c\u00e1maras de cuentas o de la justicia ordinaria. M\u00e1s tarde, despu\u00e9s de la paz de la Iglesia de 1669, el jansenismo conquista la clase baja y media de los togados: el mundo de los magistrados, de los abogados, de los procuradores o de los jueces que formar\u00e1n al final del siglo XVII y en el XVIII los cuadros del movimiento. Los escasos islotes conocidos hoy \u2013Par\u00eds, Beauvais, Amiens, las peque\u00f1as ciudades de las orillas\u00a0 como Saint-Menehould o Vitry-le-Fran\u00e7ois, las ciudades de Lorena- ofrecen a este respecto ejemplos significativos. Esta penetraci\u00f3n en la clase oficial se explica por las afinidades profundas del jansenismo con la burgues\u00eda. El burgu\u00e9s naci\u00f3 efectivamente al margen de los cuadros feudales o mon\u00e1rquicos. En una sociedad de jerarqu\u00edas rigurosas, es el individuo libre, independiente en su estatuto jur\u00eddico y sus actividades econ\u00f3micas, m\u00e1s tambi\u00e9n en sus opciones espirituales: en el aparato de una religi\u00f3n muy exteriorizada, tiende a sustituir el universo cerrado de la conciencia. El jansenista conoce un proceso parecido a la individualizaci\u00f3n; all\u00ed se sit\u00faa su terreno de encuentro con el burgu\u00e9s: uno y otro prescinden de sus intermediarios en sus devociones, tienden a nivelar jerarqu\u00edas, usan con medida de los sacramentos, colocan por delante la vida interior y la reforma moral, dirigen sus reflexiones al problema de la salvaci\u00f3n individual. En una palabra, los dos personalizan la religi\u00f3n a la vez en su principio de vida y en los comportamientos de la existencia cotidiana.<\/p>\n<h3>3 \u2013 Las tesis sociol\u00f3gicas. Los jansenistas y el mundo<\/h3>\n<p>Estudios recientes han llegado mucho antes de este an\u00e1lisis y, fund\u00e1ndose en el m\u00e9todo dial\u00e9ctico, han presentado al jansenismo como la trasposici\u00f3n de una crisis econ\u00f3mico-social que afectaba a la clase togada. Esta crisis ser\u00eda el resultado de la constituci\u00f3n por la monarqu\u00eda absoluta de una \u00abburocracia de comisarios\u00bb, agentes directos de la omnipotencia del pr\u00edncipe. Esta etapa decisiva en la centralizaci\u00f3n deb\u00eda conducir a sacrificar los intereses de los poseedores de oficios, nobles o burgueses. Tambi\u00e9n, por un deslizamiento lento, las cortes soberanas y con ellas la clase de toga al completo pasa a la oposici\u00f3n. En la gran masa de los oficiales, este descontento no va m\u00e1s all\u00e1 del vago malestar, apenas cristalizado, pero en algunos, m\u00e1s conscientes, se exterioriza bajo dos formas: un sistema religioso, el jansenismo; una revuelta por las armas, la Fronda. Diferentes en sus manifestaciones, las dos reacciones son id\u00e9nticas en su inspiraci\u00f3n. En el primer caso se trata adem\u00e1s menos de un antagonismo declarado que de una retirada con respecto a la pol\u00edtica y al \u00abmundo\u00bb.<\/p>\n<p>Semejante actitud era inaceptable para el poder, en el momento en que los imperativos interiores y exteriores requer\u00edan la entera disponibilidad de la elite del reino: Richelieu, Mazrin, Luis XIV lo tuvieron en cuenta y no dudaron en golpear a los rebeldes.<\/p>\n<p>Seductora por su voluntad de explicaci\u00f3n total, esta tesis llega sin embargo a encontrase con varias objeciones[1]. Un estado de hecho en primer lugar: \u00bfes posible reducir a la sola clase de togados la extensi\u00f3n del jansenismo? Bastantes m\u00e1s medios estuvieron tocados: existe un jansenismo mon\u00e1stico, un jansenismo presbiteral y hasta un jansenismo popular. Pero es ante todo el nacimiento de una crisis en la clase oficial el que aparece\u00a0 m\u00e1s contestado. Nobles o burgueses, los oficiales, gozan de honor un\u00e1nimemente y ocupan en la sociedad muy jerarquizada de la \u00e9poca cl\u00e1sica un lugar envidiado. El mundo de la toga no conoci\u00f3 por entonces ni depresi\u00f3n econ\u00f3mica ni retroceso social. Es el momento de las colocaciones ventajosas entre los \u00ablabradores\u00bb,\u00a0 hasta los se\u00f1ores. La renta constituida, la tierra y m\u00e1s a\u00fan el \u00abcargo\u00bb son los elementos habituales de esta fortuna. El medio del siglo XVII es para los oficiales el tiempo de las esperanzas y de los proyectos ambiciosos expuestos con complacencia en las teor\u00edas de la Fronda. \u00bfC\u00f3mo reducir a partir de entonces el jansenismo a un conflicto entre dos fracciones de la burgues\u00eda? La verdadera oposici\u00f3n de la clase togada al poder aparecer\u00e1 mucho m\u00e1s tarde, en los parlamentos del siglo XVIII; all\u00ed es donde el jansenismo adquirir\u00e1 una tonalidad pol\u00edtica, pero no bajo la forma de un rechazo del mundo. A todas estas dificultades de hecho se a\u00f1ade una objeci\u00f3n de principio: \u00bfc\u00f3mo justificar la identidad de una lucha de clases y de una doctrina de la salvaci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00eda acaparado el jansenismo en su provecho el \u00abmito del malestar\u00bb? Las trasposiciones de lo social a lo religioso no son ni desconocidas ni siquiera muy raras, pero el odio o la decepci\u00f3n suelen dar por resultado el libertinaje, no la sobreabundancia teol\u00f3gica. \u00c9sta implicar\u00eda por otro lado la existencia en la burgues\u00eda de toga de una conciencia de clase que no aparecer\u00e1 hasta mediados del siglo XVIII.<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n puramente sociol\u00f3gica sigue siendo pues una hip\u00f3tesis a la vez ambiciosa y fr\u00e1gil. Abre sin embargo perspectivas nuevas pues permite calibrar mejor el jansenismo en sus relaciones con el mundo, es decir como un hecho de civilizaci\u00f3n. Reducidos a la oposici\u00f3n, entregados a menudo a la persecuci\u00f3n, los jansenistas estuvieron en lucha, bien a su pesar a veces, con la autoridad temporal: tuvieron que aceptar los valores seculares, solicitar ayudas, concluir alianzas, pronunciarse sobre las orientaciones pol\u00edticas, en suma precisar sus actitudes ante la sociedad y el poder. En este dominio sus comportamientos fueron diversos y, seg\u00fan las formas de \u00absociabilidad\u00bb que adopten, lleg\u00f3 a ser cl\u00e1sico distinguir tres opciones esenciales con respecto al orden temporal: la del rechazo total del mundo, o extremista extramundana, calificada a veces de \u00abbarcosiana\u00bb por ser la de Martin de Barcos y que se encuentra de igual manera en Antoine Singlin, en la Madre Ang\u00e9lica y tal vez en Pascal en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida; el extremismo intramundano \u2013es decir la voluntad de admitir el mundo y en \u00e9l entablar una lucha sin concesiones- adoptado por el abate de Hautefontaine Guillaume Le Roy, por el obispo de Alet, Nicolas Pavillon, por Jacqueline Pascal y sin duda por Racine; por fin el centrismo o \u00abarnaldismo\u00bb, pues Arnauld y sus amigos \u2013Nicole, Duguet, Quesnel&#8230;- no excluyen la idea de una \u00abpol\u00edtica cristiana\u00bb y admiten en consecuencia compromisos con el poder. Semejantes clasificaciones permiten, a pesar de la parte arbitraria, sobrepasar la visi\u00f3n puramente est\u00e1tica del jansenismo y entender mejor, seg\u00fan las \u00e9pocas, la naturaleza de sus relaciones con la pol\u00edtica.<\/p>\n<h2>III \u2013 El enfrentamiento a los poderes<\/h2>\n<p>Desde el punto de vista de sus relaciones con la autoridad pol\u00edtica o eclesi\u00e1stica, se han de distinguir tres fases en la historia del jansenismo franc\u00e9s antes de los grandes conflictos del siglo XVIII.<\/p>\n<h3>1 \u2013 Las primeras condenaciones y la resistencia (1638-1669)<\/h3>\n<p>Muy temprano el jansenismo apareci\u00f3 como un movimiento sospechoso, y hasta como un partido de oposici\u00f3n. En primer lugar por razones pol\u00edticas. Saint-Cyran y sus disc\u00edpulos afirmaron su hostilidad\u00a0 Richelieu en dos puntos esenciales: la Europa nacional y laica preconizada por el cardenal y la raz\u00f3n de Estado exaltada como un absoluto. Estas opciones provocaron contra Port-Royal sanciones cuyo origen profano comprendieron claramente los contempor\u00e1neos. De lo pol\u00edtico se pas\u00f3 a lo religioso: la publicaci\u00f3n del Augustinus en efecto hab\u00eda tenido como resultado desencadenar una viva reacci\u00f3n; los jesuitas multiplicaron los libelos acusando al obispo de Ypres de renovar, por su negaci\u00f3n del libre albedr\u00edo, los errores de Calvino. La acci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda vino as\u00ed a prolongar la de la pol\u00edtica francesa; la conjunci\u00f3n de estas dos fuerzas deb\u00eda arrancar a Roma varias condenaciones: en primer lugar la bula In eminenti (1643), luego una sentencia m\u00e1s radical, la bula Cum occasione (1653) que declaraba her\u00e9ticas o falsas cinco proposiciones que resum\u00edan el pensamiento de Jansenio sobre la corrupci\u00f3n de la naturaleza humana, la eficacia de la gracia y el libre albedr\u00edo. \u00bfPor qu\u00e9 este rigor en la represi\u00f3n? Varias razones lo explican: desde la publicaci\u00f3n del Augustinus, el jansenismo hab\u00eda hecho grandes progresos especialmente en los monasterios y en la clase togada. Adem\u00e1s, la Fronda hab\u00eda creado en el reino un clima nuevo: \u00bfexist\u00eda un parentesco entre el levantamiento revolucionario y el movimiento de Port-Royal? Mazarino tuvo siempre la convicci\u00f3n \u00edntima: uno y otro, pensaba, se inspiraban en una voluntad id\u00e9ntica de defender las \u00ablibertades\u00bb contra la omnipotencia del Estado. Por eso no quer\u00eda abandonar en nada la pol\u00edtica represiva de Richelieu, de ah\u00ed sus intervenciones en Roma para obtener una bula de condenaci\u00f3n. La Santa Sede por su parte no dejaba pasar ocasi\u00f3n de imponer a la Iglesia de Francia \u2013tradicionalmente celosa de sus privilegios- una decisi\u00f3n que, impl\u00edcitamente, tend\u00eda a afirmar la infalibilidad pontificia. Es el principio de un movimiento infalibilista que se afirmar\u00e1 con la bula Unigenitus (1713) y se proseguir\u00e1 en los siglos XVIII y XIX.<\/p>\n<p>En esta fecha \u20131653- el jansenismo parec\u00eda perdido y sus fieles conocieron un momento de confusi\u00f3n. Se salv\u00f3 de dos maneras. Primero por una t\u00e1ctica que inaugur\u00f3 Antonio Arnauld: los disc\u00edpulos de Port-Royal evitaron contestar el buen fundamento de las sentencias pontificias, pero sostuvieron que las cinco proposiciones, condenables en s\u00ed mismas, no se encontraban en el Augustinus. Es la famosa distinci\u00f3n de derecho y de hecho, seg\u00fan la cual la Iglesia, infalible en las cuestiones doctrinales, puede equivocarse sobre un hecho no revelado tal como la presencia o la ausencia de las proposiciones en Jansenio. Esta distinci\u00f3n iba a permitir durante a\u00f1os hacer frente al rey y al papa: no se trata en efecto, como se ha supuesto a menudo, de una simple maniobra ocasional, sino de la afirmaci\u00f3n de los derechos de la conciencia frente a la autoridad establecida. La argumentaci\u00f3n de Arnauld iba tambi\u00e9n a encontrar un precioso apoyo en la intervenci\u00f3n de un joven mundano, recientemente convertido y conocido por sus trabajos cient\u00edficos, Blaise Pascal. Al publicar, a partir de 1656, las Provinciales, tuvo el arte de hacer pasar el debate del plano de la teolog\u00eda al de los comportamientos \u00e9ticos: se revel\u00f3 como periodista de genio y polemista temible convirtiendo en irrisoria la moral relajada de los jesuitas. Vencido por la autoridad mon\u00e1rquica y pontificia, el jansenismo triunfaba ante la opini\u00f3n: sal\u00eda del c\u00edrculo estrecho de los te\u00f3logos y entraba como elemento determinante en todos los grandes conflictos ideol\u00f3gicos; de doctrina pasaba a convertirse en movimiento. El poder intent\u00f3 una nueva maniobra. En 1657, la asamblea del clero prescribi\u00f3 la firma de un formulario inspirado por el papa Alejandro VII y desautoriz\u00f3 las tesis del Augustinus; esta obligaci\u00f3n se reiter\u00f3 en 1661 y se confirm\u00f3 por el decreto real del 13 de abril del mismo a\u00f1o. Hubo que enfrentarse entonces a un rechazo sistem\u00e1tico de los jansenistas: el arzobispo de Par\u00eds, Hardouin de P\u00e9r\u00e9fixe, vino en persona en dos ocasiones, el 21 y 26 de agosto de 1664, a tratar de doblegar a la comunidad de Port-Royal. Todo en vano: las religiosas deb\u00edan permanecer, durante m\u00e1s de cuatro a\u00f1os \u2013hasta febrero de 1669- prisioneras en la abad\u00eda y privadas de sacramentos.<\/p>\n<p>La obstinaci\u00f3n de las monjas tuvo una resonancia considerable: la opini\u00f3n se conmovi\u00f3, muchos obispos intervinieron. Roma temi\u00f3 un cisma; por su parte, Luis XIV se ocupaba en las grandes empresas militares y se aprestaba a la guerra en breve plazo con Holanda. De una parte y de otra se deseaba tratar: el papa Clemente IX, de temperamento m\u00e1s acomodaticio que su predecesor, reconoci\u00f3 la distinci\u00f3n de derecho y de hecho: lo que fue la \u00abpaz clementina\u00bb o paz de la Iglesia (1669).<\/p>\n<h3>2 \u2013 La paz clementina (1669-1700)<\/h3>\n<p>Lo que se llama paz clementina \u2013por el nombre del papa que fue su art\u00edfice- es una tregua de unos treinta a\u00f1os, tregua brillante y fecunda durante la cual Port-Royal se erigi\u00f3 en el lugar de reuni\u00f3n de la alta sociedad parisiense, y hasta provinciana. Tambi\u00e9n es el tiempo de un gran florecimiento literario: la apolog\u00eda de Pascal se edita en 1670 bajo el t\u00edtulo de Pens\u00e9es; en 1671 aparecer\u00e1n los Essais de Nicole y las Instructions chr\u00e9tiennes, extractos de las cartas de Saint-Cyran. En el mismo momento el oratoriano Pasquier Quesnel publica, bajo el t\u00edtulo de Nouveau testament en fran\u00e7ais avec des r\u00e9flexions morales sur chaque verset, una obra destinada a desempe\u00f1ar en la evoluci\u00f3n futura del jansenismo un papel capital. Sin embargo las tesis del autor no son estrictamente id\u00e9nticas a las del primer Port-Royal: en el augustinismo, mezcla ideas tomistas, m\u00e1s favorables a la autonom\u00eda de acci\u00f3n de la criatura, elementos tos tomados de la espiritualidad de B\u00e9rulle, pero sobre todo principios richeristas. En un libro publicado en 1611, el Trait\u00e9 du pouvoir eccl\u00e9siastique et politique, el te\u00f3logo Edmond Richer ense\u00f1a que el dep\u00f3sito de la fe y el gobierno de la Iglesia pertenecen, no s\u00f3lo al papa y a los obispos, sino a los simples sacerdotes y tambi\u00e9n a la masa de los laicos: una verdad no tiene pues valor m\u00e1s que cuando es adoptada por la comunidad de los fieles. Tales ideas \u00abdemocr\u00e1ticas\u00bb gozaron siempre de una resonancia en la Iglesia, pero conocieron una audiencia particularmente\u00a0 extensa en el jansenismo a finales del siglo XVII, por raz\u00f3n de la extensi\u00f3n creciente del movimiento a la peque\u00f1a burgues\u00eda de toga y al bajo clero.<\/p>\n<p>Esta agitaci\u00f3n, este brillante florecimiento literario, estos \u00e9xitos mundanos desagradaban profundamente a Luis XIV. \u00abAl rey no le gusta cuanto produce ruido\u00bb, notaba el arzobispo de Par\u00eds Harlay de Champvallon: cre\u00eda en la existencia de una \u00abc\u00e1bala\u00bb, de una \u00abconjura\u00bb, de una \u00abrep\u00fablica de Port-Royal\u00bb que juzgaba peligrosa y cuya p\u00e9rdida \u00e9l buscaba. Saint-Simon ha analizado en una p\u00e1gina c\u00e9lebre las razones del celo ortodoxo, a la vez religioso y pol\u00edtico, de Luis XIV \u00absupremamente lleno, afirma \u00e9l, de su autoridad, y que se hab\u00eda dejado persuadir de que los jesuitas eran sus enemigos, que quer\u00eda salvarse, y que, no conociendo la religi\u00f3n, se hab\u00eda gloriado toda su vida de hacer penitencia sobre las espaldas de los dem\u00e1s, y le tranquilizaba hacerla sobre las de los hugonotes y de los jansenistas, a quienes cre\u00eda poco diferentes y casi igualmente herejes[1]. Por su individualismo cerrado, el jansenismo aparec\u00eda como un peligro para la autoridad del Estado tal y como la conceb\u00eda el gran rey: a la obediencia sin condiciones, opon\u00eda la autonom\u00eda de la conciencia, que por eso mismo atentaba contra la raz\u00f3n de Estado,\u00a0 contra la centralizaci\u00f3n y absolutismo mon\u00e1rquico. Luis XIV hab\u00eda heredado de Mazarino y de la dolorosa experiencia de la Fronda un antijansenismo que no dej\u00f3 de crecer a medida que se avanzaba en el reinado, pero que se afirm\u00f3 sobre todo cuando el rey, abandonando los principios de equilibrio de la \u00abPreponderancia francesa\u00bb, se enfrasc\u00f3, en el interior como en el exterior, en una pol\u00edtica de imperialismo confesional: las intervenciones en Inglaterra a favor de los Estuardos, la revocaci\u00f3n del edicto de Nantes (1685) y la actitud de sospecha creciente respecto a Port-Royal proceden de los mismos imperativos ideol\u00f3gicos. Cuando m\u00e1s tarde se asegur\u00f3 de que los jansenistas eran \u00abrepublicanos\u00bb, es decir disidentes, decidi\u00f3 su ruina.<\/p>\n<h3>3 \u2013 El fin de Port-Royal. La bula Unigenitus (1700-1713)<\/h3>\n<p>La represi\u00f3n adopt\u00f3 en un principio formas sordas, disgregando del interior la paz de la Iglesia. En 1679, los confesores, los pensionistas y las novicias fueron expulsados de Port-Royal y se prohibi\u00f3 recibir a otros: era sentenciar al monasterio a la extinci\u00f3n. El mismo a\u00f1o, Arnauld se retiraba a los Pa\u00edses Bajos donde morir\u00e1 en 1694. All\u00ed lo acompa\u00f1\u00f3 en 1684 Quesnel luego otros amigos suyos. Estas salidas eran signos: cada vez m\u00e1s el jansenismo iba a ser dirigido desde el extranjero, primero desde los Pa\u00edses Bajos y despu\u00e9s desde las Provincias Unidas. El asentamiento de estos exiliados al otro lado de las fronteras deb\u00eda tener graves consecuencias: sobre el jansenismo holand\u00e9s en primer lugar que evolucion\u00f3 hacia el cisma de Utrecht (1723), pero tambi\u00e9n sobre el jansenismo franc\u00e9s el cual, tributario de sus fieles de la \u00abdi\u00e1spora\u00bb, dio un giro a menudo \u00e1spero y dram\u00e1tico.<\/p>\n<p>Poco iba a ser necesario en adelante para que la persecuci\u00f3n\u00a0 comenzara. El pretexto para ello fue en 1701 el asunto llamado \u00abdel caso de conciencia\u00bb. El p\u00e1rroco de Notre-Dame-du-Port en Clermont someti\u00f3 a un grupo de doctores de la Sorbona el caso siguiente: \u00bf\u00bbSe puede absolver a un penitente que declare condenar las cinco proposiciones en el sentido en que la Iglesia las ha condenado, pero que en lo que respecta a su atribuci\u00f3n a Jansenio, cree suficiente una sumisi\u00f3n de respeto y de silencio?\u00bb Los doctores resolvieron la cuesti\u00f3n por la afirmativa; su respuesta se public\u00f3 y suscit\u00f3 una nueva campa\u00f1a de opini\u00f3n. Luis XIV pidi\u00f3 entonces al papa una condena del silencio respetuoso: tal fue el objeto de la bula Vineam Domini promulgada por Clemente XI en 1705; la sentencia, para los jansenistas, fue algo as\u00ed\u00a0 como la pareja de la revocaci\u00f3n del edicto de Nantes. Marcaba el fin de la paz de la Iglesia: se volvi\u00f3 a vivir el clima de lucha de los a\u00f1os 1664-1665, pero con una mayor agresividad. Luis XIV decidi\u00f3 actuar por la fuerza: encarcel\u00f3 a los principales jefes jansenistas, extra\u00f1\u00f3 a otros por \u00f3rdenes firmadas. En octubre de 1709, las religiosas de Port-Royal-des-Champs, que se hab\u00edan negado a firmar la bula Vineam Domini, eran disueltas por la polic\u00eda. Menos de dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, al convertirse el monasterio\u00a0 en lugar de peregrinaci\u00f3n, se tom\u00f3 la resoluci\u00f3n de destruirlo. Los cuerpos de las religiosas inhumados en el claustro durante siglos fueron exhumados, dispersados cerca de los santuarios de las cercan\u00edas o arrojados sin orden en una fosa com\u00fan del cementerio San Lamberto. La iglesia y las edificaciones abaciales fueron arrasadas, \u00abde manera, dice Saint-Simon, que al final no qued\u00f3 all\u00ed piedra sobre piedra\u00bb.<\/p>\n<p>Luis XIV no se detuvo all\u00ed: en su deseo de unidad confesional y rompiendo con toda la tradici\u00f3n galicana, lleg\u00f3 hasta pedir al papa una bula condenando globalmente al jansenismo tal como se expresaba en la obra del cabeza del partido, Pasquier Quesnel. \u00c9l se mostraba en\u00e9rgico en\u00a0 hacerla aplicar en su reino. Su insistencia fue tal que Clemente XI accedi\u00f3 al deseo del rey y declar\u00f3 su sentencia por la c\u00e9lebre bula Unigenitus[1] del 8 de setiembre de 1713, cuyas consecuencias fueron tanto m\u00e1s graves cuanto a trav\u00e9s del libro de Quesnel eran los propios fundamentos de la religi\u00f3n los que estaban comprometidos. Los contempor\u00e1neos tuvieron conciencia del significado profundo del documento pontificio. \u00abL bula Unigenitus, dec\u00eda el obispo de Montpellier Colbert de Croissy, es el mayor acontecimiento que haya habido en la Iglesia desde Jesucristo\u00bb. Recientemente, el historiador Bernard Groethuysen, expres\u00e1ndose casi en los mismos t\u00e9rminos, ve\u00eda en ella \u00abuno de los mayores sucesos que hayan ocurrido en la Iglesia\u00bb. Esta importancia de la bula le viene de dos caracteres. Al condenar las tesis agustinianas sobre la gracia, exalta el molinismo, mitiga al \u00abtr\u00e1gico\u00bb cristiano en beneficio de la moral del hombre honrado; constituye por este t\u00edtulo una victoria del esp\u00edritu liberal. Por otra parte, afirma, al menos indirectamente, no s\u00f3lo la preeminencia de Roma sobre la Iglesia de Francia, sino el derecho de control de la Santa Sede sobre los pr\u00edncipes, reeditando as\u00ed las c\u00e9lebres tesis medievales sobre la teocracia pontificia. Con la bula, se enfrentaban pues dos concepciones de la Iglesia: la Iglesia nacional estrechamente ligada al poder pol\u00edtico; el universalismo pontificio que dominaba a la vez a los episcopados nacionales y a los Estados. Por ello la bula Unigenitus, hecha en principio para poner fin al jansenismo, iba por el contrario a darle un nuevo impulso asociando \u00edntimamente su causa al galicanismo: esta alianza va a dominar su historia en el siglo XVIII.<\/p>\n<p>El jansenismo aparece, no como un sistema monol\u00edtico, sino como un fermento vital del mundo de su tiempo: no es exterior o sobrea\u00f1adido a la civilizaci\u00f3n cl\u00e1sica, es por el contrario un componente fundamental de ella. Pero adem\u00e1s sobrepasa los elementos contingentes de una \u00e9poca o de un pa\u00eds. Existe en \u00e9l un aspecto intemporal: es la filosof\u00eda de la insatisfacci\u00f3n, de la inquietud, de la hostilidad hacia los conformistas y las situaciones adquiridas; la afirmaci\u00f3n de los derechos de la conciencia considerados como un absoluto. Unido por sus or\u00edgenes al siglo XVII, el jansenismo no se encierra en sus fronteras cronol\u00f3gicas: adquiere, por su naturaleza profunda, una significaci\u00f3n transferible a otros tiempos y a otros pa\u00edses.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo X: El jansenismo El movimiento llamado \u00abjansenismo\u00bb se integra org\u00e1nicamente en el desarrollo del pensamiento religioso en la \u00e9poca cl\u00e1sica: en el sentido estricto, no es m\u00e1s que un aspecto de la Reforma cat\u00f3lica. &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-10\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":61580,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[17],"tags":[130,224,136,144,172,139,243],"class_list":["post-9730","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-tiempos-de-vicente-de-paul","tag-beauvais","tag-berulle","tag-croissy","tag-lambert","tag-pobreza","tag-san-benito","tag-taveneaux"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. 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