{"id":9729,"date":"2015-06-13T04:21:44","date_gmt":"2015-06-13T02:21:44","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/10\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-9\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:10","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:10","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-09","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-09\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 09"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo IX. Focos intelectuales y corrientes de pensamiento<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>La fe cat\u00f3lica se funda en los textos de la Escritura &#8211; los del antiguo y nuevo Testamento- considerados como inspirados. Esta fe ha recibido del magisterio eclesi\u00e1stico, es decir de los papas y de los concilios, una formulaci\u00f3n cuyo conjunto constituye los dogmas. La g\u00e9nesis de estos dogmas, sus relaciones rec\u00edprocas, su interpretaci\u00f3n dependen finalmente de la teolog\u00eda. Si los dogmas son, a los ojos de la Iglesia, inmutables, la teolog\u00eda es variable y m\u00faltiple: es en efecto tributaria de la coyuntura no solamente religiosa, sino profana, del estado de la ciencia, de las condiciones de la pol\u00edtica y aun de la econom\u00eda. Por eso existe un gran n\u00famero de sistemas teol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>El siglo XVII fue en Francia particularmente fecundo en este dominio. Primero por raz\u00f3n de la presencia de una importante comunidad protestante que obligaba a justificar sin cesar la creencia cat\u00f3lica; el concilio de Trento hab\u00eda presentado por otra parte en sus grandes l\u00edneas la formulaci\u00f3n de los dogmas, pero era preciso interpretarlos y precisarlos. Adem\u00e1s la visi\u00f3n cient\u00edfica del mundo se modifica: se llevaba largo tiempo viviendo de la idea de un universo limitado y cerrado; la f\u00edsica m\u00e1s reciente deja entrever su car\u00e1cter infinito, hab\u00eda que modificar o adaptar en consecuencia los sistemas antiguos. Problemas nuevos aparecen de igual manera en el orden moral, en particular con el ascenso de la econom\u00eda de cr\u00e9dito y del capitalismo. Por fin, la amplitud de la producci\u00f3n teol\u00f3gica por su mismo \u00e9xito: la opini\u00f3n se apasionaba por las cuestiones religiosas, estrechamente mezcladas con la psicolog\u00eda y con la visi\u00f3n del mundo de la civilizaci\u00f3n cl\u00e1sica<\/p>\n<h2>I &#8211; Los focos de pensamiento<\/h2>\n<h3>1 \u2013 Universidades y colegios universitarios<\/h3>\n<p>Las universidades conservan una funci\u00f3n primordial, mayor por ser su alistamiento y modos de acci\u00f3n internacionales. Cada universidad comprend\u00eda varias facultades, entre las cuales la facultad de teolog\u00eda \u2013sacra theologiae Facultas-llevaba siempre la preeminencia. A pesar de cierta decadencia, las facultades de teolog\u00eda ocupan un lugar destacado mientras la Santa Sede y los organismos no est\u00e1n en condiciones de ensombrecerlas. Intervienen as\u00ed en todas las grandes cuestiones, francesas o extranjeras, y se conceden por otro lado una especie de poder doctrinal, con lo que Roma, temiendo los abusos, se esfuerza por aprovecharse de sus divisiones y de sus conflictos para reducir su poder y reservarse las decisiones.<\/p>\n<p>La principal facultad de teolog\u00eda del reino es la de Par\u00eds[1], a menudo llamada la Sorbona si bien, en sentido estricto, este t\u00e9rmino designa un colegio fundado en 1253 por Robert de Sorbon; es verdad que este colegio hab\u00eda adquirido tal importancia que dominaba toda la facultad. La Sorbona hab\u00eda ejercido en la cristiandad de la Edad Media un papel eminente. Tambi\u00e9n fue grande su actuaci\u00f3n en el concilio de Trento, pero luego su acci\u00f3n positiva declin\u00f3: se consagr\u00f3 cada vez m\u00e1s a una funci\u00f3n de \u00e1rbitro en los conflictos doctrinales y de protectora de la ortodoxia; luch\u00f3 contra la infiltraci\u00f3n de las doctrinas her\u00e9ticas, censuraba los libros, vigilaba la ense\u00f1anza de los profesores. Si cuenta a\u00fan con te\u00f3logos de valor como Edmond Richer o Isaac Habert, si dota de numerosos doctores a las di\u00f3cesis de provincia, es el moderador m\u00e1s que el fermento de la vida teol\u00f3gica. Raz\u00f3n por la que toma parte en las grandes cuestiones doctrinales o disciplinares, como el jansenismo, el richerismo, el galicanismo y adem\u00e1s interviene en las publicaciones de sus propios doctores, bien sea para aprobarlas y entusiasmarlas, bien sea para censurarlas. Por eso Antoine Arnauld fue excluido de la Sorbona por haber defendido tesis jansenistas.<\/p>\n<p>La facultad de teolog\u00eda no constitu\u00eda un medio humano perfectamente homog\u00e9neo: era muy diversa en su alistamiento y en sus tendencias. Adjuntos a ella hab\u00eda en efecto numerosos colegios organizados: se hab\u00edan creado en la Edad Media para albergar a los estudiantes y atender sus necesidades; algunos hab\u00edan sido fundados por bienhechores laicos o eclesi\u00e1sticos, otros por grandes \u00f3rdenes religiosas. En un principio, estos colegios no impart\u00edan una ense\u00f1anza verdadera, no dispon\u00edan m\u00e1s de repetidores encargados de ayudar a los estudiantes en el repaso de sus lecciones. Poco a poco fueron autorizados a dar una formaci\u00f3n completa desde las artes hasta la teolog\u00eda; estaban dirigidos por familias religiosas diferentes, y por lo mismo estaban marcados a menudo ideol\u00f3gicamente: unos por el galicanismo o ultramontanismo, otros por el molinismo o el tomismo.<\/p>\n<p>Los grandes colegios eran en el siglo XVII los de Navarra, de Montaigu, del Plessis y la Sorbona misma. En cuanto a los \u00abcolegios de humanidades\u00bb \u2013que corresponden a nuestros establecimientos de secundaria- estaban en su mayor parte dirigidos por los jesuitas; algunos de ellos eran \u00abde pleno ejercicio\u00bb, es decir autorizados a dar la totalidad de la ense\u00f1anza universitaria hasta la teolog\u00eda. El m\u00e1s conocido de este tipo es el Colegio de Clermont donde profesaron maestros eminentes como Petau, Maldonat,\u00a0 Su\u00e1rez. Alguna otra ciudad los ten\u00eda igualmente \u2013Reims, Poitiers, Lyon&#8230;<\/p>\n<p>Las universidades provinciales tienen una organizaci\u00f3n comparable a la de Par\u00eds; a veces, por la instrucci\u00f3n de los colegios, los regulares llegaron a dominar la ense\u00f1anza, como es el caso de los dominicos en Toulouse.<\/p>\n<p>En las universidades de lengua francesa, menci\u00f3n aparte se merecen las creaciones tridentinas entre las que destaca la de Pont-\u00e0-Mousson (1572), confiada exclusivamente a los jesuitas. Su papel era mantener el catolicismo en las regiones intermedias y luchar contra las infiltraciones protestantes, por eso la controversia tuvo en ella tanta importancia. Pont-\u00e0-Mousson se integra en la pol\u00edtica general de Contrarreforma: domina ideol\u00f3gicamente el \u00abeje lotaringio\u00bb, es decir la distendida banda de tierra desde Italia a las riberas del Flandre y en la que Roma hab\u00eda articulado a la vez su aparato defensivo y sus organismos de reconquista.<\/p>\n<h3>2 \u2013 Los colegios de humanidades<\/h3>\n<p>El apogeo de la Reforma cat\u00f3lica queda se\u00f1alado, en el terreno escolar, por la multiplicaci\u00f3n de los colegios jesuitas. Desde sus or\u00edgenes, la Compa\u00f1\u00eda implanta en efecto con toda fuerza su vocaci\u00f3n al apostolado por la ense\u00f1anza. Ignacio de Loyola hab\u00eda consagrado a los colegios varios cap\u00edtulos de sus constituciones. Existe de hecho una gama muy diversificada de colegios de jesuitas: en la cima, los colegios seminarios reservados a los miembros de la compa\u00f1\u00eda; ven\u00edan luego los colegios mixtos que agrupaban a futuros jesuitas y a estudiantes seculares, con el fin de formar a obreros espirituales en el apostolado; por fin los colegios de ense\u00f1anza p\u00fablica destinados \u00fanicamente\u00a0 a los alumnos del exterior. Estos colegios de ense\u00f1anza p\u00fablica, designados generalmente por el t\u00e9rmino de colegios jesuitas, se divid\u00edan asimismo en tres clases: los colegios menores en los que se iniciaba s\u00f3lo en las humanidades; los colegios medios que a\u00f1ad\u00edan la filosof\u00eda; los grandes colegios dotados de teolog\u00eda e historia sagrada. La talla del establecimiento ven\u00eda dada por consideraciones locales, en particular la importancia de la ciudad. Pero si todos los colegios no ense\u00f1aban la teolog\u00eda, \u00e9sta constitu\u00eda sin embargo el objetivo supremo de toda la formaci\u00f3n, la piedra angular del edificio: los conocimientos humanos, es decir las ciencias, las humanidades, la filosof\u00eda, no son m\u00e1s que medios; se ense\u00f1an, dicen las constituciones, \u00abporque preparan y forman los esp\u00edritus para la teolog\u00eda\u00bb. Por esta v\u00eda se hab\u00eda alcanzado el ideal de los humanistas cristianos, como Lef\u00e8bre d&#8217;Estaples, Bud\u00e9, Erasmo&#8230; La cultura as\u00ed distribuida era pues religiosa en su principio y en sus finalidades<\/p>\n<p>Fueron estos establecimientos los que se multiplicaron no s\u00f3lo en Francia sino en todas las naciones cat\u00f3licas del Occidente. Su localizaci\u00f3n no se dejaba sin embargo al azar: responde a menudo a un pensamiento apolog\u00e9tico y a una verdadera estrategia espiritual; la implantaci\u00f3n de los colegios est\u00e1 destinada a formar barrera frente a las infiltraciones protestantes: Chamb\u00e9ry frente a Ginebra; las casas de Verdun, Pont-\u00e0-Mousson, Nancy, D\u00f4le, Haguenau, S\u00e9lestat, Molsheim, constituyen una muralla en las lindes del mundo renano.<\/p>\n<p>Los jesuitas se especializaron e la educaci\u00f3n de los hijos de la burgues\u00eda sobre la que acabaron por ejercer una especie de hegemon\u00eda escolar. Esta elecci\u00f3n no se inspiraba en ning\u00fan desprecio del pueblo ni de la ense\u00f1anza elemental: estaba determinada por los efectivos limitados de la Compa\u00f1\u00eda y tambi\u00e9n por la idea de que hab\u00eda que ganarse a la clase burguesa, terreno abonado de las ideas nuevas. El \u00e9xito fue enorme y se explica por varias razones. El siglo XVII fue un periodo de auge burgu\u00e9s: ahora bien \u00e9sta considera la instrucci\u00f3n como una colocaci\u00f3n segura. Busca para sus hijos el foro, las canciller\u00edas, la magistratura, los empleos de todo g\u00e9nero; es el momento en que se opera el paso del negocio a la toga. Para una ciudad poseer un colegio de jesuitas es una garant\u00eda de progreso. Los jesuitas no se contentaron tampoco con dar a los alumnos maestros de una calidad intelectual y de una cultura muy superiores a las de los antiguos regentes. Crearon principios de ense\u00f1anza, una pedagog\u00eda fundada en particular en un conocimiento profundo de los textos antiguos: se acostumbraba a los alumnos no s\u00f3lo a conocer las obras del exterior, sino a entrar en la \u00edndole intelectual del autor. El empleo del m\u00e9todo directo se difundi\u00f3 en la ense\u00f1anza de las lenguas antiguas: la mayor parte de las clases se daban en lat\u00edn; comedias, escritas tambi\u00e9n en lat\u00edn por los regentes, eran representadas por los escolares. El libro ocupaba adem\u00e1s un lugar de preferencia en los colegios; era una diferencia importante con la antigua universidad en la que todas las clases eran dictadas. Por fin la pedagog\u00eda de los jesuitas se fundamentaba en un conocimiento psicol\u00f3gico del ni\u00f1o que permit\u00eda despertar, guiar y sostener su actividad empleando en particular la emulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas razones dan cuenta del prodigioso \u00e9xito de la Compa\u00f1\u00eda. Pero \u00e9sta no perd\u00eda de vista el fin supremo de su misi\u00f3n, es decir la formaci\u00f3n cristiana. Los jesuitas fueron de los primeros en ense\u00f1ar el catecismo: el manual m\u00e1s habitualmente en uso era Le petit cat\u00e9chisme des catholiques, publicado en 1558 por Pierre Canisius(Pedro Canisio), notable por sus cualidades sicol\u00f3gicas y pedag\u00f3gicas. El m\u00e9todo de Canisius consist\u00eda en agrupar en torno a una idea sencilla un ciclo entero de creencias o de reglas: partiendo de la fe, se deduc\u00eda la justicia, y de all\u00ed se pasaba a las obras buenas, a las virtudes, a los dones del esp\u00edritu, a los preceptos evang\u00e9licos y finalmente a la justificaci\u00f3n por Jesucristo. Era un m\u00e9todo progresivo, calificado a veces de \u00abm\u00e9todo conc\u00e9ntrico\u00bb. Adem\u00e1s Canisius citaba al margen de su exposici\u00f3n las referencias a los textos de los Padres y de la Escritura, en su caso a las decisiones de los papas y de los concilios; el escolar pod\u00eda de esta forma\u00a0 seguir la doctrina cat\u00f3lica desde los or\u00edgenes hasta su \u00e9poca; durante el siglo XVII, el catecismo de Canisius fue, en determinado de n\u00famero de colegios, reemplazado por el de Balarmino, de inspiraci\u00f3n parecida y que tuvo varias ediciones francesas. Esta ense\u00f1anza del catecismo se completaba con el serm\u00f3n, la explicaci\u00f3n de la sagrada Escritura, los ejercicios de piedad y sobre todo por la pr\u00e1ctica amplia y regular de los sacramentos: los jesuitas se constituyeron particularmente en los ap\u00f3stoles de la confesi\u00f3n y de la comuni\u00f3n frecuentes, con el fin de luchar contra el protestantismo que discut\u00eda o minimizaba estos sacramentos. Esta pr\u00e1ctica sacramental regular entre los laicos encomiada e impulsada por san Francisco de Sales en su Introducci\u00f3n a la vida devota.<\/p>\n<p>Los colegios conocieron una importante evoluci\u00f3n durante la \u00e9poca cl\u00e1sica. Su apogeo se sit\u00faa a comienzos del reinado de Luis XIV: su preponderancia se mantendr\u00e1 hasta finales del siglo; entrar\u00e1n a continuaci\u00f3n en un periodo de estancamiento seguido de decadencia. A qu\u00e9 razones se deber\u00e1 esta crisis? En primer lugar al privilegio casi exclusivo por los jesuitas al lat\u00edn en momentos en los que el franc\u00e9s logra alcanzar valor internacional: con las escuelas de Port-Royal se hab\u00eda consolidado la presencia del franc\u00e9s; a \u00e9ste deb\u00eda reconoc\u00e9rsele en 1714, en el tratado de Rastadt, la cualidad de \u00ablengua diplom\u00e1tica universal\u00bb. Por otro lado, los jesuitas manifestaron en diversas ocasiones su hostilidad al cartesianismo cuando su moda no cesaba de crecer: le reprochaban sin duda el ser adoptado en numerosos c\u00edrculos jansenistas. Por fin Colbert ve\u00eda sin simpat\u00eda la multiplicaci\u00f3n de los colegios, incapaces, dec\u00eda, de ense\u00f1ar \u00ablas ciencias que sirven para el comercio de la vida\u00bb, pero propias para fomentar \u00abla vida ociosa y rastrera\u00bb, palabras precursoras del utilitarismo de la Ilustraci\u00f3n. Habr\u00e1 que invocar tambi\u00e9n la desconfianza creciente contra los establecimientos de inspiraci\u00f3n ultramontana, en horas en que se confirma el ascenso del galicanismo. La crisis de los colegios refleja la del universalismo cristiano y del humanismo[1]\n<p>Cu\u00e1les fueron los lazos del colegio con el mundo? Algunos han visto en la pedagog\u00eda jesu\u00edtica un sistema cerrado, radicalmente separado de la vida y de la naturaleza casi intemporal[1]. De hecho los lazos con el exterior fueron m\u00faltiples y diversos. Para empezar, cada colegio estuvo en contacto estrecho con su entorno inmediato: se ve mezclado en las actividades de la ciudad, participa en sus fiestas, en sus espect\u00e1culos, en su vida profunda;\u00a0 se prolonga en la sociedad urbana por sus congregaciones y sus confraternidades, participa por eso mismo en la animaci\u00f3n de la vida profesional. Algunos tienen bienes importantes, curatos a su cargo y se ven por ello implicados en la pastoral. Los colegios son pues organismos apost\u00f3licos lo mismo que pedag\u00f3gicos.<\/p>\n<p>La actualidad pol\u00edtica penetra en ellos por diversas v\u00edas pero en particular por las piezas de teatro que, sin duda toman sus asuntos de la antig\u00fcedad o de la mitolog\u00eda, pero saben, bajo los ligeros velos de la alegor\u00eda, evocar el presente m\u00e1s candente. As\u00ed el Ballet des travaux d&#8217;Hercule, ejecutado para Luis el Grande en 1686, compone el relato de las gestas gloriosas de Luis XIV: el paso del Rin, la campa\u00f1a victoriosa de Holanda, la revocaci\u00f3n del edicto de Nantes&#8230; Desde el punto de vista social, el colegio responde, por parte de los ediles de una ciudad pero sobre todo por parte de la monarqu\u00eda, a un pensamiento utilitario. Los reyes creyeron que la prosperidad del reino depend\u00eda de la educaci\u00f3n de la juventud: la instrucci\u00f3n p\u00fablica es uno de los dominios de la pol\u00edtica del pr\u00edncipe. Luis XIV vigilar\u00e1 en particular a fin de que la ense\u00f1anza distribuida por los jesuitas responda a las necesidades del pa\u00eds y al bien p\u00fablico. Cuando el rey y Colbert quisieron dar a la marina militar cuadros cient\u00edficamente formados, se lo pidieron a los jesuitas. Y as\u00ed tenemos desde el final del siglo XVII, la aparici\u00f3n de c\u00e1tedras nuevas y tambi\u00e9n la publicaci\u00f3n de trabajos cient\u00edficos, como el del P. Hoste, el Recueil des trait\u00e9s de math\u00e9matiques qui peuvent \u00eatre n\u00e9cessaires \u00e0 un gentilhomme pour servir par terre et par mer (1692) que contiene nociones de geometr\u00eda pr\u00e1ctica, trigonometr\u00eda y sus aplicaciones. Los jesuitas extranjeros, los de Polonia por ejemplo, vienen por esta \u00e9poca a iniciarse en matem\u00e1ticas en los colegios de Marsella, de Par\u00eds o de Avignon. A veces los padres se orientan hacia la \u00abformaci\u00f3n continua\u00bb: a principios del siglo XVIII, el colegio de Estrasburgo organiza cursos de matem\u00e1ticas para los oficiales de la guarnici\u00f3n, signo de una evoluci\u00f3n t\u00edmida pero real hacia el tiempo de la Ilustraci\u00f3n. La instituci\u00f3n no se queda pues anclada en una rigidez monol\u00edtica, la apertura social es constante en ella. Sin embargo es sobre todo de otra manera y en un plano m\u00e1s elevado como los colegios han pesado en los destinos del mundo. Han sido en efecto el lugar de encuentro de dos corrientes de formaci\u00f3n y de cultura. La sabidur\u00eda antigua y la tradici\u00f3n cristiana. Pregunta capital: Se deb\u00eda acoger o desterrar la herencia pagana exaltada por el Renacimiento? Los jesuitas optaron por la primera soluci\u00f3n: presentaron la sabidur\u00eda antigua como una etapa de la formaci\u00f3n cristiana para llegar a lo que se ha llamado \u00abhumanismo cristiano\u00bb innato al esp\u00edritu de la Compa\u00f1\u00eda. Esta opci\u00f3n deb\u00eda llevarla a luchas muy encarnizadas, violentas a veces, con los que rechazaban la Antig\u00fcedad, teniendo por corrompida la naturaleza sola, es decir sin la gracia. Ello ser\u00e1 uno de los aspectos esenciales del conflicto entre jansenistas y jesuitas.<\/p>\n<p>Tal es la aportaci\u00f3n de los colegios a la Reforma cat\u00f3lica del siglo XVII: su importancia tiene menos que ver con las creaciones originales en el orden del pensamiento que con la preparaci\u00f3n de un terreno sociol\u00f3gico, lugar de encuentro de las futuras corrientes filos\u00f3ficas o teol\u00f3gicas.<\/p>\n<h3>3 &#8211; Las abad\u00edas<\/h3>\n<p>Las abad\u00edas constituyen el \u00faltimo tipo de focos intelectuales: son por vocaci\u00f3n lugares de la Iglesia sabia y por ello centros de investigaci\u00f3n. En grados y modos diversos por supuesto: algunas \u00f3rdenes tienen efectivamente en este terreno un papel privilegiado. Los religiosos mendicantes \u2013franciscanos, dominicos- se expresaban\u00a0 por lo general en las c\u00e1tedras de universidades o en los colegios. Pero otras \u00f3rdenes segu\u00edan fieles a su cuadro tradicional. Algunos monasterios cistercienses fueron as\u00ed focos de ciencia y de irradiaci\u00f3n intelectual. Uno de los m\u00e1s notables fue el de la abad\u00eda de Hautefontaine cerca de Saint-Dizier, en la di\u00f3cesis de Ch\u00e2lons; el abad era un rico eclesi\u00e1stico, Guillermo Le Roy[1] quien, durante su abadengo, de 1653 a 1684, desempe\u00f1\u00f3 en la vida intelectual de su tiempo un papel considerable. Hautefontaine fue el lugar de encuentro o de retiros de personajes c\u00e9lebres, sobre todo port-realistas: sus enemigos la llamaban la \u00abGinebra de los jansenistas\u00bb; Arnauld y Nicole pasaron por all\u00ed en varias ocasiones, en particular en 1667. La abad\u00eda era sobre todo un lugar de intercambios o de difusi\u00f3n de cartas o de obras llegadas de Par\u00eds, de Lorena, de Holanda; as\u00ed llev\u00f3 a cabo un papel primordial en la geograf\u00eda din\u00e1mica de las ideas. Era finalmente un lugar de impresi\u00f3n de libros prohibidos: hab\u00eda en efecto una taller clandestino instalado en las bodegas. Todo este fervor intelectual se vio frenado entre los cistercienses por reticencias, incluso oposiciones, de las que la m\u00e1s importante fue la de Armando de Ranc\u00e9 \u2013el c\u00e9lebre \u00ababad\u00a0 Tempestad\u00bb- reformador de la Trapa quien, en varias obras, particularmente De la saintet\u00e9 et des devoirs de la vie monastique (1683 los estudios, m\u00e1s pr), conden\u00f3 opios seg\u00fan \u00e9l para favorecer la \u00abdiversi\u00f3n\u00bb que para domar la naturaleza o para volver al hombre entero hacia Dios.<\/p>\n<p>Entre los benedictinos por el contrario, la vida del esp\u00edritu manifiesta una unanimidad y un vigor totales. En la congregaci\u00f3n de Saint-Vanne la producci\u00f3n es importante en la segunda mitad del siglo. Los focos m\u00e1s activos fueron las academias establecidas despu\u00e9s de 1670 en varias abad\u00edas de Lorena y Champa\u00f1a como Saint-Mihiel, Moyenmoutier, Beaulieu-en-Argonne o Hautevilliers. En la pr\u00e1ctica, las academias son centros de investigaci\u00f3n[1]: re\u00fanen, en n\u00famero de seis u ocho, a j\u00f3venes religiosos \u2013los acad\u00e9micos- quienes, bajo la direcci\u00f3n de un monje confirmado en el estudio, participan varias horas al d\u00eda en intercambios sobre problemas de teolog\u00eda, de historia eclesi\u00e1stica, de ex\u00e9gesis o de patr\u00edstica. El orden de los debates queda fijado por lo general en un cuestionario establecido de antemano por el presidente. Obras importantes \u2013l&#8217;Apologie des lettres provinciales compuesta en 1696-1697 en Saint-Mihiel, m\u00e1s tarde varias obras de dom Calmet- frutos de un trabajo colectivo, salieron de las academias vanistas. El esp\u00edritu de estas instituciones fue por lo com\u00fan de tonalidad jansenista.<\/p>\n<p>La congregaci\u00f3n de Saint-Maur no parece haber conocido academias semejantes[1], pero sus grandes abad\u00edas fueron focos intelectuales cuya irradiaci\u00f3n desbordaba los l\u00edmites del reino. El m\u00e1s importante fue Saint-Germain-des-Pr\u00e9s: este monasterio era lugar de reuni\u00f3n de sabios, de religiosos, de obispos como Bossuet, de altos magistrados como el primer presidente Harlay. Su gran periodo fue la segunda mitad del siglo, cuando fue ilustrado por las personalidades de dom Mabillon, de dom Luc d&#8217;Achery, de dom Ruinart. Gracias a una labor met\u00f3dica, gracias tambi\u00e9n a los recursos de las bibliotecas de la abad\u00eda, los benedictinos de Saint-Germain-des-Pr\u00e9s llevaron a cabo una obra inmensa, notable en varios dominios. Recopilaron documentos, publicaron textos antiguos (de san Gregorio Magno, de san Bernardo&#8230;), desarrollaron las ciencias auxiliares del historia (la paleograf\u00eda, la diplom\u00e1tica&#8230;), creando as\u00ed las bases de la cr\u00edtica hist\u00f3rica moderna. Por otro lado organizaron grandes viajes literarios \u2013\u00bbmisiones cient\u00edficas\u00bb antes de la carta- por Francia y el extranjero. As\u00ed Mabillon recorri\u00f3 no s\u00f3lo la mayor parte de las regiones del reino, sino Alemania, Italia, Europa central. La finalidad de estos desplazamientos era recoger observaciones, informaci\u00f3n, consultar los archivos extranjeros, m\u00e1s bien comparar los m\u00e9todos, difundir la ciencia. Los mauristas no s\u00f3lo precisaron los principios de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino que le dieron una dimensi\u00f3n europea.<\/p>\n<p>Los diversos focos de cultura contribuyeron pues, cada uno a su modo, a enriquecer y a diversificar el pensamiento cat\u00f3lico: las universidades continuaron exponiendo los grandes sistemas de explicaci\u00f3n del mundo; los colegios prepararon el terreno sociol\u00f3gico apto para recibir el esp\u00edritu nuevo; las abad\u00edas, sobre todo benedictinas, crearon los instrumentos de la investigaci\u00f3n positiva.<\/p>\n<h2>II \u2013 M\u00e9todos y t\u00e9cnicas nuevas<\/h2>\n<p>A la par que progresan los antiguos focos de pensamiento y que aparecen otros, una transformaci\u00f3n profunda afecta a los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>1 \u2013 Las razones de la renovaci\u00f3n<\/h3>\n<p>Son de varios \u00f3rdenes. Algunos se deben al envejecimiento del m\u00e9todo escol\u00e1stico. Entre los grandes te\u00f3logos del siglo XVIII, en particular en santo Tom\u00e1s, se hab\u00eda mantenido constantemente el equilibrio entre el recurso a la Revelaci\u00f3n y el empleo de la raz\u00f3n; con el tiempo la escol\u00e1stica se hab\u00eda entorpecido en largos desarrollos discursivos, querellas de escuela, sutilidades bizantinas, hasta el punto de que en el lenguaje corriente, su nombre se hab\u00eda convertido en sin\u00f3nimo de discusiones vanas, puramente verbales, fundadas en cadenas de silogismos. M\u00e1s a\u00fan, esta forma de especulaci\u00f3n aparec\u00eda como la expresi\u00f3n misma de la libido sciendi, es decir de la concupiscencia de la ciencia. Hab\u00eda pues que devolver al texto sagrado el lugar que le era debido. Este movimiento de restauraci\u00f3n se hab\u00eda insinuado a comienzos del siglo XVI; en 1520, un dominico humanista, Juan Faber, escrib\u00eda: \u00abEl mundo est\u00e1 cansado del car\u00e1cter puntilloso de la teolog\u00eda, languidece en busca de las fuentes de la verdad evang\u00e9lica. Si no se le abre el acceso, se ver\u00e1 obligado a hacerlo por la fuerza\u00bb. Tales palabras, ricas por sus resonancias prof\u00e9ticas, traducen una voluntad de renovaci\u00f3n. Como toda forma de conocimiento, la teolog\u00eda es tambi\u00e9n tributaria, en su objeto y sus m\u00e9todos, del mundo en que se desarrolla. Ahora bien, no deja de ser arriesgado hacer participar los datos de la fe en las vicisitudes hist\u00f3ricas de la filosof\u00eda y de la ciencia, por lo cual existi\u00f3 siempre en el pensamiento cristiano un a reticencia respecto de la teolog\u00eda especulativa. Pero esta resistencia es tanto m\u00e1s fuerte en el siglo XVII cuanto m\u00e1s contestada es por los sabios la f\u00edsica geoc\u00e9ntrica de Arist\u00f3teles con el paso del tiempo: se produce de esta forma, no un desplome, sino brechas en el antiguo edificio teol\u00f3gico. Finalmente todo el movimiento intelectual del siglo conduce a un recurso constante a los textos sagrados: es el propio fin de la Reforma en la acepci\u00f3n primera del t\u00e9rmino, entre los protestantes como entre los cat\u00f3licos. Estas transformaciones mentales implican, en las t\u00e9cnicas y en los modos de investigaci\u00f3n, cambios que se manifiestan en la aparici\u00f3n de dos ciencias nuevas, la teolog\u00eda positiva y la ex\u00e9gesis.<\/p>\n<h3>2 \u2013 La teolog\u00eda positiva<\/h3>\n<p>Lo que se llama teolog\u00eda positiva no es un sistema de explicaci\u00f3n global, como el agustinianismo o el tomismo, sino una t\u00e9cnica de investigaci\u00f3n. La positiva es un retorno a las fuentes; se puede definir como el m\u00e9todo que \u00abcon el apoyo de la Escritura, de la Tradici\u00f3n y de la ense\u00f1anza de la Iglesia, investiga lo que se contiene en la Revelaci\u00f3n divina y c\u00f3mo est\u00e1 contenido en ella\u00bb, o tambi\u00e9n como \u00abel estudio de la Escritura ayudado por las interpretaciones de los Padres, de los papas y de los concilios\u00bb. La teolog\u00eda positiva tiene pues dos objetos: los textos inspirados y las explicaciones que de ellos se proponen, por lo cual algunos autores contempor\u00e1neos distinguen la \u00abpositiva de las fuentes\u00bb (Escritura, Padres de la Iglesia&#8230;) y la \u00abpositiva del magisterio\u00bb (decisiones de los papas y de los concilios&#8230;). Pero en el siglo XVII no se hac\u00eda, al menos expl\u00edcitamente, esta distinci\u00f3n. La positiva se opone entonces a la especulativa o a la escol\u00e1stica: recurre a la historia m\u00e1s que a la filosof\u00eda. Emplea m\u00e9todos tenidos en prestigio por los humanistas un siglo antes.<\/p>\n<p>Los lugares en los que se desarrolla la teolog\u00eda positiva son en primer lugar las abad\u00edas benedictinas donde el trabajo en equipo, el florecimiento de las bibliotecas, el gran despliegue de medios t\u00e9cnicos en particular el auge de las ciencias auxiliares, favorecen este g\u00e9nero de investigaci\u00f3n; se la encuentra a su vez en los colegios universitarios dirigidos por los jesuitas o los dominicos. La universidad por el contrario sigue fiel a la escol\u00e1stica y manifiesta sus reservas con respecto a los m\u00e9todos nuevos.<\/p>\n<p>Los grandes nombres de la teolog\u00eda positiva son, en el siglo XVII, los del oratoriano Louis de Tomassin (1619-1695) y de los dominicos Jean Nicola\u00ef (1594-1673) y Jean Baptiste Gonet (1613-1681). Esta moda de la positiva se traduce en concreto por un crecimiento considerable de las publicaciones de textos, los de la Escritura en particular. Las ediciones de la Biblia se multiplican: una de las m\u00e1s c\u00e9lebres es la Biblia de Port-Royal llamada Bible de Mons (1666) cuyo \u00e9xito fue resonante; para 1681 su tirada sobrepasaba los 40 000 ejemplares y, despu\u00e9s de la revocaci\u00f3n del edicto de Nantes, Luis XIV pidi\u00f3 20 000 m\u00e1s para la conversi\u00f3n de los protestantes. Con la publicaci\u00f3n de las obras teol\u00f3gicas o espirituales de los Padres de la Iglesia, una ciencia nueva, la patr\u00edstica, conoce un amplio desarrollo. La historia eclesi\u00e1stica se beneficia de una audiencia parecida: Ellies du Pin hace p\u00fablica su Nouvelle biblioth\u00e8que des auteurs eccl\u00e9siastiques, el erudito Le Nain de Tillemont sus M\u00e9moires. El siglo XVII es la \u00e9poca de las grandes colecciones: la m\u00e1s c\u00e9lebre es la Gallia christiana emprendida por los mauristas dirigidos por dom Denis de Sainte-Marthe.<\/p>\n<p>Los m\u00e9todos de la teolog\u00eda positiva preparan varias de las opciones intelectuales del siglo XVIII, con el predominio de la observaci\u00f3n, de la inducci\u00f3n, del esp\u00edritu hist\u00f3rico. Contribuyeron as\u00ed al acercamiento de los cat\u00f3licos y de los protestantes, ya que unos y otros preconizan la vuelta a las fuentes: se opera as\u00ed un comienzo de ecumenismo por la ciencia.<\/p>\n<h3>3 \u2013 La ex\u00e9gesis<\/h3>\n<p>La teolog\u00eda positiva, es decir el conocimiento del texto sagrado, se puede practicar con dos fines. Se trata a veces de un fin de piedad o de profundizaci\u00f3n espiritual. Es el caso habitual hacia mitad del siglo: en su gran edici\u00f3n de la Biblia, comenzada en 1665 y terminada en 1684, Le Ma\u00eetre de Sacy no adopta perspectivas cr\u00edticas; investiga \u00abel sentido del autor\u00bb, es decir el esp\u00edritu de Dios, capaz de alimentar la fe del lector y de hacerle entrar en las realidades espirituales. Otras veces el proceso es m\u00e1s intelectual: el texto es tratado como un \u00abobjeto\u00bb, su estudio puede conducir a Dios pero a trav\u00e9s de las oscuridades y las vacilaciones de la historia[1]. Es preciso en este caso \u00abpartir de lo humano\u00bb, proceder a un an\u00e1lisis cient\u00edfico del libro sagrado, percibir su sentido exacto, aclarar las alusiones, las im\u00e1genes y las par\u00e1bolas \u2013a menudo oscuras pues ellas se aplican al \u00abDios oculto\u00bb- preguntarse si el texto estudiado lo ha dicho todo o existe otra fuente de conocimiento, comparar por fin con otros mensajes religiosos. El conjunto de estas operaciones constituye la ex\u00e9gesis, es decir la cr\u00edtica hist\u00f3rica aplicada a los libros religiosos. Esta cr\u00edtica no es exactamente reductible a la de la historia profana, ya que los textos sagrados tienen sus particularidades, sus exigencias: se expresan en los g\u00e9neros literarios espec\u00edficos, con su vocabulario propio; tratan de hechos sobrenaturales, a veces extra\u00f1os a las leyes ordinarias de la ciencia. Por largo tiempo se ha ignorado la ex\u00e9gesis, puesto que parec\u00eda sacrilegio ejercer una cr\u00edtica, es decir una presunci\u00f3n de escepticismo, con respecto a las palabras inspiradas de Dios. Pero en los siglos XVI y XVII, la voluntad de un regreso a las fuentes luego las exigencias de la controversia disipan estos escr\u00fapulos: por exigencias de sus causas, humanistas y reformadores se constituyen en ap\u00f3stoles de la ex\u00e9gesis. Esta ciencia se desarrolla en primer lugar en las universidades mediterr\u00e1neas \u2013Salamanca, la Gregoriana. De all\u00ed deb\u00eda pasar al reino y ser practicada por un gran n\u00famero de te\u00f3logos: Launoi, Coeffeteau, Bossuet, No\u00ebl Alexandre&#8230; no obstante dos hombres en particular la marcaron con una aportaci\u00f3n original: uno es el obispo de Avranches, Pierre Daniel Huet, ya estudiado como apologista, el otro el oratoriano Richard Simon.<\/p>\n<p>Huet se distingue no s\u00f3lo por la extensi\u00f3n de su cultura y de sus conocimientos t\u00e9cnicos, los de las leguas orientales en particular, sino por la novedad y el atrevimiento de sus m\u00e9todos. En su Demonstratio evangelica (1679), ense\u00f1a la verdad del cristianismo exponiendo la realizaci\u00f3n de las profec\u00edas, pero sobre todo estudiando las mitolog\u00edas y las religiones antiguas, mostrando que se derivaban todas de la religi\u00f3n judeo-cristiana de la que eran transposiciones perfectas. Por ejemplo Mois\u00e9s es el personaje que toma del nombre de Apolo, de Perseo o de Prometeo en la religi\u00f3n greco-latina; el maravilloso pagano no es m\u00e1s que la imagen degradada de los milagros b\u00edblicos. Huet va m\u00e1s lejos y aplica sus principios a los dogmas fundamentales del cristianismo: la concepci\u00f3n virginal de Cristo es relacionada con la creencia de que Perseo mismo naci\u00f3 de una virgen; se asimila el bautismo al nacimiento de Isis, la crucifixi\u00f3n al martirio de Prometeo clavado a su roca. Este m\u00e9todo no carec\u00eda de riesgos, porque los racionalistas del siglo XVIII no dejar\u00e1n de ir a beber en este arsenal para explicar que el juda\u00edsmo luego el cristianismo provienen de la transposici\u00f3n de viejas f\u00e1bulas paganas; estos libertinos se servir\u00e1n del sincretismo invocado por Huet para desacreditar la religi\u00f3n. Queda por decir que el obispo de Avranches abri\u00f3 v\u00edas fecundas y cre\u00f3 una ciencia nueva, la ex\u00e9gesis comparativa. Esta mezcla de misterios paganos y cristianos, de f\u00e1bulas y de dogmas, erigida en tesis por Huet, vuelve a ocurrir por otra parte en cantidad de obras de la gran literatura cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>Richard Simon (1638-1712), sacerdote del Oratorio, preconiza la extensi\u00f3n sistem\u00e1tica de los procedimientos cr\u00edticos a los libros santos. Su conocimiento del griego, del hebreo y de varias lenguas orientales le permitieron aplicar estas reglas de ex\u00e9gesis a la totalidad del antiguo Testamento. Expone el resultado en varias obras: la Histoire critique du vieux Testament (1678), la Histoire critique du texte du nouveau Testament (1689), el Nouveau Testament de n. S. J\u00e9sus-Christ traduit sur l&#8217;ancienne \u00e9dition latine avec des remarques (1702). Estos tratados de Richard Simon marcan el triunfo de la cr\u00edtica filol\u00f3gica, indispensable, a los ojos del autor, para la comprensi\u00f3n de los libros santos: \u00abNo se puede leer la Biblia con fruto, dec\u00eda \u00e9l, si de antemano no se est\u00e1 instruido en lo que ara\u00f1e a la cr\u00edtica del texto\u00bb. Es necesario, precisaba a su vez, considerar los textos sagrados como testimonios ordinarios, sin ninguna idea preconcebida. Simon hab\u00eda llegado a\u00a0 firmar que los libros religiosos presentaban rastros de alteraci\u00f3n, de contradicciones, de transposiciones, de errores cronol\u00f3gicos. El Pentateuco por ejemplo no puede ser, como se ense\u00f1a, todo entero de mois\u00e9s, ya que su lengua, su estilo, sus citas son a veces de una \u00e9poca m\u00e1s tard\u00eda y alude incluso a sucesos posteriores a la muerte del gran legislador. Las condiciones de trabajo de los redactores sucesivos explican por otra arte estas lagunas, estas imperfecciones y estos errores: muchos de los textos b\u00edblicos han sido redactados por hombres llamados profetas, es decir escribas; estos escribas eran escribanos p\u00fablicos que refer\u00edan los hechos notorios de su tiempo pero retomando por igual, para hacer de ellos una nueva redacci\u00f3n, los sucesos anteriores ya recogidos por sus antecesores. As\u00ed se llegan a comprender las repeticiones. Adem\u00e1s los ejemplares hebreos estaban escritos en peque\u00f1os rollos unos sobre otros: un cambio accidental en el orden de los rollos provocaba un trastorno en el orden del relato.<\/p>\n<p>Richard Simon no rechaza la Tradici\u00f3n como tal, es decir la catequesis oral, conservada por la Iglesia: afirma incluso que \u00absi no se une la Tradici\u00f3n con la Escritura, apenas se puede asegurar nada cierto de la religi\u00f3n\u00bb. Desde este punto de vista, Simon sale al encuentro de las tesis protestantes y defiende las del catolicismo. Deb\u00eda sin embargo ser condenado, primero en Par\u00eds luego en Roma, al cabo de un largo conflicto con Bossuet quien expuso sus argumentos en un tratado publicado con retraso, en 1743, la D\u00e9fense de la Tradition et des Saints P\u00e8res. Si bien Richard Simon estuvo en posesi\u00f3n de una ciencia exeg\u00e9tica de gran extensi\u00f3n y, por m\u00e1s de un t\u00edtulo, fue tenido como predecesor, se le hicieron dos reproches de base. En primer lugar su simpat\u00eda cierta hacia la herej\u00eda: se complace en exponer las doctrinas condenadas, en citar a los te\u00f3logos separados de la Iglesia; existe as\u00ed con frecuencia en \u00e9l una voluntad de desacreditar que es actitud intelectual, pero tambi\u00e9n rasgo de car\u00e1cter, dif\u00edcilmente conciliable con su calidad de sacerdote. De otra parte Richard Simon, sin negar la inspiraci\u00f3n de la Biblia, la limita a la fe y ala moral: es por otra parte su conformidad con la conciencia moral y la raz\u00f3n lo que, a sus ojos, prueba la inspiraci\u00f3n. No pone en tela de juicio el valor de los dogmas ni de la teolog\u00eda, sino que los minimiza hasta el punto de justificar la actitud de los racionalistas y de los libertinos. Richard Simon no percibi\u00f3 que los libros eran de otro \u00aborden\u00bb \u2013en el sentido pascaliano del t\u00e9rmino- que los textos hist\u00f3ricos ordinarios, y que la ex\u00e9gesis no pod\u00eda por lo mismo reducirse a la simple cr\u00edtica.<\/p>\n<p>De hecho los argumentos de Richard Simon fueron utilizados contra el cristianismo por los libertinos del siglo XVIII: ellos pudieron, gracias a este arsenal pol\u00e9mico, presentar la Escritura como un tejido de f\u00e1bulas an\u00e1logas a las de las mitolog\u00edas antiguas. De Simon se olvid\u00f3 la adhesi\u00f3n sincera a la Iglesia para quedarse s\u00f3lo con su obra cr\u00edtica. Sus trabajos marcan sin embargo una fecha a la vez en la historia de la ex\u00e9gesis y en la de las controversias antirreligiosas. Esta forma de cr\u00edtica con las consecuencias que de ella se desprenden sobrepasa por lo tanto la simple t\u00e9cnica y se integra en una revoluci\u00f3n mental m\u00e1s profunda, la \u00abcrisis de la conciencia europea\u00bb. Al criticar la Biblia \u2013autoridad suprema- al relativizar su mensaje, la generaci\u00f3n de fin de siglo se orienta hacia un nuevo modo de pensamiento y sobre todo una nueva escala de los valores: los adversarios de Richard Simon \u2013Bossuet, Antoine Arnauld- sintieron con fuerza, pero sin medir siempre sus efectos, esta mutaci\u00f3n de fondo.<\/p>\n<h2>III \u2013 Las corrientes de pensamiento<\/h2>\n<p>Los m\u00e9todos de investigaci\u00f3n puestos en pr\u00e1ctica en el siglo XVII \u2013la teolog\u00eda positiva y la ex\u00e9gesis- no constituyen evidentemente en s\u00ed mismos sistemas de pensamiento: estos sistemas, que quieren ser explicaciones globales de car\u00e1cter teol\u00f3gico y filos\u00f3fico, son para unos herencias de un pasado lejano, para otros creaciones m\u00e1s recientes. Existen en el siglo XVII tres grandes \u00abescuelas\u00bb de teolog\u00eda: el agustinianismo, el tomismo, el molinismo. Este t\u00e9rmino de \u00abescuela\u00bb debe ser entendido en una acepci\u00f3n muy amplia, no en el sentido de medio cerrado, estrechamente jerarquizado; responde no obstante a un criterio de sociolog\u00eda eclesi\u00e1stica, siendo adoptado cada sistema, en sus grandes l\u00edneas al menos, por una familia religiosa: muchos tomistas se reclutan entre los dominicos; la mayor parte de los agustinianos entre los oratorianos o los benedictinos; el conjunto de los molinistas por fin entre los jesuitas.<\/p>\n<h3>1 \u2013 El agustinianismo<\/h3>\n<p>No constituye una s\u00edntesis perfectamente coherente, habiendo sido expuestas muchas ideas de san Agust\u00edn (354-430) en obras que no son did\u00e1cticas: algunas contienen diario espiritual (las Confesiones), otras apolog\u00e9tica (La ciudad de Dios), otras por fin pol\u00e9mica (De la gracia y del libre albedr\u00edo). El agustinianismo es pues una actitud de esp\u00edritu o una disposici\u00f3n del alma con respecto a cierto n\u00famero de problemas. Con todo algunas ideas maestras lo dominan.<\/p>\n<p>En primer lugar, la afirmaci\u00f3n que el bien supremo no es la ciencia, sino la felicidad: es preciso tender hacia el amor de Dios. As\u00ed el imperio de la raz\u00f3n sin quedar desterrado debe ser puesto al servicio de la fe: su papel es secundario como lo da a entender la f\u00f3rmula \u00abcredo ut intelligam, creo para comprender\u00bb. El trabajo del esp\u00edritu ser\u00e1 pues un esfuerzo constante para entrar en el dominio de la Revelaci\u00f3n. De esta forma no existe\u00a0 orden racional cerrado en s\u00ed mismo: la raz\u00f3n sola, facultad corrompida, conducir\u00eda ineludiblemente al escepticismo. El esp\u00edritu pasa necesariamente por la fe: fuera de ella no hay m\u00e1s que miseria. Nunca puede haber pues perfecci\u00f3n de un conocimiento intelectual ni paz del esp\u00edritu: la existencia se funda en una tensi\u00f3n continua, es el sentido de la f\u00f3rmula \u00abNuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta descansar en vos\u00bb. (Confesiones I, 1).<\/p>\n<p>Por v\u00eda de consecuencia, la reflexi\u00f3n debe unirse al conocimiento del hombre y de su destino m\u00e1s que al de las cosas o del mundo: en san Agust\u00edn no hay sistema c\u00f3smico ni siquiera filosof\u00eda, sino una teolog\u00eda fuertemente impregnada de espiritualidad. As\u00ed su pensamiento no se encierra en un sistema, porque est\u00e1 siempre abierto hacia lo alto: debe mantenerse constante humildad y tender hacia una beatitud inaccesible aqu\u00ed abajo. Las doctrinas del obispo de Hipona sobre la gracia y la predestinaci\u00f3n cobraron fuerza en las luchas contra Pelagio. Este monje bret\u00f3n hab\u00eda ense\u00f1ado, a principios del siglo V, que la imitaci\u00f3n de Cristo no se diferenciaba esencialmente de la imitaci\u00f3n de cualquier maestro humano, que todo hombre pose\u00eda en s\u00ed y de forma inmediata los recursos suficientes para acceder a este ideal. Preconizaba de este modo una especie de naturalismo cristiano en el cual los sacramentos, la ascesis, la gracia misma no eran necesarios: el cristianismo quedaba reducido a una simple moral natural. San Agust\u00edn hab\u00eda reaccionado con viveza afirmando la originalidad sobrenatural del mensaje de Cristo; al hacerlo, hab\u00eda recordado y puesto en claro con toda fuerza los aspectos m\u00e1s r\u00edgidos y m\u00e1s abruptos de la doctrina de san Pablo, es decir la corrupci\u00f3n profunda de la naturaleza, la transmisi\u00f3n del pecado original, la inclinaci\u00f3n invencible del hombre al pecado y su incapacidad de realizar el bien, la necesidad absoluta de la gracia para la salvaci\u00f3n. San Agust\u00edn llegaba as\u00ed a presentar de forma tajante y en un estilo pol\u00e9mico la predestinaci\u00f3n como una presciencia de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El agustinianismo conoci\u00f3 un gran \u00e9xito en el siglo XVII, de forma que \u00e9ste ha podido ser calificado como \u00absiglo de san Agust\u00edn\u00bb. No en vano el esp\u00edritu del Renacimiento al sublimar la autonom\u00eda y la omnipotencia del hombre se aproximaba al esp\u00edritu de Pelagio y provocaba las mismas reacciones: se ve\u00edan en \u00e9l amenazas graves contra la esencia misma del cristianismo, de ah\u00ed la vuelta a quien la tradici\u00f3n designaba como el \u00abdoctor de la gracia\u00bb y a sus tesis sobre la peque\u00f1ez del hombre y sobre el papel exclusivo de Dios en la obra de la salvaci\u00f3n. El agustinianismo conoci\u00f3 una amplia audiencia entre los oratorianos, los benedictinos y sobre todo entre los jansenistas cuya \u00fanica ambici\u00f3n se limitaba, afirmaban ellos, a traducir fielmente el pensamiento de su maestro[1]. Estas razones dan cuenta del n\u00famero considerable de ediciones de san Agust\u00edn en el siglo XVII: la principal es la de los mauristas publicada entre 1679 y 1700.<\/p>\n<h3>2 \u2013 El tomismo<\/h3>\n<p>Otra cosa muy distinta es el clima intelectual en el que naci\u00f3 el tomismo. En el siglo XII, en un momento en que la Iglesia estaba en plena posesi\u00f3n de las definiciones dogm\u00e1ticas, formuladas por los Padres, se vio en la necesidad de edificar vastas s\u00edntesis del saber cristiano. As\u00ed se compuso, seg\u00fan las reglas metodol\u00f3gicas de Arist\u00f3teles, el cuadro de los conocimientos relativos a la salvaci\u00f3n. La ciencia y la fe, unidas en el mismo intento del esp\u00edritu, edificaban conjuntamente una teolog\u00eda objetiva, abstracta, susceptible de ser trasmitida did\u00e1cticamente y cuyo modelo m\u00e1s acabado es la Suma teol\u00f3gica de santo Tom\u00e1s de Aquino.<\/p>\n<p>A diferencia de san Agust\u00edn, santo Tom\u00e1s presenta un sistema completo, coherente, una s\u00edntesis c\u00f3smica que expone el ordenamiento de los mundos: el mundo de los esp\u00edritus y el mundo de los cuerpos, con el hombre en la c\u00faspide, lazo de uni\u00f3n entre estos esp\u00edritus y estos cuerpos. Describe as\u00ed y explica el orden universal, apoy\u00e1ndose en la palabra revelada, pero usando tambi\u00e9n de una argumentaci\u00f3n cient\u00edfica tomada de Arist\u00f3teles.<\/p>\n<p>Por eso mismo se concede a la raz\u00f3n un amplio lugar: \u00e9sta no se opone a la fe, todo lo contrario. Si Dios, piensa santo Tom\u00e1s, nos ha dado las facultades del esp\u00edritu y nos habla \u00e9l mismo en los libros santos, no puede haber desacuerdo entre los dos modos de conocimiento. Un amplio uso de la raz\u00f3n es pues leg\u00edtimo, ya que, por s\u00ed sola, est\u00e1 en condiciones de demostrar muchas verdades de la fe. Al tratar de los misterios, una obra explicativa importante puede incluso llevarse a cabo por la inteligencia: entre ella y el misterio no existe en efecto ninguna incompatibilidad. Santo Tom\u00e1s aplica estas reglas con rigor en la Suma teol\u00f3gica: despu\u00e9s de formular con claridad cada proposici\u00f3n, la confirma con una serie de citas de la Biblia y de los Padres; la demuestra racionalmente; luego expone las objeciones y las resuelve mediante una argumentaci\u00f3n l\u00f3gica. El tomismo aparece as\u00ed como un racionalismo cristiano al que ilustra la f\u00f3rmula \u00abIntelligo ut credam, comprendo para creer\u00bb.<\/p>\n<p>Los problemas de la gracia llevan a santo Tom\u00e1s a recordar a la vez la omnipotencia de Dios y la libertad del hombre: el creador no puede en efecto determinar a la criatura m\u00e1s que teniendo en cuenta la naturaleza de ser racional y libre que le ha dado. Hay tambi\u00e9n un optimismo profundo en santo Tom\u00e1s; su creencia en la libertad y en la raz\u00f3n le llevaron a ense\u00f1ar que el hombre es perfectible, que el mundo, la sociedad, la pol\u00edtica pueden organizarse racionalmente y son susceptibles de progreso.<\/p>\n<p>El tomismo perdi\u00f3, en el siglo VII, una parte de su inter\u00e9s universal; lienzos enteros de su teolog\u00eda se desplomaron; las proposiciones m\u00e1s directamente tributarias de las tesis de Arist\u00f3teles fueron abandonadas por los hombres de ciencia. Pero conserv\u00f3 su vigor en el dominio de la teolog\u00eda moral y de la teolog\u00eda pol\u00edtica. Sus bases segu\u00edan fuertes en las universidades y en los conventos de dominicos: el de Burdeos en particular fue, gracias a la ense\u00f1anza de Juan Bautista Gonet, un importante foco de estudios tomistas. La misma fidelidad al gran doctor escol\u00e1stico se observa en los seminarios: en su directorio, compuesto al final del reinado de Luis XIV, Juan Bonnet, superior general de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, recuerda que santo Tom\u00e1s es el mejor garante de la ortodoxia cat\u00f3lica: \u00abEl joven rector, escribe, debe considerar a santo Tom\u00e1s como el mayor te\u00f3logo y el m\u00e1s universalmente aprobado en la Iglesia; se dedicar\u00e1 a leer la Suma con toda la aplicaci\u00f3n de que es capaz. En ella hallar\u00e1 todo lo que puede necesitar para instruirse a fondo en los dogmas que explica y prueba s\u00f3lidamente por la Escritura y por los Padres&#8230; Este directorio se dirig\u00eda a los miembros de una compa\u00f1\u00eda responsable por entonces de casi la mitad de los seminarios franceses; ilustra la permanencia del tomismo, en algunos de sus aspectos al menos, en las proximidades del tiempo de la Ilustraci\u00f3n.<\/p>\n<h3>3 \u2013 El molinismo<\/h3>\n<p>El tomismo se\u00f1ala, con relaci\u00f3n al agustinianismo, un paso a favor del hombre; una nueva etapa es superada en un sentido id\u00e9ntico con el molinismo. Se asocia estrechamente en efecto con esta expansi\u00f3n del humanismo que, en el siglo XVI, hab\u00eda influido tan profundamente en la orientaci\u00f3n de los esp\u00edritus: es cristiano no aspira ya s\u00f3lo a la felicidad futura; concede un valor propio a las condiciones de la felicidad terrestre, reivindica una libertad sin ataduras y adopta una visi\u00f3n m\u00e1s optimista del mundo.<\/p>\n<p>Estas tesis hab\u00edan hallado su expansi\u00f3n teol\u00f3gica en el tratado del jesuita Molina La concordia del libre albedr\u00edo con los dones de la gracia. El molinismo no pone en tela de juicio el dogma del pecado original, pero minimiza sus efectos. Despu\u00e9s de la ca\u00edda, el hombre sigue inalterado en su naturaleza, se ve solamente privado de los dones sobrenaturales. Dios lo suple con una gracia concedida a todos y cada individuo es libre de aceptar o de negar. Se opera as\u00ed un concurso constante entre la voluntad del hombre y la gracia divina. En cuanto a la predestinaci\u00f3n, existe no en virtud de una finalidad establecida de antemano por Dios, sino simplemente en previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos: la criatura que ha recibido la libertad de obrar ve consagrar los m\u00e9ritos unidos a esta libertad. Tales premisas se abren a importantes consecuencias pr\u00e1cticas: no estando la naturaleza esencialmente corrompida, no necesita el hombre regenerarla; le basta con conformarse al Dec\u00e1logo. En la vida moral se impone el hero\u00edsmo espiritual, no como un precepto sino como un simple consejo de perfecci\u00f3n. El cristiano se ve de esta forma exaltado en su raz\u00f3n, su actividad temporal, su felicidad terrestre: la moral del \u00abhombre honesto\u00bb tiende a sustituir a la del santo.<\/p>\n<p>El molinismo, visi\u00f3n optimista de la salvaci\u00f3n, tuvo una amplia audiencia en el siglo XVII: fue adoptado por la mayor parte de los jesuitas; por el libro, la direcci\u00f3n de conciencia y la ense\u00f1anza de los colegios, impregn\u00f3 profundamente la sociedad francesa y suscit\u00f3 controversias o tensiones con frecuencia muy vivas.<\/p>\n<p>El pensamiento religioso de la Francia cl\u00e1sica manifiesta pues por la multiplicaci\u00f3n, investigaci\u00f3n, por la abundancia y la variedad de su producci\u00f3n, una notable vitalidad. Sus rasgos espec\u00edficos se encuentran por otra parte menos en la renovaci\u00f3n de los \u00absistemas\u00bb que en el ahondamiento de los m\u00e9todos y en el ensanchamiento de las bases sociales de la cultura. El desarrollo de la teolog\u00eda positiva, los progresos de la ex\u00e9gesis, la adopci\u00f3n del \u00abhumanismo cristiano\u00bb por una amplia fracci\u00f3n de la clase alta est\u00e1n, en el dominio intelectual, entre las novedades m\u00e1s importantes del siglo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IX. Focos intelectuales y corrientes de pensamiento La fe cat\u00f3lica se funda en los textos de la Escritura &#8211; los del antiguo y nuevo Testamento- considerados como inspirados. 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