{"id":9728,"date":"2015-06-12T05:21:40","date_gmt":"2015-06-12T03:21:40","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/09\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-8\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:10","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:10","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-08","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-08\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 08"},"content":{"rendered":"<h1>Cap\u00edtulo VIII. Controversia, libertinake, apolog\u00e9tica<\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>Las crisis del siglo XVI no tuvieron por resultado dar origen a varias confesiones religiosas; suscitaron un clima pol\u00edtico, generador a si vez de intercambios y de enfrentamientos m\u00e1s o menos pasionales, seg\u00fan la coyuntura y seg\u00fan la personalidad de los antagonistas. Por lo dem\u00e1s la puesta en litigio de las verdades tradicionales de la fe, de los conceptos de la moral o del magisterio eclesi\u00e1stico, tuvo por efecto favorecer una corriente de escepticismo, de antagonismo, de indiferencia, hasta de hostilidad a la creencia, fuera cual fuese el revestimiento disciplinar. De ah\u00ed la necesidad bien de combatir al adversario bien de procurar convencerlo. Estos imperativos explican el auge, en el siglo XVII, de ciencias religiosas tales como la controversia y la apolog\u00e9tica.<\/p>\n<h2>I \u2013 Tem\u00e1tica de la controversia<\/h2>\n<p>Activa, a veces violenta y con frecuencia apasionada durante las guerras de religi\u00f3n, la controversia remite despu\u00e9s del edicto de Nantes: las relaciones se mantienen la mayor parte del tiempo bastante bien y relativamente pac\u00edficas entre cat\u00f3licos y protestantes, tienden a adaptarse a los ritmos de la pol\u00edtica eclesi\u00e1stica de la monarqu\u00eda. El ideal cl\u00e1sico de una sociedad unitaria<\/p>\n<p>Persiste sin embargo tan presente en el esp\u00edritu de los contempor\u00e1neos, sea cual sea su\u00a0 confesi\u00f3n, que en ning\u00fan momento se renuncia a la conversi\u00f3n del adversario: la controversia subsiste pues , pero revestida de formas nuevas; se ejercita ya dentro del marco parroquial, ya en c\u00edrculos de te\u00f3logos.<\/p>\n<h3>1 \u2013 La controversia en el marco parroquial<\/h3>\n<p>En el periodo relativamente ir\u00e9nico de los primeros decenios del siglo, los encuestadores de las visitas can\u00f3nicas se informan simplemente acerca del n\u00famero de los protestantes. Todo lo m\u00e1s que hacen es velar por una aplicaci\u00f3n estricta de las\u00a0 cl\u00e1usulas del edicto; los interrogatorios m\u00e1s frecuentes son \u00e9stos: tiene lugar el culto en los lugares autorizados? Se entregan los religionarios a una propaganda, ruidosa e insidiosa entre los fieles cat\u00f3licos? Provocan esc\u00e1ndalos? Cu\u00e1les?<\/p>\n<p>All\u00e1 donde la mayor\u00eda hugonote era relativamente d\u00e9bil, mal organizada, la controversia dur\u00f3 largo tiempo en este periodo de vigilancia pasiva. De otra manera suced\u00eda all\u00ed donde era m\u00e1s numerosa y sobre todo m\u00e1s fuertemente constituida: esta presencia ten\u00eda por efecto incitar a las autoridades cat\u00f3licas a un esfuerzo de proselitismo. \u00c9ste no se dejaba en manos ni del azar ni de cualquier iniciativa local; el impulso ven\u00eda de Par\u00eds, hasta de Roma. En 1622 en efecto, Gregorio XV hab\u00eda creado el dicasterio de la \u00abpropagaci\u00f3n de la fe\u00bb, encargado de coordinar las actividades misioneras de la Iglesia. Por intermedio de los nuncios, con el apoyo de la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento, lo m\u00e1s com\u00fan gracias al celo de los cordeleros o de los capuchinos, esta instituci\u00f3n implantaba filiales en diferentes ciudades: en Par\u00eds en 1632, en Marsella y en Metz en 1640, en Rouen en 1642, en Grenoble en 1647, en el Puy en 1653, en Lyon en 1659&#8230; La vida de estos organismos est\u00e1 regulada por una \u00abinstrucci\u00f3n\u00bb: no se trata, se especifica en ella, de entablar enfrentamientos violentos, sino de llegar a las personas para convertirlas. Los cohermanos recib\u00edan una formaci\u00f3n de controversistas dispensada en el curso de reuniones semanales y que autorizaba a conducir la discusi\u00f3n con los herejes. Deb\u00edan esforzarse en tratar a los que pod\u00edan conocer personalmente, por ejemplo a los vecinos del barrio; despu\u00e9s de ganarse su confianza con servicios menores, les mostraban que su Iglesia era demasiado nueva para no ser sospechosa. En un segundo momento, estos religionarios eran atra\u00eddos a las predicaciones de controversia; recib\u00edan la visita de un eclesi\u00e1stico y sobre todo se les hac\u00eda llegar una ayuda material o espiritual: para algunos se trataba de una suma de dinero o de regalos en especie, para otros del albergue en una casa.<\/p>\n<p>Las compa\u00f1\u00edas locales estaban por lo general compuestas mitad por mitad de cl\u00e9rigos y de laicos. Los primeros se reclutaban sobre todo en las curias episcopales o en clero parroquial; los segundos en la burgues\u00eda culta: en Lyon, Luis Moreri, autor del Dictionnaire, y Carlos D\u00e9mia, fundador de las escuelas, eran miembros celosos, estos oficiales conduc\u00edan la controversia, la catequesis, la acci\u00f3n caritativa: cuando los protestantes hab\u00edan abjurado, continuaban rode\u00e1ndoles de cuidados de palabra y con libros, con visitas, auxilios de dinero o en especie, consejos de orden espiritual.<\/p>\n<p>Cu\u00e1les fueron los resultados de estas iniciativas? Resultan desiguales seg\u00fan las circunstancias: los protestantes m\u00e1s desarmados, moral y socialmente, como los hu\u00e9rfanos, las viudas, las mujeres abandonadas, los enfermos hospitalizados, los prisioneros y, de forma general, aquellos que no pod\u00edan contar con un apoyo familiar, eran ganados con bastante facilidad y con frecuencia de forma duradera. Los otros m\u00e1s integrados en su comunidad, resist\u00edan con eficacia: a veces hasta el consistorio reformado local opon\u00eda una contra propaganda por el libro, el libelo pol\u00e9mico y sobre todo la obra de asistencia. Muchas comunidades de hugonotes, compuestas de ricos comerciantes, estaban en condiciones de organizar con \u00e9xito su autodefensa: son sus miembros religionarios convencidos, quienes, en el momento de la Revocaci\u00f3n, escoger\u00e1n el exilio.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de 1680, el estilo cambia: protestantes y reci\u00e9n convertidos constituyen el objeto de una vigilancia estricta y minuciosa, de una catequesis de reconquista. Sin embargo los medios utilizados var\u00edan de una regi\u00f3n a otra: los obispos del Norte emplean por lo general la persuasi\u00f3n o medios pac\u00edficos; los del Sur, m\u00e1s en contacto con los \u00abdisidentes\u00bb, se inclinan m\u00e1s por medidas correctivas.<\/p>\n<p>\u00abEncargado, escribe en 1698 el obispo de N\u00eemes, Fl\u00e9chier, encargado s\u00f3lo en mi di\u00f3cesis de cuarenta mil reci\u00e9n convertidos, con quienes converso desde hace once a\u00f1os y cuyas condiciones actuales yo veo, reconozco como san Agust\u00edn lo reconoci\u00f3 en su \u00e9poca, que la predicaci\u00f3n, la raz\u00f3n, la disputa, la conferencia y todos los oficios de la caridad y de la solicitud pastoral no avanzan apenas su conversi\u00f3n,\u00a0 si no son ayudados por el temor de las leyes y de las ordenanzas del pr\u00edncipe&#8230; Hay que debilitar pues a este partido curando su ignorancia, no por medio de controversias odiosas sino por ense\u00f1anzas s\u00f3lidas y explicaciones juiciosas de nuestros misterios, rompiendo por decirlo as\u00ed su endurecimiento con una autoridad prudente que los reduzca por lo menos a hacerse instruir. Son los dos medios de atraer a los herejes al seno de la Iglesia, la instrucci\u00f3n y el temor\u00bb.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os del reinado de Luis XIV, el camino de conversi\u00f3n tenido como el m\u00e1s eficaz por los obispos es la educaci\u00f3n. Este terreno de reconquista era felizmente elegido, al ser los reformados, por su propio origen, fieles al libro, con recurso constante a la Escritura. La declaraci\u00f3n real del 13 de diciembre de 1698, ordenando la \u00abejecuci\u00f3n del edicto de Revocaci\u00f3n del de Nantes\u00bb, creaba un plan de educaci\u00f3n al instituir para los reci\u00e9n convertidos escuelas y una ense\u00f1anza del catecismo hasta los catorce a\u00f1os. Los resultados de este m\u00e9todo escolar confirman los de las \u00abCompa\u00f1\u00edas de la Propagaci\u00f3n de la fe\u00bb: all\u00e1 donde la comunidad hugonote era floja num\u00e9ricamente \u2013inferior al 10%- y sin arraigo muy antiguo, desapareci\u00f3 casi totalmente, fundi\u00e9ndose con la masa de los cat\u00f3licos. En el caso contrario, esta comunidad se mantuvo y a veces se fortaleci\u00f3: el Languedoc y la di\u00f3cesis de La Rochelle presentan ejemplos de ello.<\/p>\n<h3>2 \u2013 La conversi\u00f3n sabia<\/h3>\n<p>A esta controversia familiar y parroquial se sobrea\u00f1ade otra de car\u00e1cter m\u00e1s cient\u00edfico: la primera se encontraba en efecto en condiciones de convertir a los individuos; no pod\u00eda modificar a fondo las instituciones eclesi\u00e1sticas. Richelieu no se content\u00f3 con imponer la obediencia a los protestantes: tuvo asimismo la ambici\u00f3n de traerlos a la unidad cat\u00f3lica; pero comprendi\u00f3 que el proselitismo bajo sus formas cotidianas era insuficiente y que eran tambi\u00e9n vanos los m\u00e9todos tradicionales de los te\u00f3logos. \u00c9stos efectivamente segu\u00edan fieles a la escol\u00e1stica, es decir a la alianza sutil dela palabra revelada y de la filosof\u00eda discursiva; era preciso encontrarse con los reformados en su propio terreno: el de los textos sagrados. El cardenal ministro escogi\u00f3 para este fin a controversistas y les entreg\u00f3 directivas: los principales fueron Te\u00f3filo Brachet de Lamilleti\u00e8re, un protestante convertido, y el jesuita Francisco V\u00e9ron. \u00c9ste escribi\u00f3 numerosas obras entre las cuales el M\u00e9thode pour traiter des controverses de religion par la seule \u00c9criture Sainte, publicada en 1637 y reeditada a menudo, y La r\u00e8gle de foi catholique, s\u00e9par\u00e9e de toutes les opinions scolastiques et de tous les sentiments particuliers. Por s\u00ed solos estos t\u00edtulos hacen barruntar el m\u00e9todo de V\u00e9ron y de sus \u00e9mulos[1]. Consiste en separar la palabra inspirada de la glosa filos\u00f3fica, en distinguir estrictamente las verdades de fe de las simples creencias, asignando a \u00e9stas \u00faltimas un grado de probabilidad. El autor advierte que, desde los Ap\u00f3stoles, las doctrinas ense\u00f1adas por los Padres o los santos no constituyen necesariamente dogmas si no han sido definidas expl\u00edcitamente como tales por la Iglesia. Se alza as\u00ed\u00a0 contra toda confusi\u00f3n entre la instituci\u00f3n divina y la instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica, el art\u00edculo de fe y la opini\u00f3n probable. Pero pide al mismo tiempo a los reformados que muestren sus dogmas en el evangelio y que justifiquen cada uno de los art\u00edculos de su confesi\u00f3n de fe con textos precisos.<\/p>\n<p>De ah\u00ed deb\u00eda resultar, en la segunda mitad del siglo XVII, un estilo de controversia en contraste con las d\u00e9cadas precedentes. El di\u00e1logo es menos apasionado: abandona los ataques contra las personas, se expresa en caracteres m\u00e1s t\u00e9cnicos ya que se dirige no ya a comunidades parroquiales enteras, sino a grupos restringidos de especialistas. Usa por eso mismo de un lenguaje menos afectivo; los debates no se dirigen m\u00e1s a la religi\u00f3n tomada en su totalidad; se limitan a problemas netamente circunscritos: por ejemplo la cuesti\u00f3n de la autenticidad de los textos, las de la penitencia, de la comuni\u00f3n, del libre albedr\u00edo o de la justificaci\u00f3n por la fe[1]. La controversia se hace pues m\u00e1s hist\u00f3rica que teol\u00f3gica: m\u00e1s erudita, evita con cuidado el comentario o el juicio de valor sobre los problemas en debate y se atiene a puntos precisos. Ser\u00e1 el m\u00e9todo que siga Bossuet en sus conversaciones, comenzadas en 1655 y continuadas en 1658, con el pastor Ferry, de Metz. Esta evoluci\u00f3n tiene como primera consecuencia orientar a los esp\u00edritus hacia la teolog\u00eda positiva, es decir hacia el estudio de los libros sagrados en s\u00ed mismos, sin a\u00f1adidos filos\u00f3ficos.<\/p>\n<h3>3 \u2013 La controversia sobre la Iglesia. Las primeras tentativas ecum\u00e9nicas<\/h3>\n<p>Esta controversia m\u00e1s serena, m\u00e1s cient\u00edfica, y su recurso a la Escritura tuvieron por efecto disipar por una parte y por otra incomprensiones y diferencias poco fundadas. Los puntos de vista parec\u00edan tanto m\u00e1s acercados cuanto m\u00e1s hincapi\u00e9 hac\u00edan entonces los cat\u00f3licos en san Agust\u00edn; esta corriente se afirmaba particularmente entre los jansenistas, pero no s\u00f3lo entre ellos. Pues muchas de las tesis o de las actitudes agustinianas \u2013sobre la gracia, la predestinaci\u00f3n, la autonom\u00eda de la conciencia individual, el rigor moral&#8230;- hab\u00edan sido adoptadas por los calvinistas[1]. Por otra parte Luis XIV, al principio de su reinado personal,\u00a0 deseaba vivamente la reuni\u00f3n de los cristianos y la fomentaba; respond\u00eda en efecto al ideal unitario cl\u00e1sico y serv\u00eda los m\u00e1s altos designios pol\u00edticos: qu\u00e9 gloria para el gran rey la de coronar el majestuoso edificio de la Preponderancia francesa atrayendo al reba\u00f1o, sin violencia a los fieles extraviados! Todas estas razones se conjugaban para crear un clima de buen entendimiento de cuya existencia en la regi\u00f3n de Caen da fe el poeta Segrais: \u00abHac\u00eda mucho tiempo antes de la Revocaci\u00f3n, escribe, que los cat\u00f3licos y los hugonotes viv\u00edan en gran inteligencia, que com\u00edan, beb\u00edan, jugaban, se divert\u00edan juntos y se separaban libremente, unos para ir a misa, otros para ir a la pr\u00e9dica, sin ning\u00fan esc\u00e1ndalo de una parte ni de otra\u00bb.<\/p>\n<p>El \u00faltimo obst\u00e1culo era la separaci\u00f3n de las Iglesias: parec\u00eda de orden institucional y de naturaleza f\u00e1cil de superar. Despu\u00e9s de 1660, la controversia entra de hecho en una nueva fase: movidos por un mismo celo, te\u00f3logos protestantes y cat\u00f3licos trabajaban en el acercamiento de las Iglesias. A partir de 1662, el pastor Leblanc de Beaulieu, profesor de la Academia de Sedan, trata de unir a luteranos y calvinistas entre s\u00ed, despu\u00e9s el conjunto de los protestantes a los cat\u00f3licos; por razones m\u00e1s pol\u00edticas, Fabert, gobernador de Sedan, luego Turenne, convertido en 1669 por Bossuet, apoyan este proyecto. Delegados del rey van a varias provincias, a las del sur en particular, y dan a entender a las comunidades hugonotes el otorgamiento de algunas concesiones: sobre el purgatorio, la intercesi\u00f3n de los santos, la liturgia en lengua vulgar, el lugar de las im\u00e1genes&#8230; En 1670 el pastor de Huisseau, de Saumur publica una obra titulada La r\u00e9union du Christianisme ou la mani\u00e8re de rejoindre tous les chr\u00e9tiens sous une seule confession de foi. Con m\u00e1s vigor y originalidad, un calvinista del Refugio, Pedro Jurieu (1637-1713), escribe dos obras, Le vrai syst\u00e8me de l&#8217;\u00c9glise (Dordrecht, 1686) y Le trait\u00e9 de l&#8217;unit\u00e9 de l&#8217;\u00c9glise et ses points fondamentaux (Rotterdam, 1688) en las que se esfuerza por mostrar que las diferentes confesiones cristianas tienen papeles complementarios: son en efecto los miembros de la \u00fanica Iglesia, la Iglesia universal prometida por la Escritura, \u00abTe extender\u00e1s al Occidente y al Oriente, al septentri\u00f3n y al mediod\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Por parte cat\u00f3lica, el gran heraldo de la unidad fue Bossuet. Dialog\u00f3 con el pastor de Metz, Paul Ferry, con el fil\u00f3sofo alem\u00e1n Leibnitz, public\u00f3 la Exposition de la doctrine de l&#8217;\u00c9glise catholique sur les mati\u00e8res de controverse, y la Histoire des variations des \u00c9glises protestantes, oponiendo la fidelidad a la Iglesia primitiva, continuada sin falta en el catolicismo, a las \u00abvariaciones\u00bb y a las divergencias de los reformados, esperaba \u00abconvertir\u00bb a \u00e9stos \u00faltimos a un retorno a la unidad romana.<\/p>\n<p>Todo fue en vano. All\u00ed cesaron las tentativas de \u00abreuni\u00f3n de las Iglesias\u00bb: no subsistieron el tiempo de la Ilustraci\u00f3n m\u00e1s que bajo formas residuales o debilitadas. Qu\u00e9 razones explican los fracasos de este primer \u00abecumenismo\u00bb? Son numerosas y actuaron de diferente forma. Los factores externos no son despreciables en absoluto: el recuerdo de las guerras de Religi\u00f3n, y las torpezas sociol\u00f3gicas contribuyeron a consagrar la integridad\u00a0 y la autonom\u00eda de cada comunidad. Por otra parte, la pol\u00edtica de Luis XIV, que conduc\u00eda en el interior a la revocaci\u00f3n del edicto de Nantes y en el exterior al conflicto con las potencias protestantes, no creaba condiciones favorables a la uni\u00f3n. Pero la verdadera causa del fracaso es de orden interno: reside en dos visiones esencialmente diferentes de la Iglesia. Para el cat\u00f3lico, la Iglesia, en su forma jer\u00e1rquica e institucional, constituye el magisterio supremo: ella es el dep\u00f3sito de una verdad infalible formulada por los papas y los concilios ecum\u00e9nicos. Eso era un obst\u00e1culo a todo compromiso: Leibnitz lo percib\u00eda con toda claridad quien exig\u00eda de\u00a0 Bossuet, como condici\u00f3n previa a toda discusi\u00f3n, el rechazo puro y simple de los c\u00e1nones tridentinos. Para el protestante al contrario, la Iglesia es una comuni\u00f3n m\u00edstica, no se encierra ni en un conjunto de instituciones ni en una ortodoxia; se extiende por todas partes, abriga a fieles de opiniones diversas incluso divergentes, a veces a hasta excomulgados. El fracaso de este primer di\u00e1logo ilustra esta verdad de todos los tiempos, que el cristianismo puede ser comprendido, sentido y vivido de diferentes maneras; denuncia con ello la dificultad de todo proyecto tendente a fundir en una instituci\u00f3n \u00fanica al conjunto de las confesiones cristianas.<\/p>\n<h2>II \u2013 El libertinaje<\/h2>\n<p>La Iglesia no s\u00f3lo ten\u00eda la preocupaci\u00f3n por las desviaciones doctrinales o disciplinares: deb\u00eda afrontar un peligro m\u00e1s grave a\u00fan, en oposici\u00f3n con la naturaleza de su misi\u00f3n, el de los libertinos.<\/p>\n<p>En el sentido estricto, este t\u00e9rmino designa a los miembros de una secta imbuida de los principios del pante\u00edsmo: los hermanos del libre Esp\u00edritu, naci\u00f3 en Lille hacia 1525, de all\u00ed lleg\u00f3 a Par\u00eds y a varias ciudades de provincias. Los libertinos profesaban la existencia de un \u00fanico Esp\u00edritu inmortal, infinito, omnipresente: es Dos quien anima a los hombres, obra en ellos, se une \u00edntimamente a sus cuerpos y se convierte as\u00ed en el motor de toda acci\u00f3n. El hombre no tiene pues ninguna responsabilidad, su \u00fanica funci\u00f3n en la tierra es abandonarse al capricho de sus deseos son esperanza ni temor: la declaraci\u00f3n de nuestra total impotencia era la negaci\u00f3n del cristianismo, de su voluntad de mortificaci\u00f3n y purificaci\u00f3n. En realidad, los libertinos viv\u00edan como epic\u00fareos, sin regla ni obligaci\u00f3n. Calvino hab\u00eda luchado en\u00e9rgicamente contra ellos y hab\u00edan desaparecido como secta, pero la actitud intelectual que hab\u00edan creado subsisti\u00f3, por ello poco a poco el t\u00e9rmino de libertino significar\u00e1 libre pensador, racionalista enemigo de toda creencia religiosa; a ello se asocia naturalmente la idea de una conducta amoral, incluso disoluta. \u00c9ste es su sentido habitual en el siglo XVII.<\/p>\n<p>Por qu\u00e9 se propaga el libertinaje en esta \u00e9poca? Por razones de orden general: el esp\u00edritu del Renacimiento, es decir el individualismo y el libre examen, sobrevive; la fe tradicional cristiana es rechazada en nombre de la filosof\u00eda. Con la ruptura de la unidad de la Iglesia, se desarroll\u00f3 un factor de escepticismo o de contestaci\u00f3n. Por fin las antiguas estructuras de cristiandad se ven destruidas o alteradas: los hombres se benefician menos que anta\u00f1o del apoyo sociol\u00f3gico a su creencia, de donde la proliferaci\u00f3n de las ideolog\u00edas y de las sectas.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu libertino confundido con el racionalismo no es propio de Francia; es en Italia por lo dem\u00e1s\u00a0 donde encontr\u00f3 su tierra de elecci\u00f3n;\u00a0 su principal foco fue all\u00ed, a principios del siglo XVI, la universidad de Padua, y su te\u00f3rico m\u00e1s c\u00e9lebre Pomponazzi. Esta forma de libertinaje filos\u00f3fico aparece en Francia un poco m\u00e1s tarde y marca el pensamiento de hombres c\u00e9lebres por otros t\u00edtulos, como a los poetas Ronsard y Pontus de Tyard, a los fil\u00f3sofos Montaigne y Jean Bodin. Estas corrientes se prolongan al siglo XVII pero, despu\u00e9s de 1624, con el ascenso de los poderes fuertes \u2013los de Richelieu, luego de Luis XIV- el libertinaje se ve obligado a mayor discreci\u00f3n: abandona la plaza p\u00fablica y se refugia e c\u00edrculos m\u00e1s cerrados, como el s\u00e9quito de Gast\u00f3n de Orl\u00e9ans, los hoteles del Marais y algunas escuelas, a veces se extiende por la media burgues\u00eda de toga, entre los regentes de colegio, entre los eclesi\u00e1sticos lo que se ha llamado el \u00ablibertinaje erudito\u00bb; se diferencia del libertinaje del Marais en el sentido de que este \u00faltimo se contentaba con m\u00e1s frecuencia con tonadillear las creencias religiosas, a la par que el libertinaje erudito las somete a una cr\u00edtica muy severa de orden hist\u00f3rico y filos\u00f3fico. El libertinaje se reviste en la Francia cl\u00e1sica de formas diversas.<\/p>\n<h3>1 \u2013 El libertinaje mundano y sensual<\/h3>\n<p>Es el m\u00e1s simple y el m\u00e1s elemental, al menos en sus manifestaciones. Se descubre en las cortes, en la de Enrique IV, en la de Mar\u00eda de M\u00ebdicis con Concini y de Luynes, en la de Ana de Austria bajo la Regencia, de Luis XIV al principio de su reinado. Una gran libertad de costumbres florece en estos medios: cortesanas como Marion Delorme o Ang\u00e9lica Poulet ejercen en ellos una influencia notoria. Una atm\u00f3sfera parecida, hecha de sensualidad, de libertad de lenguaje y de costumbres, abunda en los cabarets de moda, la \u00abPomme de Pin\u00bb, el \u00abPetit More\u00bb, el \u00abCormier\u00bb, y tambi\u00e9n en los salones como los de Ninon de Lanclos, de Madame de Lesdigui\u00e8res, de Madame de Sabl\u00e9. Estos salones se diferencian de los cabarets, no s\u00f3lo por el alistamiento social, sino sobre todo por una mezcla sutil de sensualidad y de filosof\u00eda, Ninon de Lenclos por ejemplo est\u00e1 llena de Montaigne y hace de los Essais su lectura cotidiana; en el mismo sal\u00f3n, el fil\u00f3sofo Saint-Evremond, tambi\u00e9n disc\u00edpulo de Montaigne, ejerce una gran influencia: profesa un racionalismo estricto y una adhesi\u00f3n sin reservas al epicure\u00edsmo.<\/p>\n<p>Otros fil\u00f3sofos tienen actitudes parecidas aunque menos sistem\u00e1ticas. As\u00ed La Mothe le Vayer, abrevado en las mismas fuentes, es esc\u00e9ptico con respecto a las verdades de la fe; en su libro De la vertu des payens (1642), manifiesta sus simpat\u00edas por las mitolog\u00edas antiguas y elabora una moral racional del placer. Cyrano de Bergerac publica dos obras, Les \u00e9tats et empires de la lune (1648), Les \u00e9tats et empires du soleil (1663) que son utop\u00edas es decir medios literarios de criticar la religi\u00f3n y la sociedad[1]. El caballero Charles M\u00e9r\u00e9, el libertino evocado por Pascal, inspirar\u00e1 a Moli\u00e8re cuyas audacias sobrepasar\u00e1n a veces a las suyas. M\u00e9r\u00e9, nacido en 1607, frecuent\u00f3 de muy joven los salones y se impuso por tarea realizar la imagen perfecta del hombre honrado; se convirti\u00f3 en una especie de gu\u00eda para la gente de mundo. Haciendo profesi\u00f3n de epicure\u00edsmo, presentaba la felicidad terrestre como el fin supremo del hombre: para alcanzarla el esp\u00edritu debe seguir en todo la raz\u00f3n, rechazar toda autoridad, toda tradici\u00f3n, todo marco nacional, toda religi\u00f3n. Se ha de acceder as\u00ed a una independencia total, liberarse de la inquietud, contentarse con goces moderados. Lo que M\u00e9r\u00e9 reprocha precisamente al cristianismo es que todo lo fundamenta en esta inquietud exaltada por san Agust\u00edn y por Pascal: la irreligi\u00f3n es as\u00ed a sus ojos la liberaci\u00f3n suprema; condena por las mismas razones el matrimonio, la familia&#8230;<\/p>\n<p>El inter\u00e9s hist\u00f3rico de este libertinaje mundano reside quiz\u00e1s menos en su alcance filos\u00f3fico que en sus aspectos sociol\u00f3gicos: con los salones, los cabarets, los c\u00edrculos literarios, cre\u00f3 un medio humano que ha servido de soporte a un movimiento de mayor alcance.<\/p>\n<h3>2 \u2013El libertinaje ateo<\/h3>\n<p>Existen en efecto libertinos m\u00e1s absolutos en sus conclusiones y que no dudan en negar a Dios mismo. Se los llama libertinos sin m\u00e1s, m\u00e1s tarde, despu\u00e9s de 1630, \u00abesp\u00edritus fuertes\u00bb y, a las puertas de la Ilustraci\u00f3n, \u00abracionales\u00bb.<\/p>\n<p>Los progresos de esta forma de libertinaje no dejaron de inquietar a las autoridades pol\u00edticas y religiosas: explican el vigor creciente de la represi\u00f3n. Ya en 1614, la asamblea del clero ped\u00eda al rey que \u00abpublicara prohibiciones a todos los ateos, jud\u00edos, mahometanos, adamitas, anabaptistas y parecidos\u00bb de tener residencias en Francia bajo pena de encarcelamiento y de confiscaci\u00f3n de los bienes. La situaci\u00f3n empeor\u00f3 y la asamblea de 1645 fue presa de quejas muy numerosas a prop\u00f3sito de exacciones \u2013ataques, saqueos, lesiones, muertes- de que eran v\u00edctimas los eclesi\u00e1sticos: pobres p\u00e1rrocos fueron maltratados, apresados, varios fueron asesinados y sus casas saqueadas. La Iglesia de Francia sinti\u00f3 tal conmoci\u00f3n que \u00abconsider\u00f3 que la desdicha de los tiempos era tal que todo sentimiento de Religi\u00f3n parec\u00eda haberse extinguido en la mayor parte de los hombres y del desprecio de sus Ministros pasan injuriosamente al de Dios: lo que hace que el libertinaje, los juramentos, las blasfemias y la impiedad sean hoy cr\u00edmenes ordinarios, que se cometen hoy p\u00fablica e impunemente\u00bb.. Esta ola de anticlericalismo violento ir\u00e1 creciendo hasta los primeros a\u00f1os del reinado de Luis XIV. Para poner remedio esta misma asamblea de 1645 decidi\u00f3 dar un paso solemne: el 19 de abril de 1646, mand\u00f3 llegar por medio de una delegaci\u00f3n de prelados a regente y al cardenal Mazarino una Remontrance (amonestaci\u00f3n) denunciando a los \u00abblasfemos y libertinos\u00bb. Este texto es un largo an\u00e1lisis\u00a0 de los progresos de la impiedad en la sociedad francesa: se eleva en particular contra la extensi\u00f3n de la blasfemia ya algo corriente no s\u00f3lo en el pueblo sino entre \u00ablas personas de alta condici\u00f3n\u00bb; la blasfemia ha llegado entonces a ser habitual en la aristocracia. Mas para llegar a comprender la severidad del juicio emitido por la asamblea del clero se ha de recordar que la blasfemia no era en esta \u00e9poca la interjecci\u00f3n mec\u00e1nica, casi vac\u00eda de su sentido, en que se ha convertido despu\u00e9s: era la afirmaci\u00f3n de una oposici\u00f3n contra Dios, la religi\u00f3n y el orden establecido, una verdadera profesi\u00f3n de ate\u00edsmo. Va pues mucho m\u00e1s lejos que la simple palabra exclamativa: tiende a ridiculizar a Dios y la religi\u00f3n. Los Archivos de la Bastilla nos entregan un cierto n\u00famero de estos comportamientos blasfemos. Un dosier nos revela por ejemplo que un oficial del pr\u00edncipe de Cond\u00e9, Barin y otro gentilhombre, Lavall\u00e9e, al enterarse de la firma de la paz de los Pirineos en 1659, \u00abblasfemaron y dijeron que si tuvieran a Cristo, que lo apu\u00f1alar\u00edan, ya que permit\u00eda que se hiciera la paz en la que ellos no pod\u00edan vivir\u00bb. Semejante observaci\u00f3n revela la transposici\u00f3n de un malestar social al plano religioso: bajo el Antiguo r\u00e9gimen, la desmovilizaci\u00f3n, despu\u00e9s de un largo periodo de guerra, llevaba siempre consigo para los nobles el paro, el empobrecimiento, a veces la ruina. La misma acta de acusaci\u00f3n advierte que Barin \u00abvive como ateo, no va a misa, no habla con los dem\u00e1s m\u00e1s que de impiedades; ha realizado tres o cuatro veces la procesi\u00f3n con una escoba en lugar de una cruz, un caldero de agua en lugar de agua bendita, y ha cantado un De profundis y otras canciones a uno que se hac\u00eda el muerto, burl\u00e1ndose de la religi\u00f3n y de las ceremonias.<\/p>\n<p>Fuera de estos rasgos caracterizados, con los que se hace publicidad de forma ostentosa o provocativa, el ate\u00edsmo se constituye raramente en objeto de adhesi\u00f3n expl\u00edcita, ya que los entredichos oficiales obstaculizan su expresi\u00f3n. No es posible citar con certeza, entre su sectarios, m\u00e1s que a algunas personas perseguidas y condenadas, por ejemplo: el astr\u00f3logo de Mar\u00eda de M\u00e9dicis, Cosme Ruggieri, muerto en la incredulidad m\u00e1s total y cuyo cad\u00e1ver fue arrojado a la calle; otro italiano del s\u00e9quito de la reina, llamado Lucilio Vanini, carmelita exclaustrado y materialista p\u00fablico, que fue quemado en Toulouse en 1619, o tambi\u00e9n Gilles Fr\u00e9mont, quemado en 1621 en la plaza de Gr\u00e8ve.<\/p>\n<p>Solo por v\u00eda indirecta se aprecia el auge del ate\u00edsmo, en particular por el gran n\u00famero de las publicaciones destinadas a apoyarlo o combatirlo: se trata sobre todo de obras populares que tienden a vulgarizar las pruebas de la existencia de Dios, por ejemplo el libro de Andr\u00e9 Dabillon, La divinit\u00e9 defendue contre les ath\u00e9es (1641). Se ha de destacar tambi\u00e9n la multiplicaci\u00f3n de los edictos antiblasfemos y la agravamiento de las penas: el edicto de 1594 no preve\u00eda, para el primer blasfemo conocido, m\u00e1s que una multa de diez escudos; el de 1647 amenaza a los transgresores con duras penas corporales (labios cortados, lengua perforada&#8230;) y exige de todos la denuncia de los culpables.<\/p>\n<p>Esta represi\u00f3n draconiana responde por otra parte a una ofensiva sutil pero peligrosa del esp\u00edritu ateo: hacia mediados del siglo, en el momento de la Fronda, se advierte en varias di\u00f3cesis \u2013Par\u00eds, Chartres&#8230;- una multiplicaci\u00f3n de las proposiciones her\u00e9ticas en la predicaci\u00f3n popular: se niega la divinidad de Cristo, se rechaza la presencia real en la eucarist\u00eda, Jes\u00fas es declarado pecador, san Jos\u00e9 tenido por padre del Mes\u00edas seg\u00fan la carne&#8230;\u00a0 Se trata de un ataque concertado para hacer entrar en las mentalidades populares proposiciones her\u00e9ticas en momentos de una recrudescencia del movimiento libertino? No es imposible, pero las pesquisas son demasiado parciales o espor\u00e1dicas para afirmarlo. En los \u00faltimos a\u00f1os del reinado, se conjugan a veces, en el libertinaje popular, la oposici\u00f3n pol\u00edtica y la oposici\u00f3n religiosa. La queja siguiente, inspirada en el Pater, ofrece un testimonio de esto: \u00abPadre nuestro que est\u00e1s en Versailles, vuestro nombre ya no es glorificado&#8230; vuestra voluntad ya no se hace en la tierra ni en el agua. Danos nuestro pan cotidiano. Perdonad a nuestros enemigos que nos han vencido tanto y no a nuestros generales que les han dejado hacerlo. No sucumb\u00e1is m\u00e1s a las tentaciones de la Maintenon y libradnos de Chamillart. Am\u00e9n\u00bb.<\/p>\n<p>Numerosos indicios atestiguan el progreso de esta forma insidiosa de libertinaje. Es posible calcularlo? Algunos lo han intentado. El Padre Mars\u00e8nne, en una de sus obras publicada en 1623, adelanta la cifra muy elevada de 50 000 ateos s\u00f3lo para la ciudad de Par\u00eds, pero esa evaluaci\u00f3n no es verificable y ciertamente es excesiva. Un poco m\u00e1s tarde, un predicador, el Padre Jean Boucher, pretend\u00eda que Par\u00eds estaba \u00abpavimentado de ateos\u00bb y Guy Patin recuerda la proposici\u00f3n de un libertino del tiempo, Roquelaure, a Luis XIV al comienzo de su reinado: \u00abel Se\u00f1or de Roquelaure propone el mejor medio de enviar un gran ej\u00e9rcito a Italia, a saber que el Se\u00f1or de Liancourt entregue 20.000 jansenistas, el Se\u00f1or de Turenne 20.000 hugonotes y \u00e9l 10.000 ateos. Ah\u00ed ten\u00e9is a 50.000 hombres que no perdonar\u00e1n al papa\u00bb. De hecho, es muy dif\u00edcil, si no imposible, adelantar una evaluaci\u00f3n precisa. El libertinaje ateo saca su importancia menos del n\u00famero de sus adeptos que de su actitud de revuelta contra la religi\u00f3n y la sociedad.<\/p>\n<h3>3 \u2013 El libertinaje filos\u00f3fico<\/h3>\n<p>Es el libertinaje que sin rechazar el cristianismo opera su s\u00edntesis m\u00e1s o menos total con una filosof\u00eda profana. As\u00ed, con el estoicismo que se integra estrechamente\u00a0 en el esp\u00edritu del Renacimiento, fija un nuevo ideal a la humanidad: los fil\u00f3sofos estoicos \u2013Epicteto, S\u00e9neca&#8230;- ense\u00f1an que el fin del hombre, no la salvaci\u00f3n individual, sino la entrega a la sociedad, que la virtud ha de ser practicada por s\u00ed misma y no con la idea de una recompensa o de un castigo. El estoicismo se convierte as\u00ed a la vez en causa y resultado de cierta laicizaci\u00f3n de la moral: ha contribuido a sustituir al santo por el h\u00e9roe. El hombre nuevo tiende no ya a borrar su personalidad, sino a\u00a0 afirmarla y desarrollarla: el sentido de la humildad se difumina, es tenido casi como una debilidad condenable. El estoicismo ense\u00f1a paralelamente la autonom\u00eda de la conciencia, su liberaci\u00f3n con respecto a la autoridad.<\/p>\n<p>La moda de los estoicos fue grande en el siglo XVII: S\u00e9neca fue muy le\u00eddo y traducido varias veces, en particular por Malherbe. La moral estoica penetra en el teatro cl\u00e1sico y hasta en la literatura espiritual con Desmarets de Saint-Sorlin, Maynard&#8230; Cu\u00e1l fue su influencia en la sociedad? Ha determinado varias actitudes diferentes. Algunos se esforzar\u00e1n por adaptarlo creando una especie de estoicismo cristiano: es el caso de m\u00edsticos como Jean Pierre Camus, obispo de Beley o Etienne Binet: en su mente se opera una especie de fusi\u00f3n entre el \u00abdestino\u00bb estoico y la providencia. Otros,\u00a0 como san Francisco de Sales en su Trait\u00e9 de l&#8217;amour de Dieu, adoptan una posici\u00f3n media distinguiendo lo que hay de vituperable y lo que hay de asimilable en los estoicos. Pero con la mayor frecuencia el estoicismo se transforma en un arma utilizada por los libertinos para oponer el hero\u00edsmo antiguo a la santidad cristiana y para contestar la superioridad moral del catolicismo. Por eso la apolog\u00e9tica cristiana del siglo XVII acometer\u00e1 con viveza a la filosof\u00eda estoica.<\/p>\n<p>El epicure\u00edsmo fue ensalzado de igual modo por el Renacimiento. Penetra as\u00ed en el mundo literario, hasta en los c\u00edrculos eclesi\u00e1sticos a veces y en los monasterios. Su gran ap\u00f3stol fue el abate Ren\u00e9 Gassendi (1592-1655).<\/p>\n<p>Entre los fil\u00f3sofos modernos, el cartesianismo deb\u00eda ejercer una influencia profunda en los medios libertinos. Una de las grandes novedades de Descartes fue no s\u00f3lo romper con el aristotelismo, sino sobre todo alzarse contra la uni\u00f3n de la filosof\u00eda griega con la Revelaci\u00f3n. Esta uni\u00f3n constitu\u00eda el principio mismo de la escol\u00e1stica: la mayor parte de los grandes problemas religiosos tales como la existencia de dios, la providencia, la creaci\u00f3n, las relaciones del alma y del cuerpo&#8230; se demostraban a la vez por el comentario del texto sagrado y por la argumentaci\u00f3n filos\u00f3fica. Descartes separa el plano de la fe del plano de la raz\u00f3n, lo que enseguida tiene por efecto provocar una ruptura radical en el conocimiento tradicional. Por otro lado \u00e9l no excluye a Dios, sino que le mantiene en un dominio inaccesible: su explicaci\u00f3n del universo y hasta del hombre es una s\u00edntesis mecanicista, fundada en leyes inmutables, mientras que la ense\u00f1anza cristiana mostraba la intervenci\u00f3n constante de Dios en el mundo y en la vida de cada uno. El cartesianismo tend\u00eda as\u00ed hacia un de\u00edsmo, diferente en su naturaleza de la religi\u00f3n encarnada e hist\u00f3rica propuesta por la Iglesia. Lo que Pascal reprochar\u00e1 en\u00e9rgicamente a Descartes es tratar de quedarse sin Dios[1], o m\u00e1s exactamente de sustituir al \u00abDios de Abraham, de Isaac y de Jacob\u00bb por el \u00abDios de los fil\u00f3sofos y de los sabios\u00bb. Al final del siglo, Pierre Bayle en su Dictionnaire historique, y Fontenelle en L&#8217;Origine des fables, ir\u00e1n m\u00e1s lejos y aplicar\u00e1n una cr\u00edtica radical a la noci\u00f3n misma de revelaci\u00f3n y a todo lo sobrenatural.<\/p>\n<p>De un modo general, todas estas intrusiones filos\u00f3ficas en la religi\u00f3n tienden al de\u00edsmo. Es la forma m\u00e1s extendida, la m\u00e1s sutil y sin duda la m\u00e1s peligrosa del libertinaje. Del cristianismo s\u00f3lo se retiene la existencia de Dios; lo dem\u00e1s, es decir la encarnaci\u00f3n, el Cristo hist\u00f3rico mezclado con los hombres, la Iglesia, la moral cristiana, las pr\u00e1cticas son rechazadas como desprovistos de fundamentos racionales. El de\u00edsmo es pues la mayor parte de las veces un cristianismo minimizado, aliado a una filosof\u00eda. Generalmente sus adeptos se atienen a las actitudes individuales; no constituyen ninguna agrupaci\u00f3n org\u00e1nica o institucional. Sin embargo a veces forma sectas: es el caso de las \u00abRose-Croix\u00bb, nacidas hacia 1620, o tambi\u00e9n de los \u00abiluminados\u00bb que se desarrollan en Par\u00eds y sobre todo en Lyon. Pretenden estar inspirados por el Esp\u00edritu Santo, rechazan a la Iglesia, las ceremonias y las reglas morales.<\/p>\n<p>As\u00ed aparecen las grandes familias de los libertinos; pero es evidente que no hay entre ellas separaci\u00f3n absoluta, las interferencias son por el contrario numerosas y muchos de ellos como M\u00e9r\u00e9 y Cyrano de Bergerac pueden ser tenidos a la vez por mundanos y por fil\u00f3sofos. El libertino com\u00fan fue de gran importancia en la vida y en el pensamiento religioso en el siglo XVII; era tanto m\u00e1s peligroso por tratarse para la Iglesia de un movimiento profundo pero de contornos mal definidos. Este peligro ya lo sinti\u00f3 Pascal m\u00e1s que cualquier otro, y para enfrentarse a \u00e9l escribi\u00f3 su apolog\u00eda, publicada despu\u00e9s bajo el t\u00edtulo de Pens\u00e9es. El libertinaje est\u00e1 igualmente cargado de graves consecuencias hist\u00f3ricas: lleva en germen lo que se llamar\u00e1 en el siglo XVII el esp\u00edritu filos\u00f3fico o enciclopedista. Existe filiaci\u00f3n cierta entre pensadores como Motaigne, Charron, Bayle y Voltaire. A este ascenso del libertinaje se esfuerza la Iglesia en responder con la apolog\u00e9tica.<\/p>\n<h2>III \u2013 La apolog\u00e9tica<\/h2>\n<p>Apolog\u00e9tica significa etimol\u00f3gicamente defensa, justificaci\u00f3n de la religi\u00f3n. Reviste un car\u00e1cter negativo en el sentido de que combate al adversario, refuta su argumentaci\u00f3n y se acerca as\u00ed a la controversia; pero posee tambi\u00e9n un aspecto positivo, porque tiende a convencer del fundamento de sus principios: se hace entonces explicativa y puede incluso apelar a los sentimientos. La apolog\u00e9tica ha existido siempre, pero en el siglo XVII adquiere un giro m\u00e1s sistem\u00e1tico. Por qu\u00e9? En los siglos anteriores, la Iglesia hab\u00eda podido ser contestada sobre tal o cual de sus dogmas o de sus pr\u00e1cticas; m\u00e1s adelante, con la ruptura de la cristiandad y el ascenso del libertinaje, ella lo es en su mismo principio, en su car\u00e1cter de religi\u00f3n positiva. Por ello se hace la apolog\u00e9tica m\u00e1s total y entra en todos los terrenos: teolog\u00eda, historia, ciencia, filosof\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>Existen adem\u00e1s, no una sola, sino m\u00faltiples formas de apolog\u00e9tica. En primer lugar un g\u00e9nero difuso y ocasional: es el practicado por poetas, fil\u00f3sofos, novelistas, hombres de teatro; as\u00ed Corneille tuvo un pensamiento apolog\u00e9tico al escribir Polyeucte. S\u00f3lo nos detendremos aqu\u00ed en la apolog\u00e9tica en sentido estricto y t\u00e9cnico del t\u00e9rmino cuya expresi\u00f3n var\u00eda por otra parte seg\u00fan el m\u00e9todo de argumentaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>1 &#8211; La apolog\u00e9tica fundada en la raz\u00f3n<\/h3>\n<p>Es la m\u00e1s tradicional, la que prolonga el m\u00e9todo de los grandes escol\u00e1sticos. Santo Tom\u00e1s distingue en el mundo dos \u00f3rdenes, el natural y el sobrenatural, pero no establece separaci\u00f3n absoluta entre los dos; la raz\u00f3n puede conducir a la fe y al conocimiento de Dios: Intelligo ut credam, comprendo a fin de creer. Por eso utiliza tan ampliamente el argumento filos\u00f3fico.<\/p>\n<p>En el siglo XVII, el tomismo declina como cosmolog\u00eda, es decir como sistema del mundo, pero subsiste como m\u00e9todo de demostraci\u00f3n. Muchos apologistas de esta \u00e9poca siguen, si no siempre al menos con frecuencia, este m\u00e9todo racional, por ejemplo un jesuita L\u00e9onard Lessius, un m\u00ednimo el Padre Mersenne, un capuchino el Padre Ives de Paris. Ellos no admiten que Dios sea tenido como \u00abincomprensible\u00bb al hombre: la raz\u00f3n puede percibir al menos algunos de sus aspectos. Se unen as\u00ed al humanismo en su propio terreno, es decir el de la demostraci\u00f3n racional. El oratoriano Malebranche (1638-1715) puede ser clasificado en esta categor\u00eda, si bien su personalidad y el vigor de su pensamiento trascienden toda clasificaci\u00f3n r\u00edgida. Sus principales obras apolog\u00e9ticas son: el primer volumen de la Recherche de la v\u00e9rit\u00e9 y sobre todo las Conversations chr\u00e9tiennes. En este \u00faltimo libro, Malebranche se propone demostrar el fundamento\u00a0 del cristianismo a un cartesiano libertino. Su plan es reconciliar la raz\u00f3n y la fe o, seg\u00fan se ha dicho, asociar el Evangelio y el Discours de la M\u00e9thode. El Dios cristiano se convierte as\u00ed en el Dios de la inteligencia m\u00e1s bien que en el Dios de amor: toda la apolog\u00e9tica de Malebranche consiste en hacer coincidir el orden sobrenatural con las leyes f\u00edsicas. Dios Padre preside el mecanismo inmutable del mundo, mientras que Cristo es la sabidur\u00eda eterna que rige el orden de la gracia. El universo cristiano est\u00e1 calcado sobre el universo de los matem\u00e1ticos y de los f\u00edsicos. Malebranche tiende as\u00ed a excluir del cristianismo lo sobrenatural, el misterio, el milagro, la inquietud, la caridad y hasta la gracia que se confunde con la naturaleza: coloca en su lugar la raz\u00f3n y el orden y estima haber convencido a los libertinos abrazando sus puntos de vista. Este pensador tuvo una influencia considerable sobre su generaci\u00f3n, sin duda porque su filosof\u00eda de inspiraci\u00f3n racional est\u00e1 en consonancia con uno de los componentes del clasicismo.<\/p>\n<h3>2 \u2013La apolog\u00e9tica fundada en la ciencia<\/h3>\n<p>El siglo XVII fue un tiempo de revoluci\u00f3n cient\u00edfica, ilustrado por los nombres de Galileo, de Kepler, de Descartes, de Newton, de Leibnitz&#8230;, por no citar m\u00e1s que a los m\u00e1s grandes. Estos pensadores juzgan que las matem\u00e1ticas constituyen la v\u00eda verdadera para el conocimiento del mundo. Pero esta b\u00fasqueda no est\u00e1 formas de apolog\u00e9tica fundan su discurso en la ciencia y en la raz\u00f3n: por este t\u00edtulo son de inspiraci\u00f3n tomista. Otra corriente es por el contrario tributaria del agustinianismo. En el an\u00e1lisis del conocimiento, especialmente en las relaciones de la raz\u00f3n y de la fe, tomistas y agustinianos adoptan premisas diferentes. Los primeros conceden mucho a la raz\u00f3n: a sus ojos la inteligencia tiene su objeto propio y puede as\u00ed acceder a muchas verdades de la fe. De ah\u00ed el lugar considerable ocupado en sus obras por la argumentaci\u00f3n racional. Para los disc\u00edpulos de san Agust\u00edn por el contrario el poder de la raz\u00f3n es limitado: primero por el pecado original que afect\u00f3 al hombre profundamente, pero tambi\u00e9n porque antes del despertar de la reflexi\u00f3n, la inteligencia padece m\u00faltiples influencias contradictorias que alteran o limitan su ejercicio; sin la ayuda del Evangelio o del magisterio eclesi\u00e1stico, es incapaz. Es decir que para el agustiniano, la Revelaci\u00f3n cubre todos los dominios: en el interior de este conjunto infinito, la raz\u00f3n est\u00e1 en condiciones de actuar pero en sectores limitados. Los fil\u00f3sofos paganos no pudieron pues acceder al conocimiento religioso ni siquiera acercarse a \u00e9l: les faltaba efectivamente lo esencial, es decir la Revelaci\u00f3n. La apolog\u00e9tica agustiniana obedece as\u00ed al esquema siguiente: mostrar los l\u00edmites de la raz\u00f3n, preparar el acto de fe, por fin estudiar la sagrada Escritura, pasos resumidos en la f\u00f3rmula, inversa de la de los tomistas, Credo ut intelligam, creo a fin de comprender.<\/p>\n<p>Los apologistas agustinianos son numerosos en el siglo XVII: se encuentran entre ellos prelados como Jean Pierre Camus, obispo de Belley, autor del Trait\u00e9 de la foi (1633); algunos jesuitas \u2013el Padre Garasse, el Padre Caussin- pero poco numerosos pues la Compa\u00f1\u00eda en su conjunto sigui\u00f3 fiel al humanismo, es decir a una ideolog\u00eda racional; por fin y sobre todo el movimiento de Port-Royal en el que Pascal ocupa un lugar eminente.<\/p>\n<p>Esta apolog\u00eda del cristianismo era considerada por Pascal como meta l\u00f3gica de su obra: inacabada en su composici\u00f3n, se presenta bajo la forma de un millar de fragmentos de extensiones muy diversas que los primero editores publicaron en 1669-1670 bajo el t\u00edtulo de Pens\u00e9es. Trabajos recientes- los de Louis Lafuma, de Jean Mesnard- han permitido reconstruir en sus grandes l\u00edneas el orden de los fragmentos y conocer as\u00ed, en sus etapas esenciales, el proceso creador del autor. Se hubiera podido creer que Pascal, hombre de ciencia, hubiera usado, en su apolog\u00eda de la religi\u00f3n, de la argumentaci\u00f3n cient\u00edfica. De hecho, nada de eso. Por qu\u00e9? Porque la ciencia depende en su principio de la concupiscencia: entre las formas de inclinaci\u00f3n al pecado, los te\u00f3logos distinguen la libido sentiendi, la libido dominandi, la libido sciendi es decir la atracci\u00f3n de los sentidos, la del dominio, la de la ciencia. Esta \u00faltima nos lleva a la ambici\u00f3n de conocerlo todo. Ahora bien el sabio es incapaz de ello, ya que su raz\u00f3n alterada por el pecado original es imperfecta y se halla, por a\u00f1adidura, en una condici\u00f3n media: se encuentra en efecto situado entre dos infinitos. De ah\u00ed los pensamientos dirigidos contra la ciencia: \u00abEscribir contra los que profundizan demasiado en las ciencias. Descartes\u00bb, porque se entregan a una vana curiosidad; o tambi\u00e9n \u00abDescartes in\u00fatil e incierto[1]\u00bb, porque su ciencia no alcanza el absoluto.<\/p>\n<p>En qu\u00e9 consiste pues el m\u00e9todo de Pascal? En un estudio del coraz\u00f3n humano: en \u00e9l descubre dos aspectos contradictorios a los que llama su miseria y su grandeza. La primera se manifiesta en m\u00faltiples maneras de las que presenta un an\u00e1lisis en profundidad: el hombre, expone \u00e9l, vive en un mundo de apariencias ya que su naturaleza se extrav\u00eda por el inter\u00e9s, la costumbre y sobre todo la imaginaci\u00f3n. La \u00abjusticia\u00bb, por ejemplo, no puede aqu\u00ed abajo llegar a ning\u00fan valor racional ni universal. Ella var\u00eda seg\u00fan los tiempos y los lugares. Divertida justicia a la que rodea un r\u00edo!\u00bb Tambi\u00e9n para servir a esta falsa justicia deben o impresionar las imaginaciones con su lenguaje, sus atuendos rojos y sus armi\u00f1os, o hacer uso de la fuerza: \u00abNo pudiendo hacer que lo que es justo sea fuerte, se hace que lo que es fuerte sea justo\u00bb. La virtud no tiene fundamento m\u00e1s s\u00f3lido: \u00abEl latrocinio, el incesto, el asesinato de los ni\u00f1os y de los padres, todo ha ocupado su lugar entre las acciones virtuosas[1]\u00bb. He ah\u00ed la raz\u00f3n porqu\u00e9 el hombre en el reposo siente su nada y los achaques de su condici\u00f3n: busca el olvido de su miseria en la \u00abdiversi\u00f3n\u00bb que, al exaltar sus pasiones, agrava su mal.<\/p>\n<p>Pero esta miseria no es m\u00e1s que el reverso de la grandeza del hombre, ya que es capaz de tomar conciencia de ello: es \u00abuna ca\u00f1a para una ca\u00f1a pensante\u00bb;\u00a0 si no accede ni a la verdad ni a la justicia ni a la felicidad, aspira a poseerlas. Los animales tienen los mismos l\u00edmites pero no sufren por ello. El sufrimiento del hombre y su capacidad de pensar constituyen su grandeza. El hombre tiene conciencia de los dos infinitos que le rodean: el infinito grande y el infinito peque\u00f1o, pero no puede alcanzarlos; est\u00e1 a medio camino entre la nada y el ser, es incapaz de \u00absaber con certeza y de ignorar absolutamente\u00bb.<\/p>\n<p>Esta reflexi\u00f3n pone en claro la diferencia entre la apolog\u00e9tica de los tomistas y la de los agustinianos: los primeros evocaban los dos infinitos para exaltar el poder de Dios y mostrar la perfecci\u00f3n de su creaci\u00f3n; los segundos se sirven de ellos para ilustrar la debilidad de la raz\u00f3n y sus l\u00edmites.<\/p>\n<p>Pascal saca como conclusi\u00f3n que s\u00f3lo el cristianismo est\u00e1 en condiciones de dar cuenta de estas oposiciones: la grandeza del hombre es un reflejo de Dios, su miseria una consecuencia del pecado original. La salvaci\u00f3n del pecador se encuentra as\u00ed en Jesucristo, \u00fanico capaz de resolver sus contradicciones y de hacerle recuperar la felicidad perdida. Queda algo de oscuridad a los ojos del ateo en la religi\u00f3n cristiana? Dos razones deben acabar de convencerle. La primera reside en la \u00abapuesta\u00bb a la que estamos sometidos ya que estamos \u00abembarcados\u00bb: la apuesta por Dios es exigida por la l\u00f3gica, ya que nuestro riesgo de perder no ata\u00f1e m\u00e1s que a lo finito, nuestra ocasi\u00f3n de ganar se abre al infinito. La segunda est\u00e1 constituida por los milagros, las profec\u00edas de la sagrada Escritura y tambi\u00e9n las \u00abfiguras\u00bb del antiguo Testamento que anuncian los grandes episodios de la \u00abnueva alianza\u00bb, es decir de la vida de la Iglesia. As\u00ed los ritos materiales de la religi\u00f3n jud\u00eda son figura del sacrificio espiritual del cristianismo.<\/p>\n<p>La apolog\u00e9tica pascaliana no es pues estrictamente racional: la raz\u00f3n no interviene en ella m\u00e1s que en sectores limitados. Pascal no demuestra ni a Dios ni la creaci\u00f3n: suscita la inquietud en el coraz\u00f3n del hombre, luego hace nacer el drama, es decir que comienza a despertar el sentido religioso. La fuerza de esta argumentaci\u00f3n es dirigirse a la vez al coraz\u00f3n y al esp\u00edritu; su vigor persuasivo es tanto mayor cuanto m\u00e1s se inspira Pascal en su propia experiencia.<\/p>\n<p>Los Pens\u00e9es abren una nueva era en la historia de la apolog\u00e9tica: se\u00f1alan simult\u00e1neamente el declive del tiempo de la trascendencia \u2013es decir de un conjunto racional exterior al hombre- y el advenimiento de la inmanencia, es decir de un movimiento percibido en el interior del hombre mismo.<\/p>\n<p>Las obras salidas de la controversia y de la apolog\u00e9tica son pues numerosas y variadas. La necesidad de fortalecer su argumentaci\u00f3n tuvo por consecuencia favorecer la investigaci\u00f3n religiosa, de ah\u00ed un mejor conocimiento de la Biblia y un progreso de la teolog\u00eda positiva. La diversidad de los m\u00e9todos muestra que la unidad del Gran Siglo es menos total de lo que se cree a veces: hombres de la misma generaci\u00f3n pueden sacar conclusiones diferentes de las mismas premisas, as\u00ed Descartes y Pascal de los dos infinitos.<\/p>\n<p>De ah\u00ed nacieron nuevos g\u00e9neros literarios que ensancharon considerablemente la audiencia de las ciencias religiosas: \u00e9stas salen de las escuelas, de las universidades y de los claustros y penetran en el mundo. El beneficio de esta expansi\u00f3n no queda sin contrapartida: para colocarse al alcance del gran p\u00fablico, la teolog\u00eda debi\u00f3 adaptarse a \u00e9l, llegar a los compromisos, acudir al sentimiento y al inter\u00e9s. De ello result\u00f3 a veces cierta decadencia en la calidad o el vigor del pensamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Por Ren\u00e9 Taveneaux<br \/>\nTraducci\u00f3n del P. M\u00e1ximo Agust\u00edn, C.M.<br \/>\n\u00c9ditions CDU et SEDES, Paris, 1980<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VIII. 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