{"id":9724,"date":"2015-06-08T04:21:24","date_gmt":"2015-06-08T02:21:24","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/05\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-4\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:11","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:11","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-04","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-04\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 04"},"content":{"rendered":"<h1>Cap\u00edtulo IV:\u00a0El clero parroquia antes de la Reforma<\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>Sean lo que hayan sido\u00a0 el celo y la actividad pastoral de los obispos, su eficacia ha sido por necesidad tributaria de los p\u00e1rrocos. \u00c9stos han ejercido en la antigua Francia un papel esencial. Ellos han asumido una funci\u00f3n espiritual: ordenar la liturgia, distribuir los sacramentos, dar la instrucci\u00f3n religiosa por el catecismo y la predicaci\u00f3n\u2026 Pero son tambi\u00e9n los maestros de pensar en una sociedad en que el pueblo\u00a0 agrupa la gran mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n. Por raz\u00f3n de la rareza de las visitas episcopales, el p\u00e1rroco se beneficia de una autonom\u00eda casi absoluta; de \u00e9l saca la parroquia lo esencial de su capacidad intelectual y su vigor espiritual. Es decir que si el obispo da el impulso, el p\u00e1rroco es el artesanado\u00a0 esencial de la pastoral.<\/p>\n<h2>I. -Las condiciones materiales de vida<\/h2>\n<p>En los primeros decenios del siglo el reino cuenta 18 millones de habitantes y 100.000 sacerdotes seculares algunos de los cuales son regentes de colegios, preceptores o miembros de compa\u00f1\u00edas sacerdotales, pero cuya mayor parte est\u00e1 relacionada con un ministerio parroquial. La densidad clerical es variable: es como media\u00a0 de un sacerdote para 200 cat\u00f3licos, pero en ciertas di\u00f3cesis \u2013La Rochelle por ejemplo- esta proporci\u00f3n desciende a uno para 400. Las personalidades m\u00e1s representativas de este clero son los p\u00e1rrocos, no s\u00f3lo porque son, en lo espiritual y hasta en lo temporal, los gu\u00edas de sus fieles, sino porque de ellos dependen las condiciones de vida de todo el peque\u00f1o personal eclesi\u00e1stico.<\/p>\n<h3>1<em> \u2013P\u00e1rrocos beneficiarios y congruistas<\/em><\/h3>\n<p>Desde el punto de vista del origen de las rentas, existen dos clases de p\u00e1rrocos: el beneficiario, el de porci\u00f3n congrua. El primero es aqu\u00e9l cuyas rentas provienen de los bienes fondos que constituyen los beneficios de su parroquia y de los diezmos que la acompa\u00f1an: los antiguos patronos no conservan entonces m\u00e1s que el derecho eminente sobre estas rentas y el derecho de nombramiento para el curato, estando el disfrute de los beneficios, en principio, reservado al p\u00e1rroco. El p\u00e1rroco a porci\u00f3n congrua \u2013o vicario perpetuo es aqu\u00e9l cuyos patronos\u00a0 primitivos de la parroquia han mantenido en su uso el derecho total de propiedad sobre las rentas y los diezmos. En cambio, pagan al servidor una retribuci\u00f3n fija en dinero, llamada <em>porci\u00f3n congrua<\/em>, lo que literalmente significa la parte conveniente\u2026 <em>congruentem portionem\u2026 <\/em>pero, por antifrase, se ha convertido en sin\u00f3nimo de salario insuficiente. En el origen, este sistema ha sido aqu\u00e9l en el que el patrono primitivo era un monasterio o una comunidad religiosa capaz de asegurar la permanencia en el mantenimiento de los bienes \u2013 y aqu\u00ed se ve una de las razones del conflicto entre p\u00e1rrocos y monjes- pero se ha extendido r\u00e1pidamente a los beneficios seculares.<\/p>\n<p>Las dos condiciones implicaban estilos de vida bastantes diferentes. El p\u00e1rroco beneficiario como un peque\u00f1o propietario terrateniente, es decir que cultivaba su tierra \u00e9l mismo y vigilaba la recogida de los diezmos, o aseguraba el conjunto, tierra y diezmos. Semejante r\u00e9gimen impon\u00eda pesadas servidumbres; su mantenimiento directo obligaba en efecto al p\u00e1rroco a emplear a gente al d\u00eda \u00a0o a criados a sueldo, a tener ganado y material agr\u00edcola, a ejecutar como todo explotador ciertas faenas como el mantenimiento de los caminos o el desecaci\u00f3n de pantanos, a ocuparse de la venta de los productos agr\u00edcolas, por \u00faltimo a vigilar de cerca la recogida de diezmos y para ello deb\u00eda examinar al detalle la producci\u00f3n de todas las explotaciones de la parroquia. Tales obligaciones ten\u00edan por consecuencia apartar al p\u00e1rroco de sus tareas espirituales \u2013en particular en ciertas \u00e9pocas del a\u00f1o, en el momento de la siega y de la cosecha, sumergirle en lo temporal y, hasta el l\u00edmite, hacer de \u00e9l un campesino como los dem\u00e1s. El alquiler de las tierras a un granjero era una posibilidad te\u00f3rica, perro irrealizable en la mayor parte de los casos por raz\u00f3n de la insignificancia del beneficio.<\/p>\n<p>Exist\u00edan, de hecho, entre las rentas de los beneficiarios diferencias considerables y a veces enormes que aparec\u00edan en\u00a0 del nordeste de Par\u00eds, con los resultados de una encuesta llevada a cabo 1639, con el prop\u00f3sito de \u00abamortiguar\u00bb los bienes funcionales y renovada en 1692: hay \u00abp\u00e1rrocos pobres\u00bb y \u00abp\u00e1rrocos ricos\u00bb. El examen preciso de la situaci\u00f3n de 35 de entre ellos revela que seis dispones de grandes beneficios (de una renta bruta anual superior a 2.200 libras: se trata de importantes parroquias de los valles\u00a0 del Sena y del Marne o de las llanuras de Francia); 14 tienen recursos mediocres (de 200 a 900 libras; 15 conocen una condici\u00f3n media (de 900 a 2.200 libras), situ\u00e1ndose la honesta honradez en 800 libras ) ; pero esta tasa, valedera para la regi\u00f3n parisina es susceptible en pa\u00edses menos favorecidos como la Solgne o el Macizo central \u00a0de descender mucho m\u00e1s abajo. Tales contrastes act\u00faan por v\u00eda de consecuencia sobre la repartici\u00f3n clerical; con mucha frecuencia\u00a0 el n\u00famero de los sacerdotes se determina, no por las necesidades de los parroquianos, sino por los recursos de la parroquia.<\/p>\n<p>En cuanto a la porci\u00f3n congrua, hac\u00eda, en principio al menos, del p\u00e1rroco una especie de pensionado recibiendo peri\u00f3dicamente una suma fija. La ventaja del sistema resid\u00eda en la mayor libertad dejada al p\u00e1rroco; su inconveniente en la modestia de la suma abandonada por el patr\u00f3n. Para evitar los abusos, el gobierno real opt\u00f3 por la costumbre de\u00a0 de establecer \u00e9l mismo su tasa, m\u00e1s o menos adaptada al nivel de los precios; la ordenanza de 1629 la fij\u00f3 en 300 libras, la declaraci\u00f3n de 1632 la mantuvo en 300 libras para las regiones al norte del Loira pero la rebaj\u00f3 a 200 para loas regiones del Sur; otra declaraci\u00f3n del 18 de setiembre de 1634 la uniform\u00f3 en 200 libras, decisi\u00f3n que fue confirmada por Luis XIV el 30 de marzo de 1666. Sin embargo el aumento del coste de la vida provocando la decadencia de las condiciones de vida del clero y a veces el abandono de las parroquias, se volvi\u00f3, en 1686, al montante de 300 libras, aplicable a todo el reino, y que fue mantenido en el siglo XVIII hasta 1768. Cada vicario deb\u00eda recibir al menos 150 libras invertidas por el p\u00e1rroco de la parroquia. Es dif\u00edcil saber la proporci\u00f3n de las parroquias con beneficio y de las de porci\u00f3n congrua: su n\u00famero se modifica a la vez por\u00a0 en el espacio y en el tiempo. La variaci\u00f3n se observa de una di\u00f3cesis a la otra: en Autun por ejemplo, las parroquias de proporci\u00f3n congrua representaban al principio del siglo un poco m\u00e1s de una d\u00e9cima parte; en Clermont, la casi totalidad. De una manera general, los p\u00e1rrocos congruistas parecen haber sido siempre los menos numerosos, pero su proporci\u00f3n se ha incrementado durante el siglo XVII. La declaraci\u00f3n real de 1686, al fijar la tasa en 300 libras, tuvo en particular por efecto inmediato aumentar considerablemente el n\u00famero de los congruistas: en el arcedianato de Autun hace m\u00e1s que doblarse.<\/p>\n<h3><em>2 \u2013Las rentas anexas a la parroquia<\/em><\/h3>\n<p>Estos datos generales no pueden sin embargo bastar para conocer con exactitud las rentas de un p\u00e1rroco del siglo XVII, se trate de un beneficiario o de un congruista, ya que otros elementos entran en juego, no s\u00f3lo el beneficio var\u00eda mucho en importancia, sino el diezmo mismo est\u00e1 muy lejos de ser uniforme. En principio representa una d\u00e9cima parte de las rentas de la tierra; en efecto su tasa va determinada por la costumbre local y no es id\u00e9ntica para todos los productos: el trigo paga m\u00e1s que la sal, a veces la vi\u00f1a est\u00e1 excluida de toda tasa. El p\u00e1rroco ten\u00eda derecho a los \u00abmenudos y\u00a0 verdes diezmos\u00bb y a las \u00abprimicias\u00bb percibidas de las tierras recientemente\u00a0 roturadas; a veces dispon\u00eda de una parte de los \u00abgrandes diezmos\u00bb \u2013los de las tierras cereal\u00edferas- pero estaban por lo general reservados a al \u00abpatr\u00f3n\u00bb, es decir al \u00abp\u00e1rroco primitivo\u00bb o \u00abgran diezmador\u00bb. El diezmo no sobrepasa, en realidad,\u00a0 una fracci\u00f3n que se sit\u00faa entre un vig\u00e9simo y un cuadrag\u00e9simo\u00a0 de las ventas verdaderas de la tierra. Iba unido tambi\u00e9n a las oscilaciones, a veces enormes en esta \u00e9poca, de los precios agr\u00edcolas y\u00a0 a las de la cosecha misma: hubo as\u00ed ca\u00eddas considerables en la percepci\u00f3n efectiva del diezmo; en <em>muchas<\/em> regiones disminuir\u00e1 hasta la mitad\u00a0 durante la guerra de la Sucesi\u00f3n de Espa\u00f1a, entre 1709 y 1711.<\/p>\n<p>Existe adem\u00e1s de los derechos curiales \u2013o casual- de car\u00e1cter variable, accidental o fortuito. El <em>Dictionnaire<\/em> <em>de<\/em> <em>Tr\u00e9vous <\/em>define el casual como la \u00abrenta de los p\u00e1rrocos que no consiste ni en fondos ni en diezmos\u00bb. Se trata de los honorarios percibidos por actos lit\u00fargicos: bautismos, matrimonios, entierros, bendici\u00f3n de los campos, y sobre todo misas celebradas regularmente por los difuntos gracias a fundaciones constituidas por una renta; a ello se a\u00f1aden las oblaciones compartidas entre la f\u00e1brica y el servidor. El casual era pues el acto de gratitud por un beneficio y deb\u00eda contribuir a asegurar la sustancia del bienhechor; pero como depend\u00eda de la importancia de la poblaci\u00f3n y de su esp\u00edritu m\u00e1s o menos religioso, variaba mucho de una parroquia a otra, tambi\u00e9n, para evitar desigualdades demasiado grandes, los obispos reformadores le sometieron a reglas. En Burdeos por ejemplo, el cardenal Fran\u00e7ois de Sourdis promulg\u00f3 la tarifa urbana desde 1611; lo sucesores precisaron sus modalidades de aplicaci\u00f3n estableciendo una tasa regresiva seg\u00fan la condici\u00f3n social; as\u00ed en la ciudad de Burdeos el importe de la ceremonia de los funerales estaba fijado en 4 libras para las familias ricas, en dos libras para la clase media, en una para los pobres. En los pueblos el casual escapaba a la reglamentaci\u00f3n y quedaba a la generosidad de los fieles. A estas rentas anexas se a\u00f1ad\u00edan las ofrendas\u00a0 en especie, tan importantes a veces que en ciertas parroquias rurales el p\u00e1rroco era alimentado totalmente por sus ovejas.<\/p>\n<p>La condici\u00f3n de los p\u00e1rrocos est\u00e1 pues lejos de ser uniforme, pero, en conjunto, es aceptable; seg\u00fan los estudios m\u00e1s recientes, los p\u00e1rrocos estuvieron c\u00f3modos en el siglo XVII m\u00e1s que en el XVIII, porque el siglo XVII fue un periodo de depresi\u00f3n favorable a las rentas fijas disminuyendo menos deprisa que el coste de la vida. El XVIII al contrario ver\u00e1 una expansi\u00f3n perjudicial a tales rentas, la porci\u00f3n congrua por ejemplo seguir\u00e1 lentamente y con retraso la subida general de los precios. Algunas cifras referentes a las parroquias rurales de la di\u00f3cesis de Paris en 1666 dan\u00a0 una idea de la situaci\u00f3n real de los p\u00e1rrocos: sobre 386 parroquias, 12\u00a0 est\u00e1n por debajo de las 3oo libras, 259 se sit\u00faan entre 300 y 1.000 libras, 101 de 1.000 a l.500 libras, sobrepasando 14 las 1.500 libras de renta. Estas cifras se han de interpretar como m\u00ednimo ya que los p\u00e1rrocos disponen a menudo de recursos personales a los que se a\u00f1aden las diversas ofrendas. Pueden por lo tanto llevar un nivel de vida conveniente, a veces elevado; \u00a0est\u00e1n en condiciones de entregar a las obras, ayudar a los pobres y a las necesidades de una parte de su familia.<\/p>\n<h3><em>3 \u2013El\u00a0 personal menor parroquial<\/em><\/h3>\n<p>Siendo la parroquia un beneficio, hac\u00eda inamovible a su titular; pero otra cosa era con los dem\u00e1s sacerdotes de la parroquia: vicarios, capellanes o sacerdotes habituados.<\/p>\n<p>El p\u00e1rroco nombra y revoca a su vicario; le mantiene total o parcialmente, a veces incluso comparte con \u00e9l la casa. Algunos vicarios cobran un sueldo regular cuando las f\u00e1bricas se lo asignan.<\/p>\n<p>Las capellan\u00edas son peque\u00f1os beneficios que procuran a los capellanes rentas variables pero generalmente modestas.<\/p>\n<p>Ciertos sacerdotes por \u00faltimo no tienen ni beneficios ni sueldo; son simplemente \u00abhabituados\u00bb en una parroquia y no tienen pues ninguna ganancia asegurada. Es verdad que, para ser ordenado, hab\u00eda que poseer un \u00abt\u00edtulo clerical\u00bb, es decir una renta m\u00ednima, pero \u00e9sta representaba apenas\u00a0 el importe de los gajes de una mano de obra. As\u00ed los sacerdotes habituados habr\u00edan vivido en necesidad, si no hubieran dispuesto de\u00a0 de otras fuentes de ingresos: eran por ejemplo las peque\u00f1as retribuciones que les eran pagadas\u00a0 cuando eran catequistas, maestros de escuela, organistas, y sobre todo la parte de casual que les entregaba el p\u00e1rroco.<\/p>\n<h2>II. El estilo de vida<\/h2>\n<p>El estilo de vida del p\u00e1rroco var\u00eda igualmente\u00a0 con los recursos de las parroquias. En las m\u00e1s pobres, se aloja en un peque\u00f1o local preparado a veces en la propia iglesia. Pero esta situaci\u00f3n\u00a0 es excepcional; habitualmente el alojamiento curial\u00a0 es comparable al de un campesino acomodado, comprende a menudo: dos habitaciones bajas, dos habitaciones altas, un granero, una bodega y, en los pa\u00edses de vi\u00f1edo, un lagar. La casa est\u00e1 rodeada de un huerto o huerta, posee dependencias: Una cuadra y una granja para guardar los productos del diezmo y del beneficio; cuando no hay granero, el p\u00e1rroco amontona gavillas en la iglesia y all\u00ed saca su grano. A veces el presbiterio\u00a0 est\u00e1 rodeado de una pared y protegido como una casita fuerte.<\/p>\n<h3>1<em> \u2013P\u00e1rrocos y campesinos<\/em><\/h3>\n<p>El p\u00e1rroco ten\u00eda pues un tren de vida bastante an\u00e1logo al de un campesino acomodado, ya que no de un burgu\u00e9s. Sal\u00eda por lo dem\u00e1s del la parte media del tercer estado urbano o rural; muchos sacerdotes eran hijos de oficiales\u00a0 (jueces de las cortes presidiales, notarios, procuradores\u2026), de boticarios, de artesanos y sobre todo de labradores. Muy pocos aspirantes al sacerdocio son hijos de manos de obra: el hecho se debe a la duraci\u00f3n de los estudios, a su precio, al hecho de que se exige de los candidatos al sacerdocio una renta anual m\u00ednima, variable seg\u00fan las regiones \u2013por lo general 50 a 100 libras, pero a veces 200- de suerte que se evite la constituci\u00f3n de un proletariado clerical. Las clases medias consideraban adem\u00e1s el acceso de un hijo a las \u00f3rdenes a la vez como un favor espiritual, un honor y una promoci\u00f3n social. Los p\u00e1rrocos eran as\u00ed, en su mayor parte, cercanos al pueblo pero sin formar parte de \u00e9l. todos participaban del trabajo de la tierra, ganader\u00eda, venta de granos; era la condici\u00f3n ordinaria del p\u00e1rroco beneficiario, pero tampoco era desconocida del congruista. Era raro en efecto que \u00e9ste percibiera en dinero la totalidad de su renta; muchas veces el gran diezmero le entregaba algunos de sus bienes ra\u00edces o alguna \u00abporci\u00f3n de diezmo\u00bb. Conoc\u00eda entonces los inconvenientes de una explotaci\u00f3n. Cultivo, recolecci\u00f3n, venta de productos. Todo p\u00e1rroco viv\u00eda pues, pero en grados diferentes, la vida del campesino, pero al mismo tiempo era el gu\u00eda de la comunidad aldeana; conoc\u00eda a todas las familias, hab\u00eda bautizado a los hijos y conducido su instrucci\u00f3n, era el oficial del estado civil, ayudaba en un reparto equitativo de la talla, aconsejaba a los campesinos en sus procesos \u2013numerosos en esta sociedad pleitista- o en sus dificultades administrativas, los defend\u00eda a veces contra las instancias seculares. Este papel tutelar era devuelto en forma privilegiada al beneficiario, y m\u00e1s especialmente al gran beneficiario; su acci\u00f3n era tanto m\u00e1s eficaz cuanto m\u00e1s tiempo duraba en su parroquia: veinte o treinta a\u00f1os, a veces toda su vida, ya que sus condiciones de existencia iban unidas a un beneficio el que ten\u00eda inter\u00e9s en conocer con el fin de que resultara m\u00e1s productivo. Disponiendo de una comodidad tan buena, de una amplia independencia y seguridad, era capaz de enfrentarse al se\u00f1or o al elegido en nombre de la comunidad entera. El p\u00e1rroco \u00abrico\u00bb es adem\u00e1s con frecuencia instruido pues los graduados obtienen los mejores beneficios; puede pues practicar un peque\u00f1o mecenazgo: ayudar a un sobrino a entrar en las \u00f3rdenes, embellecer su iglesia, sostener la escuela, remunerar a un vicario o a un capell\u00e1n. Al contrario, un p\u00e1rroco \u00abpobre\u00bb se ve paralizado por lo material: privado a la vez de vicarios y de criado, vive como un campesino peque\u00f1o y busca, por todos los medios, abandonar su parroquia. La irradiaci\u00f3n y eficacia pastoral de un p\u00e1rroco vienen dadas por\u00a0 en gran parte de su base econ\u00f3micas.<\/p>\n<p>Hab\u00eda as\u00ed en la vida\u00a0 del p\u00e1rroco una mezcla \u00edntima de tareas profanas y de tareas espirituales lo que pod\u00eda ser una causa de debilidad \u2013si las primeras prevalec\u00edan, el sacerdote era un simple explotador agr\u00edcola- pero que, con mayor frecuencia se convert\u00eda en una fuerza, ya que los campesinos aceptaban al p\u00e1rroco como gu\u00eda y se llegaba a formar entre el p\u00e1rroco y sus parroquianos una solidaridad profunda: esto aparecer\u00e1 de manera clara a finales del siglo XVIII en la alianza de los p\u00e1rrocos del campo y de los campesinos\u00a0 contra el alto clero y contra los monjes. Es posible que, en ciertas regiones, estas alianzas se demuestren \u00a0m\u00e1s temprano:\u00bb desde finales del siglo XVII se dir\u00eda que las opciones revolucionarias\u00a0 se anuncian d\u00e9bilmente\u00bb.<\/p>\n<h3><em>2- El universo mental<\/em><\/h3>\n<p>Toda generalizaci\u00f3n es , en esto tambi\u00e9n, dif\u00edcil ya que el universo mental o espiritual var\u00eda de un sacerdote a otro, en particular seg\u00fan se haya beneficiado o no de una formaci\u00f3n universitaria; var\u00eda tambi\u00e9n con las di\u00f3cesis y las \u00e9pocas, marc\u00e1ndose el gran giro con la fundaci\u00f3n de los seminarios.<\/p>\n<p>Algunos autores han querido afirmar la existencia en Francia, a principios del siglo XVII, de un clero culto: el abate Br\u00e9mond lo prueba por la frecuentaci\u00f3n de la Sorbona y sobretodo por el gran n\u00famero de libros religiosos impresos o reimpresos para uso de los cl\u00e9rigos. Pero si los graduados son casi siempre sacerdotes cultivados, no representan en la masa del clero m\u00e1s que una minor\u00eda; su n\u00famero apenas sobrepasa la escasa proporci\u00f3n de las parroquias provistas en virtud de la expectativa. El rasgo sociol\u00f3gico m\u00e1s sobresaliente en este terreno reside en los contrastes entre cl\u00e9rigos sabios y cl\u00e9rigos ignorantes; el conjunto demuestra sin embargo una cultura d\u00e9bil o superficial. Raros son los p\u00e1rrocos que tienen una biblioteca. Algunos no tienen ning\u00fan libro o tienen tres lo m\u00e1s o cuatro: se trata de manuales de moral pr\u00e1ctica, catecismos (generalmente el del concilio de Trento), de sermonarios y algunos tratados de controversia, es decir de obras inmediatamente utilitarias. Muchos no han recibido verdadera formaci\u00f3n intelectual: se han iniciado en las ciencias eclesi\u00e1sticas con un p\u00e1rroco de parroquia que aceptaba cobijarlos; antes de ordenarlos el obispo les hac\u00eda pasar un examen muy sencillo, limitado a algunos rudimentos de lat\u00edn y a conocimientos sumarios sobre la religi\u00f3n. En ciertas di\u00f3cesis este examen no era\u00a0 tan siquiera exigido. Por eso son numerosos los testimonios\u00a0 sobre la ignorancia de los sacerdotes.\u00a0 Un arcediano de Bourges constata en 1643: \u00abhay sacerdotes que no entienden ni una palabra de lat\u00edn y otros que apenas saben leer.\u00bb Los visitadores can\u00f3nicos de la regi\u00f3n de Autun emplean frecuentemente calificativos sabios respecto de los p\u00e1rrocos: \u00ababsolutamente incapaz\u00bb, \u00abignorante, sin instrucci\u00f3n\u00bb, \u00abde capacidad y de ciencia mediocres\u00bb\u2026<\/p>\n<h3><em>3 \u2013La formaci\u00f3n pastoral<\/em><\/h3>\n<p>Tales insuficiencias no se limitaban a la cultura profana: los conocimientos pastorales\u00a0 y espirituales\u00a0 eran tambi\u00e9n muy ligeros y superficiales, por raz\u00f3n de la insuficiencia de la formaci\u00f3n sacerdotal. Sobre este punto los testimonios son de igual modo numerosos. Algunos sacerdotes son incapaces de leer conveniente mente el misal. En 1631, en una parroquia vecina de Marsella, un vicario responde a los reproches de su obispo confesando \u00abque no entend\u00eda el lat\u00edn,\u00a0 \u00abque no entend\u00eda nada sobre la administraci\u00f3n de los sacramentos\u00bb y \u00abque no se acordaba lo suficiente para poder nombrarlo todos\u00bb. Algunos sacerdotes ignoraban hasta los principales misterios de la religi\u00f3n. El arcediano de Bourges citado anteriormente anota en 1643: \u00abLos hay que no pueden decir lo que hacen cuando dicen la Misa, quienes por consiguiente no tienen ning\u00fan respeto al santo misterio y\u00a0 ponen en el Tabern\u00e1culo cabos de vela, buj\u00edas, dinero y papeles con las santas Hostias.\u00bb El mismo constata: \u00abLos sacerdotes est\u00e1n en una ignorancia espantosa; de cuarenta confesores, no hay seis que sepan cu\u00e1ndo es pecado la mentira mortal o venial. Remiten al Penitenciario por las faltas ligeras, pensando que son casos reservados o que hay censuras. Se ha visto a uno\u2026 p\u00e1rroco durante veinte a\u00f1os,\u00a0 que no sab\u00eda la forma de la absoluci\u00f3n ni qu\u00e9 parte del cuerpo hab\u00eda que ungir en la Extremaunci\u00f3n.\u00bb Otros confunden los mandamientos de Dios con la oraci\u00f3n dominical.<\/p>\n<p>La liturgia da lugar a las peores fantas\u00edas: algunos p\u00e1rrocos trastornan el orden de la misa, introducen en el oficio cantos franceses o c\u00e1nticos. Lo que contribuy\u00f3 a difundir esta anarqu\u00eda es que al final del siglo XVI y principios del XVII, la mayor parte de las di\u00f3cesis adoptaron\u00a0 la liturgia \u00a0romana reformada por P\u00edo V en 1568, seg\u00fan el deseo del concilio de Trento. Esta liturgia unificada reemplazaba a las antiguas liturgias galicanas muy diferentes \u00a0de una di\u00f3cesis a otra: en adelante las oraciones esenciales de la Iglesia deb\u00edan ser id\u00e9nticas en todas partes; s\u00f3lo pod\u00edan variar, seg\u00fan las regiones \u00a0el propio de los santos y algunas secuencias. La asamblea del clero de 1605-1606 anim\u00f3 a esta unificaci\u00f3n lit\u00fargica y decidi\u00f3 hacer distribuir a las parroquias que no pose\u00edan a\u00fan, los libros romanos. Estos cambios se juntaban a la ignorancia de una gran parte del clero provocaron una confusi\u00f3n generalizada, muchos de los p\u00e1rrocos de edad pretendiendo ser files a\u00a0 los usos antiguos. San Vicente de Pa\u00fal nota evocando sus recuerdos de 1619: \u00abAh si hubierais visto la diversidad de las ceremonias de la misa hace cuarenta a\u00f1os!&#8230; Me parece que no hab\u00eda nada m\u00e1s feo en el mundo que las diversas maneras de celebrarla; algunos comenzaban la misa por el <em>Pater<\/em> <em>Noster<\/em>; otros tomaban la casulla en las manos y dec\u00edan el <em>Introibo<\/em>, y luego se colocaban esta casulla. Yo estaba una vez en Sanit-Germain-en-Laye, donde vi a siete u ocho sacerdotes que dijeron todos una misa diferente.\u00bb Estas insuficiencias intelectuales se acompa\u00f1an a menudo de graves des\u00f3rdenes morales.<\/p>\n<h2>III. Las diferencias morales y disciplinares<\/h2>\n<p>Sobre los des\u00f3rdenes morales de los p\u00e1rrocos abundan los testimonios: la mayor parte no son de inspiraci\u00f3n antirreligiosa,\u00a0 se encuentran en los cuadernos de reclamaciones como preludio a los Estados generales de 1614, en los procesos verbales de visitas can\u00f3nicas hechas por los arcedianos, o en las ordenanzas sinodales\u00a0 promulgadas por los obispos que denuncian los males y, al mismo tiempo, proponen remedios. Conviene, es verdad, tratar con prudencia y circunspecci\u00f3n este g\u00e9nero de documentos que ponen de buena gana a luz el rasgo excepcional o reprehensible y pasan en silencio el desarrollo de una actividad normal; se trata de un informe de encuesta m\u00e1s que de un an\u00e1lisis moral o psicol\u00f3gico: la menci\u00f3n laudatoria m\u00e1s habitual es \u00abnada que reformar\u00bb.\u00a0 El cuadro de conjunto de la moralidad del clero comporta una multitud de matices y de contrastes regionales. Nos contentaremos con resaltar aqu\u00ed las insuficiencias o los vicios se\u00f1alados con mayor frecuencia.<\/p>\n<p><em> a) La incorrecci\u00f3n del vestuario <\/em>es evocada con frecuencia en las ordenanzas sinodales o en los dem\u00e1s documentos episcopales. Muchos p\u00e1rrocos se visten como campesinos, se niegan a llevar la sotana o llevan una sotana muy corta \u2013la sotanela- que llega hasta las rodillas; otros dan importancia a que da demasiado calor y molesta para jugar a los bolos. Y esto es bastante general de manera que Luis XIII, en 1623, tropezando en la regi\u00f3n de Garches con un personaje\u00bben sotana y abrigo largo, con pelo muy corto\u00bb, no se diera cuenta que se trataba de un sacerdote secular.<\/p>\n<p>Muchos reformadores de la primera mitad de siglo lucharon por la observancia de las reglas de vestuario como por la abolici\u00f3n de las pelucas rizadas que bajaban hasta los hombros adoptadas por ciertos sacerdotes. El que m\u00e1s destac\u00f3 en este combate fue un amigo de san Vicente de Pa\u00fal, el Se\u00f1or Bourdoise, llamado muchas veces por entonces \u00abSe\u00f1or sotana\u00bb. Estas exigencias de vestuario no era por otro lado simplemente formales: se trataba de saber si el sacerdote deb\u00eda fundirse en el mundo o apartarse de \u00e9l. Toda la espiritualidad del siglo XVII, uni\u00e9ndose adem\u00e1s a la tradici\u00f3n cat\u00f3lica, optaba por la segunda soluci\u00f3n, es decir por un estado sacerdotal netamente diferenciado del estado laico.<\/p>\n<p><em> b) La caza. <\/em>Muchos sacerdotes practicaban la caza con pasi\u00f3n. Algunos llegaban hasta transformar en conejar el cementerio que rodeaba a la iglesia; se dieron\u00a0 cazadores furtivos entre ellos.<\/p>\n<p><em> c) El comercio.<\/em> Algunos se entregan a ocupaciones seculares: se ven obligados a ello por la pobreza de su parroquia o por los estragos de las guerras. Otros, especializados en el comercio de los caballos o del ganado, frecuentan de ordinario ferias y mercados, o tambi\u00e9n fabrican y venden escapularios; otros incluso llevan un bar.<\/p>\n<p><em> d) La borrachera <\/em>es el\u00a0 mal m\u00e1s generalizado. Muchos p\u00e1rrocos son asiduos a la taberna: all\u00ed se dan al juego y a la bebida; en las regiones de vides algunos tienen una bodega bien surtida. Este vicio, muy destacado en las visitas can\u00f3nicas, es por lo general el fruto de la ociosidad en una sociedad en la que los sacerdotes son numerosos y muy poco formados para ser absorbidos por las \u00fanicas tareas intelectuales o espirituales. A veces el mal es sencillamente end\u00e9mico, otras va acompa\u00f1ado de esc\u00e1ndalos. En 1673, en Gonesse, en la regi\u00f3n parisina, se cuenta que un religioso \u00abestando borracho en la parroquia ha corrido detr\u00e1s de las j\u00f3venes y ha perdido la cogolla (esclavina con capuch\u00f3n), que al encontr\u00e1rsela unos campesinos, la han voceado en p\u00fablico en el mercado,\u00a0 causando un gran esc\u00e1ndalo\u00bb. Sucede que los oficios mismos se vean perturbados. En 1664, el p\u00e1rroco de Lagny est\u00e1 \u00abtan tomado de vino\u00a0 como para no poder casi acabar su servicio, sin poder decir el <em>oremus<\/em> despu\u00e9s del <em>Magnificat<\/em>, haciendo cosas raras, dando incienso a los ap\u00f3stoles; lo que causaba un dolor p\u00fablico a todos los parroquianos y tal que el vicario se vio obligado a quitarse \u00abla chappe\u00bb y marcharse, no pudiendo soportar un tal desorden\u00bb. La embriaguez lleva consigo por supuesto la groser\u00eda en el hablar, la brutalidad y la violencia: no sorprende que se llegue a las manos y se suelten injurias incluso en la iglesia.<\/p>\n<p><em>e) El concubinato y la licencia sexual.. <\/em>Las costumbres de los p\u00e1rrocos no son siempre irreprochables<em>: <\/em>algunos mantienen en sus casas a concubinas o criadas demasiado j\u00f3venes de quienes tienen hijos que se cr\u00edan en el presbiterio. Los oficiales del rey, los arciprestes y los obispos mismos se quejan de ello. El obispo de Autun, Louis Doni d\u2019Attichi (1652-1664), nota al principio de su episcopado:<\/p>\n<p>\u00abEs con verdadero dolor como nos hemos visto obligados a decir que la di\u00f3cesis ha estado descuidada en extremo desde hace mucho tiempo en lo que se refiere a costumbres y excesos de los sacerdotes que han vivido en una licencia y libertinaje extraordinario, sin que se vea que desde hace diez a\u00f1os y m\u00e1s se haya hecho ninguna correcci\u00f3n. Esta impunidad tan larga ha autorizado de tal manera el vicio que se ha convertido en costumbre\u2026 El concubinato es muy frecuente y los sacerdotes no temen tener en casa a mujeres imp\u00fadicas con los hijos que han tenido de ellas, a los que alimentan y cr\u00edan dichos ni\u00f1os, los hacen servir de cl\u00e9rigos en el altar, los casan y les establecen dote p\u00fablicamente como si fueran\u00a0 hijos leg\u00edtimos, y los habitantes de las parroquias de los juzgados lo tienen ya tan visto que algunos de ellos interrogados sobre las costumbres y libertinajes de sus p\u00e1rrocos que manten\u00edan as\u00ed a mujeres imp\u00fadicas, han respondido que los susodichos p\u00e1rrocos viv\u00edan bien y sobre cuanto se les ha echado en cara que dichos p\u00e1rrocos ten\u00edan concubinas con hijos, han contestado que dichas concubinas y los hijos viv\u00edan pac\u00edficamente sin ruidos y no hac\u00edan ning\u00fan mal, estando tan habituados a ver a sus sacerdotes\u00a0 vivir con concubinas que creen que se les est\u00e1 permitido tener\u2026\u00bb<\/p>\n<p>A veces los des\u00f3rdenes de los p\u00e1rrocos eran tales que corromp\u00edan el esp\u00edritu de los parroquianos. San Jean Eudes escribe, a comienzos de siglo, a prop\u00f3sito de una parroquia de la di\u00f3cesis de Coutances:\u2026\u00bbla ignorancia de las cosas de la salvaci\u00f3n y los m\u00e1s horribles vicios se daban all\u00ed en grado sumo. La castidad estaba tan desacreditada que se hab\u00eda persuadido al pueblo sencillo de que hab\u00eda suplicios preparados en el otro mundo para las j\u00f3venes que no se casaban\u00a0 y que era mejor\u2026 tener hijos de la manera que fuese que no tenerlos\u00bb. En este terreno sin embargo se ha de proscribir toda generalizaci\u00f3n sistem\u00e1tica: all\u00e1 donde la autoridad episcopal ha sido firme y continua, los desv\u00edos de conducta son raros. En el arcedianato de Dunois, en la di\u00f3cesis de Chratres, por ejemplo, las denuncias relativas a las infracciones de la regla del celibato son inferiores en n\u00famero a las acusaciones de intemperancia: no sobrepasan nuca el ocho por ciento del efectivo total de los eclesi\u00e1sticos por a\u00f1o de visita. Por lo dem\u00e1s las quejas son rara: son alguna vez el medio de vengarse de de criadas juzgadas\u00a0 abusivamente autoritarias.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es la proporci\u00f3n de los sacerdotes implicados en estos diferentes delitos? Es dif\u00edcil precisar porque var\u00eda mucho seg\u00fan las regiones; oscila, al parecer, entre el diez y el veinte por ciento, pero en estas cifras figuran \u00a0muchas infracciones menores: el juego, la caza, incorrecci\u00f3n en vestuario\u2026<\/p>\n<p>Tales abusos disminuyen en gran parte con la extensi\u00f3n de la reforma eclesi\u00e1stica y, muy en particular, con la creaci\u00f3n de los seminarios. Sin embargo no desaparecieron del todo nunca, ni siquiera despu\u00e9s de la reforma. Segu\u00edan existiendo por una serie de causas, entre las que conviene invocar en primer t\u00e9rmino el ambiente de desorden y de violencia propios del siglo y que no perdonaba a los cl\u00e9rigos. Una constataci\u00f3n as\u00ed no deja de asombrar, tan dominado parece estar el siglo XVII, edad del clasicismo, por el triunfo sin reserva del orden y de la armon\u00eda. De hecho, en el ritmo de la existencia cotidiana, fue una \u00e9poca de violencia, a menudo de vulgaridad de lenguaje y de costumbres licenciosas. Si el clasicismo tuvo un auditorio tan un\u00e1nime, es precisamente porque aparec\u00eda como remedio a los males del siglo, estando el ideal, aqu\u00ed como en otras partes, \u00a0a la inversa de la realidad. \u00bfA qu\u00e9 causas se deben estos des\u00f3rdenes y estas y estas violencias? Esencialmente a un estado de hostilidades cuasi permanente; apenas repuesta de los males de las guerras de religi\u00f3n, Francia entr\u00f3 en la guerra de los Treinta a\u00f1os, luego en los conflictos de fin de siglo; de los setenta y dos a\u00f1os de reinado de Luis XIV, de 1643 a 1715, hubo cuarenta y seis de guerra, a lo que se a\u00f1ade la Fronda, insurrecci\u00f3n organizada que no perdon\u00f3 a ninguna regi\u00f3n. El paso y la presencia de las tropas multiplicaban los robos, los pillajes, la tolerancia de todo g\u00e9nero; favorec\u00edan los arreglos de toda naturaleza, a veces la indelicadeza: tal p\u00e1rroco de campo que escandaliza por su propensi\u00f3n al robo no hace, con frecuencia, m\u00e1s que ceder a las necesidades del momento, sin tener plenamente conciencia de faltar a la honestidad. Las mismas razones explican la frecuencia de la embriaguez; si el Languedoc y la Provenza, pa\u00edses de vi\u00f1edos conocen una extensi\u00f3n del alcoholismo es porque estas provincias constitu\u00edan zonas de etapas para las tropas que iban a combatir en Espa\u00f1a o regresaban de all\u00ed. Se constata asimismo un ascenso inquietante de la prostituci\u00f3n, sobre todo en las ciudades y m\u00e1s especialmente en los puertos: a finales de siglo XVII, Marsella, poblada de 50.000 habitantes, conoc\u00eda de continuo, en sus instancias contenciosas, unos 3.000 asuntos de costumbres referentes a personas de los dos sexos. Uno de los objetivos de la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento de Marsella fue luchar contra las mujeres p\u00fablicas que corromp\u00edan a los sacerdotes, a los cl\u00e9rigos j\u00f3venes o a los religiosos. Este desorden moral es, aqu\u00ed tambi\u00e9n, favorecido e incrementados por un factor de orden institucional. En la Iglesia de Francia, todo descansaba sobre el beneficio que arriesgaba siempre salirse con la suya sobre el servicio; la ingerencia del poder secular m\u00e1s preocupado por un inter\u00e9s profano que por el ideal espiritual, era suficiente para comprometer todo el mecanismo eclesi\u00e1stico; las intervenciones de Mazarino lo ilustran con abundancia. As\u00ed por profunda que haya podido se la reforma aplicada por los obispos, no es suficiente nunca para extirpar en su totalidad las carencias o los vicios del clero parroquial.<\/p>\n<p>Por estos rasgos sociol\u00f3gicos y psicol\u00f3gicos del clero parroquial, en la primera mitad del siglo XVII \u2013y a veces mucho m\u00e1s all\u00e1- sigue pr\u00f3ximo a los laicos. No es raro que el sacerdote, formado de forma permanente pragm\u00e1tica por un p\u00e1rroco del pueblo no haya abandonado nunca la parroquia y tenga otro horizonte intelectual que el de los fieles. Si es beneficiario \u2013caso frecuente- vive como su reba\u00f1o al ritmo de las estaciones y de los trabajos de la tierra; su influencia y su irradiaci\u00f3n son ampliamente tributarias de su condici\u00f3n econ\u00f3mica. Lo espiritual, en este dominio como en otros, permanece extra\u00f1amente imbricado en lo temporal.<\/p>\n<p>No obstante los primeros decenios del siglo marcan el comienzo del renacimiento: es el momento de las grandes reformas mon\u00e1sticas; una extraordinaria floraci\u00f3n de casas religiosas \u2013abad\u00eda renovadas colegios, prioratos o modestos conventos- se extiende por todo el reino; gracias a la asamblea del clero de 1615, los decretos conciliares impregnan la pastoral. Pero es sobre todo despu\u00e9s de 1650, con la multiplicaci\u00f3n de los seminarios, con la difusi\u00f3n de las grandes obras teol\u00f3gicas o espirituales \u2013las de B\u00e9rulle, de Condren, del Sr. Olier-\u00a0 cuando el sacerdote se distinguir\u00e1 de la masa de los laicos y adquirir\u00e1 sus rasgos espec\u00edficos en el esp\u00edritu tridentino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV:\u00a0El clero parroquia antes de la Reforma Sean lo que hayan sido\u00a0 el celo y la actividad pastoral de los obispos, su eficacia ha sido por necesidad tributaria de los p\u00e1rrocos. \u00c9stos han ejercido &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-04\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":61580,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[17],"tags":[224,172],"class_list":["post-9724","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-tiempos-de-vicente-de-paul","tag-berulle","tag-pobreza"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. 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