{"id":9723,"date":"2015-06-07T05:21:12","date_gmt":"2015-06-07T03:21:12","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/04\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-3\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:11","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:11","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-03","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-03\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 03"},"content":{"rendered":"<h1>Cap\u00edtulo III:<br \/>\nLos obispos<\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>El concilio de Trento hab\u00eda se\u00f1alado con claridad su voluntad de renovar las iglesias diocesanas; ha recordado expl\u00edcitamente que los obispos no son simples administradores\u00a0 ostentando sus poderes de una delegaci\u00f3n del papa, sino doctores de la de, sucesores de los ap\u00f3stoles, con los poderes ordinarios de sus Iglesias. Son sobre todo las sesiones 23 y 24 las que han aclarado el papel y las funciones del obispo, precisando cada uno de los aspectos de su misi\u00f3n pastoral: \u00abse manda de precepto divino (<em>Juan<\/em> X,1-16, XXI, 15-17; I <em>Tim<\/em>: II <em>Tim<\/em>; <em>Tit<\/em>. etc.) a todos los que est\u00e1n encargados del cuidado de las almas que conozcan a sus ovejas, ofrezcan por ellas el sacrificio, apacentarla en la predicaci\u00f3n de la palabra de Dios, en la administraci\u00f3n de los sacramentos y en el ejemplo de las buenas obras, tener tambi\u00e9n un cuidado paternal de los pobres y de las dem\u00e1s personas miserables y entregarse a todas las cargas pastorales\u00bb (Sesi\u00f3n XXIII, c. I)<\/p>\n<p>La gran dificultad de una reforma del cuerpo episcopal procede de la complejidad de la funci\u00f3n del obispo: su papel no es solamente espiritual, sino econ\u00f3mico, social, pol\u00edtico; debe gestionar los bienes de Iglesia, promocionar las obras caritativas, mantener escuelas, hospicios y tribunales\u2026 Todas estas tareas le comprometen\u00a0 en dif\u00edciles problemas de tesorer\u00eda. Es dependiente del poder pol\u00edtico ya que designado por el rey seg\u00fan las cl\u00e1usulas del concordato, y vigilado por \u00e9l en virtud de su calidad de \u00abobispo de lo exterior\u00bb. \u00daltimo elemento de contradicci\u00f3n: la pol\u00edtica real interfiere a veces en el movimiento de renacimiento pastoral; por eso el parlamento se ha negado siempre a la publicaci\u00f3n en Francia de los decretos del concilio de Trento. la renovaci\u00f3n del episcopado deb\u00eda ser , por estas razones, asunto de hombres m\u00e1s que de instituciones.<\/p>\n<h2>I \u2013La elecci\u00f3n de los obispos<\/h2>\n<h3><em>1 \u2013El episcopado franc\u00e9s al comenzar el siglo XVII<\/em><\/h3>\n<p>Los reyes de Francia tuvieron durante mucho tiempo tendencia a\u00a0 considerar los beneficios eclesi\u00e1sticos como una \u00abcaja de pensiones\u00bb cuyo concordato les dejaba el uso. Altos cargos clericales fueron de esta manera ocupados por laicos. Richelieu nota en sus <em>M\u00e1ximas<\/em> <em>de<\/em> <em>Estado<\/em>: \u2026\u00bbno recuerdo haber visto en mi juventud a los gentilhombres y otras personas laicas poseer\u2026 no s\u00f3lo la mayor parte de los prioratos y abad\u00edas,\u00a0 sino tambi\u00e9n parroquias y obispados.\u00bb Ciertos obispos no eran sacerdotes ni lo fueron nunca. As\u00ed Jean de Saint-Vallier, obispo de Grenoble, Louis III de Lorraine y su sobrino Henri III de Lorraine-Guise, uno y otro arzobispos de Reims sin haber sido ordenados. Henri Bourbon de Verneuil, bastardo de Henri IV, lleg\u00f3 a ser, a la edad de seis a\u00f1os, obispo de Metz y abad de Saint-Germain-des-Pr\u00e9s; no accedi\u00f3 nunca al sacerdocio, conserv\u00f3 sin embargo su di\u00f3cesis durante cuarenta a\u00f1os, de 1612 a 1652, y acab\u00f3 por casarse. El arzobispo de Reims, Henri de Guise, citado anteriormente, hab\u00eda sido nombrado a esta sede a la edad de quince a\u00f1os; \u00e9l la abandon\u00f3 en 1629 para llevar una existencia llena de hechos de armas y de aventuras galantes. Semejantes abusos, sin ser frecuentes, no son excepcionales; se encuentran tambi\u00e9n agravados por el hecho de que grandes familias acaban por considerar ciertos obispados como su bien propio y a transmitirlos entre sus miembros como herencias; el arzobispado de Par\u00eds tendi\u00f3 a ser hereditario entre los Gondi, el obispado de B\u00e9ziers entre los Bonzi, el de Lu\u00e7on entre los Richelieu. Como, en cada generaci\u00f3n, hab\u00eda que conservar este patrimonio, se empujaba hacia la Iglesia a candidatos sin vocaci\u00f3n ni preparaci\u00f3n. Richelieu \u2013el grande- accedi\u00f3 a la sede de Lu\u00e7on sin ser todav\u00eda subdi\u00e1cono y sin haber hecho estudios clericales; ser\u00e1 m\u00e1s tarde cuando se d\u00e9 a s\u00ed mismo una formaci\u00f3n de te\u00f3logo.<\/p>\n<p>Estos obispos administraban sus di\u00f3cesis; no pod\u00edan ciertamente\u00a0 transmitir el sacerdocio, consagrar las iglesias, bendecir los santos \u00f3leos o confirmar, es decir ejercer el poder de orden; pero el poder de jurisdicci\u00f3n subsist\u00eda en su plenitud. Algunos de ellos estaban adem\u00e1s m\u00e1s ocupados en asuntos temporales que en pastoral. Las guerras hab\u00edan contribuido tambi\u00e9n a agravar este estado de cosas. En el siglo XVI, hombres de Iglesia \u2013en particular los cardenales de Lorraine y de Guise- hab\u00edan militado en la Liga; compromisos semejantes se perpetuaron en el siglo XVII, y Richelieu mismo no dudaba en colocar a prelados, incluso cardenales, a la cabeza de ej\u00e9rcitos de tierra y de mar; \u00e9l pidi\u00f3 por ejemplo\u00a0 a los obispos de N\u00eemes, de Albi y de Montpellier que tomaran el mando de los contingentes de sus di\u00f3cesis contra los Espa\u00f1oles. Al papa que se indignaba al ver a pr\u00edncipes de la Iglesia promovidos a jefes de ej\u00e9rcito, \u00e9l respond\u00eda \u00abque los cardenales deb\u00edan contribuir al bien p\u00fablico seg\u00fan los talentos que Dios les hab\u00eda dado, y que era imposible que no se emplearan en los cargos militares como en los dem\u00e1s\u00bb. Se complac\u00eda en llamarlos \u00ablos prelados de la Iglesia militante.\u00bb<\/p>\n<p>Estos son sin duda casos extremos pero los abusos de este g\u00e9nero no desaparecieron nunca en el antiguo r\u00e9gimen. No obstante si se mira al episcopado franc\u00e9s en su conjunto y en diferentes momentos del siglo XVII, se ha de constar un progreso creciente en la calidad de los hombres y en su celo pastoral.<\/p>\n<h3><em>2 \u2013Los nombramientos episcopales en el siglo XVII<\/em><\/h3>\n<p>Este progreso refleja en primer lugar una selecci\u00f3n m\u00e1s rigurosa y una elecci\u00f3n m\u00e1s reflexiva. Una mutaci\u00f3n semejante se explica, no por un cambio sistem\u00e1tico en las instituciones, cuyo concordato de 1516 sigue siendo la l\u00ednea maestra, sino por una acci\u00f3n constante y profunda de los principios de la Reforma cat\u00f3lica. Se aprecia, en este dominio como en los dem\u00e1s, la presi\u00f3n de un hecho de mentalidad; el estado de esp\u00edritu postridentino orienta hacia exigencias m\u00e1s estrictas que en otros tiempos y gobernantes tan diferentes como Enrique IV, Richelieu o Luis XIV lo hab\u00edan sido, en grados diversos, sensibles a esta presi\u00f3n espiritual; ellos lo han demostrado haciendo cada vez con mayor frecuencia\u00a0 intervenir a hombres de Iglesia cualificados en los nombramientos, cada uno de ellos no obstante ha afirmado en sus elecciones su personalidad y su estilo pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Enrique IV se esforz\u00f3 en designar a buenos obispos. Encarg\u00f3 al cardenal del Perron, gran capell\u00e1n de Francia, hacer de su capilla privada una especie de seminario para los futuros jefes de di\u00f3cesis. Ofreci\u00f3 el episcopado a su confesor, el Padre Coton, a Pedro de B\u00e9rulle, a Francisco de Sales a quien quer\u00eda hacer arzobispo de Par\u00eds, a los diputados del clero que, en 1598, le presentaban quejas sobre los vicios del episcopado, respond\u00eda: En verdad, yo reconozco que lo que me hab\u00e9is dicho es verdad; pero yo no soy el autor de los nombramientos, los males se hab\u00edan introducido antes de venir yo. Durante la guerra he corrido hacia donde el fuego era m\u00e1s \u00a0vivo para apagarlo; ahora har\u00e9 lo que debo en tiempo de paz.\u00bb y en 1605, siempre a los diputados del clero: \u00abMe siento gozoso de ver a los obispos que yo he establecido muy diferentes de los del pasado.\u00bb La regente Mar\u00eda de \u00a8M\u00e9dicis se esforz\u00f3, a menudo con \u00e9xito, en seguir este ejemplo: design\u00f3 a Denis de Marquemont para la sede de Lyon, a S\u00e9bastien Zamet para la de Langres. En cuanto a Richelieu, instaur\u00f3 bastante pronto la costumbre de dejarse guiar por un hombre de Iglesia conocido por su santidad. Solicit\u00f3 y sigui\u00f3 los consejos\u00a0 del general del Oratorio, Pedro de B\u00e9rulle, luego de su sucesor, el Padre de Condren. Los resultados de este procedimiento fueron felices y muchos prelados notables\u00a0 debieron su nombramiento al cardenal ministro: Alain de Solminihac en Cahors, Antoine Godeau en Grasse despu\u00e9s en Vence, Jean-Baptiste Gault en Marsella, F\u00e9lix Vialart en Ch\u00e2lons. La costumbre instaurada por Richelieu fue renovada por Ana de Austria quien cre\u00f3 el consejo de conciencia haciendo entrar en \u00e9l a Vicente de Pa\u00fal; en \u00e9l sigui\u00f3 diez a\u00f1os de 1643 a 1653 durante los cuales las elecciones fueron excelentes. Poco a poco no obstante, Mazarino consigui\u00f3 eliminarle para volver a los nombramientos dictados por el inter\u00e9s pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Esta despreocupaci\u00f3n del cardenal ministro con respecto a los valores religiosos provoc\u00f3 la indignaci\u00f3n de los artesanos de la Reforma cat\u00f3lica. En 1651, durante el exilio de Mazarino, el Sr. Olier escrib\u00eda a Ana de Austria: \u00abVos hab\u00edais tomado medidas excelentes para la colaci\u00f3n de los beneficios y sobre todo para el nombramiento a los obispados, con el fin de d\u00e1rselos a los m\u00e1s dignos del vuestro reino; vos est\u00e1is obligada a ello en conciencia. Dios ha visto, Se\u00f1ora, que eso no se hac\u00eda ya, porque se lo permit\u00edais a esa persona (Mazarino) que no ten\u00eda ni celo ni la fuerza necesaria para resistirse a las peticiones y a las importunidades: abuso que ha causado al reino de Dios un da\u00f1o cuya enormidad no conocer\u00e9is hasta el d\u00eda del juicio. Es una simon\u00eda la de recompensar en los hijos los servicios que sus padres han rendido al reino\u2026\u00bbVicente de Pa\u00fal hab\u00eda podido sin embargo lograr admitir algunos principios que no ser\u00e1n ya transgredidos: los muy j\u00f3venes no pod\u00edan acceder a sedes episcopales; se necesitaba como m\u00ednimo un a\u00f1o de sacerdocio para ser obispo, tener la edad de dieciocho a\u00f1os para recibir una abad\u00eda, de diecis\u00e9is a\u00f1os para un priorato o un canonicato de catedral, de catorce para una colegial. Tales reglas hablan por s\u00ed solas de la amplitud de los abusos. Su instauraci\u00f3n permite no obstante datar hacia 1650 el comienzo de la reforma sistem\u00e1tica del episcopado-<\/p>\n<p>Luis XIV puso todo el inter\u00e9s tambi\u00e9n\u00a0 en escoger buenos obispos: dijo en sus <em>Memorias <\/em>\u00abque no hab\u00eda nada tan espinoso como estas elecciones en toda la realeza, si es verdad, a\u00f1ade \u00e9l, , como no hay lugar a duda que lo es, que nuestra conciencia queda comprometida, para que demos demasiado a nuestra inclinaci\u00f3n, o al recuerdo de los servicios prestados, o incluso a alguna utilidad presente del Estado, a favor de personas incapaces, o mucho menos capaces que las dem\u00e1s en las que podr\u00edamos poner los ojos.\u00bb\u2026 Se fijaba mucho en la calidad del episcopado, no solamente por razones de fe, sino porque ten\u00eda a los obispos como ruedas esenciales en la vida de la naci\u00f3n: el episcopado de la Iglesia galicana formaba parte de las instituciones del Estado. El rey era ayudado adem\u00e1s en sus elecciones por el hecho de que los seminarios generalizados en adelante suministraban excelentes candidatos. El reinado de Luis XIV fue, de todos los tiempos modernos, en el que menos cont\u00f3 el nacimiento para el acceso al episcopado: el rey sigui\u00f3 en este terreno las reglas puestas en pr\u00e1ctica en la pol\u00edtica o en la administraci\u00f3n. Se vio as\u00ed multiplicarse los prelados plebeyos: Vallot, Daquin y F\u00e9lix, respectivamente obispos de Nevers, Fr\u00e9jus y Chalons-sur-Sa\u00f6ne, hab\u00edan salido de la domesticidad de Luis XIV. El obispo de Toul, Anselin, era hijo de la nodriza del rey. En la sede de Agen se sucedieron tres obispos notables pero de humilde nacimiento: Joly, Mascaron, y H\u00e9bert; y, en Dax, dos prelados de humilde condici\u00f3n, Descaux y Le Boux. \u00c9ste hijo de un barquero, hab\u00eda sido antes barrendero en un colegio; obispo en 1658, fue transferido de Dax a P\u00e9rigueux: un mediocre calambur afirm\u00f3 entonces que nacido gueux (<em>pordiosero), <\/em>Le Boux hab\u00eda vivido gueux y se esperaba de \u00e9l que per\u00eet gueux (<em>pereciera<\/em> <em>pordiosero<\/em>) \u2013P\u00e9rigueux. Ocup\u00f3 la sede durante veintisiete a\u00f1os.<\/p>\n<h3><em>3 \u2013Los l\u00edmites de la Reforma.<\/em><\/h3>\n<p>Hubo pues un progreso cierto y constante en el modo de designar a los obispos en el siglo XVII. \u00bfPor qu\u00e9 no desaparecieron todos los abusos? \u00bfPor qu\u00e9 los dirigentes sucesivos no llegaron a imponer exclusivamente candidatos que presentaran\u00a0 las garant\u00edas can\u00f3nicas requeridas? Es que el esp\u00edritu tridentino no estaba en condiciones de echar por tierra costumbres viejas de varios siglos. No pod\u00eda sobre todo modificar las instituciones: la elecci\u00f3n de los obispos por el poder civil estaba reglamentada por el concordato de Bolonia, era imposible, incluso con el control de Roma,\u00a0 quitarle su car\u00e1cter pol\u00edtico. La monarqu\u00eda se declar\u00f3 por a\u00f1adidura\u00a0 incapaz de crear un organismo institucional competente, independiente y estable, para el nombramiento de los obispos. El consejo de conciencia tuvo una acci\u00f3n ef\u00edmera. Bajo Luis XIV, los dos jesuitas confesores sucesivos del rey, el Padre de La Chaise y el Padre Le Tellier, participaron de los beneficios: eran verdaderos ministros sin tener su autoridad ni la responsabilidad. Estos hombres eran muy discutidos y tal vez discutibles; no se atrajeron ni el respeto del personal pol\u00edtico ni del clero. En una carta a Luis XIV, F\u00e9nelon juzgaba en estos t\u00e9rminos al Padre de La Chaise: \u00abEn cuanto a vuestro confesor, no es vicioso; pero teme la s\u00f3lida virtud y s\u00f3lo le gusta la gente profana y relajada; es envidioso de su autoridad que hab\u00e9is llevado m\u00e1s all\u00e1 de todos l\u00f3s l\u00edmites. Nunca confesores de los reyes hab\u00edan hecho solos a los obispos y decidido en todos los asuntos de conciencia; sois el \u00fanico en Francia, Sire, en ignorar que no sabe nada, que su esp\u00edritu es corto y mezquino\u2026 <em>Hab\u00e9is formado de un religioso un ministro de Estado. <\/em>No entiende de hombres como no entiende de nada. Se la pegan los que le adulan y le hacen regalos.\u00bb<\/p>\n<p>Hab\u00eda que contar adem\u00e1s con el entorno del rey que impon\u00eda o recomendaba a sus candidatos: los ministros Le Tellier o Colbert empujaron hacia el episcopado a los miembros de su familia, lo que respond\u00eda a una vanidad o una avaidez personales, pero tambi\u00e9n a una creencia que existen clases\u00a0 o l\u00edneas predestinadas a mandar. M\u00e1s tarde se a\u00f1adieron las intervenciones de Madame de Maintenon. De ah\u00ed la supervivencia, si no de abusos escandalosos, al menos de imperfecciones. La reforma del episcopado se encuentra pues con\u00a0 obst\u00e1culos ideil\u00f3gicos o prejuicios que reflejan de por s\u00ed todo un concepto de la sociedad y de la vida.<\/p>\n<h2>II \u2013El obispo en su di\u00f3cesis<\/h2>\n<p>En su di\u00f3cesis, el obispo no se impone solamente por sus cualidades de doctor o de administrador; por su simple presencia, su modo de vida, su compromiso en las obras, sus relaciones humanas, su irradiaci\u00f3n intelectual y espiritual, ejerce una acci\u00f3n apost\u00f3lica a veces profunda.<\/p>\n<h3>1<em> \u2013El estilo de vida<\/em><\/h3>\n<p>El estilo de vida depende de la personalidad de los obispos, pero muy evidentemente tambi\u00e9n de de los recursos de que disponen. Se ha hablado ya de las enormes diferencias entre sedes como Estrasburgo o Cambrai, respectivamente inscritas para 400.000 y 200.000 libras y de miserables obispados como Digne o Vence \u00a0que aportaban a sus titulares 7.000 libras. Sin embargo fueran los que fuesen sus ingresos, los prelados del Antiguo r\u00e9gimen, aunque fueran plebeyos de origen, manifiestan por su modales en sus cuentas y en la gesti\u00f3n de sus bienes una despreocupaci\u00f3n de grandes se\u00f1ores, que llevan de ordinario una existencia que sobrepasa sus recursos. A menudo por otra parte este fasto exterior se acompa\u00f1aba de un modo de vida personal sencillo y casi\u00a0 escueto. Y es que a sus ojos la representaci\u00f3n formaba parte de las conveniencias de su situaci\u00f3n temporal, y hasta espiritual: las costumbres y las mentalidades del tiempo les impon\u00edan en particular un gran tren de casa. Deb\u00edan disponer de mesa preparada y un personaje de cierta notoriedad\u00a0 no pod\u00eda atravesar la ciudad o la provincia sin ser recibido en el obispado. Los pr\u00edncipes y el propio rey no habr\u00edan pensado nunca entrar en otra casa; esta costumbre estaba tan anclada en la vida que, en casi todos los palacios episcopales, exist\u00eda la \u00abc\u00e1mara del rey\u00bb, la de la reina y la de los pr\u00edncipes. En 1701, el plebeyo Fl\u00e9chier albergaba en su palacio de N\u00eemes a los duques de Borgo\u00f1a y de Berry; algo m\u00e1s tarde recib\u00eda con el mismo fasto a la reina y luego al rey de Espa\u00f1a; aunque de temperamento asc\u00e9tico y reservado respecto de los placeres de la mesa, F\u00e9nelon se complac\u00eda por igual en los banquetes fastuosos. Los desplazamientos eran ocasiones de un ceremonial parecido; cuando el obispo de Mende se daba cita en los Estados de la provincia, se hac\u00eda acompa\u00f1ar de su capell\u00e1n, de dos ayudas de c\u00e1mara, de su jefe de comedor, de sus jefes de cocina y de sus ayudantes, de cuatro lacayos, de un pertiguero y de sus mozos de equipajes.<\/p>\n<p>Prelados animados de un celo aut\u00e9ntico por la reforma encontraban dif\u00edcil librarse de esta propensi\u00f3n a la opulencia: Francisco de La Fayette que gobern\u00f3 las di\u00f3cesis de Limoges de 1627 a 1676 se se\u00f1al\u00f3 por su regularidad de vida,\u00a0 su exactitud en cumplir sus visitas pastorales, en celebrar los s\u00ednodos y las conferencias eclesi\u00e1sticas. Su caridad no ten\u00eda l\u00edmites y se ejercitaba de buena gana con los m\u00e1s humildes. Pero este obispo tan exacto en sus deberes de estado segu\u00eda siendo, por el lujo de su cuadro de vida, un gran se\u00f1or.<\/p>\n<p>Un importante motivo de preocupaci\u00f3n y de actividad es, para estos prelados, la transformaci\u00f3n de sus viejas casas, cuya pesadez \u00abg\u00f3tica\u00bb soportan mal; en los \u00faltimos decenios del siglo XVII comienzan a construirse los suntuosos palacios episcopales cuyo n\u00famero se multiplicar\u00e1 en el XVIII. Al palacio se a\u00f1ade casi siempre una morada campestre c\u00f3moda: cerca de Par\u00eds, la casa de, de la capacidad de una apeque\u00f1a celda incluyendo por todo asiento unos sencillos plegables de manera que al leer o al escribir fuera imposible apoyarse Conflans hab\u00eda sido comprada por el arzobispo Harlay que muri\u00f3 all\u00ed en 1695. Hab\u00eda mandado trazar los jardines a Le N\u00f4tre; todos sus sucesores intentaron acabar sus encantos y su belleza.<\/p>\n<p>Algunos trataban sin embargo de apartarse de esta tarea \u00a0mundana: eran los disc\u00edpulos y\u00a0 o los simpatizantes de Port-Royal. En Beauvais de donde fue obispo de 1652-1679, Nicol\u00e1s Choart de Buzenval \u00a0apartaba de s\u00ed sistem\u00e1ticamente toda se\u00f1al de de lujo o de opulencia. En su habitaci\u00f3n un lecho sencillo de lana\u00a0 y un solo mueble. Su casa de campo no se instal\u00f3 nunca porque el servicio de los pobres absorb\u00eda la totalidad de sus recursos \u00abMientras haya pobres que ayudar, dec\u00eda, un obispo no debe pensar en el embellecimiento de su casa.\u00bb En Alet, bajo el episcopado de Nicol\u00e1s Pavillon (1537-1677), las condiciones de vida eran m\u00e1s austeras a\u00fan. El prelado se contentaba con una habitaci\u00f3n exigua, del corte de una peque\u00f1a celda incluyendo por todo asiento unos sencillos plegables de manera que al leer o al escribir fuera imposible apoyarse. En la mesa, la comida era de una frugalidad ejemplar: ning\u00fan plato raro, nada de caza en particular, se toleraba. El recinto episcopal no contaba pues ni con tiradores, ni perros, ni armas ni otros pertrechos de caza, rastro notable en un tiempo en que este \u00abplacer noble\u00bb era habitualmente tenido a honra en el alto clero. De paso para Alet, Lancelot, el c\u00e9lebre maestro de las escuelas de Port-Royal, loaba los beneficios de esta austeridad: la caza, advert\u00eda \u00e9l, tiene consecuencias fastidiosas como la disipaci\u00f3n de esp\u00edritu y la introducci\u00f3n de la buena comida; porque es dif\u00edcil no comer o hacer comer a los dem\u00e1s lo que se ha matado: sin hablar tampoco del pan que se comen los perros, cuando apenas hay bastante para los pobres. No se ve, conclu\u00eda \u00e9l, nada parecido en Alet\u00bb.<\/p>\n<p>Rasgos an\u00e1logos se ven, al final del reinado de Luis XIV, en Jean Soanen, obispo de Senez. Pero aquellos eran casos excepcionales que se admiraban como proezas de santidad, sin pretender imitarlas, tan grande era el peso de las tradiciones sociol\u00f3gicas.<\/p>\n<h3><em>2 \u2013El empleo del tiempo de los obispos<\/em><\/h3>\n<p>Una parte m\u00e1s o menos importante del tiempo del obispo transcurre necesariamente fuera de su di\u00f3cesis. Si, en virtud de las \u00ablibertades galicanas\u00bb, no se ve obligado a las visitas <em>ad<\/em> <em>limina<\/em>, se dirige no obstante de vez en cuando a Roma; por lo general, una vez, raramente dos, en el curso de un episcopado de una quincena de a\u00f1os. Su ausencia dura varios meses; aprovecha esa vacaci\u00f3n romana para resolver cuestiones que siguen siendo litigiosas en su di\u00f3cesis: reforma de \u00f3rdenes antiguas, estatuto de nuevas congregaciones religiosas\u2026 En Par\u00eds, suced\u00eda que participaba en las asambleas del clero de Francia; pero el turno de cada obispo volv\u00eda raramente ya que el alto clero dispon\u00eda\u00a0 tan s\u00f3lo de un delegado por provincia; \u00e9l se quedaba siete u ocho meses en la capital- estos periodos ofrec\u00edan la ocasi\u00f3n de resolver problemas que, en esta \u00e9poca de imbricaci\u00f3n de lo espiritual y de lo temporal,\u00a0 depend\u00edan del poder real: por ejemplo el nombramiento a ciertos beneficios, las construcciones de edificios eclesi\u00e1sticos, la actitud que adoptar frente a los protestantes, la jurisprudencia en vigor\u00a0 en la aplicaci\u00f3n del edicto de Nantes. Esta presencia en Par\u00eds le permit\u00eda contactar con ministros, secretarios de Estado, intendentes o magistrados; estas relaciones pod\u00edan\u00a0 facilitar ciertas decisiones. Alguna vez los prelados, los m\u00e1s conocidos por lo menos, eran recibidos por el rey e introducidos en la alta sociedad. Como media, pasaba un obispo en Par\u00eds ocho o nueve meses cada cuatro a\u00f1os, ello no era tiempo perdido, estos contactos eran indispensables al ejercicio de una acci\u00f3n personal en la di\u00f3cesis. Las actividades extraordinarias absorb\u00edan\u00a0 apenas la quinta parte del tiempo \u00fatil de un episcopado. Cuando problemas comunes, de orden pastoral o ideol\u00f3gico, como el jansenismo, solicitaban dos di\u00f3cesis vecinas, los obispos ten\u00edan frecuentemente la costumbre de conferenciar regularmente en una ciudad fronteriza, a medio camino de su residencia ordinaria: as\u00ed el obispo de Verdun, Hippolyte de B\u00e9thume, y erl obispo de Ch\u00e2lons, Gaston de Noailles, organizaban encuentros peri\u00f3dicos, bien en Sainte-Menehould bien en Vitry-le-Fran\u00e7ois.<\/p>\n<p>En su propia di\u00f3cesis, la tarea importante del obispo era la visita de las parroquias; era para \u00e9l la ocasi\u00f3n de dar la confirmaci\u00f3n, de conocer a su clero, de examinar los problemas locales, de predicar. El concilio de Trento hab\u00eda prescrito a los obispos una visita anual de la totalidad de la di\u00f3cesis, lo que era casi siempre imposible. Para una di\u00f3cesis mediana \u2013es decir de unas trescientas parroquias, y en una regi\u00f3n de circulaci\u00f3n bastante f\u00e1cil, habr\u00eda necesitado\u00a0 al menos siete u ocho meses consecutivos; los prelados incluso los m\u00e1s celosos no pod\u00edan pues programar m\u00e1s que tres o cuatro a\u00f1os una visita de conjunto que ten\u00eda lugar por lo general en la primavera y que representaba del 15 al 20% de su actividad. En su ciudad residencial, se ocupaban de la administraci\u00f3n de la di\u00f3cesis, pero bastante por encima, ya que disponen de numeroso colaboradores. Algunos reun\u00edan cada semana una \u00abcongregaci\u00f3n\u00bb, especie de consejo episcopal encargado de examinar los asuntos importantes. Las tareas corrientes no se cumpl\u00edan directamente por el obispo, sino por intermedio de oficiales; las finanzas eran gestionadas por recaudadores laicos y el obispo no ten\u00eda, por otra parte, que preocuparse de pagar el sueldo a sus sacerdotes: todos viv\u00edan de un beneficio, sea de modo inmediato, sea por la porci\u00f3n congrua.<\/p>\n<p>Una parte del tiempo del obispo estaba ocupada por ceremonias oficiales; no s\u00f3lo las grandes celebraciones lit\u00fargicas, sino tambi\u00e9n las recepciones, las entradas de gobernadores o de intendentes y,\u00a0 en ciertas regiones, la participaci\u00f3n en las asambleas en los Estados provinciales. Le quedaban con todo momentos disponibles bastante extensos. Un gran n\u00famero de prelados le\u00edan mucho y manten\u00edan una abundante correspondencia. Algunos se daban a las bellas letras o a la erudici\u00f3n como Henri Sponde en Pamiers, Daniel Hu\u00e9 en Avranches o Bossuet en Meaux. Otros un\u00edan a sus cargos pastorales funciones pol\u00edticas, como Henri de Escoubleau de Sourdis, arzobispo de Burdeos y al mismo tiempo \u00abjefe del consejo del rey en el ej\u00e9rcito naval\u00bb; otros tambi\u00e9n, fieles a las costumbres feudales, no dudaban en hacerse epis\u00f3dicamente jefes de guerra. Casi todos no obstante redactan\u00a0 por s\u00ed mismo sus mandatos o sus cartas pastorales a menudo muy largas, nutridas de citas; estos textos son de una gran riqueza teol\u00f3gica y espiritual, pero son bastante te\u00f3ricos y poco avivados por testimonios de fe: los hombres de ese tiempo, creyendo con toda la \u00e9poca cl\u00e1sica que \u00abel yo es odioso\u00bb, se rebajan raramente a alejarse del plan de los pr\u00edncipes para descender al detalle \u00edntimo de las \u00abexperiencias de vida\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando el obispo no era llamado al exterior ni retenido por obligaciones oficiales, su jornada discurr\u00eda\u00a0 con la mayor frecuencia\u00a0 seg\u00fan los ritmos austeros que contrastan extra\u00f1amente con la opulencia, muchas veces fastuosa, de su marco de vida. Levantado generalmente desde las cinco, presid\u00eda a las seis la oraci\u00f3n para toda la casa episcopal. A las siete, misa privada en el oratorio particular o en el seminario; a las nueve o diez, misa mayor, celebrada pontificalmente los d\u00edas de fiesta, en la catedral. El resto del d\u00eda, aparte de las comidas, estaba ocupado por la meditaci\u00f3n de la Escritura, por la lectura de los padres o de alguna obra piadosa, por las audiencias y las recepciones, el examen de las cuestiones administrativas, la visita a los enfermos y a los pobres. Por la noche a las seis, despu\u00e9s de v\u00edsperas y completas, la cena, la oraci\u00f3n en com\u00fan y la bendici\u00f3n episcopal terminaban la jornada.<\/p>\n<h3><em>3 \u2013 Las fuentes de la espiritualidad episcopal.<\/em><\/h3>\n<p>La variedad de estas tareas implica, para el obispo, una vida espiritualmente alimentada constantemente y renovada; Encuentra en diversas obras los temas y los principios te\u00f3ricos de su pastoral. Muchos espirituales o te\u00f3logos se dedicaron en efecto a definir la misi\u00f3n del obispo.<\/p>\n<p>El\u00a0 Sr. Olier, fundador de San Sulpicio, ha escrito, tras ocho a\u00f1os de experiencia y de reflexi\u00f3n, un<em> Proyecto de la fundaci\u00f3n de un seminario, <\/em>para someterlo a la asamblea del clero de 1651. Este documento no es solamente un texto administrativo, expone una verdadera teolog\u00eda del obispo: \u00e9ste no es el representante de un simple \u00abpoder intermediario\u00bb, se integra en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, su autoridad es de origen divino, es de ella de donde dimana toda la pastoral. Entre el obispo y su reba\u00f1o existe una paternidad espiritual an\u00e1loga a la relaci\u00f3n del Padre y del Hijo:<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed como Dios engendra a su Hijo en s\u00ed en calidad de Padre, y le lleva todav\u00eda en su seno como si fuera su Madre, nutri\u00e9ndole de la misma sustancia de la que le ha engendrado, as\u00ed tambi\u00e9n los Prelados quienes, al igual que Padres divinos en la Iglesia, engendran en su seno a hijos y, como madres, los nutren con la fecundidad de su vida divina\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Conviene citar tambi\u00e9n <em>el Manual de la actividad episcopal (Episcopalis sollicitudinis Enchiridion),<\/em> escrito por Louis Abelly, obispo de Rodez, en 1668. Es una reflexi\u00f3n y una meditaci\u00f3n sobre la obra de san Carlos Borromeo que fue arzobispo de Milan de 1563 a 1584 y que ofrece sin duda el ejemplo m\u00e1s completo de una pastoral episcopal concebida en el esp\u00edritu tridentino.<\/p>\n<p>Las numerosas cartas dirigidas por san Vicente de Pa\u00fal, cuando estaba en el consejo de conciencia, a obispos o a cardenales en el episcopado, constituyen un conjunto de directivas pr\u00e1cticas para la pastoral. Tratan en particular de la organizaci\u00f3n de las obras caritativas, la creaci\u00f3n de las misiones, los medios que poner en acci\u00f3n para fundar un seminario, la puesta en guardia contra ciertos libros como la <em>Frecuente<\/em> <em>Comuni\u00f3n <\/em>de Antonio Arnauld. El gran inter\u00e9s de estas cartas est\u00e1 en el hecho de que sus destinatarios eran siempre conocidos del Sr. Vicente, que sab\u00eda sobrepasar del estadio te\u00f3rico de las directivas y prodigar consejos perfectamente adaptados a cada situaci\u00f3n particular.<\/p>\n<p>Al final del reinado de Luis XIV, Duguet, uno de los representantes del jansenismo moderado, compuso, a petici\u00f3n de Lescars, obispo de Lavaur, el <em>Tratado de los deberes de un obispo <\/em>que fue publicado en 1710 y tuvo numerosas ediciones. La obra dedica menos a guiar la acci\u00f3n apost\u00f3lica en sus modalidades pr\u00e1cticas, que a fortalecer la vida moral de los prelados amenazados con ser solicitados abusivamente por las tareas temporales o el esp\u00edritu del siglo.<\/p>\n<p>Tales son, esencialmente,\u00a0 las bases ideales de la pastoral\u00a0 de los obispos. \u00bfC\u00f3mo\u00a0 expresan estos principios en los hombres y a trav\u00e9s de la variedad situaciones concretas?<\/p>\n<h2>III \u2013La pastoral episcopal<\/h2>\n<p>Existen \u00abfamilias\u00bb de obispos constituidas por la orientaci\u00f3n y el estilo pastoral impresos en las di\u00f3cesis. El abate Sicard ha distinguido no hace mucho dos campos en el episcopado: los \u00abadministradores de provincias\u00bb y los \u00abadministradores de sacramentos\u00bb, es decir los prelados pol\u00edticos y los prelados evang\u00e9licos. M\u00e1s recientemente el P. Broutin ha extra\u00eddo, en su notable obra sobre <em>La reforma pastoral en Francia en el siglo XVII, <\/em>los principios de una clasificaci\u00f3n tipol\u00f3gica m\u00e1s profunda de estas familias episcopales en la que se afirman en particular: los espirituales, los administradores, los pastores, los rigoristas disc\u00edpulos o amigos de Port-Royal\u2026No obstante, m\u00e1s all\u00e1 de la variedad de este abanico, se instituye una unidad real que tiende a acentuarse a medida que se avanza en el siglo.\u00a0 Ella deriva de causas generales: casi todos los obispos salen del clero secular y reciben una formaci\u00f3n parecida en los seminarios y en las universidades, donde conquistan sus grados de doctor en teolog\u00eda o en derecho can\u00f3nico; el origen social es id\u00e9ntico para la mayor parte de los prelados que han salido de la nobleza o de la alta burgues\u00eda. Por \u00faltimo los medios de la corte se convierten en el semillero ordinario de los obispos;: muchos de ellos han sido capellanes o predicadores del rey, agentes generales del clero.<\/p>\n<p>Este movimiento unitario es tanto m\u00e1s fuerte cuanto que con mucha frecuencia los obispos se dejan \u00abllevar\u00bbpor la tropa de sus ovejas. Se ve por ejemplo a magistrados pedir la fundaci\u00f3n en su ciudad de un colegio de jesuitas; se trata de una necesidad social en una burgues\u00eda en v\u00edas de desarrollo, pero tambi\u00e9n del deseo de ver crecer, con la instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os, la piedad, el rigor moral y la devoci\u00f3n. Paralelamente se afirma la voluntad espont\u00e1nea de promover las formas de piedad tenidas en grande por la Reforma cat\u00f3lica; tales aspiraciones aparecen por ejemplo en los testamentos y en las fundaciones.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n pastoral del obispo se lleva a cabo en diversos dominios.<\/p>\n<h3><em>1 \u2013La condici\u00f3n moral y material de los sacerdotes<\/em><\/h3>\n<p>Los prelados reformadores se han esforzado en mejorar la condici\u00f3n moral del clero, corrigiendo los abusos advertidos en el curso de las visitas y creando un estilo de vida sacerdotal. Hab\u00eda que entregarse igualmente a la formaci\u00f3n intelectual y pastoral de este clero y, para ello: fundar un seminario, es decir construir un cuerpo docente,\u00a0 establecer los planes de estudio, crear bibliotecas, adoptar una teolog\u00eda que a menudo determinar\u00e1 la\u00a0 totalidad ideol\u00f3gica de la di\u00f3cesis entera.<\/p>\n<p>En principio los obispos no ten\u00edan que intervenir en las condiciones materiales de existencia de sus pastores, en particular de los p\u00e1rrocos de provincias, ya que todos, directa o indirectamente, viv\u00edan de un beneficio. No obstante algunos prelados, cuidadosos en ajustar las rentas de los p\u00e1rrocos a las necesidades de la vida, se cuidaban en aumentar la tasa oficial de la porci\u00f3n congrua: cuando \u00e9sta no sobrepasaba las 200 libras, el obispo de Ch\u00e2lons, F\u00e9lix Vialart de Herse, decidi\u00f3, en 1642, elevar esta suma a 300 libras, adelantando la diferencia de sus propios bienes. Algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, por mandato del 8 de agosto de 1656, mostraba a sus diocesanos que la Escritura les hac\u00eda un deber de conciencia asegurar una justa subsistencia a sus pastores; en consecuencia impon\u00eda a los fieles una tasa, por otro lado m\u00f3dica, instaurando as\u00ed el principio del \u00abdenario del culto\u00bb. El obispo no se ocupaba a penas m\u00e1s que de los nombramientos, ya que los candidatos eran designados por el patrono; era raro que pudiera, como otorgador, designar a m\u00e1s de la cuarta parte de su di\u00f3cesis, a veces la proporci\u00f3n descend\u00eda a menos de una d\u00e9cima parte, a\u00fan as\u00ed esta elecci\u00f3n muy limitada se restring\u00eda por la expectativa\u00a0 de los graduados o por la renuncia en la curia de Roma. En general pues los nombramientos se regulaban entre los sacerdotes candidatos y los patronos. Pero, as\u00ed y todo, los prelados m\u00e1s celosos se esforzaban por intervenir al m\u00e1ximo en estas designaciones: el mismo Vialart de Herse que no ten\u00eda m\u00e1s que muy pocas parroquias en su nombramiento supo ganarse la confianza de los otorgantes de beneficios, de modo que la mayor parte acabaron por dejarle due\u00f1o de actuar en las vacantes.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 acci\u00f3n ejerc\u00eda el obispo con\u00a0 sus sacerdotes? Los recib\u00eda poco, sobre todo en las grandes di\u00f3cesis, y no los ve\u00eda apenas m\u00e1s que durante las visitas pastorales o los s\u00ednodos. A veces tambi\u00e9n presid\u00eda las conferencias eclesi\u00e1sticas y con frecuencia examinaba \u00e9l mismo a los ordenandos. Los contactos con los laicos eran m\u00e1s raros todav\u00eda. Tienden sin embargo a multiplicarse en la segunda mitad\u00a0 del siglo con ocasi\u00f3n de las visitas. En cuanto al tiempo dedicado a las comunidades religiosas, ha variado seg\u00fan las regiones, y las necesidades locales. Sin duda la mayor parte de las abad\u00edas eran ejemplos y escapaban por lo mismo a la jurisdicci\u00f3n episcopal; pero tras las guerras de religi\u00f3n, por raz\u00f3n de la mediocridad intelectual y espiritual del clero secular, los obispos reformadores se han visto llevados a recurrir a los regulares, y conversar con ellos de las relaciones establecidas. A finales de siglo por el contrario,\u00a0 con la constituci\u00f3n de los seminarios y la formaci\u00f3n de los sacerdotes seculares, estos lazos se distender\u00e1n.<\/p>\n<h3><em>2 \u2013La acci\u00f3n caritativa<\/em><\/h3>\n<p>Las obras han ocupado, en la vida de los obispos, un lugar considerable, tanto mayor porque muchos de ellos han estado en relaciones estrechas con san Vicente de Pa\u00fal quien, miembro del consejo de conciencia,\u00a0 hab\u00eda estado en el origen de su nombramiento; la mayor parte de estos prelados, en la segunda mitad del siglo, , estaban se\u00f1alados por el esp\u00edritu de San L\u00e1zaro. Se convirtieron as\u00ed en organizadores de la caridad, coordinadores de las obras: su realizaci\u00f3n esencial fue crear o mejorar en su di\u00f3cesis la oficina de los pobres; ellos suscitaron con frecuencia la asistencia a domicilio y a veces el \u00abencierro\u00bb de los indigentes,<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de caridad de estos obispos se manifiesta no pocas veces por la importancia de sus limosnas. No es excepcional que \u00e9stas absorban lo esencial de las rentas episcopales: el obispo de Beauvais, Nicol\u00e1s Choart de Buzenval cuya sede representaba una renta anual considerable \u2013m\u00e1s de cincuenta mil libras- ten\u00eda un presupuesto de limosnas ordinarias de veintisiete mil libras al a\u00f1o; a lo que se a\u00f1ad\u00edan sus limosnas extraordinarias, alcanzando en alg\u00fan caso el total de cuarenta mil libras, y que consist\u00edan sobre todo en la entrega de derechos se\u00f1oriales o en larguezas en favor de los necesitados. Nunca por otra parte,\u00a0 se estim\u00f3 exento con relaci\u00f3n a los pobres por un simple don en dinero, por generoso que fuera: los visitaba en sus casas, en el H\u00f4tel-Dieu, hablando a cada uno, inform\u00e1ndose de sus necesidades y consol\u00e1ndole. En invierno, mandaba encender fuego en varias piezas de su palacio; todos los artesanos sin trabajo pod\u00edan acudir all\u00ed; \u00e9l mismo ven\u00eda cada d\u00eda a hablar con ellos de su familia, de sus hijos y de su oficio.<\/p>\n<p>Estas actitudes caritativas no eran el patrimonio de Port-Royal. Se las ve en otros prelados, bajo formas parecidas y a veces id\u00e9nticas: en Jean-Baptiste Gault que fue obispo de Marsella durante poco tiempo \u2013los \u00faltimos meses de su vida (1643) \u2013o en casa de un gran se\u00f1or como Louis d\u2019Urf\u00e9, obispo de Limoges (1676-1695).<\/p>\n<p>Muchos de estos obispos no se contentan adem\u00e1s con aliviar a los pobres, intentan curar de la pobreza, apagar la mendicidad. Con este esp\u00edritu\u00a0 buen n\u00famero de ellos militar\u00e1 en la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento, cuya acci\u00f3n caritativa es una de las preocupaciones esenciales.<\/p>\n<h3><em>3 \u2013El esp\u00edritu de las instituciones<\/em><\/h3>\n<p>La acci\u00f3n de los obispos se afirma tambi\u00e9n por creaciones de todo g\u00e9nero: escuelas, colegios, hospitales. Pero m\u00e1s quiz\u00e1s que en estas iniciativas, la originalidad de su celo evang\u00e9lico se revela en la trasformaci\u00f3n de instituciones antiguas. Las visitas pastorales ofrecen un ejemplo significativo de ello: su existencia era muy antigua pero se hab\u00edan convertido en simples inspecciones dirigidas por los arcedianos, con exactitud pero sin alcance espiritual profundo. Cada vez m\u00e1s a medida que avanza el siglo, los obispos las consideran como el instrumento privilegiado de la pastoral y como un deber imperioso de su estado. Estas visitas representaban a veces aventuras llenas de peligros, particularmente en las regiones monta\u00f1osas. Los prelados reformadores de estas di\u00f3cesis, como Francisco de Sales en Annecy, Le Camus en Grenoble, Soanen en Senez, no dudan a pesar de todo en emprenderlas. Como consecuencia de una accidente que por poco le resulta fatal, Soanen escrib\u00eda\u00a0 el 18 de junio de 1699 a uno de sus familiares, el Padre B\u00e9rard: \u00abUn obispo de rocas, como yo, debe familiarizarse con estos monstruos y sentirse con mucha suerte si Dios quisiera aceptar sus peligros e incluso su muerte por alguna penitencia de sus pecados\u00bb.<\/p>\n<p>Es hacia 1615, en el momento en que la acci\u00f3n de Borromeo comenz\u00f3 a penetrar en el episcopado franc\u00e9s, cuando aparecen las se\u00f1ales anunciadoras de una transformaci\u00f3n interna de la visita pastoral. Una primera etapa de evoluci\u00f3n se refiere al papel de los arcedianos y de los deanes: son visitadores natos, pero su autoridad declina; no pueden por s\u00ed mismos delegar sus poderes y deben dar cuenta de sus misiones en la asamblea sinodal, que a su vez est\u00e1 bajo el control del obispo. Por lo dem\u00e1s la preocupaci\u00f3n pastoral tiende a superar el control administrativo; as\u00ed los visitadores deben vigilar para que cada p\u00e1rroco posea un ejemplar\u00a0 de los estatutos sinodales.<\/p>\n<p>Un progreso suplementario\u00a0 se consigui\u00f3 cuando se afirm\u00f3 la funci\u00f3n lit\u00fargica de la visita. Cada vez m\u00e1, se reserva el obispo oficiar en ella personalmente. As\u00ed el obispo de Langres, S\u00e9bastien Zamet, (1615-1655) organiza, con ocasi\u00f3n de sus visitas. lo que \u00e9l llama \u00abestaciones\u00bb: re\u00fanen al clero y a los fieles de varios pueblos; los p\u00e1rrocos, avisados de antemano, preparaban la ceremonia y el obispo despachaba al lugar a varios confesores. Celebraba la misa, predicaba, distribu\u00eda la confirmaci\u00f3n; los fieles se confesaban y comulgaban. Accesoriamente, el pont\u00edfice pod\u00eda inspeccionar la iglesia pero se lo dejaba por lo com\u00fan al arcediano o al decano. El tiempo de visita se hace por lo mismo m\u00e1s largo; cuando los arcedianos eran los \u00fanicos visitadores, ve\u00edan generalmente cuatro o cinco parroquias en un d\u00eda; Le Camus, en Grenoble, se limitaba a dos y con m\u00e1s frecuencia a una sola. Yo repart\u00ed mi di\u00f3cesis en tres, resuelto a visitar cien parroquias cada a\u00f1o, y me qued\u00e9 un d\u00eda en cada una\u00bb, escrib\u00eda a Caylus en\u00a0 noviembre de 1705. Soanen, cabeza verdad es de una di\u00f3cesis peque\u00f1a, dedicaba habitualmente varios d\u00edas en la misma parroquia.<\/p>\n<p>Los efectos de este celo pastoral fueron inmediatos; los conocimientos de los p\u00e1rrocos se extendieron y reforzaron. Los fieles en contacto mucho m\u00e1s estrecho con su obispo, conocieron una vida espiritual m\u00e1s intensa, practicaron m\u00e1s regularmente los sacramentos, frecuentaron m\u00e1s asiduamente las cofrad\u00edas, manifestaron una participaci\u00f3n\u00a0 m\u00e1s activa en las devociones nuevas y un respeto acentuado de la ley moral.<\/p>\n<p>Esta visita pastoral mejorada ofrece el ejemplo t\u00edpico de una instituci\u00f3n sublimada por la Reforma tridentina: se inspira directamente en los m\u00e9todos puestos en pr\u00e1ctica por san Carlos Borromeo en su archidi\u00f3cesis de Mil\u00e1n. La visita transformada en su naturaleza y su finalidad lleg\u00f3 a ser un \u00fatil de perfeccionamiento espiritual, una \u00abmisi\u00f3n\u00bb. Pero tuvo otras\u00a0 funciones: marca una reacci\u00f3n contra la \u00abdiluci\u00f3n de los poderes diocesanos\u00bb. Durante mucho tiempo la visita can\u00f3nica hab\u00eda ofrecido a los peque\u00f1os oficiales episcopales el medio de afirmar su poder\u00a0 y de imponer sus decisiones; en el esp\u00edritu del concilio de Trento, el obispo recobra la plenitud de su jurisdicci\u00f3n.<\/p>\n<p>El siglo XVII marca un paso en la historia del episcopado: el del obispo gran se\u00f1or al obispo cabeza espiritual. Esta evoluci\u00f3n fue lenta: fue necesario un siglo para permitir al esp\u00edritu tridentino penetrar en las instituciones y las mentalidades. La reforma episcopal, a pesar de su amplitud, sigue siendo imperfecta: se encontraba, en efecto, m\u00e1s all\u00e1 de las dificultades ya invocadas, con dos obst\u00e1culos esenciales.<\/p>\n<p>Uno resulta de de las relaciones de lo espiritual y de lo temporal. Es una consecuencia del r\u00e9gimen beneficiario, regulado asimismo por el concordato de 1516, pero que refleja tambi\u00e9n la mentalidad general de la \u00e9poca. El orden pol\u00edtico est\u00e1 ligado a este sistema beneficiario: el rey ve en \u00e9l\u00a0 el medio de integrar indirectamente\u00a0 los bienes de la Iglesia en el tesoro del Estado; la nobleza y la alta burgues\u00eda usan de \u00e9l para asentar o elevar su situaci\u00f3n temporal. Para funcionar perfectamente, un r\u00e9gimen as\u00ed implicaba una \u00abconversi\u00f3n \u00abde los pr\u00edncipes cristianos, es decir un respeto un respeto absoluto a las leyes morales de la Iglesia. Los padres del concilio de Trento lo hab\u00edan tenido muy presente y hab\u00edan recordado con fuerza en el curso de la sesi\u00f3n 25.<\/p>\n<p>Por otra parte hubo siempre, abierta o latente, rivalidad entre la pastoral de los obispos y la de los regulares la primera tend\u00eda a mantener la independencia de las iglesias locales y reforzaba las estructuras galicanas; la seg\u00fan da acentuaba la centralizaci\u00f3n y desarrollaba el esp\u00edritu ultramontano. 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