{"id":9634,"date":"2016-08-20T13:00:18","date_gmt":"2016-08-20T11:00:18","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/01\/29\/isabel-seton-la-biografia-26-%c2%abcae-la-flor-germina-el-grano-%c2%bb\/"},"modified":"2016-07-26T09:41:48","modified_gmt":"2016-07-26T07:41:48","slug":"isabel-seton-la-biografia-26-cae-la-flor-germina-el-grano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/isabel-seton-la-biografia-26-cae-la-flor-germina-el-grano\/","title":{"rendered":"Isabel Seton, la biograf\u00eda: 26 &#8211; \u00abCae la flor, germina el grano&#8230;\u00bb"},"content":{"rendered":"<p><em>Entonces o\u00ed la voz del Se\u00f1or que me dec\u00eda:<br \/>\n-\u00bfA qui\u00e9n enviar\u00e9?, \u00bfqui\u00e9n ser\u00e1 mi mensajero? Yo respond\u00ed:<br \/>\nYo respond\u00ed:<br \/>\n\u00abAqu\u00ed me tienes, env\u00edame\u00bb<br \/>\nIs. 6,8<\/em><\/p>\n<p>La peque\u00f1a Rebeca muri\u00f3 a los 13 a\u00f1os. Guillermo y Ricardo seguir\u00e1n siendo para su madre motivo de preocupaciones inagotables. La comunidad de San Jos\u00e9, al menos, est\u00e1 ahora bien asentada. Experimenta un crecimiento que no se hubiera atrevido a esperar en el curso de los a\u00f1os 1809-1810. Prueba, es\u00adta carta dirigida por la Madre Seton a Antonio Filicchi, en septiembre de 1818. <em>Todo va muy bien para la religi\u00f3n. El arzobispo no hubiera cre\u00eddo nunca que la fe se habr\u00eda desarrollado tan s\u00f3lo la mitad de lo que es en realidad, si no lo hubiera constatado por s\u00ed mismo. Y le aseguro que de haber una segunda casa tan grande como la que tenemos, pronto la hubi\u00e9semos hecho llenar de Hermanas y de ni\u00f1as. Nos vemos obligadas a rechazar constantemente alumnas, por falta de lugar.<\/em><\/p>\n<p>En realidad, hac\u00eda ya m\u00e1s de tres a\u00f1os que una nueva tormenta amenazaba descargar sobre el apacible valle.<\/p>\n<p>El arzobispo de Baltimore, del que habla la misiva, no es otro que el Sr. Ma\u00adr\u00e9chal, quien, desde diciembre de 1817, ha sucedido en la sede metropolitana a Mons. Neale. El Sr. Mar\u00e9chal no ten\u00eda 50 a\u00f1os el d\u00eda de su nombramiento. Es uno de los primeros Sulpicianos franceses llegados a Maryland, en 1792. Durante diez a\u00f1os, fue profesor en Santa Mar\u00eda de Baltimore. Los nueve a\u00f1os siguientes, de 1803 a 1812, los pasa en Francia. Luego es enviado de nuevo a Am\u00e9rica. Es un hombre de val\u00eda al que la Santa Sede no ha dudado confiar la sucesi\u00f3n de Mons. Carroll. El Sr. Mar\u00e9chal sigue marcado del esp\u00edritu de San Sulpicio mucho m\u00e1s que sus cohermanos que no han dejado los Estados Unidos desde hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os. Hijo del Sr. Emery, sabe c\u00f3mo hab\u00eda proyectado, en el comienzo, su superior el apostolado de los Sulpicianos en el Nuevo Mundo.<\/p>\n<p>Ellos hab\u00edan ido all\u00e1 para establecer seminarios, para formar cl\u00e9rigos. Ahora bien, en este plano preciso, los resultados hab\u00edan sido decepcionantes. Los diez primeros a\u00f1os de esfuerzo en Santa Mar\u00eda de Baltimore, de 1791 a 1801, hab\u00edan acabado en tres ordenaciones sacerdotales. El Sr. Emery pensaba seriamente, en consecuencia, cerrar pura y simplemente la casa de Baltimore y mandar vol\u00adver a Francia a todos los Sulpicianos de Maryland.<\/p>\n<p>Un primer grupo, efectivamente, fue llamado en 1802. De ese grupo formaba parte el Sr. Mar\u00e9chal. El no puede sino confirmar al Sr. Emery el fracaso de la obra sulpiciana en Am\u00e9rica. A decir verdad, el fracasa no es m\u00e1s que aparente. El Sr. Emery, que jam\u00e1s ha ido personalmente a los Estados Unidos, cree deber suyo suspender definitivamente la experiencia que all\u00ed se ha intentado. Pero en 1804, el Papa P\u00edo VII se encuentra en Par\u00eds, sumado que llega de coronar al emperador en Natre-Dame. El Sr. Emery le ve, le habla. Puesto al corriente de los hechos de Baltimore, el Soberano Pont\u00edfice no deja de expresar al superior de San Sulpicio su deseo expl\u00edcito de ver permanecer a los Sulpicianos en Maryland. El Sr. Emery no puede m\u00e1s que inclinarse.<\/p>\n<p>Quedar\u00eda con todo un problema. \u00bfEn qu\u00e9 medida era menester privar las casas de Francia de sujetos de val\u00eda para enviarlos a Am\u00e9rica? Ahora bien, mientras se contin\u00faan preguntando en Par\u00eds e Isy-les-Moulineaux sobre la opor tunidad de los sacrificios de una fundaci\u00f3n extranjera, que no parec\u00eda muy llamada a convertirse en un plantel de vocaciones sacerdotales, los misioneros que se en\u00adcontraban en el lugar descubr\u00edan, personalmente, la necesidad primordial de es\u00adtablecer, ante todo, de crear de alguna manera, un ambiente aut\u00e9nticamente cat\u00f3\u00adlico en un pa\u00eds que no la era. Es en tal ambiente donde podr\u00edan germinar, desarrollarse, extenderse, en un futuro m\u00e1s o menos lejano, las vocaciones sacer\u00addotales que era prematuro esperar numerosas en los primeros a\u00f1os del siglo XIX. Entre los que juzgaban as\u00ed la situaci\u00f3n con realismo, el Sr. Dubois estaba a la vanguardia. Sacerdote misionero por temperamento y por vocaci\u00f3n, guiado por las circunstancias, m\u00e1s que por atractivo personal, a vivir varios a\u00f1os dentro de la Compa\u00f1\u00eda de San Sulpicia, el Sr. Dubois hab\u00eda llegado hacia las a\u00f1os 1814-1815 a hacer del pueblo de Emmitsburg lo que llamar\u00edamos hay un pueblo piloto. La vida de los habitantes cat\u00f3licos del Valle era, en resumen, la vida de la misma Iglesia con la diversidad de sus dones, de sus actividades, en la unidad de un mismo esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Dos parroquias dispensaban a los fieles del peque\u00f1o vecindario, cuyos dominios se extend\u00edan a veces bastante lejos, la palabra de Dios y los sacramentas. Un estable\u00adcimiento escolar permit\u00eda a los muchachos proseguir sus estudios en el lugar, mientras que la reputaci\u00f3n del colegio del Monte Santa Mar\u00eda atra\u00eda un n\u00famero impor\u00adtante de pensionistas. Una carta del Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur, escrita el 17 de diciembre de 1815 da la lista de los sesenta y tres internos. Doce externos se aprovechaban de la misma ense\u00f1anza. Frente al edificio del colegio se eleva el Seminario Menor, donde veinte muchachos, se preparan, ese mismo a\u00f1o, para la vida sacerdotal.<\/p>\n<p>La comunidad de las Hermanas de San Jos\u00e9, a la otra parte del \u00abTom&#8217;s Creek\u00bb, asegura a las muchachas una educaci\u00f3n religiosa y profana. <em>White House <\/em>abriga, a la vez, la primera comunidad religiosa americana, el primer pensionado cat\u00f3lica femenina, la primera escuela parroquial de los Estados Unidas. Las Hijas de la Madre Seton, por otra parte, aseguran pr\u00e1cticamente dentro del pueblo to\u00addas las obras de misericordia: visitas de los pobres, cuidado de los enfermos a domicilio, sin contar los servicios que ellas prestan en el colegio, en el seminario, asegurando tanto la enfermer\u00eda como la lencer\u00eda de los alumnos, pues <em>las Herma\u00adnas me parecen convenir para los peque\u00f1os, <\/em>escribe el Sr. Dubois en 1816.<\/p>\n<p>Por ser diferente de los resultados esperados por el Sr. Emery, y, veros\u00edmil\u00admente por el Sr. Mar\u00e9chal, que parece haber hecho suya la posici\u00f3n del superior de Par\u00eds, el \u00e9xito obtenido en Emmitsburg por el Sr. Dubois es un \u00e9xito magn\u00edfico. Realista como es, el Sr. Dubois siente, a la vez, la importancia de la ex\u00adperiencia realizada en el Valle, y el peso de una tarea gigantesca y diversa de la que asume casi toda la responsabilidad. Ha pedido refuerzos y cree natural ob\u00adtenerlos de los se\u00f1ores de San Sulpicio. Ahora bien, uno solo entre sus hermanos ha entrado plenamente en sus miras. Uno solo ha tomado conciencia de la im\u00adportancia de la obra que se realiza en Emmitsburg, obra de pionero que descon\u00adcierta a los dem\u00e1s sulpicianos por su originalidad misma, pues ha hecho saltar los dos marcos previstos de antemano. Ese hombre es el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur. El 11 de noviembre de 1811, el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur, profesor entonces en Bal\u00adtimore, escribe a sus superiores de Par\u00eds para advertirles que hay falta de perso\u00adnal en Emmitsburg. <em>No podemos destacar a nadie de aqu\u00ed para ayudar all\u00ed al Sr. Dubois, cuya extrema actividad no puede por s\u00ed solo, con sus j\u00f3venes maes\u00adtros, para todo el bien que se podr\u00eda hacer; no puede con m\u00e1s que una parte de sus cuidados cuyo resto agotan dos congregaciones -que es preciso aducir siempre por parroquias-, la casa de las Hermanas y sus numerosas pensionistas.<\/em><\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente, es el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur a quien se env\u00eda a la Monta\u00f1a. Entre \u00e9l y el Sr. Dubois se establece una amistad profunda. Ambos vibran con la misma longitud de onda. Una sola disonancia, con todo: El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur estima que no es decoroso que las hijas de la Madre Seton sean destinadas a empleos que les obliguen a penetrar en los edificios del colegio y del seminario. Desea ver al Sr. Dubois adoptar una soluci\u00f3n en este punto m\u00e1s conforme a los usos de la vieja Europa, bien que -dice- yo <em>amo a las Hermanas y las reve\u00adrencio con un sentimiento que es el vuestro mismo; y <\/em>concluye: <em>El cielo y sus co\u00adrazones es para m\u00ed un \u00fanico pensamiento.<\/em><\/p>\n<p>Durante su viaje a Francia, en el curso del verano de 1815, redacta con destino a sus superiores de Par\u00eds, el Sr. Duclaux y el Sr. Garnier, una memoria sobre el estado de las obras de Emmitsburg.<\/p>\n<p>&#8230;El <em>Sr. Dubois tiene todo el cuidado temporal y literario del Seminario y del colegio de Emmitsburg, y, en mi ausencia, el espiritual. Tiene, adem\u00e1s, todo el cuidado temporal, literario y espiritual del establecimiento de las Hijas de la Caridad y de sus pensionistas, a tres cuartos de legua del seminario. Tiene, en buena parte, ahora, el cuidado de la parroquia formada en torno a los establecimientos. Ser\u00eda largo detallar sus cargas y dif\u00edcil hacer comprender todo su peso -en cuanto a lo temporal s\u00f3lo dos grandes fincas- los aprovisionamientos de toda especie de \u00abdos casas\u00bb que pasan conjuntamente de doscientas veinte personas, situadas lejos de las grandes ciudades. La correspondencia de tantas familias. El trabajo de las cuentas con aqu\u00e9llas que las llevan en las \u00abdos casas\u00bb&#8230;, etc. Luego el orden de \u00abdos casas\u00bb por comenzar, treinta y cinco religiosas que meter en regla, y Dios s\u00f3lo conoce el trabajo de este excelente hombre.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8230;El Sr. Hickey, que le ha sido dado, se ocupa de los estudios, de las clases superiores, est\u00e1 encargado especialmente de lo de fuera, de los enfermos, de los catecismos&#8230;, etc. El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur hac\u00eda lo que hace el Sr. Hickey y ten\u00eda adem\u00e1s el cuidado de los cl\u00e9rigos, una veintena, que a su salida, ha cogido en sus manos el Sr. Dubois mismo&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Ahora bien, a su regreso de Par\u00eds en 1815, no solamente no ha obtenido el Sr. Brut\u00e9 nuevos refuerzos para Emmitsburg, sino que se ve personalmente desig\u00adnado para reanudar su tarea en Baltimore en calidad de rector del colegio y del Seminario Santa Mar\u00eda. Pr\u00e1cticamente, ni el Sr. Duclaux ni el Sr. Garnier, que reciben del Sr. Tessier y del Sr. Mar\u00e9chal cartas que hacen valer razones opues\u00adtas, toman en consideraci\u00f3n la obra realizada por el Sr. Dubois en la monta\u00f1a. Ellos no perciben su importancia. Puede, adem\u00e1s, que la legendaria \u00abimaginaci\u00f3n\u00bb del Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur, le haya hecho un mal servicio, en la ocurrencia, anie sus superiores de Francia.<\/p>\n<p>El mismo tiene que explicarse, sin embargo, sobre esa tendencia de car\u00e1cter que \u00e9l reconoce, que juzga y de la que desconf\u00eda. <em>Esa que yo llamo semiexalta\u00adci\u00f3n <\/em>-hab\u00eda explicado \u00e9l al Sr. Duclaux, el 16 de noviembre de 1814- <em>puede tener su utilidad y est\u00e1 m\u00e1s metida en quicios de prudencia de lo que se piensa. Gracias al Se\u00f1or, procede mucho m\u00e1s por hechos y datos positivos, que lo que ha de creer mi manera r\u00e1pida de hablar y de imaginar, desde mis cuatro a\u00f1os de Am\u00e9rica, despu\u00e9s de tantos pensamientos y vivas impresiones que se han suce\u00addido y se suceden diariamente en m\u00ed. <\/em>Instintivo, apasionado, generoso, el Sr. Bru\u00adt\u00e9 tiene dificultad, \u00e9l tambi\u00e9n, de plegarse al reglamenta de San Sulpicio. Lo im\u00adprevisto, constante de una vida misionera, las iniciativas que ella requiere sin que haya siempre tiempo de notificarlas, sobre su oportunidad, a los superiores mayores, que residen allende el oc\u00e9ano, le frenan menos que las obligaciones de una regla que busca todav\u00eda, por otra parte, su modo de adaptaci\u00f3n a los pa\u00edses extranjeros.<\/p>\n<p>Sea de esto lo que fuere, el requerimiento de los Sulpicianos de Emmitsburg, fue acogido con una negativa. El Sr. Duclaux y el Sr. Garnier estiman que ase\u00adgurando el personal del establecimiento de Baltimore hacen bastantes sacrificios para que se les pida m\u00e1s. Que si el Sr. Dubois no puede bastar en Emmitsburg, donde por otra parte ha contra\u00eddo deudas inquietantes cuya responsabilidad en\u00addosa ahora a la Compa\u00f1\u00eda, que se cierre pura y simplemente, la casa del Monte Santa Mar\u00eda, y que el debate quede cerrado. \u00bfNo tiene el Sr. Dubois un joven vicario, desde septiembre de 1814, en la persona de Juan Hickey? Ese joven sulpiciano era en realidad, como lo se\u00f1ala el Sr. Brut\u00e9 \u00abel primer alumno que llega a ser un buen sacerdote\u00bb. Hab\u00eda sido enviado a la Monta\u00f1a inmediatamente despu\u00e9s de su ordenaci\u00f3n. La Madre Seton que le hab\u00eda conocido de estudiante, hab\u00eda tomado en seguida a pechos estimular el celo, a su parecer demasiado poco efectivo, del Sr. Hickey. Prueba, el hecho siguiente que la Madre relata con por\u00admenores en una carta dirigida al Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur en 1815:<\/p>\n<p><em>Le he echado una ducha, de la que se ha de acordar, al Rvdo. Hickey. Ayer estaba la iglesia llena hasta reventar y se encontraban all\u00ed un buen n\u00famero de forasteros&#8230; Pues bien, ante toda aquella gente, el t\u00edmido predicador predic\u00f3 un serm\u00f3n de pena. <\/em>La Madre Seton no se priv\u00f3 de hac\u00e9rselo notar. Y vuelve a des\u00adcribir la escena tan espont\u00e1neamente como se desarroll\u00f3. Juan Hickey, habiendo celebrado la misa de comunidad en <em>White House, <\/em>se apresta a empezar su desa\u00adyuno que le acaban de servir en el locutorio. Pero la Madre se presenta. Sin am\u00adbages le dice lo que piensa al joven vicario, sobre el serm\u00f3n de la v\u00edspera. El se excusa: \u00bfVale verdaderamente molestarse por eso? Vehemente, ella replica: <em>-\u00a1C\u00f3mo! \u00a1Es justamente lo que me disgusta, se\u00f1or!<\/em><\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo puede un sacerdote no tener cuidado de expandir en las almas el fue\u00adgo que Cristo vino a encender, y en el que quiere ver abrasarse el mundo entero? \u00bfNo es responsable un sacerdote, cuando habla, del honor de Dios? Si el Rvdo. Htickey no es capaz, cuando es joven, de tomarse el trabajo de preparar sus ser\u00admones, \u00bfqu\u00e9 har\u00e1 cuando sea viejo?<\/p>\n<p>Bajo el sermoneo, Juan Hickey agacha la cabeza sobre el plato. La Madre Seton le mira. El siente pesar sobre \u00e9l una mirada llena de reproches. Trata de justificarse. \u00a1Ha orado antes de subir al p\u00falpito!<\/p>\n<p><em>-La oraci\u00f3n&#8230; \u00bfEs que la oraci\u00f3n&#8230;?<\/em><\/p>\n<p><em>-La oraci\u00f3n, \u00a1de acuerdo!, le corta su interlocutora. \u00a1Pero tambi\u00e9n la pre\u00adparaci\u00f3n de los sermones!<\/em><\/p>\n<p>Pues si la oraci\u00f3n es esencial, primordial, jam\u00e1s dispensa ella del deber de estado. El hecho, por m\u00ednimo que sea, es revelador, tanto del inter\u00e9s que la Ma\u00addre Seton tomaba en la vida espiritual de Emmitsburg como de la falta de experiencia de la que daba pruebas el nuevo sacerdote americano, apenas salido del seminario. Con toda evidencia \u00e9l no pod\u00eda mantener junto al Sr. Dubois el puesto que hab\u00eda ocupado el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur. Mons. Carroll, quiz\u00e1s, hu\u00adbiera insistido para que le fuese dada una ayuda efectiva a un pionero como el p\u00e1rroco de Emmitsburg. El Sr. Mar\u00e9chal que no es todav\u00eda m\u00e1s que uno de los profesores de Baltimore persiste en considerar la experiencia de Emmitsburg como un fracaso. El Sr. Tessier envi\u00f3 moment\u00e1neamente al Valle un ec\u00f3nomo de mano dura, el Sr. Harent. Su <em>ruda firmeza no ha sido in\u00fatil, <\/em>escribe el Sr. Mar\u00e9chal al Sr. Garnier, el 28 de marzo de 1816. <em>Emmitsburg <\/em>-prosigue \u00e9l- <em>no va tan bien. Esa casa est\u00e1 en deuda de 6.000 d\u00f3lares, que el Sr. llubois ha contra\u00eddo sucesiva\u00admente. Es con seguridad un excelente sacerdote y trabajador. Sin embargo, a me\u00adnos que su celo no sea reglado eficazmente, puede abrir otro abismo. Es de toda necesidad que ese colegio sea reducido lo antes posible a un seminario menor puramente eclesi\u00e1stico sin v\u00ednculo durable con las religiosas y la parroquia.<\/em><\/p>\n<p>Por su lado, -el Sr. Dubois trata de defender su posici\u00f3n. El cierre del colegio del Monte Santa Mar\u00eda no puede hacerse sin un desconcierto que las hijas de la Madre Seton ser\u00edan las primeras en padecer. \u00bfEs f\u00e1cil encontrar un sacerdote capaz igualmente de conducir una comunidad religiosa y una parroquia? -pre\u00adgunta \u00e9l al Sr. Garnier, el 18 de abril de 1816-. \u00bfPodr\u00e1 ese sacerdote, encarga\u00addo de dos parroquias, prestar una atenci\u00f3n suficiente a esas buenas hijas que ha\u00adbiendo dejado todo por los consuelos de la religi\u00f3n, encontrar\u00edan bien duro ser privadas de ellos?<\/p>\n<p>No es, sin embargo, que el Sr. Dubois se considere como el fundador de la comunidad, o que quiera ejercer por su parte una influencia cualquiera. El tiene que precisar su pensamiento a este respecto:<\/p>\n<p><em>Deseo m\u00e1s que nadie del mundo ser librado de la carga de las Hermanas, pero no veo otra esperanza que la de unirlas a alguna otra sociedad para tener su cuidado. Si el Sr. Superior lo aprueba, tratar\u00e9 de ponerme en correspondencia con el superior de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n para ver si ser\u00e1 posible unificar las Hermanas de aqu\u00ed y las de Francia, y obtener a la vez misma un superior y director que, despu\u00e9s de haber pasado un a\u00f1o o dos aqu\u00ed, para aprender la len\u00adgua, se encargar\u00eda de este establecimiento. Tendr\u00eda muchas otras reflexiones que hacer sobre este art\u00edculo pero el tiempo no me lo permite. Y <\/em>traza para sus supe\u00adriores un breve resumen de la tarea a la que debe hacer frente: <em>Desde hace un mes, apenas dejo el confesonario; el d\u00eda de San Jos\u00e9, treinta primeras comuniones en casa de las Hermanas, confesiones generales por consiguiente; retiro para las ni\u00f1as, cuatro o cinco novicias tambi\u00e9n que preparar; confesiones generales de veinticinco ni\u00f1os, aqu\u00ed. Comuni\u00f3n pascual de toda la parroquia, el seminario y los ni\u00f1os.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur, coma se podr\u00eda prever, aboga por el Sr. Dubois y pretende poner todo en obra para defenderle. Las cambios de cartas se multipli\u00adcan tanto entre Baltimore y Emmitsburg, unos verdaderos vol\u00famenes, asegura el Sr. Mar\u00e9chal, como entre Par\u00eds y el Maryland. El nombramiento del Sr. Mar\u00e9chal para la sede metropolitana de Baltimore, en 1817, no apacigua en absoluto la diferencia. Por el contrario, en el curso de los meses de febrero-marzo de 1819, las posiciones se endurecen penosamente. Para obtener la supresi\u00f3n del estable\u00adcimiento del Monte Santa Mar\u00eda, Mons. Mar\u00e9chal anticipa los dos argumentos que le parecen los m\u00e1s v\u00e1lidos: de una parte, el seminario menor de Emmitsburg <em>que se ha convertido casi enteramente en un colegio seglar <\/em>no responde ya a un fin determinado como el de la Compa\u00f1\u00eda de San Sulpicio. Por otra parte, las construcciones proseguidas sin descanso par el Sr. Dubois, le han conducido a una deuda enorme cuyas proporciones espantar\u00e1n al Sr. Harent, el ec\u00f3nomo que el Sr. Tessier ha enviado temporalmente al Valle. Y <em>sin embargo, el Sr. Dubois ha llegado al cabo de persuadir al Sr. Brut\u00e9 de que se har\u00eda m\u00e1s bien en Emmits\u00adburg, donde, adem\u00e1s del cuidado del Seminario, podr\u00eda ocuparse de la direcci\u00f3n de las religiosas y de su peque\u00f1a parroquia. La cabeza de \u00e9ste se ha calentado hasta el punto de haber marchado para ir a juntarse con el Sr. Dubois&#8230;<\/em><\/p>\n<p>La carta en la que el Sr. Mar\u00e9chal hace estas precisiones al Sr. Duclaux est\u00e1 fechada -el 5 de marzo. Otra misiva escrita dos semanas antes, el 17 de febrero, bien pudo llegar a Francia en el mismo barco. El Sr. Dubois defiende en ella la causa de Emmitsburg y trata de justificar la conducta del Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur. El busca poner las cosas en su punto, con calma y lucidez:<\/p>\n<p><em>C\u00f3mo pueden conocer nuestros superiores la verdad y juzgar sanamente <\/em>-pre\u00adgunta \u00e9l con raz\u00f3n- si los <em>miembros de la Compa\u00f1\u00eda, sobre todo aquellos que est\u00e1n a la cabeza de un establecimiento no pueden abrirse libremente a ellos y decir cu\u00e1l es su visi\u00f3n de las cosas? \u00bfNo es f\u00e1cil verificar si sus advertencias se basan en los hechos? En cuanto a las opiniones, seguramente ninguno de nosotros debe ser cre\u00eddo bajo su palabra, somos todos falibles. Toca a nuestros superiores pesar nuestras razones. Si las razones de una y otra parte se balancean, toca a ellos suspender su juicio, hasta que la experiencia venga en su ayuda para apre\u00adciar a los hombres y mediarlos.<\/em><\/p>\n<p>La tristeza de tal razonamiento no puede dejar de llamar la atenci\u00f3n del Sr. Garnier, pues, pr\u00e1cticamente \u00e9l a\u00f1ade el suyo. El hab\u00eda respondido precisa\u00admente, el 15 de septiembre de 1818, a una carta bastante poco amena que le hab\u00eda dirigido el Sr. Babad: Nos <em>es dif\u00edcil determinar nada a una tan grande distancia, ignorantes de muchas circunstancias que ser\u00edan necesarias para un juicio s\u00f3lido. <\/em>Bien que suspendiendo su juicio no podr\u00eda, el Sr. Garnier, resolver la cuesti\u00f3n de manera satisfactoria a la vez para los Sulpicianos de Baltimore y los de Emmitsburg.Y, sin duda, las dificultades de comunicaci\u00f3n de la \u00e9poca no facilitaban la soluci\u00f3n del problema cuyos datos segu\u00edan siendo complejos y delicados. Ingenuo de aquel que se figure que tales enfrentamientos son excep\u00adcionales entre los que, y las que, con todo su ser, se quieren enteramente al ser\u00advicio del Reino de Dios. Nada m\u00e1s revelador de los l\u00edmites humanos que estas incomprensiones que oponen sobre un mismo sujeto dos concepciones de apos\u00adtolado, dos formas de ver, dos talantes, v\u00e1lidos de una y otra parte, seg\u00fan una \u00f3ptica demasiado corta, sin embargo, para permitir la conciliaci\u00f3n. Todas las \u00e9pocas y todos los pa\u00edses han conocido esos dolorosos conflictos. No son efecto ni de una \u00e9poca, ni de una latitud: son efecto de la naturaleza humana. Escan\u00addalizarse por eso ser\u00eda una ingenuidad. Ser\u00eda tambi\u00e9n pueril pensar que la buena fe y las intenciones rectas bastar\u00edan siempre para conjurarlos. \u00abSomos todos fali\u00adbles\u00bb, reconoc\u00eda justamente el Sr. Dubois&#8230;; y \u00bfqui\u00e9n, entonces, podr\u00eda, finalmen\u00adte, jactarse de estar en posesi\u00f3n de todos los datos de un problema tan novedoso como la vida y de estar en situaci\u00f3n de resolverlo con una perfecta imparcialidad. La Iglesia ha tenido siempre conciencia de la complejidad de los problemas de apostolado, que son din\u00e1micos y no est\u00e1ticos, jam\u00e1s id\u00e9nticos, aunque siempre semejantes en un aspecto, reconociendo, por otra parte, que en solo el plano humano, muchos de entre ellos no encontraron sino raramente una soluci\u00f3n adecuada.<\/p>\n<p>En el libro titulado <em>M\u00e9ditation du Pater, <\/em>el P. Pablo Mar\u00eda de la Croix, O.C.D., escribe respecto a la tercera petici\u00f3n del Padrenuestro, estas l\u00edneas que proyectan sobre tales conflictos una apacible luz:<\/p>\n<p><em>Todos somos, por uno u otro t\u00edtulo, seres \u00aben situaci\u00f3n\u00bb. Existen otros junto a nosotros y es menester que se haga tambi\u00e9n la voluntad de ellos. Ella no lo podr\u00e1 sin pisar muy a menudo sobre la nuestra y limitarla m\u00e1s cada vez. A medida que la edad llega, la voluntad de Dios se manifiesta a nosotros con las m\u00fal\u00adtiples exigencias que entra\u00f1a con ella la vida com\u00fan, bajo cualquier forma que se nos imponga: familiar, social, religiosa. Si es vano esperar que podamos sacar de ello todo nuestro partido, al menos deberemos aceptar que la voluntad de Dios se manifiesta a nosotros por el dragom\u00e1n de los hombres y que la obediencia a las imposiciones nos parezca, sin duda, siempre m\u00e1s onerosa, pues no podemos nosotros hacer prevalecer siempre nuestras ilusiones sobre su sabidur\u00eda, y menos sobre la pureza de los m\u00f3viles, que, tan a menudo, les hace actuar. Sola la fe puede darnos la fuerza, viendo en ellos los representantes de Dios, para hacer su voluntad, haciendo la de ellos <\/em><sup>1<\/sup>.La ida del Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur de Emmits\u00adburg, ser\u00eda, con toda evidencia, una p\u00e9rdida sensible para el seminario Santa Ma\u00adr\u00eda, tanto m\u00e1s que, casi al mismo tiempo, el Sr. Harent, es llamado bruscamente por Dios. He aqu\u00ed, pues, \u00abla casa de Baltimore en una dificultad extrema\u00bb como lo se\u00f1ala Mons. Mar\u00e9chal el 5 de marzo de 1819. Es exacto.<\/p>\n<p>Con una exactitud tambi\u00e9n rigurosa, el Sr. Dubois pod\u00eda afirmar, por su par\u00adte, el 17 de febrero precedente, bajo la amenaza del cierre del establecimiento del Monte Santa Mar\u00eda: <em>Sin embargo, la alarma se extendi\u00f3 por el vecindario<\/em><\/p>\n<p><em>y sirvi\u00f3 para hacernos sentir que ten\u00edamos amigos y obligaciones. Destruir el establecimiento sin necesidad era defraudar su confianza.<\/em><\/p>\n<p>En realidad, cuando en junio de 1819 llega a la Monta\u00f1a, la decisi\u00f3n de los Superiores que han optado por la supresi\u00f3n del colegio y del seminario de Emmits\u00adburg, suscita all\u00ed una ola de indignaci\u00f3n. Emmitsburg hab\u00eda llegado a ser, efectivamente, para los cat\u00f3licos de Maryland, y de m\u00e1s lejos, un verdadero polo de atracci\u00f3n. Unos colonos se hab\u00edan establecido all\u00ed a causa de la irradiaci\u00f3n espi\u00adritual de la que el pueblo se hab\u00eda convertido en centro. Toda la poblaci\u00f3n se conmueve. Los habitantes se conciertan y a fin de conjurar lo que consideran como una cat\u00e1strofe, deciden saldar ellos mismos el mont\u00f3n de las deudas con\u00adtra\u00eddas por el Sr. Dubois, por el bien del pa\u00eds. Este gesto espont\u00e1neo de ayuda fraternal, comunitaria, manifiesto de la voluntad formal de las habitantes de Emmitsburg de no dejar destruir una obra a la que ellos atribu\u00edan tanto precio, ataba pr\u00e1cticamente las manos del arzobispo de Baltimore. Mons. Mar\u00e9chal se vio constre\u00f1ido a ceder y a hacer anular la decisi\u00f3n de los se\u00f1ores Garnier y Tessier. El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur permanecer\u00eda en Emmitsburg. La apertura esco\u00adlar tuvo lugar normalmente. El debate quedaba cerrado.<\/p>\n<p>Con fecha del 14 de abril de 1820, el Sr. Dubais daba cuenta al Sr. Garnier del nuevo desarrollo que tomaba el establecimiento del Monte de Santa Mar\u00eda: &#8230;El <em>jard\u00edn est\u00e1 ya casi terminado y s\u00f3lo tiene necesidad de abono. El patio est\u00e1 nivelado y plantado ya de \u00e1rboles. La granja ha sido rematada y cubierta como nueva. La finca se mejora cada d\u00eda. En general, el orden, la piedad y el contento reina dentro de toda mi servidumbre. Soy deudor de todos estos consuelos al celo y la virtud de las buenas Hermanas de la Caridad cuyo orden, limpieza, econo\u00adm\u00eda y sobre todo piedad y vigilancia sobre los criados, y el buen ejemplo, est\u00e1n por encima de todo elogio. <\/em>Por lo dem\u00e1s, concluye la misma, <em>hubi\u00e9ramos podido poner en manos del arzobispo las dos congregaciones (es decir, las dos parroquias de San Jos\u00e9 y de Santa Mar\u00eda) a las que se hubiera visto muy apurado para pro\u00adveer. Pero conocemos demasiado el esp\u00edritu de San Sulpicio <\/em>-insiste el Sr. Du\u00ad<em>bois- para dejar perecer las almas ante nuestros ojos.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed pues, por una y otra parte, el esp\u00edritu de San Sulpicio era lo que no ha\u00adb\u00edan cesado de invocar los antagonistas para obtener de sus superiores la deci\u00adsi\u00f3n que, seg\u00fan la \u00f3ptica de cada uno, acabar\u00eda en un resultado diametralmente opuesto. Tal vez, la obra de Emmitsburg era demasiado diferente de las obras propias de la Compa\u00f1\u00eda de San Sulpicio, en la \u00e9poca al menos, para conservar con ella otros v\u00ednculos que los de la amistad. En 1824, el Sr. Dubois y el Sr. Bru\u00adt\u00e9 de R\u00e9mur juzgar\u00e1n preferible recuperar su libertad frente a San Sulpicio, con el consentimiento de sus superiores de Par\u00eds. En 1826, el Sr. Dubois llegar\u00e1 a ser obispo de Nueva York. En 1833, el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur ser\u00e1 elegido por la Santa Sede para fundar, en Indiana, la nueva di\u00f3cesis de Vincennes de la que ser\u00e1 el primer titular.<\/p>\n<p>La obra que Dios quer\u00eda en la villa de Emmitsburg ser\u00eda bastante s\u00f3lida para entonces. Todo, finalmente hab\u00eda, concurrido a preparar en el Valle la re\u00adsidencia de las Hermanas de la Caridad. Germinaba la bellota que hab\u00eda sido enterrada en la primavera de 1809. Cual los grandes robles de troncos pujantes de donde surg\u00edan las fuertes ramas, la obra de la Madre Seton, se desarrollar\u00eda en adelante, sin que ninguna tormenta pudiera abatirla o poner siquiera obs\u00adt\u00e1culos a su crecimiento.<\/p>\n<p><em>La salud de la Madre Seton <\/em>-hab\u00eda afirmado el Sr. Dubois unos d\u00edas des\u00adpu\u00e9s de la muerte de Rebeca- <em>no ha quedado alterada. <\/em>En realidad, a partir del oto\u00f1o de 1816, el estado de salud de la superiora de las Hermanas de San Jos\u00e9 ya no cesar\u00e1 de inquietar a su entorno inmediato. A los 43 a\u00f1os, Isabel sab\u00eda que estaba en su ocaso. No teme la muerte, ya que la muerte es solo el paso de esta vida terrestre a la vida eterna. Ri\u00e9ndose ella misma de <em>su viejo armaz\u00f3n en\u00adfundado en viejos chales y franelas <\/em>no deja de proseguir menos, d\u00eda tras d\u00eda, en la Casa Blanca, su tarea junto a las Hermanas y las ni\u00f1as, de no verse momen\u00adt\u00e1neamente obligada a guardar la habitaci\u00f3n. De esta inacci\u00f3n forzosa, ella no se turba. Ella no ha podido ignorar el conflicto que, amenazando durante tres a\u00f1os, la existencia del colegio y del seminario del Monte Santa Mar\u00eda, ha ame\u00adnazado su obra misma. Tal vez era menester que ella conociera todav\u00eda esa ame\u00adnaza para que fuera purificado en ella todo apego humano, y que llegara col] ello a abandonarse a Dios, del todo, sin condiciones.<\/p>\n<p><em>Podemos hacer m\u00e1s bien permaneciendo en Dios, que con las especulaciones m\u00e1s celosas <\/em>-anot\u00f3 ella-. <em>Mucha gente, en este mundo, pasa su tiempo calen\u00adtando planes, defendiendo su opini\u00f3n, pero qu\u00e9 pocos hay que busquen construir en Dios, guardar silencio como nuestro Jes\u00fas.<\/em><\/p>\n<p>Permanece atenta no obstante, a la obra que se prosigue en el Valle. Ella que tanto hubiera querido que uno de sus hijos fuera sacerdote, rodea a Juan Hickey de una solicitud que con ser sobrenatural, no deja de ser menos maternal. Incluso bajo los, reproches justificados que \u00e9l se atraer\u00e1 m\u00e1s de una vez, el joven sulpiciano no se equivoca en ello. Adem\u00e1s, lo que dicta a la Madre sus amonestaciones es un sentido muy cierto de la grandeza sacerdotal. <em>\u00a1Oh, qu\u00e9 Due\u00f1o y qu\u00e9 Padre! Ambos le servimos, usted con gloriosa embajada, yo con mi humilde peque\u00f1a misi\u00f3n. \u00a1Cu\u00e1n dichosos podemos ser en su servicio! <\/em>-escribe ella al joven sacerdote.<\/p>\n<p>El 18 de junio de 1819, en un per\u00edodo de descanso f\u00edsico, ella le env\u00eda estas l\u00edneas una vez m\u00e1s: <em>Estoy mucho mejor. Como no puedo, al parecer, morir de una forma, trato de morir de otra y de mantener mi sendero recto hacia Dios solo. Mi peque\u00f1a lecci\u00f3n de hoy: permanecer en la simplicidad y en la calma, tratando de orientar cada peque\u00f1a acci\u00f3n hacia su Voluntad, y luego, alabar y amar tanto a trav\u00e9s de las nubes como a la luz del sol, es todo mi anhelo, toda mi solicitud. Sam (el diablo) traba de tiempo en tiempo batalla, pero nuestro Bienamado se mantiene detr\u00e1s de la muralla y guarda al maligno a distancia.<\/em><\/p>\n<p>En el mes de agosto de 1818, Samuel Cooper fue ordenado sacerdote en Baltimore, por Mons. Mar\u00e9chal que le envi\u00f3 inmediatamente a Emmitsburg. Su llegada a la Monta\u00f1a despert\u00f3 en el alma de la Madre Seton grandes esperanzas para el bien del pueblo. Din\u00e1mico y generoso como es, se puede esperar mucho del convertido que ha proseguido durante diez a\u00f1os sus estudios de filosof\u00eda y de teolog\u00eda en el seminario de Santa Mar\u00eda. Las Hermanas de San Jos\u00e9 tienen, poi otra parte, frente al Sr. Cooper, una deuda de gratitud que no pueden olvidar. Donante magn\u00e1nimo, no ha limitado sus larguezas a la compra de Fleming Farms y de esa posesi\u00f3n que contin\u00faa asegurando a la Comunidad y a las alumnas del pensionado la mayor parte de su subsistencia. El ha llegado, en bien de casos, a encargar expedir al Valle barriles y cajones de avituallamiento, fardos de tela. A decir verdad, sus dones siguen siendo fant\u00e1sticos como su temperamento. Que el Sr. Cooper haya sido siempre un sujeto f\u00e1cil para sus cohermanos del se\u00adminario o para sus superiores ser\u00eda mucho decir: se le han pasado, no obstante, sus excentricidades, en consideraci\u00f3n a su edad, al medio de procedencia, a sus cualidades tambi\u00e9n, que, con expresarse a menudo de forma original, no son menos aut\u00e9nticas. Que hubiese sido elevado al sacerdocio aquel verano de 1818, es una prueba de la confianza que \u00e9l supo inspirar, a pesar de todo, al arzobispo de Baltimore.<\/p>\n<p>El Sr. Cooper llega, sin embargo, a Emmitsburg, con unas ideas bien fijas sobre la forma de comportarse en su ministerio. Ahora bien, los parroquianos de Emmitsburg no son todos, lejos de ello, unos santos canonizables. En el apacible Valle, ha comenzada a hacer estragos el alcoholismo. Es menester tener en cuenta ese vicio, decide el Sr. Cooper. Y preconiza los medios en\u00e9rgicos, eficaces sin duda dentro de la cristiandad europea de los primeros siglos, pero exaspe\u00adrantes y rid\u00edculos, dentro de una poblaci\u00f3n americana, al d\u00eda siguiente de la gue\u00adrra de Independencia.<\/p>\n<p><em>Me parece <\/em>-escribe el hirviente vicario a su arzobispo, el 15 de marzo de 1819- <em>que si todos los que dan esc\u00e1ndalo p\u00fablico fueran obligados a arrodillarse o a mantenerse de pie o enviados a un rinc\u00f3n cualquiera de la iglesia, siendo le\u00eddos p\u00fablicamente sus nombres, esto producir\u00eda un efecto saludable. <\/em>Mons. Ma\u00adr\u00e9chal secundando al Sr. Dubois, obliga al Sr. Cooper a atenerse a la pastoral vigente, a usar de su paciencia hacia sus ovejas. Sin tener en cuenta de los avisos reiterados de su p\u00e1rroco, de su obispo, el Sr. Cooper prosigue la batalla entablada, amenaza, truena, fustiga. Este proceder levanta contra \u00e9l a los parroquianos que quiere conducir a1 redil, corriendo encima el riesgo, por su falta de mesura, de arrojar el descr\u00e9dito sobre el clero cat\u00f3lico y sobre los sulpicianos franceses.<\/p>\n<p>En resumen, sin haber concluido el primer a\u00f1o de su ministerio en Emmits\u00adburg, recibe de Mons. Mar\u00e9chal la orden de irse a otra parte con la turbulencia de su celo indiscreto. Se marcha a Augusta, en Georgia, de Georgia a Norfolk, en Virginia. Finalmente, despu\u00e9s de una serie de desplazamientos y de viajes, entre ellos una peregrinaci\u00f3n a Tierra Santa, volver\u00e1 a encontrar en Francia a Mons. de Cheverus, hecho obispo de Burdeos, y le asistir\u00e1 en sus \u00faltimos mo\u00admentos., en 1836.<\/p>\n<p>El Sr. Dubois, sin embargo, deplora la p\u00e9rdida de un auxiliar cuya ayuda m\u00e1s discreta hubiera sido valiosa. El Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur y la Madre Seton se entristecen de ver que la falta de equilibrio compromete en el Sr. Cooper una acci\u00f3n apost\u00f3lica que su generosidad esencial permitir\u00eda esperar fructuosa. Por su lado, no obstante, el Sr. Brut\u00e9 confiesa a veces a la Madre Seton que sue\u00f1a con dejar el Valle por un campo de apostolado m\u00e1s vasto. Las misiones de<\/p>\n<p>Al fin de septiembre de 1818, un nuevo grupo de Hermanas dej\u00f3 Emmitsburg para asegurar en Filadelfia la direcci\u00f3n de una escuela libre alemana.<\/p>\n<p>Cuando en julio de 1819, encontr\u00f3 su afortunada soluci\u00f3n la diferencia que opon\u00eda los sulpicianos de Baltimore a los de Emmitsburg, Isabel se apresura a dar parte a su hijo Guillermo tanto del duro alerta que ha conocido como dei resultado que permite a los Se\u00f1ores Dubois y Brut\u00e9 proseguir su apostolado fe\u00adcundo en el Valle. Para la comunidad de San Jos\u00e9, su salida hubiese sido efec\u00adtivamente desastrosa. Ayuda espiritual y gerencia de la posesi\u00f3n han sido ase\u00adguradas hasta ahora por las sulpicianos residentes en Emmitsburg. Una verda\u00addera colaboraci\u00f3n est\u00e1 establecida igualmente entre las dos casas de educaci\u00f3n, fructuosa para la una como para la otra. Un buen n\u00famero de muchachos del Monte Santa Mar\u00eda han sido preparados para su primera comuni\u00f3n por la Ma\u00addre Seton. Adolescentes, vuelven voluntariamente a buscar junto a ella el conse\u00adjo maternal de que sienten necesidad, el esclarecimiento femenino que s\u00f3lo ella es capaz de darles a prop\u00f3sito de sus problemas.<\/p>\n<p>Entre los nombres de los pensionistas inscritos en el colegio del Monte Santa Mar\u00eda para el a\u00f1o escolar 1815-1816, figura en tercer lugar el de Jer\u00f3nimo Bo\u00adnaparte. Su padre hab\u00eda sido creado rey de Westfalia por el emperador y como \u00e9l era un bisnieto de Carlos Carroll, su t\u00edo, Napole\u00f3n, hab\u00eda aceptado ver al mucha\u00adcho proseguir su educaci\u00f3n en Am\u00e9rica. As\u00ed, el ni\u00f1o se encontraba lejos de las cortes de Europa a la hora en que su padre intentaba anular el matrimonio del que \u00e9l hab\u00eda nacido.<\/p>\n<p><em>Mi querida madre <\/em>-escrib\u00eda a la superiora de San Jos\u00e9 el ni\u00f1o exilado- \u00ad<em>desear\u00eda mucho obtener un \u00abAgnus Dei\u00bb antes de volver a casa, a fin de ser preservado de los peligros que van a rodearme&#8230; Yo le guardar\u00e9 como un recuerdo de bondad y de amor hacia su hijito que pensar\u00e1 siempre en usted con respeto y con amor y con gratitud tambi\u00e9n, sobre todo si puedo tener un \u00abAgnus Dei\u00bb del que usted me hiciese regalo.<\/em><\/p>\n<p>Al dorso del papel sobre el que el muchacho ha formulado ingenuamente su petici\u00f3n, la Madre Seton escribi\u00f3 unas l\u00edneas de respuesta: <em>querido Jer\u00f3nimo, es un gran placer para m\u00ed enviarte este \u00abAgnus Dei\u00bb&#8230; Yo pido ardientemente a Nuestro Se\u00f1or que te conserve en las gracias que El te ha dado con tanta ter\u00adnura, cuida t\u00fa mismo de no perderlas. Ruega por m\u00ed y yo rogar\u00e9 por ti. Tu amiga de verdad. E.A.S.<\/em><\/p>\n<p>Se hubiera quedado completamente at\u00f3nito entonces, el peque\u00f1o Jer\u00f3nimo, si alzando un instante el velo del porvenir, le hubieran anunciado que el nombre de la que \u00e9l llamaba <em>my dear mother, <\/em>y que no era a sus ojos m\u00e1s que una direc tora de escuela muy buena, ser\u00eda un d\u00eda objeto de una gloria m\u00e1s grande, m\u00e1s durable, m\u00e1s universal de la de su t\u00edo Napole\u00f3n, ese hombre que hac\u00eda ahora estremecer toda la vieja Europa de locas esperanzas o de oscuros terrores.<\/p>\n<p>Si no con toda la discreci\u00f3n deseable, s\u00ed con cierta lucidez, el Sr. Babad que presiente algo de esa gloria futura prometida a la fundadora de las Hermanas de la Caridad americana, le pide sin embargo autorizaci\u00f3n para escribir su vida despu\u00e9s de su muerte. Pues su muerte -piensa \u00e9l- es inminente. <em>Han pasado diez a\u00f1os, su obra se afirma. Solamente deseo ya para usted una feliz muerte. Me gustar\u00eda mucho verla antes de que muera, pero preveo que el superior no me permitir\u00e1 ir a Emmitsburg en el estado actual de las cosas&#8230; En cuanto me en\u00adtere de su muerte, dir\u00e9 la misa por el reposo de su alma. Si halla gracia, como espero, no me olvide ante Aqu\u00e9l que ha hecho tanto caso de usted aqu\u00ed abajo.<\/em><\/p>\n<p>Sin negar la esperanza de una muerte pr\u00f3xima, Isabel suplica que se la deje en paz en lo concerniente a la redacci\u00f3n de su vida. No ignora ella, por otra parte, que se ha de ir por cierto m\u00e1s all\u00e1 de su permiso, si ella lo deniega. \u00bfNo se ha publicado ya, sin saberlo ella, en Nueva Jersey, su diario \u00edntimo de Liorna? Aquellas p\u00e1ginas todo espont\u00e1neas, que ella destinaba \u00fanicamente a Rebeca Se\u00adton su cu\u00f1ada, hab\u00edan circulado, no obstante, entre los miembros de la familia. Algunos hubieran deseado conocer los detalles de la \u00faltima enfermedad y de la muerte de Guillermo Magee Seton. \u00bfC\u00f3mo negarles aquellas hojas de un diario escrito d\u00eda a d\u00eda en Liorna y en Pisa? Pero jam\u00e1s hab\u00eda so\u00f1ado Isabel que aquel diario, que era tambi\u00e9n el de su alma, aqu\u00e9l donde ella relataba su descubrimien\u00adto del catolicismo saldr\u00eda de un c\u00edrculo de \u00edntimos. Que tal indiscreci\u00f3n hubiera llegado a producirse, la hab\u00eda afectado dolorosamente. Pues aunque el editor no hab\u00eda citado el nombre de las personas en causa, tanto el contexto hist\u00f3rico como las referencias geogr\u00e1ficas eran demasiado transparentes para permitir e1 menor equ\u00edvoco. Sin destruir nada de lo que hab\u00eda escrito, la Madre Seton pide simplemente, que se la deje acabar en el silencio su vida terrestre. Mons. Carroll muri\u00f3 en 1815. Y el Sr. Nagot al a\u00f1o siguiente. Guillermo Bayley, uno de los medio hermanos de Isabel y Juan Wilkes acaban, a su vez, de desaparecer. \u00bfAcaso ha llegado para ella la hora de ir a junt\u00e1rseles? \u00bfNo ha terminado su tarea, rea\u00adlizado la obra que plugo el Se\u00f1or confiarle?<\/p>\n<p>La Casa Blanca abriga, al presente, casi cien personas: diecis\u00e9is religiosas, dos postulantes y cincuenta y siete pensionistas, sin contar las externas. Mons. Ma\u00adr\u00e9chal que ha llegado al lugar en oto\u00f1o de 1818, para darse cuenta del estado de las cosas, se declara satisfecho. Los establecimientos confiados a las Hermanas de San Jos\u00e9, en Baltimore como en Filadelfia, conocen tambi\u00e9n ellos un feliz desarrollo. Desde que el Sr. Dubois y el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur est\u00e1n en la Monta\u00f1a el futuro de White House no plantea, por el momento, ning\u00fan serio problema. De no ser el pensamiento de sus hijos, Guillermo y Ricardo, nada vendr\u00eda a tur\u00adbar en la Madre Seton la perspectiva de un final pr\u00f3ximo, es decir, de un co\u00admienzo nuevo, de una vida eterna. Una tos persistente, momentos de fatiga tales que toda su energ\u00eda no es capaz de dominar a veces, la dificultad de alimentarse normalmente, alertan seriamente a su hija Kate y a toda la comunidad, en el curso del invierno de 1818-1819. <em>Mi madre est\u00e1 muy enferma <\/em>-escribe Catalina a Julia Scott-. Mons. de Cheverus prevenido, encuentra tiempo para escribir unas l\u00edneas con destino a la fundadora: No la <em>compadezco. La envidio por correr hacia el abrazo de Aqu\u00e9l que es amor. <\/em>Para cuando llegue la primavera, confundiendo los temores de su entorno, la Madre va a encontrar un retorno de vida. Ella es la primera en asombrarse. Mientras las dem\u00e1s se alegran, ella se lamenta de ver prolongada su vida terrestre. Y el Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur la reconforta: <em>Res\u00edgnese <\/em>-le recomienda \u00e9l-, <em>vele, prep\u00e1rese, h\u00e1galo bien, sea agradecida por todo; bendiga su voluntad, humillese de no estar suficientemente presta.,. Servir\u00e1 m\u00e1s tiempo a Aqu\u00e9l que ama&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Entonces ella se pone de nuevo a vivir como se vuelve a reanudar un servicio. En la medida en que sus fuerzas se lo permiten, preside de nuevo la oraci\u00f3n en com\u00fan, las comidas en el refectorio, la recreaci\u00f3n de comunidad, reanudando asimismo cierta actividad junto a las ni\u00f1as. Rodea de su simpat\u00eda a la Sra. Cha\u00adtard durante los momentos de inquietud que le causa el mal estado de salud del doctor. <em>Quisiera decirle tantas cosas, pero no le digo nada. Usted sabe que nadie m\u00e1s que su E.A.S., puede sentir y compartir sus penas y sus consuelos.<\/em><\/p>\n<p>A1 Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur que se topa con las dificultades, con las incompren\u00adsiones, le recuerda, muy simplemente, los consejos que ella ha recibido de \u00e9l. <em>Usted ha hecho para m\u00ed tan luminosa la <\/em>GRACIA DEI, MOMENTO PRESENTE <em>que le soy deudora, tal vez, de mi salud misma, porque esa luz me ha evitado faltas, pecados. <\/em>En unas notas personales, ella escribe en la misma perspectiva: <em>Nuestra desdicha es no conformarnos con las intenciones de Dios en cuanto a la manera como el quiere ser glorificado. Lo que le agrada, nos desagrada. El quiere que marchemos por el camino del sufrimiento y nosotros deseamos marchar por el de la acci\u00f3n. Nosotros deseamos dar, m\u00e1s bien que recibir y no buscamos puramente <\/em>SU VOLUNTAD.<\/p>\n<p>Efectivamente en ella crece cada vez m\u00e1s ese culto de la voluntad divina, cuyo sentido ha querido inculcar eminentemente, desde el primer instante de su cargo, a sus hijas. \u00bfNo es conformarse a esa voluntad siempre desbordante &amp; amor respecto a nosotros -aun cuando ?parece lo contrario a nuestra forma de ver- por lo que Isabel se ha esforzado durante toda su vida en sentir y hacer frente? Ser\u00eda esclarecedor subrayar simplemente a trav\u00e9s de sus escritos, notas, diarios, correspondencia, el n\u00famero de veces en que tal expresi\u00f3n <em>Voluntad de Dios <\/em>viene a su pluma. Cuando Guillermo Magee estaba muriendo en el la\u00adzareto de Liorna -tal coma ella lo confesaba al Capitano- s\u00f3lo el pensamiento de la voluntad de Dios la guardaba de la desesperaci\u00f3n y de la rebeld\u00eda. Esa misma voluntad la hab\u00eda guiado, sostenido, en medio de las oscuridades, de las contradicciones y de las dudas, hasta su profesi\u00f3n de fe cat\u00f3lica. Ella hab\u00eda sido su luz y su gu\u00eda seguro, durante los duros a\u00f1os que hab\u00edan precedido a su llegada a Baltimore. Ella hab\u00eda sido su fuerza y su refugio en el momento que le hab\u00edan sido quitadas Anina y Rebeca. Y esa voluntad la ha conducido finalmente, por unos caminos que jam\u00e1s hubiera descubierto ella misma, hasta el Valle de Em\u00admitsburg, desde donde su mirada est\u00e1 fija ahora en la eternidad bienaventurada, que la atrae cada vez m\u00e1s fuertemente.<\/p>\n<p>En las p\u00e1ginas de un cuaderno de notas, quiso Isabel escribir de su mano, <em>los Dear Remembrances \u00abDulces recuerdos -ser\u00eda tal <\/em>INGRATITUD <em>morir sin ha\u00adberlos consignado\u00bb. <\/em>Las letras de la palabra \u00abingratitud\u00bb, dos veces mayores que las de las otras palabras, se destacan del t\u00edtulo para dar al vocablo un relieve sin\u00adgular. En veinticinco p\u00e1ginas, que ciertamente no han sido escritas sin interrup\u00adci\u00f3n, Isabel pasa revista a una parte de los hechos m\u00e1s importantes, de su vida, desde 1778 hasta 1811.<\/p>\n<p>\u00bfCuando redact\u00f3 ella estas notas? Nada, en la redacci\u00f3n misma, lo precisa. Fue ciertamente antes de 1819. Les fue a\u00f1adida una simple nota, pegada a la \u00faltima hoja del cuaderno, once l\u00edneas con una escritura muy apretada. Especie de conclusi\u00f3n, o mejor de intersecci\u00f3n entre el tiempo y la eternidad.<\/p>\n<p><em>Eternidad&#8230; \u00bfen qu\u00e9 luz la contemplaremos (-si es que pensamos en tales bagatelas en la compa\u00f1\u00eda de Dios y en el coro de los bienaventurados-), qu\u00e9 pensaremos de las pruebas y de las preocupaciones que ten\u00edamos anta\u00f1o sobre la tierra? \u00a1Oh qu\u00e9 nonada total!<\/em><\/p>\n<p>&#8211; <em>que los que lloran sean los que no lloran<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; los que se alegran como los que no se alegran &#8211; los que reciben como los que no poseen<\/em><\/p>\n<p><em>&#8211; este mundo pasa &#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Eternidad! esa voz que debe ser percibida en todas partes. \u00a1Eternidad!<\/em><\/p>\n<p>Tal sentido de la eternidad no hab\u00eda impedido, sin embargo, a Isabel Seton, ser en el tiempo, una asombrosa realizadora. As\u00ed sucede con los santos que, bus\u00adcando, ante todo, el Reino de Dios, siguiendo la ense\u00f1anza de Cristo, se revelan los m\u00e1s eficaces de los hombres. Un realismo de buena ley mantuvo siempre a Isabel al abrigo de los milagros, alejada tambi\u00e9n del conformismo cuyo peligro se\u00f1alaba ella al Sr. Brut\u00e9, respecto a su hermana Mar\u00eda Post. Un buen sentido pr\u00e1ctico le permit\u00eda edificar su obra sobre bases s\u00f3lidas, de acuerdo con las exi\u00adgencias, las necesidades, las aspiraciones de \u00abaquel rinc\u00f3n de la tierra\u00bb donde Dios la hab\u00eda hecho nacer. En lucha con las dificultades m\u00e1s diversas, las m\u00e1s angus\u00adtiosas a veces, ella dio prueba siempre de un robusto optimismo, siempre presta, a reaccionar despu\u00e9s de los fracasos, o de las ca\u00eddas inevitables, revel\u00e1ndose capaz de <em>hacer frente <\/em>-para usar su expresi\u00f3n- a la situaci\u00f3n m\u00e1s desconcertante. Eficiente -como dir\u00edamos hoy- supo acu\u00f1ar en realizaciones concretas, pr\u00e1c\u00adticas, durables, los impulsos m\u00e1s \u00edntimos de su alma. Pues su amor a Dios no quiere pagarse de palabras. Al servicio de ese amor, ella puso todas sus fuerzas vivas. Pero esta acci\u00f3n misma, no es en ella expresi\u00f3n de una necesidad de acti\u00advidad humana. Es la expansi\u00f3n de una aut\u00e9ntica contemplaci\u00f3n. Desde que Isa\u00adbel descubri\u00f3 en la presencia eucar\u00edstica la fuente de vida, que salta hasta la vida eterna, esa es la fuente \u00fanica, de donde deja ella desbordar, fluir a chorros en torno suyo la caridad. \u00abContemplata al\u00fcs tradere\u00bb, dice Santo Tom\u00e1s de Aquino con una f\u00f3rmula lapidaria, que sigue siendo verdadera para todos y para cada uno de los santos.<\/p>\n<p><em>Qu\u00e9 dichosos ser\u00edamos, si crey\u00e9ramos lo que ellos creen: que poseen a Dios en el sacramento&#8230;, <\/em>escrib\u00eda ella en 1804. <em>Qu\u00e9 dichosa ser\u00eda de soportar cualquier prueba de la vida, con la consolaci\u00f3n de hablar de coraz\u00f3n a coraz\u00f3n con El en su tabern\u00e1culo y la certidumbre de encontrarlo en las iglesias. <\/em>Esa dicha, esa se\u00adguridad, Dios se la hab\u00eda dado. Su vida entera se hab\u00eda encontrado irradiada de ella, transformada. Desde el 25 de marzo de 1805, cada una de las fiestas de la Anunciaci\u00f3n es para ella una fiesta \u00fanica. 25 <em>de marzo de 1817 <\/em>-anota ella todav\u00eda doce a\u00f1os m\u00e1s tarde-, <em>aniversario de mi primera comuni\u00f3n. <\/em>Cada una de las ceremonias de primera comuni\u00f3n en <em>White House, <\/em>sobre todo cuando se le daba la alegr\u00eda de preparar ella misma a los ni\u00f1os, reanima y reaviva su \u00edntima dicha. <em>Hemos tenido quince primeras comuniones dentro de una paz y una sim\u00adplicidad maravillosas <\/em>-escribe ella a la Sra. Chatard el 31 de diciembre de 1819. La eucarist\u00eda lleg\u00f3 a ser para ella, realmente, el todo de su vida, en espera de la vida eterna.<\/p>\n<p>Una evoluci\u00f3n se opera, sin embargo, hasta en lo concerniente al \u00absacramen\u00adto\u00bb. Parece que Dios, para darse m\u00e1s a ella, la despoja, cada vez m\u00e1s de todo aporte sensible que la hab\u00eda inundado en el momento del gran descubrimiento,<\/p>\n<p>y conducido hacia una fe tanto m\u00e1s profunda y m\u00e1s pura, cuanto m\u00e1s decantada de todo lo que es solamente humano. Dos cartas destinadas al Sr. Brut\u00e9 de R\u00e9mur, a cuatro a\u00f1os de intervalo, dan una idea del trabajo de purificaci\u00f3n, de desnu\u00addamiento que se prosigue en ella. Arideces, angustias incluso, y sin embargo, in\u00advencible determinaci\u00f3n de ser fiel hasta la muerte.<\/p>\n<p>Es posible, por otra parte, que su educaci\u00f3n primera, calvinista, habi\u00e9ndola tan s\u00f3lo predispuesto en demas\u00eda en un plano psicol\u00f3gico a dejarse impregnar, sin saberlo de un <em>humor <\/em>de jansenismo, no sea ajena a los terrores que la sobrecogen, a veces en cuanto a su salvaci\u00f3n eterna. Ella los amplifica, al menos, exi\u00adgiendo por este hecho de Isabel un acto de fe y de abandono m\u00e1s grande. As\u00ed es como lo hace notar san Juan de la Cruz, cuando a pesar mismo de la aridez espiritual, la prueba espiritual est\u00e1 reforzada por una deficiencia de temperamen\u00adto; ella no deja, sin embargo, de producir la purificaci\u00f3n de las tendencias natura\u00adles, ya que esas tendencias \u00abest\u00e1n privadas de todo lo que es causa de alegr\u00eda, y su \u00fanico anhelo tiende hacia Dios\u00bb.<\/p>\n<p>La primera de estas cartas es de 1815:<\/p>\n<p><em>Como ve no le digo ni palabra de mi pobre horizonte interior. El pobre pe\u00adque\u00f1o \u00e1tomo en la oscuridad, las nubes y las miserias incesantes, continuando su marcha como un aut\u00f3mata en la ronda maravillosa de las gracias -un triste mes, el que acaba de pasar, y luego encima comienza con el mismo embruteci\u00admiento, con la misma laxitud del alma y del cuerpo. La comuni\u00f3n misma no es m\u00e1s que un momento de mayor misericordia en este estado de embotamiento y de abandono, <\/em>QUERIENDO TODO Y NO PIDIENDO NADA, <em>pues, despu\u00e9s de haber pedido tanto y recibido tanto, \u00a1permanecer a\u00fan tanto tiempo esta misma pobre cosa sin fe! Pobre, pobre alma, \u00bfcu\u00e1ndo tendr\u00e1 esto fin? Ax\u00ed yace el nudo de la incertidumbre <\/em>TERRIBLE. <em>Miro por el lado del peque\u00f1o cementerio de los bos\u00adques, arriba, hacia la b\u00f3veda luminosa del cielo -todo es silencio. \u00a1Pobre, po\u00adbre alma!<\/em><\/p>\n<p>La segunda carta es de 1819: <em>Colocada para escribir ante una mesa que se encuentra justo enfrente de la puerta de la capilla, mirando al tabern\u00e1culo, el alma le pregunta si no est\u00e1 all\u00ed, verdaderamente, un m\u00e1rtir de todos los d\u00edas. Yo amo y yo vivo, y amo y vivo en un estado de descuartizamiento indescripti\u00adble. Mi ser y mi existencia son una realidad, es verdad, ya que yo medito, yo oro, yo comulgo, yo dirijo la comunidad, y hago todo esto con regularidad, abandono<\/em><\/p>\n<p><em>y simplicidad de coraz\u00f3n, pero no obstante, no soy yo quien lo hace, es una espe\u00adcie de automatismo, admitido sin duda por el Padre todo compasivo, pero eso procede de una fuente distinta de aqu\u00e9lla de donde viene el m\u00f3vil de nuestros actos. En la meditaci\u00f3n, la oraci\u00f3n y la comuni\u00f3n, me encuentro sin alma, con los seres que me rodean, am\u00e1ndolos como los amo, me encuentro sin alma, yo s\u00e9 que El est\u00e1 presente en el tabern\u00e1culo, pero yo no lo veo, yo no le siento; mil amenazas de muerte podr\u00edan estar pendientes sobre mi cabeza para constre\u00f1ir\u00adme a negar su Presencia all\u00ed, y yo las sufrir\u00eda todas antes de negar esa Presencia un solo instante&#8230; Y sin embargo, me parece que El no est\u00e1 all\u00ed para m\u00ed, y ayer, cuando durante unos minutos yo sent\u00eda su Presencia, s\u00f3lo era para hacerme com\u00adprender tanto que el infierno se encontraba bajo mis pies, como cu\u00e1n terrible ser\u00eda su juicio.<\/em><\/p>\n<p>Sensible o no sensible a su coraz\u00f3n, la presencia de Cristo en la eucarist\u00eda no segu\u00eda siendo menos, en Isabel, el punto hacia el que su vida estaba eterna\u00admente polarizada. Su fe la hace ver en Mar\u00eda, precisamente, el primer tabern\u00e1culo del Verbo encarnado. Ella gusta de saludarla como Madre de Jes\u00fas, como llena de gracia. <em>Amamos y honramos a Jes\u00fas cuando la amamos y la honramos a ella <\/em>-escribe en 1817-. <em>Mar\u00eda <\/em>-dice tambi\u00e9n a sus hijas- <em>es la primera Hija de la Caridad sobre la tierra.<\/em><\/p>\n<p>Nutrida desde su infancia de la Santa Escritura, comenta espont\u00e1neamente por escrito los textos de San Pablo de los que gusta alimentarse. Cual una cade\u00adna de eslabones bien soldados, todo nos viene de Dios y todo nos lleva de nuevo a Dios.<\/p>\n<p><em>Eslab\u00f3n por eslab\u00f3n, la cadena bendita&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Un <\/em>SOLO CUERPO <em>en Cristo, El la cabeza, nosotros los miembros. Un <\/em>SOLO ESP\u00cdRITU <em>difundido por el Esp\u00edritu Santo en todos nosotros. Una <\/em>SOLA ESPERANZA, El <em>en el cielo y para la eternidad.<\/em><\/p>\n<p><em>Una <\/em>SOLA FE, <em>por su Palabra y su Iglesia.<\/em><\/p>\n<p><em>Un <\/em>SOLO BAUTISMO y <em>la participaci\u00f3n de sus sacramentos.<\/em><\/p>\n<p><em>Un <\/em>SOLO Dios, <em>nuestro amado Se\u00f1or, nuestro Padre&#8230; y nosotros sus hijos. El solo a trav\u00e9s de todo y en todo, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 escapar a ese v\u00ednculo de unidad, de paz y de amor?<\/em><\/p>\n<p><em>Oh alma m\u00eda, sigue sujeta, eslab\u00f3n por eslab\u00f3n a su amor, fuerte cual la muerte, el fuego y el infierno, como lo dice la palabra sagrada.<\/em><\/p>\n<p><em>&#8230;Oh nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas, cu\u00e1n grande es el m\u00e9rito de esa <\/em>SANGRE <em>que res\u00adcata abundantemente el mundo entero, rescatar\u00eda un mill\u00f3n de otros y rescatar\u00eda a los demonios mismos si fueran capaces de penitencia y salvaci\u00f3n como yo. S\u00ed, Se\u00f1or, aun mismo si tus rayos me aplastaran, aun mismo si tu diluvio me englutiera, a\u00fan esperar\u00eda que, destruyendo mi cuerpo, salvar\u00edas mi alma.<\/em><\/p>\n<p>Cualquiera que sea la tendencia que intenta arrastrarla a veces todav\u00eda hacia un temor demasiado humano, enloquecedor, siempre la confianza acaba por triun\u00adfar, en un abandono filial, acto de fe magn\u00edfico. Su estado de salud, por otra parte, le vale, desde 1818, el privilegio de poder comulgar cada d\u00eda, y eso le sirve de alegr\u00eda profunda. Ella afirma a Antonio Filicchi el 18 de abril de 1820: <em>Trato de hacer de cada una de mis respiraciones una incesante acci\u00f3n de gracias.<\/em><\/p>\n<p>Ella repite su dicha de vivir bajo el mismo techo que Cristo presente bajo las especies sacramentales: Al <em>levantarme cada ma\u00f1ana, al acostarme por la noche, \u00a1tan cerca del tabern\u00e1culo!<\/em><\/p>\n<p>Hasta el final, ella se complace en repetir a Antonio su gratitud fiel, siempre tan viva, \u00abpues ella le es deudora de su FE BENDITA\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Qui\u00e9n, en efecto, hubiera podido pensar, cuando la joven mujer se embar\u00adcaba el 2 de octubre de 1803, a bordo de \u00abLa Pastora\u00bb qu\u00e9 consecuencias im\u00adprevistas deb\u00eda tener para ella aquel viaje a Europa! Los a\u00f1os no han agotado, en su coraz\u00f3n, la admiraci\u00f3n que suscita en ella el misterio de los caminos divi\u00adnos -que no son nuestros caminos, como lo dice el profeta Isa\u00edas- ni el re\u00adconocimiento para con aquellos que han sido respecto a ella los instrumentos del Se\u00f1or. Unas semanas antes de su muerte, con una escritura casi ilegible, ex\u00adpresar\u00e1 todav\u00eda a su amigo de Toscana su gratitud:<\/p>\n<p><em>\u00a1Si tan s\u00f3lo pudieras saber lo que ha resultado de aquel sucio vil granito de mostaza que, por la mano de Dios plantaste en Am\u00e9rica! El n\u00famero de hu\u00e9rfanos alimentados y vestidos oficialmente y oficiosamente tambi\u00e9n&#8230;<\/em><\/p>\n<p>El sucio granito de mostaza -como lo llama Isabel- est\u00e1 llamado en reali\u00addad, a hacerse aquel \u00e1rbol del que habla el Evangelio \u00aben cuyas ramas vienen a cobijarse los p\u00e1jaros del cielo\u00bb (Mt 13, 32). Por vasta que sea la tierra de Am\u00e9rica de Norte a Sur, de Este a Oeste recoger\u00e1 sus beneficios.<\/p>\n<p>Hablando un d\u00eda con sus nietos de su t\u00eda abuela, a quien no hab\u00edan conocida, Samuel Seton no dudar\u00e1 afirmarles que la fundadora de las Hermanas de la Ca\u00adridad de Am\u00e9rica hab\u00eda sido en su pa\u00eds \u00abuna especie de Juan Bautista\u00bb. En realidad, ella prepar\u00f3 magn\u00edficamente, por espacio de diecis\u00e9is a\u00f1os, los caminos tanto a la expansi\u00f3n como al desarrollo del catolicismo en los Estados Unidos. Cuando escrib\u00eda en mayo de 1810, veros\u00edmilmente a los Filicchi, la Madre Seton parec\u00eda haber tenido, con todo, una especie de presentimiento del papel que estaba llamado a representar su instituto:<\/p>\n<p><em>Nuestro santo arzobispo -Mons. Carroll- es muy devoto de nuestro esta\u00adblecimiento y eso me consuela en toda dificultad y en todo obst\u00e1culo. Todos los miembros del clero de Am\u00e9rica lo sostienen con sus oraciones y hay mucha esperanza de que sea el germen de un inmenso bien que se va a hacer. T\u00fa debes admirar c\u00f3mo nuestro Se\u00f1or ha escogido a una mujer tal como yo para ser su cabeza, pero t\u00fa sabes bien que El gusta de manifestar su fuerza en la debilidad y su sabidur\u00eda en la ignorancia. \u00a1Que su santo nombre sea siempre adorado! Es en el humilde, pobre, d\u00e9bil, donde El se complace en multiplicar sus mayores misericordias, a fin de presentarlas como se\u00f1ales para animar a los pobres pe\u00adcadores.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entonces o\u00ed la voz del Se\u00f1or que me dec\u00eda: -\u00bfA qui\u00e9n enviar\u00e9?, \u00bfqui\u00e9n ser\u00e1 mi mensajero? Yo respond\u00ed: Yo respond\u00ed: \u00abAqu\u00ed me tienes, env\u00edame\u00bb Is. 6,8 La peque\u00f1a Rebeca muri\u00f3 a los 13 a\u00f1os. 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